Volkswagen Golf 2.0 TDI Sportline

Tras 29 años de andadura, el Volkswagen más vendido de todos los tiempos saluda a sus fieles con un nuevo exterior, una plataforma distinta, un interior mejorado y motores recién estrenados. Éstas van a ser sus armas para continuar cosechando éxitos y ganando admiradores: ellos han provocado que el Golf, con tres décadas a sus espaldas, nunca haya pasado por la categoría de “clásico”. Para muchos, este coche es “eterno”.
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Volkswagen Golf  2.0 TDI Sportline

Los cambios que ha sufrido el habitáculo del nuevo Golf son menos acusados que los que ha recibido el exterior. Así, hay que esperar a estar sentado al volante para percibir la mayor amplitud del interior, la comodidad de los nuevos asientos o las transformaciones efectuadas en el salpicadero.

Éste comparte con la anterior generación la austeridad en las formas, aunque se ha adornado algo más en la actual versión. También destaca por la calidad percibida en los materiales y acabados, aunque algunos plásticos de peor impresión visual –como el empleado en la guantera que hay bajo el volante o en la funda portagafas en el techo- restan puntos al conjunto.

El tacto de todos los mandos es bastante aceptable. Los del sistema de radio y los de la climatización se han situado en una posición más alta y son más fáciles de accionar. Sin embargo, tendremos que esforzarnos para elegir por dónde queremos que salga la calefacción: los símbolos correspondientes son demasiado pequeños y habrá que mirar detenidamente cada botón antes de optar por las rejillas frontales, las superiores o las situadas a nuestros pies.

La primera generación del Golf (1974-1983) tenía 10 rivales. Ahora, esta cifra se ha elevado hasta los 130, afirma Volkswagen.

Por lo demás, resulta sencillo familiarizarse con el puesto de conducción, en el que nos sentiremos a gusto rápidamente. Los nuevos asientos deportivos son muy cómodos y, además de sujetar el cuerpo con una corrección más que notable, permiten variar la altura y la cercanía al volante con precisión. Según VW, ambas distancias de regulación se han optimizado. Pero, a pesar de todas las comodidades puestas a disposición del automovilista, existen detalles que, al principio, llegarán a ser molestos.

Uno de ellos es el color empleado para la lectura de los relojes. Al conectar los faros, el cuadro de mandos queda iluminado en azul (para las esferas) y rojo (para la información que aparece en el display central). Aunque la intensidad de la luz puede regularse, el rojo llega a cansar la vista. Otro de los detalles que restan confort a la conducción es la incorporación de los intermitentes en los espejos retrovisores. Es una buena medida de seguridad –que, además, viene de serie en todas las versiones-, pero hace falta un corto período de adaptación para darse cuenta de que la luz que parece reflejarse en los retrovisores exteriores es la de nuestro propio vehículo, no la del que nos sigue. Sin embargo, una vez acostumbrados a estas “peculiaridades”, descubriremos que nos hemos adaptado sin problemas a un habitáculo en el que predomina la comodidad.

La construcción modular de las puertas se aplica, por primera vez, en un automóvil de serie muy numerosa. La chapa interior está unida, mediante un pegamento estructural, a dos molduras “híbridas”; estos tres elementos configuran el armazón portante. Gracias a este sistema, no es necesario cambiar toda la pieza cuando se sufre un golpe lateral que no afecta a la estructura interior; basta con sustituir la parte afectada. Así, se consigue una reparación más económica.

Sólo nos queda colocar el equipaje para emprender la marcha. En más de una ocasión he comentado mi tendencia al desorden, pero, en el nuevo Golf, no hay excusas: la guantera principal es amplia, existen huecos en todas las puertas y entre los asientos delanteros y hay “perchas” en ambos pilares centrales. Por primera vez, los pasajeros que realizan un viaje conmigo pueden disfrutar de todo el espacio disponible en las plazas traseras y no lo comparten con mochilas o libros. Éstos se encuentran perfectamente colocados en el amplio maletero, que cuenta con un gran portón. Casi siempre tendremos que cerrarlo dos veces, ya que no ajusta todo lo bien que debiera. Este problema afecta a todas las puertas del vehículo: será frecuente ver en el cuadro de mandos el símbolo que indica que uno de los accesos ha quedado abierto.

