Ford Fiesta 1.6i 100 CV 3p

Qué buena pareja hacen el motor de 100 CV y la carrocería tres puertas del Fiesta. Es una mezcla que da como resultado un coche lleno de temperamento, agilidad y juventud.
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Ford Fiesta 1.6i 100 CV 3p
Ford Fiesta 1.6i 100 CV 3p

Un motor muy alegre
El 1.6i de 100 CV es un motor muy utilizado por Ford. Responde a una idea de motor muy europea, con un carácter de otro tiempo, cuando los gasolina eran los reyes de la carretera y la moda TDI todavía no había impuesto su ley. Frente a los implacables turbodiésel, sobre todo los alemanes, que hacen cualquier derroche de poder sin despeinarse, este motor 1.6 vive en el filo de la navaja. Para sacarle lo mejor hay que apretarle las tuercas, obligarlo a vivir muy alto de revoluciones, sudando, entregando lo mejor de sí mismo cuando está sometido a una carga de estrés muy alta.

Así las cosas, los poco más de 1.100 kilogramos que pesa este Fiesta Coupé se mueven con alegría al son que toca su esforzado motor. No tiene mucho carácter a pocas vueltas, pero, cuando se le exige, rinde como el mejor.
De hecho, un simple vistazo a sus curvas de par y potencia deja bien claro dónde está lo mejor del motor: par máximo de 15,7 mkg a 4.180 rpm y una potencia de 106 CV cuando se superan los 6.000 giros.

Si nos preocupamos de no dejarlo caer de vueltas, obtendremos cruceros fáciles a buen ritmo, sin demasiado esfuerzo. Hay que estar atento y manejar el cambio con eficacia, porque la cuarta es más bien corta y la quinta resulta larguísima, con lo que es preciso buscar bien el equilibrio. Si queremos movernos con agilidad y ejecutar buenas recuperaciones y adelantamientos, la cuarta es perfecta. Pero, si lo que queremos es velocidad punta, habrá que utilizar la quinta.

Como cabe esperar, mantener siempre el motor girando a regímenes altos tiene sus pegas: el ruido se intensifica mucho y, además, el consumo nos penaliza (media de 7,7 litros a los 100, según nuestros datos).

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p> Pero, si estas pegas no nos preocupan, podemos disfrutar de la viveza de un motor temperamental que, si sabemos apoyar con la palanca, nos dará grandes ratos de diversión.
Afortunadamente, el cambio, movido por un mando rápido y preciso, cuenta con desarrollos más bien cortos que dan lugar a respuestas muy vivas. No es fulgurante ni agresivo, pero no se queda corto para nada.

Una vez en marcha, con el ánimo que da un motor tan alegre, nos apetece probar las cualidades del Fiesta Coupé para agarrarse al suelo. Nos sorprende la dualidad que evidencia su comportamiento. Por un lado, es un poco inquietante en autopistas. Por otro, resulta una delicia en zonas viradas y giros lentos.

Antes de seguir, conviene señalar que el tarado de las suspensiones, sin ser duro, tiende a ser firme, lo que provoca reacciones más bien secas. Además, unos neumáticos de 195 / 45 en llanta de 16 pulgadas contribuyen a restar comodidad al conjunto, porque es un perfil muy bajo y se pierde capacidad de amortiguación. A cambio, ganamos en agarre, en precisión en la dirección y en eficacia en las frenadas.
Así, en autopista, aunque soporta con facilidad cruceros muy altos, apreciamos una cierta falta de confianza. El coche no tiene mucha batalla y esto, acompañado por una dirección excesivamente ligera y rápida, nos resta aplomo. Al afrontar los giros rápidos de autopistas o carreteras fáciles, echamos de menos algo más de firmeza para que el Fiesta nos trasmita la impresión de ir mejor asentado. No queremos decir que sea inestable o que reaccione de forma imprevista, simplemente nos gustaría entrar a las curvas con menos exigencias entre las manos: no conviene corregir las trazadas ni tratar el volante con brusquedad.

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p> En cambio, cuando nos movemos en carreteras de montaña, con trazados difíciles y enrevesados, el Fiesta cambia como de la noche al día. Como las velocidades de paso suelen ser más bajas, ya no apreciamos esos problemas que se derivan de una batalla corta.

Esa suspensión seca nos ayuda ahora a gestionar las curvas con total eficacia, evidenciando lo neutro que es el bastidor y lo bien que responde a nuestras peticiones. Tan sólo forzando encontramos un leve deslizar del eje trasero que ayuda a redondear las curvas. La rapidez de la dirección, que nos quitaba confianza en autovías, es ahora una ayuda y un seguro, porque allí donde apuntamos va el coche sin dudar.

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p> El apartado de frenos cumple sin problemas, sobre todo gracias al apoyo que dan gomas tan anchas rozando con el suelo. Más allá, por si algo pasa, el coche cuenta con control de estabilidad de serie, un elemento siempre útil.

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