Ford Focus 1.6i Ghia 5p

Entre las múltiples versiones que ofrece el Focus se encuentra la equipada con un motor 1.6i, que nos ha dejado gratamente sorprendidos. Su mejor virtud es comportarse con soltura en cualquier situación: es ágil en la ciudad y los viajes largos son más que correctos. Quizá decepcione a los que buscan prestaciones deportivas, aunque el proverbial buen trabajo de su bastidor nos otorgará buenas sensaciones también en este terreno.
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Ford Focus 1.6i Ghia 5p

Abandonamos calles y avenidas y nos disponemos a emprender un viaje más o menos serio; es decir, queremos hacer kilómetros y más kilómetros para ver si las características de las que presume Ford se confirman. Ya adelantamos que no quedamos decepcionados.

El banco de pruebas ha dictaminado que, en realidad, este propulsor -con 1.600 cm3- desarrolla 107 CV. Éstos le permiten recuperar el ritmo con cierta soltura cuando llegamos a un repecho, aunque la opción más recomendable es reducir una marcha y dejar que el Focus vuelva a ganar velocidad.

Si queremos mantener un ritmo de crucero alto, tendremos que esperar a que el vehículo se “lance” y vaya subiendo de vueltas, ya que sus desarrollos son muy largos (entrega el par máximo, 15,3 mkg, a casi 4.000 revoluciones y el tope de potencia a 5.500 rpm). Este comportamiento tranquilo y suave de la mecánica favorece el consumo de combustible, que apenas sobrepasará los 6,7 l/100 km.

El resultado será un viaje relajado, en el que podremos insertar quinta y olvidarnos de la palanca de cambios durante la mayor parte de nuestro recorrido, ya que la fuerza se distribuye de manera uniforme desde las 2.000 vueltas. Sin embargo, habrá ocasiones en las que echemos en falta un mayor brío del motor: su respuesta es siempre fiable, pero, a nuestro juicio, demasiado “neutra”.

Con todo, no se puede negar lo confortable que resulta este comportamiento; marchamos a buen ritmo (se pueden alcanzar velocidades de crucero superiores a los 150 km/h), el gasto de combustible no es excesivo... Ni siquiera falta un puesto de conducción cómodo y un habitáculo bastante amplio, casi más propio de su “mellizo”, el monovolumen C-Max, que de un compacto. Y no estamos exagerando: en las plazas traseras, el Focus cuenta con un espacio para las piernas de 72 centímetros -frente a 79, como máximo, en el C-Max- y una altura de 93 centímetros (91 para el monovolumen).

Pese a estas dimensiones, volveremos a la realidad cuando los pasajeros se acomoden. La anchura para tres adultos sigue siendo algo escasa en los asientos posteriores (136 centímetros) y, en los delanteros, la rodilla izquierda de nuestro acompañante chocará casi continuamente con el soporte para la preinstalación del teléfono móvil. Se trata de una opción poco recomendable para aquellos que viajen normalmente con personas altas.

Para el conductor se han reservado todos los mimos. Asiento y volante pueden regularse de múltiples maneras, hay un reposabrazos a su disposición (de serie en el acabado Ghia, el de nuestra unidad de pruebas), los mandos de la radio-CD y el climatizador están donde la mano va a buscarlos... Sólo sería deseable que los pedales tuvieran un tacto más firme: el acelerador parece hundirse en exceso y el embrague vibra cuando, parados en un semáforo o un atasco, insertamos primera y lo mantenemos pisado. Puede ser debido al sistema empleado por Ford –denominado “sin carrera en vacío”- para evitar que los pedales provoquen daños al conductor en caso de accidente, pero, en cualquier caso, es mejorable.

Una de las opciones con las que contaba nuestra unidad de pruebas era el sistema Flex Pack, disponible para las carrocerías cinco puertas y wagon. Pensado especialmente para aquellos que tienen que desplazarse con una gran cantidad de objetos repartidos por el habitáculo o que necesitan tenerlos a mano en cuanto abran el maletero, consiste en un apoyabrazos central trasero con bandeja incorporada, una bandeja en el maletero con múltiples compartimentos desplazables y redes y bolsillos en las banquetas y los respaldos de los asientos.