Los cambios que ha sufrido el habitáculo del nuevo Golf son menos acusados que los que ha recibido el exterior. Así, hay que esperar a estar sentado al volante para percibir la mayor amplitud del interior, la comodidad de los nuevos asientos o las transformaciones efectuadas en el salpicadero.

Éste comparte con la anterior generación la austeridad en las formas, aunque se ha adornado algo más en la actual versión. También destaca por la calidad percibida en los materiales y acabados, aunque algunos plásticos de peor impresión visual –como el empleado en la guantera que hay bajo el volante o en la funda portagafas en el techo- restan puntos al conjunto.

El tacto de todos los mandos es bastante aceptable. Los del sistema de radio y los de la climatización se han situado en una posición más alta y son más fáciles de accionar. Sin embargo, tendremos que esforzarnos para elegir por dónde queremos que salga la calefacción: los símbolos correspondientes son demasiado pequeños y habrá que mirar detenidamente cada botón antes de optar por las rejillas frontales, las superiores o las situadas a nuestros pies.

La primera generación del Golf (1974-1983) tenía 10 rivales. Ahora, esta cifra se ha elevado hasta los 130, afirma Volkswagen.

Por lo demás, resulta sencillo familiarizarse con el puesto de conducción, en el que nos sentiremos a gusto rápidamente. Los nuevos asientos deportivos son muy cómodos y, además de sujetar el cuerpo con una corrección más que notable, permiten variar la altura y la cercanía al volante con precisión. Según VW, ambas distancias de regulación se han optimizado. Pero, a pesar de todas las comodidades puestas a disposición del automovilista, existen detalles que, al principio, llegarán a ser molestos.

Uno de ellos es el color empleado para la lectura de los relojes. Al conectar los faros, el cuadro de mandos queda iluminado en azul (para las esferas) y rojo (para la información que aparece en el display central). Aunque la intensidad de la luz puede regularse, el rojo llega a cansar la vista. Otro de los detalles que restan confort a la conducción es la incorporación de los intermitentes en los espejos retrovisores. Es una buena medida de seguridad –que, además, viene de serie en todas las versiones-, pero hace falta un corto período de adaptación para darse cuenta de que la luz que parece reflejarse en los retrovisores exteriores es la de nuestro propio vehículo, no la del que nos sigue. Sin embargo, una vez acostumbrados a estas “peculiaridades”, descubriremos que nos hemos adaptado sin problemas a un habitáculo en el que predomina la comodidad.

La construcción modular de las puertas se aplica, por primera vez, en un automóvil de serie muy numerosa. La chapa interior está unida, mediante un pegamento estructural, a dos molduras “híbridas”; estos tres elementos configuran el armazón portante. Gracias a este sistema, no es necesario cambiar toda la pieza cuando se sufre un golpe lateral que no afecta a la estructura interior; basta con sustituir la parte afectada. Así, se consigue una reparación más económica.

Sólo nos queda colocar el equipaje para emprender la marcha. En más de una ocasión he comentado mi tendencia al desorden, pero, en el nuevo Golf, no hay excusas: la guantera principal es amplia, existen huecos en todas las puertas y entre los asientos delanteros y hay “perchas” en ambos pilares centrales. Por primera vez, los pasajeros que realizan un viaje conmigo pueden disfrutar de todo el espacio disponible en las plazas traseras y no lo comparten con mochilas o libros. Éstos se encuentran perfectamente colocados en el amplio maletero, que cuenta con un gran portón. Casi siempre tendremos que cerrarlo dos veces, ya que no ajusta todo lo bien que debiera. Este problema afecta a todas las puertas del vehículo: será frecuente ver en el cuadro de mandos el símbolo que indica que uno de los accesos ha quedado abierto.

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