Opel Astra Cabrio 2.2

Un sistema de capota totalmente automático y silencioso caracterizan a esta variante convertible del Astra, que se mueve con suficiencia gracias a su agradable motor multiválvula con 147 CV y a unas suspensiones blandas que priman el confort de marcha.
Autopista -
Opel Astra Cabrio 2.2
Opel Astra Cabrio 2.2

Los constructores de coches populares parecen turnarse para ocupar con sus convertibles derivados de compactos un segmento que es muy pequeño en el mercado y que resulta difícil de explotar como imagen para la marca. Ningún cabrio desarrollado a partir de estas plataformas y carrocerías ha podido convertirse en los últimos años en un clásico y mito, como lo lograra en su momento el Golf cabrio. No obstante, Renault obtuvo su particular éxito con el Renault 19 cabrio e insistió, con cierta rapidez después de la aparición del Mégane, con una variante convertible de este modelo. Ahora le toca el turno al Opel Astra, aunque su variante con techo de lona de segunda generación llega al mercado español con cierto retraso en la vida del modelo, que ya se encuentra en su cuarta temporada desde su lanzamiento en 1998.

Tres son los detalles fundamentales para un cabrio hoy en día: la rigidez de su chasis, la facilidad para operar la capota y el diseño de la misma, destinado a reducir la rumorosidad. En los tres destaca el Opel Astra, sobre todo en los dos que atañen a la capota. La marca germana ha respondido satisfactoriamente al adoptar un cerramiento textil con tres capas, que incluye la luna trasera acristalada y que se abre o cierra eléctricamente con el bienvenido "plus" de un enclavamiento, también automático, en el reforzado marco superior del parabrisas. Todo el proceso requiere 35 segundos. Para facilitar la operación de los cristales traseros se dispone, además, de un mando conjunto situado en la consola central. Otro detalle "a lo Porsche" es el cortaviento que se puede montar sobre las plazas traseras y que contribuye a reducir sensiblemente la circulación de aire cuando dos personas viajan con la capota abatida. Con la capota plegada, en el maletero queda una capacidad para equipaje de 360 litros, equivalente a la que posee un utilitario de 3,80 metros, aunque para ello es necesario dejar el derivabrisas en casa. Un detalle fruto del compromiso con la seguridad, requirió reforzar el marco del parabrisas y la zona de anclaje de la capota: los parasoles son muy pequeños (y de un plástico demasiado austero) y no tienen espejo. El espacio atrás es ajustado pero aceptable para desplazamientos de dos personas de estatura media.

Por su parte, los 147 CV del agradable y progresivo motor multiválvulas 2.0, son muy silenciosos. Esta virtud se ve favorecida porque la forma de la capota, sus tres capas y lo tensa que queda una vez enclavada, producen, realmente, muy poca rumorosidad, por debajo de los niveles que obtuvimos en nuestras pruebas del Mégane y del 306 cabrio.

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