Citroën C2 1.4 HDI SX

La aparición del C2 ha supuesto para Citroën el refuerzo de la parte baja de su gama, donde el Saxo había envejecido demasiado y el C3 dejaba muchos huecos sin cubrir. Ahora, la familia se enriquece con un agradable motor turbodiésel, el 1.4 HDI de 70 CV. Esta combinación de coche muy pequeño y motor de gasóleo hubiera sido asombrosa hace unos años, pero ahora son tiempos de especies nuevas.
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Citroën C2 1.4 HDI SX
Citroën C2 1.4 HDI SX

Personalidad dual
Si partimos de la base de que el C2 es un urbano puro, a nadie le debe extrañar que sea en la ciudad donde este C2 HDI se desenvuelva mejor. Entre semáforos y pasos de cebra, el pequeño C2 da una lección a cualquiera. Sus 3,66 metros de largo le permiten colarse por cualquier hueco y aparcar en sitios inverosímiles. Desde luego, el ambiente ciudadano es su fuerte.

Pero como todo el mundo tiene que salir alguna vez de los muros de la ciudad, el C2 se ha pensado para ofrecer un cierto grado de confort en los viajes. No es para hacerse miles de kilómetros de un tirón con él, pero se soportan bien los desplazamientos típicos de fin de semana, a la playa, a la montaña…
Claro que, a la hora de hacer uno de estos viajes, tenemos que tener en cuenta las limitaciones del coche. El maletero, si ocupamos las cuatro plazas que lleva para pasajeros, es poco menos que testimonial, apenas el hueco de meter unas bolsas de la compra. Para cargar equipaje habrá que ir prescindiendo de las banquetas traseras, que son abatibles e independientes.

Una vez hechas estas consideraciones de partida, nos encontramos con un vehículo que viaja sin demasiados apuros, siempre que no queramos ir muy rápido. Habrá que conformarse con cruceros tranquilos, bien sostenidos por el aliento largo del motor, pero nada de explosividad ni de galopadas a toda velocidad.

Ya que el coche no es una maravilla de la habitabilidad, en Citroën han querido que, al menos, los pasajeros disfruten de un cierto grado de confort. Por esta razón, han elegido un tarado de suspensión más bien blando. Esto se nota mucho en carreteras fáciles. En autopista, a buen ritmo, el coche pierde aplomo: el recorrido de suspensión es largo y el apoyo tarda en aclararse, con lo que nos encontramos con una carrocería que oscila mucho y nos resta algo de confianza al trazar. Hay que decir en su descargo que es mucho más eficaz que el C3, un coche que “baila” bastante.

Esta sensación de imprecisión tiene mucho que ver también con la corta batalla del coche. La superficie de rodadura es pequeña y, por tanto, el bastidor tiene menos capacidad para neutralizar fuerzas, empujes e inercias.
A cambio de estas oscilaciones de carrocería y esta falta de aplomo, el coche absorbe muy bien las irregularidades del terreno y los ocupantes tienen la sensación de ir en un coche de una categoría superior.

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p> Además, ese comportamiento algo vacilante desaparece en cuanto nos metemos en zonas viradas. En curvas cerradas, donde los apoyos son siempre firmes, no hay titubeos. El C2 deja de oscilar y, apoyado, gira sin ningún problema, muy dócil y ayudado por una dirección de gran precisión y rapidez (gran funcionamiento, por cierto, de la asistencia variable).
Sólo detectamos una cierta tendencia a subvirar si levantamos el pie en pleno giro y, más allá de eso, un conato de deslizamiento del eje trasero si tocamos el freno con el coche apoyado. Una vez más, lo corto de la batalla produce este tipo de efectos poco deseables, pero también poco preocupantes: no es para nada un vehículo inseguro.

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