Jaguar X-Type 2.0D Executive

Ni siquiera las marcas más exclusivas pueden obviar que las mecánicas Diesel son las que acaparan la mayor parte de las ventas, por lo que el X-Type se ha convertido en el primer modelo de Jaguar con un motor de gasóleo. Ahora bien, como no podía ser de otra manera, la automovilística ha aplicado su tradicional distinción a este propulsor y lo ha convertido en uno de los más refinados del mercado.
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Jaguar X-Type 2.0D Executive
Jaguar X-Type 2.0D Executive

No podía ser de otra manera: el conductor del X-Type 2.0 Diesel se da cuenta, al entrar en el habitáculo, que está sentado en un Jaguar. La versión Executive, la intermedia, se distingue de la Classic y Sport desde el exterior, gracias a los detalles cromados que adornan la parte superior de las ventanillas y los paragolpes, pero también ha querido diferenciarse del resto de la gama en el interior.

Así, cuenta con un equipamiento de serie más que completo: tapicería de piel, aplicaciones de madera, airbags de conductor y pasajero, laterales y de cabeza, asientos ajustables eléctricamente, climatizador, control de tracción y de velocidad, faros antiniebla, equipo de sonido Jaguar Alpine... Pocos detalles le faltan.

Pero siempre habrá quien eche de menos algunos dispositivos. No hay problema; todo lo que el conductor imagina está en el equipamiento opcional. Quizá lo más destacado de éste (o, al menos, lo que más nos ha llamado la atención) es el sistema de control por voz para el equipo de sonido, el climatizador y el navegador. Apretando uno de los botones situados en el volante, el X-Type se queda “a la escucha” y obedece nuestras órdenes. Sin embargo, hay que ser muy claro en éstas, pues, de lo contrario, ejecutará acciones completamente distintas a las que le hayamos pedido. Durante el recorrido de pruebas, el coche acusó cierta “dureza de oído”: “Climatizador, 21 grados”, pedí. Cuando estaba esperando que el dispositivo repitiera mis palabras –señal de que ha comprendido la orden-, oí: “Navegador, borrar destino”. Sin saber cómo llegar al hotel, tuve que detenerme para volver a introducir los datos.

Por suerte, la pantalla táctil que domina la consola central tiene un manejo sencillo e intuitivo (y mucho más fiable que el del control por voz), aunque, para señalar la dirección a la que queremos aproximarnos, el vehículo debe estar parado. Ciertas funciones del navegador quedan anuladas cuando el coche se pone en marcha, aunque se pueden manejar el resto de los sistemas: radio, teléfono y climatizador.

Resulta fácil imaginar que, con tal profusión de detalles, el puesto de conducción es más que completo. También es cómodo, ya que los asientos, pese a estar tapizados en piel, sujetan el cuerpo correctamente. Casi todas las molestias pueden ser solucionadas apretando un botón, como el que desconecta los sensores de aparcamiento delanteros y traseros (que provocarán continuos pitidos cuando una moto o un coche se acerquen demasiado en un atasco) o el que apaga la pantalla táctil, cuya luz deslumbra ligeramente por la noche.

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p> Dos guanteras en cada puerta, otra bajo los mandos de los faros y varios huecos entre los asientos suplen el espacio que falta en la guantera principal, en la que apenas cabe la documentación. Al fijarnos en estos detalles, empezamos a ver que el X-Type no es tan grande como parece.

La impresión se confirma cuando preguntamos a los pasajeros de las plazas posteriores. Tres adultos viajarían razonablemente cómodos, pero, aunque la amplitud es correcta, falla el espacio para las piernas. En el maletero, la sensación es parecida: a primera vista, parece que hay volumen suficiente para el equipaje de una familia entera, pero lo cierto es que sus 450 litros de capacidad se quedan pequeños enseguida. Además, la boca de carga es pequeña –no olvidemos que estamos hablando de un vehículo con cuatro puertas- lo que nos obligará a agacharnos excesivamente cuando queramos colocar los bultos en el fondo del maletero.

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p> Tras estas conclusiones, habrá quien se pregunte si merece la pena pagar 33.300 euros (bastantes más cuando comienza a añadirse equipamiento opcional) por este vehículo. Rotundamente sí: puede que el espacio interior sea su punto débil, pero el resto del habitáculo está resuelto con el tradicional refinamiento de Jaguar. A esto hay que añadir un motor suave y potente –cuyo comportamiento, no me cansaré de decirlo, me sedujo desde el primer momento-, unos consumos razonables y una imagen elegante y llamativa. No hay duda: la rendición de Jaguar a las mecánicas Diesel es una victoria.

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