Mitsubishi Outlander 2.4

El Outlander es la apuesta de Mitsubishi, un especialista en 4x4 puro, para el todo terreno “light”. Ahora recibe un interesante motor 2.4 que llega a los 160 CV y rinde realmente bien. Con este cambio, el coche sigue sin destacar en el campo, pero en carretera es de lo mejor de la categoría.
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Mitsubishi Outlander 2.4
Mitsubishi Outlander 2.4

El Outlander tiene más de coche de carretera que de campo. La simple observación de sus dimensiones exteriores nos deja clara esta idea. Sobre el asfalto se comporta como una berlina media: es un coche cómodo, ágil, rápido, elegante y muy moderno.
Mitsubishi añade a la gama un motor de gasolina que nos ha parecido bastante interesante por su carácter y su buen aprovechamiento, algo en lo que también interviene el cambio, una caja automática de cuatro relaciones.

El motor, un 2.4 litros, alcanza los 160 CV a 5.750 revoluciones por minuto y entrega un par de 21,6 mkg a 4.000 vueltas. Su arquitectura básica es un bloque de cuatro cilindros sobre el que se ha montado una culata que lleva el sistema MIVEC de distribución variable.

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p> El funcionamiento del motor es muy bueno. Empuja con alegría, se estira bien y proporciona al Outlander energía más que de sobra en carretera y suficiente en el campo.

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p> Pese a que llega muy arriba en el cuentavueltas, tiene un momento excelente a partir de las 3.500 rpm. Desde ahí, y en el entorno de las 4.000, tiene su mejor empuje.

El carácter del motor es distinto en función de cómo empleemos la caja de cambios. Es una caja del tipo Invecs, las que suele utilizar la marca en sus grandes todo terreno de cambio automático. En este caso estamos ante un equipo que dispone de cuatro relaciones, además de un carril para manejo secuencial.

Si utilizamos el modo automático normal, la gestión del motor es más suave, más controlada, con lo que el 2.4 se antoja dulce y progresivo. Sólo muestra alguna arista cuando se aprieta el acelerador a fondo. Entonces, al hacer el “kick-down” para reducir y ganar aceleración, los saltos entre las marchas se nos hacen un poco largos y, por tanto, se nota cierta brusquedad. Parece un problema del escalonamiento de las relaciones.

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p> Si trabajamos con el modo manual, o secuencial, esta aspereza se acusa algo más, porque el ordenador del cambio pierde autoridad en función de nuestros gustos. Así, podemos hacer reducciones más fuertes para acelerar y, además, estirar las marchas bastante más arriba que en el modo automático.

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p> Gracias a esta posibilidad de actuar un poco más sobre la mecánica, las prestaciones son levemente mejores. El coche gana algo en rapidez y aceleración.

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