Renault Clio 1.2 16V 3p quickshift Dynamique

El Clio es uno de los modelos más vendidos de la marca del rombo en nuestro país. En lo que va de año, se han matriculado 32.030 unidades. De ellas, un 2 por ciento (unas 640 unidades), según los cálculos de Renault, son con caja de cambios robotizada, es decir, con la transmisión Quickshift 5, que deparará a los conductores más de una agradable sorpresa.
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Renault Clio 1.2 16V 3p quickshift Dynamique
Renault Clio 1.2 16V 3p quickshift Dynamique

Dice un mito griego que Pandora abrió una caja que contenía todos los males de la Tierra y que, cuando reaccionó y consiguió cerrarla, era demasiado tarde y cometió un error: dejó dentro sólo la “Esperanza”. Nosotros daríamos una vuelta al mito, para asegurar que la caja robotizada de este Clio es una caja de bienes y que, cuando se destapa, trae bonanzas.

La Quickshift 5 que equipa el Clio y que también está disponible para su hermano pequeño, el Twingo, dispone de dos modos de uso: manual o automático. En el modo manual, es el conductor el que elige en qué marcha quiere ir, basta con empujar hacia delante la palanca para subir una marcha o tirar ligeramente de la misma hacia uno para restar. Si lo que se desea es pasar a modo automático, sólo hay que presionar un botoncito, a la altura de dedo pulgar del conductor en el pomo de la palanca. Una vez pulsado el botón en el cuadro de instrumentos, aparecerá una “A”. Además, estemos en automático o estemos en manual, la marcha en que llevemos aparecerá indicada debajo del cuentarrevoluciones.

En maniobras de aparcamiento o mientras estamos parados, pueden aparecer dos letras más: R, si hemos engranado la marcha atrás y N, cuando estamos en punto muerto. En este último caso, el coche no volverá a andar hasta que no pisemos el freno, como en casi todos los vehículos automáticos. La instrumentación nos deja ver un zapato que pisa un pedal, para recordarnos que debemos pisar el freno y engranar a mano la primera marcha. Una de las diferencias con las cajas de cambio automáticas tradicionales es que no dispone de la posición “P”, de párking.

Sin duda alguna, este Clio está orientado a la conducción en ciudad y su manejo resulta de lo más agradable. En modo automático, apenas ofrece saltos bruscos al cambiar de una marcha a otra siempre y cuando no abusemos del acelerador. El comportamiento es, podríamos llamarlo, progresivo, va cambiando de una marcha a otra superior o bien va reduciendo a una inferior de manera tranquila y sin sobresaltos. Si nosotros optamos por controlar esta función (modo manual), para evitar los posibles saltos, basta con retardar la maniobra. En las reducciones manuales hace “punta tacón” (acelera antes de reducir para adecuar las vueltas de giro del motor a la nueva marcha).

En carretera no se defiende mal, mantiene una buena velocidad de crucero, entre los 120-140 kilómetros por hora sin problemas. Sin embargo, resulta, y eso es una traba aplicable a todos los vehículos automáticos, un tanto aburrido. Subir un puerto sin engranar una marcha es muy cómodo, pero se ve comprometido, qué duda cabe, el placer de la conducción. El coche gestiona las reducciones o los incrementos de marcha mientras que, al menos el acompañante, puede dedicarse a mirar el paisaje.

Las suspensiones influyen en el confort interior del coche. En ningún momento, estos elementos resultan, ni en terrenos bacheados, duros. No por ello, en carretera se ven comprometidos, ni mucho menos, la estabilidad y el agarre. Hay que tener en cuenta, mencionando el agarre, que los neumáticos que montaba nuestro Clio eran más anchos (unos 185/55 R 15) que los que monta de serie (175/ 65 R 14), y que también se ocupan de hacer su parte. Tan sólo en situaciones muy comprometidas el tren trasero se puede mostrar algo nervioso.

El interior del Clio resulta bastante habitable. Teniendo en cuenta que se trata de un vehículo de reducidas dimensiones (3,8 metros de longitud, 1,6 metros de anchura y 1,4 de altura) no podemos esperar unas amplias plazas ni traseras ni delanteras. De todas formas, en los asientos delanteros, que resultan muy cómodos, que sujetan a la perfección y que son bastante deportivos, podemos encontrar algún problema. Si la banqueta está echada hacia delante, el cinturón apenas cabe entre la puerta y el asiento. Cuanto más atrás esté la banqueta, menos problema tendremos. Los asientos traseros llevan, también de serie, tres reposacabezas y tres cinturones con tres puntos de anclaje cada uno. De todas formas, y pese a que está homologado para cinco plazas, lo ideal (como en la mayoría de los utilitarios) es que se utilicen cuatro, sobre todo si los adultos que viajan están “creciditos”.

La visibilidad desde el puesto de conducción es correcta desde todos los ángulos, excepto hacia la luneta trasera. En este caso, puesto que tenemos que contar con que es de reducidas dimensiones y con que tiene tres reposacabezas, debemos admitir que la visibilidad se queda algo pobre.

El acabado es correcto e incluye detalles como la guantera con luz, que algunos vehículos del mismo segmento obvian. La instrumentación está muy concentrada, casi no queda un hueco libre con el velocímetro, el cuentavueltas, el señalizador de nivel de combustible y el de la temperatura. Hasta dieciséis luces diferentes se pueden ver en el cuadro de mandos: intermitentes, combustible, aceite, batería, motor, freno de mano, freno, etc.

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