También posee unos reposacabezas con “descanso” (una especie de “orejas” que pueden abrirse, sujetando mejor la cabeza del pasajero), que proporcionan un “extra” de seguridad a los ocupantes. Gracias a este dispositivo, pueden quedarse dormidos y contar con una protección mayor para el cuello si hay un frenazo brusco.

Con tal cantidad de huecos a mi disposición, no tengo más remedio que colocar ordenadamente el equipaje y los mapas, libros, cuadernos y papeles que suelen viajar conmigo. ¿Habrá espacio suficiente para todos los pequeños objetos o terminarán como siempre (es decir, desparramados por el asiento trasero)? Tras enfrentarme al Flex Pack, en el interior del vehículo el ambiente es casi armonioso: los cuadernos están en los bolsillos que hay tras los respaldos, algunos libros se han colocado en las bolsas que hay en las banquetas –existe una bajo las rodillas del conductor, aunque imaginar lo incómodo que debe ser llevar el coche con un objeto que choque contra nuestros gemelos nos hace dejar este hueco vacío- y las guanteras de las puertas también han demostrado su capacidad.

En el maletero, sin embargo, tropezamos con las primeras dificultades. La culpable de éstas es la bandeja con cuatro compartimentos (cuyo tamaño podemos modificar según nuestras necesidades) que hay en la parte superior. Desmontarla es sencillo, pero habrá que dejarla en casa para aprovechar los 325 litros de capacidad que ofrece el maletero.

Si necesitamos transportar objetos largos, bastará con abatir alguno de los asientos posteriores (la configuración es 40/20/40) para obtener más amplitud. Y, para incrementar aún más la capacidad de este Focus, podremos plegar el respaldo del asiento del copiloto. Con esta operación obtendremos un espacio plano que puede ser empleado como una mesa.

Es evidente que no puedo recurrir a excusas para explicar el desorden en este Focus, por lo que mis acompañantes lo declaran vencedor del desafío. La victoria ha sido justa, aunque resulta molesto oír el traqueteo de los objetos (perfectamente colocados, eso sí) chocando contra el plástico...

Abandonamos calles y avenidas y nos disponemos a emprender un viaje más o menos serio; es decir, queremos hacer kilómetros y más kilómetros para ver si las características de las que presume Ford se confirman. Ya adelantamos que no quedamos decepcionados.

El banco de pruebas ha dictaminado que, en realidad, este propulsor -con 1.600 cm3- desarrolla 107 CV. Éstos le permiten recuperar el ritmo con cierta soltura cuando llegamos a un repecho, aunque la opción más recomendable es reducir una marcha y dejar que el Focus vuelva a ganar velocidad.

Si queremos mantener un ritmo de crucero alto, tendremos que esperar a que el vehículo se “lance” y vaya subiendo de vueltas, ya que sus desarrollos son muy largos (entrega el par máximo, 15,3 mkg, a casi 4.000 revoluciones y el tope de potencia a 5.500 rpm). Este comportamiento tranquilo y suave de la mecánica favorece el consumo de combustible, que apenas sobrepasará los 6,7 l/100 km.

El resultado será un viaje relajado, en el que podremos insertar quinta y olvidarnos de la palanca de cambios durante la mayor parte de nuestro recorrido, ya que la fuerza se distribuye de manera uniforme desde las 2.000 vueltas. Sin embargo, habrá ocasiones en las que echemos en falta un mayor brío del motor: su respuesta es siempre fiable, pero, a nuestro juicio, demasiado “neutra”.

Con todo, no se puede negar lo confortable que resulta este comportamiento; marchamos a buen ritmo (se pueden alcanzar velocidades de crucero superiores a los 150 km/h), el gasto de combustible no es excesivo... Ni siquiera falta un puesto de conducción cómodo y un habitáculo bastante amplio, casi más propio de su “mellizo”, el monovolumen C-Max, que de un compacto. Y no estamos exagerando: en las plazas traseras, el Focus cuenta con un espacio para las piernas de 72 centímetros -frente a 79, como máximo, en el C-Max- y una altura de 93 centímetros (91 para el monovolumen).

