Audi A2 1.4 TDi Style

El A2 TDi, con su carrocería y bastidor de aluminio, se desmarca de todos sus rivales de la categoría, gracias a este avance tecnológico. Su elevado precio, sin embargo, incita a meditar si todos estos son fruto de la razón o alguno es el resultado de una nada comedida pasión.
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Audi A2 1.4 TDi Style
Audi A2 1.4 TDi Style

Vivimos una época en la que los fabricantes tratan de encontrar nichos donde instalar productos que se salgan de lo habitual, para atraer a los amantes de lo más avanzado, de lo diferente, del automóvil lúdico e, incluso, del extravagante. Nos imaginamos que los estudios de mercado son rigurosos, extremadamente fiables. Por eso, cuando nos enfrentamos al Audi A2 TDi suponemos que los responsables del modelo han encontrado un numeroso grupo de potenciales clientes que obviarán el pequeño detalle del precio y sólo se entusiasmarán por todo lo bueno, que es mucho, que el A2 TDi puede ofrecer.

Nosotros, que no pensamos comprar este modelo y que nos vemos obligados a juzgarlo sin pasión, consideramos su precio como una espada de Damocles que se cierne sobre la valoración global del coche. No nos cabe, en este limitado espacio, enumerar los modelos que por este precio, y menos, pueden ofrecer más potencia, más espacio, más belleza, más confort y más prestaciones. Claro que no son A2 TDi y no tienen carrocería y chasis de aluminio. Tres millones y medio de pesetas es mucho dinero y, casualmente, coincide con la tarifa del Mercedes Clase A CDi. ¿Casualidad? Cada vez vemos más casualidades en este tema y, como en el de las petroleras, se atisba una especie de marcaje al alza para no estropearse el negocio mutuamente en determinados segmentos de mercado.

Olvidado ya el tema del precio, que creemos suficientemente tratado, vamos al coche en sí. De entrada hay que decir que yendo en el A2 no se pasa desapercibido, pues la gente vuelve la cabeza ante sus macizas formas. Sus peculiares volúmenes generan un espacio interior que la propia marca ha limitado para cuatro pasajeros, aunque opcionalmente puede encontrarse medidas de seguridad para un quinto. El maletero es destacable, si no queremos rueda de repuesto y nos conformamos con el kit antipinchazos. En caso contrario, se queda en normalito tirando a pequeño. Los asientos son buenos, bien de diseño y de mullido, pero el conductor, al entrar o salir, puede golpearse en la rodilla fácilmente con la carcasa que tapa la columna de dirección. El espacio en el puesto de conducción no es excesivo y la pierna derecha acaba reposando lateralmente en la consola, con la consiguiente molestia en viajes largos. Curiosamente, la posición al volante es bastante tendida, cercana a la de un coupé, cuando detrás se viaja muy erguido. Aquí, el espacio destinado a las piernas es suficiente para que una persona de 1,80 metros de altura viaje confortablemente, aunque sea otra de la misma talla la que se aposente delante. Esto es una sorpresa cuando se ve, desde el exterior, el fuerte declive con que acaba el techo.

El aspecto cualitativo de los recubrimientos interiores es bueno para el segmento -si nos referimos a su tamaño- en el que se enclava, pero ni se entronca con lo que Audi nos lleva acostumbrando en los últimos años, ni se puede comparar con coches de 3,5 millones de otros segmentos, ni alcanza, a nuestro juicio, la imagen del Clase A, no nos engañemos, coche al que quiere desbancar. La terminación está a un nivel más que bueno, aunque algún plástico que otro cede ante una presión suave. El nivel sonoro es destacable a velocidad estabilizada en marcha larga, como solemos realizar nuestras mediciones, pero el tres cilindros turboalimentado deja oir su gorgojeo con demasiada claridad en fase de aceleración y a regímenes medios y altos. Las vibraciones tampoco han sido mutiladas por completo y al pisar el pedal de embrague o al tocar la palanca de cambios se perciben.

El capítulo del confort se completa con la suavidad de marcha y el equipamiento. En cuanto a la primera, poco hay que decir, pues haberla, la hay, pero poca. La suspensión es muy seca, particularmente, con las opcionales llantas de 16 pulgadas y neumáticos de perfil 50 que equipaban a la unidad de pruebas. Los muelles admiten con malas maneras las irregularidades del firme y, si uno no es amante de lo que de forma coloquial se denomina una suspensión deportiva, se llevará un desengaño. Por lo que se refiere al equipamiento, es mejor el de seguridad que el de confort, aunque en éste tampoco hay queja alguna. El primero es muy extenso, con control de estabilidad y seis airbags de serie y los de cabeza, delanteros y traseros, como opción además de otros muchos ingredientes que sería prolijo enumerar.

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