Citroën C2 1.6 VTR SensoDrive

Este C2 es una bocanada de aire fresco en un segmento, el de los utilitarios, que está repleto de realizaciones más preocupadas por el espacio y el ahorro que por la diversión al volante. Esta versión deportiva de 110 CV y embrague pilotado SensoDrive cumple con creces lo esperado: ágil, divertido y excitante.
Autopista -
Citroën C2 1.6 VTR SensoDrive
Citroën C2 1.6 VTR SensoDrive

El funcionamiento del cambio no aporta tampoco demasiada comodidad a la hora de realizar desplazamientos interurbanos. A pesar de ser un portento tecnológico de última generación, este embrague pilotado nos sigue proporcionando ligeros cabeceos cuando pasa de una marcha a otra, sobre todo en modo automático. También existe la opción de cambiar manualmente, a través de una palanca convencional o mediante las citadas levas tras el volante. En este modo, no existe “kick down” y tampoco se cambia automáticamente a una relación superior cuando así lo pudiera necesitar: aquí todo lo hace el conductor. Nosotros nos decantamos por las levas, puesto que nos han parecido la forma de manejo más suave y cómoda.

Ahondando en el comportamiento del coche, debemos señalar dos aspectos muy ligados a la electrónica que nos han deparado regustos diametralmente opuestos. El que no nos ha gustado demasiado es el asistente a la frenada de emergencia. Hay que precisar muy bien la intensidad con la que pisamos el pedal del freno, ya que si nos excedemos en el celo, la frenada se convierte en demasiado violenta, algo que repercute en la comodidad de marcha y que limita el carácter deportivo de este C2, que, por otra parte, tiene unas distancias de frenado (para en 74,9 metros desde 140 km/h) bastante notables.

Un aspecto que, no obstante, nos ha dejado muy buen sabor de boca es la dirección. Nos temíamos una excesiva sensibilidad, algo propio de las últimas realizaciones de Citroën. Sin embargo, esta dirección eléctrica de dureza variable consigue un perfecto compromiso entre la asistencia que necesitamos a la hora de aparcar o movernos a baja velocidad y la que nos hace falta cuando viajamos a altos cruceros o afrontamos una carretera serpenteante. Todo ello transmitiendo con veracidad lo que pasa bajo las ruedas.

El motor que equipa esta versión es un viejo conocido del grupo PSA (Peugeot-Citroën). Se trata de un doble árbol con 16 válvulas y 1,6 litros de capacidad que ya montan modelos como el 206, el 307, el Xsara o el C3. Su rendimiento es progresivo pero contundente. Nuestro banco de pruebas ha logrado extraer 111,4 CV a 5.710 rpm y 15,2 mkg a 4.100, mientras que oficialmente declara 110 CV y 15 mkg a casi idénticas vueltas.

No debemos olvidar, sin embargo, que nos encontramos con un modelo que ha sido concebido como un utilitario, como un coche para movernos por ciudad y que el atasco será uno de sus hábitats naturales. En estas situaciones, lo mejor es dejar el embrague robotizado en automático, pulsando un botón junto a la palanca de cambio.

Como tal, como urbanita, el espacio es limitado, sobre todo para las plazas traseras. Atrás, ya por obligación, sólo pueden viajar dos, ya que el C2 está homologado para cuatro ocupantes. Estos dos “valientes”, a los que no les resultará tampoco muy fácil introducirse en las plazas posteriores, cuentan con un espacio suficiente en anchura, pero muy escaso tanto en altura como para las piernas. Por encima de 1,80 metros, no se va bien, puesto que iremos encorvados y casi contrahechos. Delante no hay problemas: sea cual sea nuestra talla iremos cómodos y bien sujetos, ya que los asientos destacan por unas alas que recogen bien el cuerpo, pensando sobre todo en las zonas viradas.

El maletero también es pequeño. Posee una capacidad mínima de 200 litros, pero, gracias a la posibilidad de desplazar longitudinalmente los asientos, de forma independiente, se puede llegar a los 255 litros. Aún ganaremos más volumen si los replegamos contra el respaldo de los asientos delanteros, obteniendo, según Citroën, hasta 879 litros. Aparte, el maletero cuenta con la peculiaridad de poseer un portón trasero que se abre en dos partes: la superior permite introducir objetos en espacios reducidos, mientras que la apertura de la inferior nos facilita el acceso de objetos pesados, ya que la altura de carga es más baja. Esta parte incorpora un pequeño receptáculo de 5 litros de capacidad, ideal para, por ejemplo, la documentación del coche.

Más arriba hemos comentado las sensaciones deportivas que despierta este C2 1.6 VTR. Sin embargo, no podemos decir lo mismo de su salpicadero. Con claras similitudes con el del C3, nos parece que está mejor rematado, aunque también tiene algún que otro plástico de cuya durabilidad dudamos. Además, carece de ningún detalle que delate que estamos ante una versión tan especial como es la deportiva VTR. Los relojes siguen siendo digitales, algo que no termina de convencernos, tanto por estética como por exactitud en los indicadores de temperatura y nivel de combustible.