Pese a estas dimensiones, volveremos a la realidad cuando los pasajeros se acomoden. La anchura para tres adultos sigue siendo algo escasa en los asientos posteriores (136 centímetros) y, en los delanteros, la rodilla izquierda de nuestro acompañante chocará casi continuamente con el soporte para la preinstalación del teléfono móvil. Se trata de una opción poco recomendable para aquellos que viajen normalmente con personas altas.

Para el conductor se han reservado todos los mimos. Asiento y volante pueden regularse de múltiples maneras, hay un reposabrazos a su disposición (de serie en el acabado Ghia, el de nuestra unidad de pruebas), los mandos de la radio-CD y el climatizador están donde la mano va a buscarlos... Sólo sería deseable que los pedales tuvieran un tacto más firme: el acelerador parece hundirse en exceso y el embrague vibra cuando, parados en un semáforo o un atasco, insertamos primera y lo mantenemos pisado. Puede ser debido al sistema empleado por Ford –denominado “sin carrera en vacío”- para evitar que los pedales provoquen daños al conductor en caso de accidente, pero, en cualquier caso, es mejorable.

Una de las opciones con las que contaba nuestra unidad de pruebas era el sistema Flex Pack, disponible para las carrocerías cinco puertas y wagon. Pensado especialmente para aquellos que tienen que desplazarse con una gran cantidad de objetos repartidos por el habitáculo o que necesitan tenerlos a mano en cuanto abran el maletero, consiste en un apoyabrazos central trasero con bandeja incorporada, una bandeja en el maletero con múltiples compartimentos desplazables y redes y bolsillos en las banquetas y los respaldos de los asientos.

También posee unos reposacabezas con “descanso” (una especie de “orejas” que pueden abrirse, sujetando mejor la cabeza del pasajero), que proporcionan un “extra” de seguridad a los ocupantes. Gracias a este dispositivo, pueden quedarse dormidos y contar con una protección mayor para el cuello si hay un frenazo brusco.

Con tal cantidad de huecos a mi disposición, no tengo más remedio que colocar ordenadamente el equipaje y los mapas, libros, cuadernos y papeles que suelen viajar conmigo. ¿Habrá espacio suficiente para todos los pequeños objetos o terminarán como siempre (es decir, desparramados por el asiento trasero)? Tras enfrentarme al Flex Pack, en el interior del vehículo el ambiente es casi armonioso: los cuadernos están en los bolsillos que hay tras los respaldos, algunos libros se han colocado en las bolsas que hay en las banquetas –existe una bajo las rodillas del conductor, aunque imaginar lo incómodo que debe ser llevar el coche con un objeto que choque contra nuestros gemelos nos hace dejar este hueco vacío- y las guanteras de las puertas también han demostrado su capacidad.

En el maletero, sin embargo, tropezamos con las primeras dificultades. La culpable de éstas es la bandeja con cuatro compartimentos (cuyo tamaño podemos modificar según nuestras necesidades) que hay en la parte superior. Desmontarla es sencillo, pero habrá que dejarla en casa para aprovechar los 325 litros de capacidad que ofrece el maletero.

Si necesitamos transportar objetos largos, bastará con abatir alguno de los asientos posteriores (la configuración es 40/20/40) para obtener más amplitud. Y, para incrementar aún más la capacidad de este Focus, podremos plegar el respaldo del asiento del copiloto. Con esta operación obtendremos un espacio plano que puede ser empleado como una mesa.

Es evidente que no puedo recurrir a excusas para explicar el desorden en este Focus, por lo que mis acompañantes lo declaran vencedor del desafío. La victoria ha sido justa, aunque resulta molesto oír el traqueteo de los objetos (perfectamente colocados, eso sí) chocando contra el plástico...

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