Honda Jazz 1.2 i-DSI LS

Honda busca con el Jazz (conocido en Japón como Fit) hacerse con un espacio propio en el segmento de los utilitarios; para ello sus creadores han realizado un esfuerzo que ha tenido sus frutos: un pequeño por fuera que presenta un interior espacioso y que ofrece ese “algo más” que a otros les falta.
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Honda Jazz 1.2 i-DSI LS
Honda Jazz 1.2 i-DSI LS

Los ocupantes de los asientos delanteros pueden colocarse cómodamente sea cual sea su altura, ya que, incluso en la posición más retrasada de estos asientos (para que se siente con comodidad una persona de 1,90 metros), los pasajeros de atrás encuentran espacio suficiente para las piernas (aunque hablamos de una estatura media de hasta 1,70 metros). El ancho del interior permite, en la parte trasera, que las tres plazas que promete la marca sean reales y no virtuales, como ocurre habitualmente.

La postura de conducción ideal se adopta con rapidez y sin mayor problema. El asiento tiene regulación horizontal y vertical (ambas manuales) y el volante, en profundidad. Gracias al buen tamaño de los espejos y a lo amplio de las superficies acristaladas, la visibilidad es casi perfecta, con un solo pero, los reposacabezas traseros son muy grandes, lo que impide la total visión de la vía por el espejo retrovisor central, que, por cierto, desmerece algo la calidad del resto del interior: la impresión que da este elemento es de que es poco resistente.

Sin embargo, en el espacio delantero no termina todo, ya que el habitáculo, además, cuenta con una zona trasera que es la que realmente guarda más de un as en la manga. Por lo pronto, los tres asientos admiten tres pasajeros, que, si son de tamaño medio, no estarán con estrecheces. Todas las plazas cuentan con cinturones de tres puntos, incluso la del centro. En este caso, el cinto está situado en el techo y cuenta con dos enganches para que se ancle correctamente.

El respaldo está dividido y cualquiera de las dos partes se pueden echar hacia delante, con lo que el maletero se ve ampliado en gran parte y la superficie de carga crece de forma notable.

Esto no es todo, ni lo más novedoso del ingenioso sistema de flexibilidad del espacio que Honda presenta en este Jazz. Las banquetas de los asientos se pueden levantar, dejando unos útiles huecos entre la parte de atrás de los asientos delanteros y los respaldos de los traseros. Sin embargo, aún hay más. No sólo las posibilidades son múltiples, sino que, además, los cambios en la estructura de los asientos son muy sencillos de efectuar: palancas bajo los asientos y en las partes superiores de los respaldos son los medios para adecuar el interior del Jazz a nuestras necesidades de cada momento.

Nada más sentarte ante el volante te queda claro que estás en un vehículo con un espíritu de exclusividad y que pretende permanecer al margen del resto de coches utilitarios del mercado. Los asientos son amplios y muy cómodos, aunque, quizás, les falte algo de apoyo lumbar, una carencia que notan los riñones del conductor después de hacer unos cuantos kilómetros. También se echa de menos algo de sujeción, pero sin exagerar.

El volante es muy cómodo y los mandos del salpicadero están situados de forma racional. Los relojes indicadores del Jazz están “encastrados” en la consola y rematados con un filo en aluminio. Las cifras se ven con claridad y el diseño es claro, sencillo y moderno. Además de los tres relojes, hay una pantalla que ofrece datos del kilometraje del coche, el consumo medio del viaje y la distancia recorrida; aquí hemos encontrado que la situación en la que se encuentra el botón para pasar de un dato a otro no es la mejor: está junto a los indicadores, muy al estilo japonés, con lo que para ver otro dato hay que meter la mano por el aro del volante, un movimiento poco recomendable mientras se conduce. El pulsador en cuestión es, además, el regulador de la intensidad de la iluminación del cuadro de instrumentación.

En el salpicadero llama la atención que se han combinado materiales muy diferentes. Por un lado, la parte superior, la zona del volante y la de la guantera están acabadas en un tipo de plástico rugoso y de tacto agradable y de buen aspecto. No podemos decir lo mismo de la consola central, que no transmite la misma sensación de calidad.

En el centro del salpicadero se encuentran las regulaciones de la calefacción y de la radio. La superficie donde están ubicados los mandos está acabada en una imitación de aluminio que podía mejorarse; además, los botones tienen un tacto algo plasticoso que no resulta precisamente agradable.

En cuanto a las puertas, llevan un acabado similar al de la tapicería de los asientos. Un detalle que deja ver que los diseñadores se han preocupado hasta del más mínimo detalle de este Jazz.

La palanca de cambios está rematada por una bola que recuerda a una pelota de golf. El tacto y lo suave de su funcionamiento convierten al cambio en una de las virtudes del funcionamiento del Jazz. Lo cierto es que esto se agradece a la hora de circular por carretera, ya que la potencia del propulsor obliga a recurrir con demasiada frecuencia al cambio.

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