Opel Zafira 2.2 Sport

Monovolumen no es ya sinónimo de coche pesado y justo de prestaciones. Un ejemplo claro de la nueva generación de este tipo de vehículos es el Zafira, esta vez asociado a una motorización de gasolina que ofrece 147 CV de potencia.
Autopista -
Opel Zafira 2.2 Sport
Opel Zafira 2.2 Sport

El Zafira supuso en el momento de su comercialización, a mediados de 1999, una revolución de concepto. Era el primer monovolumen de tamaño medio que ofrecía la posibilidad de albergar en su interior a siete ocupantes. Esto lo conseguía, y lo consigue, de una forma muy fácil, ya que el proceso para sacar los dos asientos posteriores, camuflados en el piso del maletero, se realiza de una forma cómoda y bastante sencilla. La operación es incluso más simple que la explicación: se empuja hacia delante la segunda fila de asientos (se hace con facilidad gracias a los raíles) y se extraen de la superficie (una vez quitada una lona de protección) los dos asientos suplementarios de forma individual. Todo ello en apenas unos segundos.

La tercera fila de asientos no son nada testimoniales, los pasajeros que viajen en la zona más trasera del vehículo irán a gusto incluso en viajes largos, aunque que con una postura algo especial: van más bajos que sus compañeros de habitáculo, por lo que las personas más altas tendrán un poco más elevadas las piernas. A lo que sí tendremos que decir adiós, si viajan siete personas, es al maletero. Éste, en la configuración normal del monovolumen (5 plazas), es enorme. Con una capacidad de 600 litros es, entre sus rivales, el que más ofrece. En la configuración de 7 plazas, se queda en 150 litros, pero, claro, no se puede tener todo.

El interior del Zafira está muy bien acabado, de forma superior incluso a lo que nos tiene acostumbrados Opel. No es demasiado preciosista, pero tanto los materiales usados como el diseño son correctos. Únicamente los relojes que aportan la información sobre la velocidad, las revoluciones, etc. aportan una nota de color gracias a su estética deportiva.

Los mandos están colocados en sitios muy accesibles y se manejan de forma cómoda, a excepción de las salidas centrales del aire acondicionado, quizás algo lejos del conductor. A destacar la palanca de cambios, situada como en un turismo convencional, muy cómoda de usar y con un adecuado escalonamiento de las marchas, que provoca un mayor aprovechamiento de un magnífico motor. Los asientos, por otra parte, son cómodos y mullidos, aunque no envuelven demasiado en las zonas viradas, al ser, en mi opinión, algo grandes.

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