Lancia Y 1.3 Multijet / Nissan Micra 1.5 dCi 80

Pequeños en tamaño y grandes en equipamiento. Los utilitarios Diesel de última generación ofrecen mecánicas potentes y económicas, muestran un diseño vanguardista y aportan detalles de acabado y equipamiento propios de una categoría superior.
Autopista -
Lancia Y 1.3 Multijet / Nissan Micra 1.5 dCi 80
Lancia Y 1.3 Multijet / Nissan Micra 1.5 dCi 80

Los frenos son bastante potentes, registrando en los dos casos unas distancias de frenado muy similares, algo mejores en el Lancia debido a una mayor medida de goma de neumático y con buena resistencia a la fatiga. El Micra ofrece unas distancias levemente superiores, aunque el tacto del pedal permite dosificar la frenada con mayor facilidad.

En definitiva, los dos modelos cumplen correctamente su cometido, quizá, tras conducir el Micra, esperábamos más del Ypsilon, aunque no se puede decir que se quede corto en prestaciones. En el apartado de equipamiento y precios, si igualamos el Lancia con las opciones que trae de serie el Micra, resulta una cifra final bastante similar, por lo que podríamos concluir que el Ypsilon está destinado a un público que busque más la exclusividad de la marca, mientras que el Micra es el coche ideal de quien busque practicidad sin renunciar a unas brillantes prestaciones y a un consumo contenido.

Hoy en día nos parece que 70 CV son pocos para mover con dinamismo a modelos como los que hoy estamos tratando. Sin embargo, esta era la potencia media que tenía un familiar de hace 25 ó 30 años y el utilitario que se acercaba a los 70 CV se podía considerar un verdadero deportivo. Por supuesto, siempre con mecánicas de gasolina, ya que en Diesel, lo más cercano eran unos 60 CV obtenidos de una mecánica de superior capacidad e inferiores prestaciones.

Si tenemos en cuenta que el Micra hace el 0 a 100 km/h en menos de 12 segundos y que recorre el km en poco más de 33 segundos, podemos afirmar que las prestaciones están a un elevado nivel, similar o incluso superior a modelos de gasolina de superior cilindrada. Eso, sin tener en cuenta las cifras de adelantamiento o recuperaciones, donde estos pequeños turbodiesel “pulverizan” las cifras de los modelos de gasolina.

En el caso del Ypsilon, que no es especialmente ligero, (1.156 kg) nos esperábamos unas cifras de prestaciones algo mejores, aunque es cierto que ni los neumáticos ni la aerodinámica del modelo juegan a su favor. Tampoco contribuyen a ello los desarrollos de la caja de cambios, sensiblemente más largos que los del Micra, con una quinta velocidad pensada para desahogar el motor, reducir el nivel de ruido y contener el consumo en valores bajos.

Bien es cierto que el coche gira bastante aplomado, aunque sigue mostrando una dirección de asistencia eléctrica que no termina de transmitir la confianza que nos gusta, pues no resulta del todo fácil redondear la trayectoria. El Micra también cuenta con este tipo de dispositivo eléctrico como servoasistencia a la dirección, aunque permite mejor tacto y una sensación más fiel de lo que está ocurriendo bajo las ruedas delanteras.

En el apartado de suspensiones el Lancia es cómodo y eficaz, pero no tan ágil como el Micra, que ofrece un conjunto de bastidor y tarado de suspensión muy equilibrado. Resulta sorprendente el resultado de un tren delantero McPherson con un extraordinariamente sencillo conjunto de ruedas tiradas unidas por simple eje de torsión. El Micra se desenvuelve con una soltura excepcional y transmite bastante confianza a su conductor. En éste se nota la menor sección de neumáticos, aunque no ofrece ninguna complicación para circular con rapidez por cualquier tipo de trazado. En zonas de curvas con el pavimento degradado permite buena comodidad a los ocupantes, absorbiendo bien las irregularidades del terreno sin que se acusen de forma exagerada en el habitáculo.

Los frenos son bastante potentes, registrando en los dos casos unas distancias de frenado muy similares, algo mejores en el Lancia debido a una mayor medida de goma de neumático y con buena resistencia a la fatiga. El Micra ofrece unas distancias levemente superiores, aunque el tacto del pedal permite dosificar la frenada con mayor facilidad.

En definitiva, los dos modelos cumplen correctamente su cometido, quizá, tras conducir el Micra, esperábamos más del Ypsilon, aunque no se puede decir que se quede corto en prestaciones. En el apartado de equipamiento y precios, si igualamos el Lancia con las opciones que trae de serie el Micra, resulta una cifra final bastante similar, por lo que podríamos concluir que el Ypsilon está destinado a un público que busque más la exclusividad de la marca, mientras que el Micra es el coche ideal de quien busque practicidad sin renunciar a unas brillantes prestaciones y a un consumo contenido.

Hoy en día nos parece que 70 CV son pocos para mover con dinamismo a modelos como los que hoy estamos tratando. Sin embargo, esta era la potencia media que tenía un familiar de hace 25 ó 30 años y el utilitario que se acercaba a los 70 CV se podía considerar un verdadero deportivo. Por supuesto, siempre con mecánicas de gasolina, ya que en Diesel, lo más cercano eran unos 60 CV obtenidos de una mecánica de superior capacidad e inferiores prestaciones.

Si tenemos en cuenta que el Micra hace el 0 a 100 km/h en menos de 12 segundos y que recorre el km en poco más de 33 segundos, podemos afirmar que las prestaciones están a un elevado nivel, similar o incluso superior a modelos de gasolina de superior cilindrada. Eso, sin tener en cuenta las cifras de adelantamiento o recuperaciones, donde estos pequeños turbodiesel “pulverizan” las cifras de los modelos de gasolina.

En el caso del Ypsilon, que no es especialmente ligero, (1.156 kg) nos esperábamos unas cifras de prestaciones algo mejores, aunque es cierto que ni los neumáticos ni la aerodinámica del modelo juegan a su favor. Tampoco contribuyen a ello los desarrollos de la caja de cambios, sensiblemente más largos que los del Micra, con una quinta velocidad pensada para desahogar el motor, reducir el nivel de ruido y contener el consumo en valores bajos.

Bien es cierto que el coche gira bastante aplomado, aunque sigue mostrando una dirección de asistencia eléctrica que no termina de transmitir la confianza que nos gusta, pues no resulta del todo fácil redondear la trayectoria. El Micra también cuenta con este tipo de dispositivo eléctrico como servoasistencia a la dirección, aunque permite mejor tacto y una sensación más fiel de lo que está ocurriendo bajo las ruedas delanteras.

En el apartado de suspensiones el Lancia es cómodo y eficaz, pero no tan ágil como el Micra, que ofrece un conjunto de bastidor y tarado de suspensión muy equilibrado. Resulta sorprendente el resultado de un tren delantero McPherson con un extraordinariamente sencillo conjunto de ruedas tiradas unidas por simple eje de torsión. El Micra se desenvuelve con una soltura excepcional y transmite bastante confianza a su conductor. En éste se nota la menor sección de neumáticos, aunque no ofrece ninguna complicación para circular con rapidez por cualquier tipo de trazado. En zonas de curvas con el pavimento degradado permite buena comodidad a los ocupantes, absorbiendo bien las irregularidades del terreno sin que se acusen de forma exagerada en el habitáculo.

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