Daewoo Kalos 1.2 SE 5p

Diseñado para la ciudad, pero válido para carretera… Para los que quieran simplemente un coche para abandonar los achuchones del metro, ésta es su opción: casi es más barato que un abono transporte. Los que –además- prefieran disfrutar de la conducción también se llevarán alguna sorpresa.
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Daewoo Kalos 1.2 SE 5p
Daewoo Kalos 1.2 SE 5p

Hay que acoplarse al Kalos, porque no contamos con las suficientes regulaciones para que él se adapte a nosotros. En primer lugar, el volante sólo se regula en altura. Sólo podremos bajar la altura de la butaca, el respaldo no la seguirá.
No es el único inconveniente que deberán sufrir las personas altas: darán con la rodilla en la consola central y, a la hora de cambiar, no encontrarán fácilmente la palanca, que queda un poco atrasada.
Desde esta elevada posición, disfrutaremos de buena visibilidad y de un gran dominio de la carretera.

El Kalos nos sacará de más de un apuro en ciudad: resulta muy manejable y, gracias a su altura, podemos controlar el tráfico urbano. Tampoco se amilana en carretera y nos permitirá realizar viajes con solvencia. Es un coche ideal para iniciarse en la conducción o como segundo coche.

Quizás sea más recomendable el 1.4 que también se comercializa en el Kalos. No hay versión Diesel, de momento, lo que limita su oferta. Además, la versión de gasolina que analizamos no es precisamente “ahorradora”: según nuestro Centro Técnico, precisa más de siete litros cada cien kilómetros de media (el peor entre todos sus rivales).

Este Kalos va unido a un motor 1.2 de 72 CV (casi 74 en nuestras mediciones). No esperábamos ningún derroche; sin embargo, tampoco contábamos con una mecánica tan remolona. Su margen de utilización es muy escaso: le cuesta subir de vueltas y por debajo de las 3.500 rpm prácticamente no hay nada. Llegados a este punto -y justo cuando empezábamos a animarnos-, el sonido del motor se hace patente y un poco desagradable (a 140 km/h hemos registrado más de 72 decibelios).

Aun así, preferíamos llevarlo sobre las 4.000-4.500 rpm para poder obtener algo de chispa. Para ello, estuvimos todo el rato pendientes del cambio: ante cualquier repecho, este Kalos flaquea y hay que reducir una e incluso dos marchas. Sin embargo, una vez que conocemos sus puntos débiles, podemos movernos a un ritmo vivo. El cambio tampoco conseguirá un club de fans (las marchas no se insertan con rapidez y sus recorridos son muy largos). Casi tendremos que pedir permiso al acompañante para meter quinta.

En aceleraciones no obtiene muy malas marcas; en recuperaciones, no podemos afirmar lo mismo (en quinta, tardará 44 segundos en recorrer un kilómetro desde 50 km/h). Además, contaba con un as escondido en la manga: su comportamiento.

Es cierto que sus suspensiones pecan de blandas, pero no pasan demasiada factura en carretera. Una dirección precisa y una batalla más larga de lo normal en modelos de este tamaño aportan confianza al conductor. En las frenadas sí que echamos en falta algo más de eficacia: la carrocería sufre algunas inercias y sus frenos (discos ventilados delante y tambor detrás) no obtienen muy buenas marcas (a 120 km/h tarda 3,59 segundos en frenar y recorrerá 59,9 metros y el Kalos apenas pesa 960 kilos). Además, como ya hemos indicado, no cuenta con ABS ni con control de estabilidad.

Hay que acoplarse al Kalos, porque no contamos con las suficientes regulaciones para que él se adapte a nosotros. En primer lugar, el volante sólo se regula en altura. Sólo podremos bajar la altura de la butaca, el respaldo no la seguirá.
No es el único inconveniente que deberán sufrir las personas altas: darán con la rodilla en la consola central y, a la hora de cambiar, no encontrarán fácilmente la palanca, que queda un poco atrasada.
Desde esta elevada posición, disfrutaremos de buena visibilidad y de un gran dominio de la carretera.

El Kalos nos sacará de más de un apuro en ciudad: resulta muy manejable y, gracias a su altura, podemos controlar el tráfico urbano. Tampoco se amilana en carretera y nos permitirá realizar viajes con solvencia. Es un coche ideal para iniciarse en la conducción o como segundo coche.

Quizás sea más recomendable el 1.4 que también se comercializa en el Kalos. No hay versión Diesel, de momento, lo que limita su oferta. Además, la versión de gasolina que analizamos no es precisamente “ahorradora”: según nuestro Centro Técnico, precisa más de siete litros cada cien kilómetros de media (el peor entre todos sus rivales).

Este Kalos va unido a un motor 1.2 de 72 CV (casi 74 en nuestras mediciones). No esperábamos ningún derroche; sin embargo, tampoco contábamos con una mecánica tan remolona. Su margen de utilización es muy escaso: le cuesta subir de vueltas y por debajo de las 3.500 rpm prácticamente no hay nada. Llegados a este punto -y justo cuando empezábamos a animarnos-, el sonido del motor se hace patente y un poco desagradable (a 140 km/h hemos registrado más de 72 decibelios).

Aun así, preferíamos llevarlo sobre las 4.000-4.500 rpm para poder obtener algo de chispa. Para ello, estuvimos todo el rato pendientes del cambio: ante cualquier repecho, este Kalos flaquea y hay que reducir una e incluso dos marchas. Sin embargo, una vez que conocemos sus puntos débiles, podemos movernos a un ritmo vivo. El cambio tampoco conseguirá un club de fans (las marchas no se insertan con rapidez y sus recorridos son muy largos). Casi tendremos que pedir permiso al acompañante para meter quinta.

En aceleraciones no obtiene muy malas marcas; en recuperaciones, no podemos afirmar lo mismo (en quinta, tardará 44 segundos en recorrer un kilómetro desde 50 km/h). Además, contaba con un as escondido en la manga: su comportamiento.

Es cierto que sus suspensiones pecan de blandas, pero no pasan demasiada factura en carretera. Una dirección precisa y una batalla más larga de lo normal en modelos de este tamaño aportan confianza al conductor. En las frenadas sí que echamos en falta algo más de eficacia: la carrocería sufre algunas inercias y sus frenos (discos ventilados delante y tambor detrás) no obtienen muy buenas marcas (a 120 km/h tarda 3,59 segundos en frenar y recorrerá 59,9 metros y el Kalos apenas pesa 960 kilos). Además, como ya hemos indicado, no cuenta con ABS ni con control de estabilidad.

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