Opel Zafira 2.2 Sport

Monovolumen no es ya sinónimo de coche pesado y justo de prestaciones. Un ejemplo claro de la nueva generación de este tipo de vehículos es el Zafira, esta vez asociado a una motorización de gasolina que ofrece 147 CV de potencia.
Autopista -
Opel Zafira 2.2 Sport
Opel Zafira 2.2 Sport

Hasta aquí, lo esperado en un monovolumen. La sorpresa viene cuando nos ponemos a rodar. Aunque suave y algo perezoso a pocas vueltas, escarbando encontramos el verdadero tesoro que es este motor. Gracias al 2.2 de 147 CV que monta el modelo de Opel (también lo incorporan otros modelos de la marca alemana como el Vectra, el Astra, el Astra Coupé y el mismísimo Speedster) se puede rodar muy rápido. Los cruceros cercanos a los 200 km/h no son inimaginables para él y la respuesta del propulsor es magnífica a cualquier régimen. Es un motor bravo que consigue mover el tonelaje del Zafira (1.495 kilos) con bastante soltura y asemejándolo más a un turismo que a un monovolumen, tanto en sensaciones como en prestaciones.

Estas últimas son muy destacadas: acelera de 0 a 100 km/h en 11,70 segundos y de 0 a 1.000 metros en 32,79, además ofrece un par por encima de los 20 mkg entre las 2.000 y las 5.000 rpm, mostrando un funcionamiento muy homogéneo. En recuperaciones se ven también resultados muy satisfactorios: de 80 a 120 km/h en 4ª en 11,74 seg y en 5ª en 16,20 segundos.

Los desarrollos del cambio están muy bien elegidos y, gracias a lo ajustado de los mismos, se saca muy buen provecho del motor y se alcanza la velocidad máxima cerca del corte de inyección. Mantenerlo siempre alto en el cuentarrevoluciones no provoca que se convierta en un coche ruidoso. El Zafira, respecto a sus rivales , muestra una insonorización del interior muy destacable, ya que sólo deja pasar el ruido aerodinámico a partir de velocidades altas, sin que llegue a convertirse en molesto.

Las suspensiones, endurecidas respecto al resto de la gama, han recibido un buen trabajo por parte de los ingenieros de Opel lo que ha revertido en una mejora de la agilidad. La verdad es que a primera instancia, la confianza en la misma está supeditada a la imagen mental que tenemos de monovolumen y al movimiento de la carrocería, que en un primer momento pueden hacer que tomemos con cierto respeto las primeras curvas pronunciadas. Con el paso del tiempo y los kilómetros iremos cogiendo confianza y descubriremos que podemos confiar más en el trabajo de las mismas. Lo único criticable en este apartado es el rebote de la suspensión a causa de su tarado algo rígido, que en algunas ocasiónes puede ser algo molesto.

Si hablamos del equipamiento, también debemos ser críticos, ya que nos ha parecido que de serie viene algo escaso, y para configurar un modelo con un mínimo de equipamiento debemos invertir al menos 1.575 euros (262.058 pesetas), que son lo que cuestan en conjunto los elevalunas eléctricos traseros, la alarma, el airbag de cortina, la pintura metalizada y el control de estabilidad. Y en un automóvil que “vacío” de extras cuesta 21.100 euros (3.510.745 pesetas) esto es censurable.

En definitiva estamos ante un vehículo “para todo”. Nos permite transportar personas (hasta 7), mercancías (hasta 1.700 litros si se abate la segunda fila de asientos) y ofrece unas prestaciones y un comportamiento sobresalientes para ser un monovolumen, no es que sea un deportivo (no anda demasiado lejos), pero tampoco un carro tirado por bueyes.

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