A la hora de llegar al precio, nos encontramos con una disyuntiva importante. El coche cuesta 14.000 euros, una factura que se nos antoja elevada para un vehículo urbano, aunque es cierto que estamos ante una versión muy especial, con 110 CV y un talante claramente deportivo. Aun así, es censurable que tengamos que pagar como opción el aire acondicionado, la pintura metalizada o el control de estabilidad.

El funcionamiento del cambio no aporta tampoco demasiada comodidad a la hora de realizar desplazamientos interurbanos. A pesar de ser un portento tecnológico de última generación, este embrague pilotado nos sigue proporcionando ligeros cabeceos cuando pasa de una marcha a otra, sobre todo en modo automático. También existe la opción de cambiar manualmente, a través de una palanca convencional o mediante las citadas levas tras el volante. En este modo, no existe “kick down” y tampoco se cambia automáticamente a una relación superior cuando así lo pudiera necesitar: aquí todo lo hace el conductor. Nosotros nos decantamos por las levas, puesto que nos han parecido la forma de manejo más suave y cómoda.

Ahondando en el comportamiento del coche, debemos señalar dos aspectos muy ligados a la electrónica que nos han deparado regustos diametralmente opuestos. El que no nos ha gustado demasiado es el asistente a la frenada de emergencia. Hay que precisar muy bien la intensidad con la que pisamos el pedal del freno, ya que si nos excedemos en el celo, la frenada se convierte en demasiado violenta, algo que repercute en la comodidad de marcha y que limita el carácter deportivo de este C2, que, por otra parte, tiene unas distancias de frenado (para en 74,9 metros desde 140 km/h) bastante notables.

Un aspecto que, no obstante, nos ha dejado muy buen sabor de boca es la dirección. Nos temíamos una excesiva sensibilidad, algo propio de las últimas realizaciones de Citroën. Sin embargo, esta dirección eléctrica de dureza variable consigue un perfecto compromiso entre la asistencia que necesitamos a la hora de aparcar o movernos a baja velocidad y la que nos hace falta cuando viajamos a altos cruceros o afrontamos una carretera serpenteante. Todo ello transmitiendo con veracidad lo que pasa bajo las ruedas.

El motor que equipa esta versión es un viejo conocido del grupo PSA (Peugeot-Citroën). Se trata de un doble árbol con 16 válvulas y 1,6 litros de capacidad que ya montan modelos como el 206, el 307, el Xsara o el C3. Su rendimiento es progresivo pero contundente. Nuestro banco de pruebas ha logrado extraer 111,4 CV a 5.710 rpm y 15,2 mkg a 4.100, mientras que oficialmente declara 110 CV y 15 mkg a casi idénticas vueltas.

No debemos olvidar, sin embargo, que nos encontramos con un modelo que ha sido concebido como un utilitario, como un coche para movernos por ciudad y que el atasco será uno de sus hábitats naturales. En estas situaciones, lo mejor es dejar el embrague robotizado en automático, pulsando un botón junto a la palanca de cambio.

Como tal, como urbanita, el espacio es limitado, sobre todo para las plazas traseras. Atrás, ya por obligación, sólo pueden viajar dos, ya que el C2 está homologado para cuatro ocupantes. Estos dos “valientes”, a los que no les resultará tampoco muy fácil introducirse en las plazas posteriores, cuentan con un espacio suficiente en anchura, pero muy escaso tanto en altura como para las piernas. Por encima de 1,80 metros, no se va bien, puesto que iremos encorvados y casi contrahechos. Delante no hay problemas: sea cual sea nuestra talla iremos cómodos y bien sujetos, ya que los asientos destacan por unas alas que recogen bien el cuerpo, pensando sobre todo en las zonas viradas.

El maletero también es pequeño. Posee una capacidad mínima de 200 litros, pero, gracias a la posibilidad de desplazar longitudinalmente los asientos, de forma independiente, se puede llegar a los 255 litros. Aún ganaremos más volumen si los replegamos contra el respaldo de los asientos delanteros, obteniendo, según Citroën, hasta 879 litros. Aparte, el maletero cuenta con la peculiaridad de poseer un portón trasero que se abre en dos partes: la superior permite introducir objetos en espacios reducidos, mientras que la apertura de la inferior nos facilita el acceso de objetos pesados, ya que la altura de carga es más baja. Esta parte incorpora un pequeño receptáculo de 5 litros de capacidad, ideal para, por ejemplo, la documentación del coche.

Más arriba hemos comentado las sensaciones deportivas que despierta este C2 1.6 VTR. Sin embargo, no podemos decir lo mismo de su salpicadero. Con claras similitudes con el del C3, nos parece que está mejor rematado, aunque también tiene algún que otro plástico de cuya durabilidad dudamos. Además, carece de ningún detalle que delate que estamos ante una versión tan especial como es la deportiva VTR. Los relojes siguen siendo digitales, algo que no termina de convencernos, tanto por estética como por exactitud en los indicadores de temperatura y nivel de combustible.

A la hora de llegar al precio, nos encontramos con una disyuntiva importante. El coche cuesta 14.000 euros, una factura que se nos antoja elevada para un vehículo urbano, aunque es cierto que estamos ante una versión muy especial, con 110 CV y un talante claramente deportivo. Aun así, es censurable que tengamos que pagar como opción el aire acondicionado, la pintura metalizada o el control de estabilidad.

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