Fiat Panda

Muy buen sabor de boca nos ha dejado el recuperado Panda, nuevo utilitario de Fiat. La toma de contacto que tuvimos del modelo en su versión Multijet de 1,3 litros y 70 CV supuso para nosotros una grata sorpresa, por lo positivo de las sensaciones obtenidas.
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Fiat Panda
Fiat Panda

“¿Panda?”, se preguntarán nuestros lectores, “¿no es eso un coche antiguo?, ¿no era de Seat?”. Para los menos avezados es necesario aclarar que el Panda triunfó en nuestro país en los años 80, cuando lo fabricaba Fiat y Seat lo comercializaba en nuestro país bajo licencia de la italiana. El Seat Panda finalizó su andadura cuando fue sustituido por el Seat Marbella (una variante algo más sofisticada de este), pero bajo el nombre de Fiat se sigue fabricando. Bueno, la verdadera intención de la automovilística transalpina era sustituirlo por el Gingo, que era el primigenio nombre con el que se había bautizado este utilitario, pero el temor a un enfrentamiento legal con Renault por el parecido fonético de la denominación con el Twingo, ha hecho que Fiat dé marcha atrás y decida recuperar el nombre de Panda. Según la marca, y por ello nos lo debemos creer, éste cambio ni ha sido traumático ni costoso.

El nuevo Panda nace con el objetivo de acoger a diferentes segmentos de clientes (jóvenes con profesiones liberales, mujeres, personas con cierto nivel de ingresos que busca un segundo coche…) y para ello ha creado un utilitario que en unas reducidas dimensiones (3,53 metros de largo, 1,58 de ancho y 1,54 de alto) aporte el mayor espacio interior posible, con dosis suficientes de modularidad. Y, por lo que hemos visto, lo ha conseguido.

El modelo de Fiat es un auténtico utilitario y eso se nota en su buen comportamiento en el ámbito urbano. A falta de un examen más profundo del propulsor Diesel 1,3 Multijet de 70 CV y del resto de motores de la gama (un 1,1 litros de 54 CV y un 1,2 de 60 CV), la primera impresión al volante ha sido muy buena. Es un coche ágil y que cuenta con una gran capacidad de maniobra (diámetro de giro de 9,1 metros entre aceras). En esto participa una dirección suave (incluso más si se pulsa el botón City, que la hace más asistida) y con buen tacto y unas dimensiones, como citábamos antes, contenidas y similares a las de, por ejemplo, a las de un Hyundai Atos o un Daewoo Matiz (3 centímetros más cortos ambos). De esta manera, “culebrear” por el tráfico de una gran urbe o aparcar en plazas de escaso tamaño se convierte en una tarea fácil. La comodidad de uso se completa con una palanca de cambios insertada en la consola central y que queda, por tanto, más a mano.

Fiat quiere “vender” que su nuevo Panda posee también cualidades de monovolumen, pero nosotros no estamos de acuerdo. Bien es cierto que nos encontramos con una carrocería alta y los conductores tienen una visión elevada del tráfico, pero la habitabilidad o la capacidad de carga no son su fuerte. Se defiende en este aspecto, pero no es su fuerte. El encargado de ponerse al volante goza de un puesto de conducción que, por dimensiones, no está mal, teniendo en cuenta siempre el segmento del que estamos hablando. El volante puede regularse en altura, mientras que el asiento lo hace en altura y profundidad, pudiéndose variar la inclinación respaldo. Sin embargo, las personas de tallas por encima del 1,80 tendrán una leve sensación de claustrofobia. Algo parecido le ocurre al acompañante, aunque al no contar con la presencia del volante se siente más “libre”.

Delante de ellos, tenemos un salpicadero en el que el plástico es el elemento principal, aún así parece mejor rematado que otras realizaciones de la marca. Fiat sigue apostando por los relojes analógicos y se arriesga con una consola central en la que está integrada la palanca de cambios y la gran parte de los mandos, incluso los de la apertura de las ventanas, algo que no termina de convencernos.

Las plazas traseras, según Fiat, pueden albergar a tres ocupantes (aunque la homologación, según mercados, puede ser para dos). Las plazas traseras, según nuestra opinión, pueden transportar con algo de desahogo a dos personas, la anchura interior es limitada, y esto si los viajeros de las plazas delanteras no echan su asiento demasiado atrás. En este caso, el escaso de por sí espacio para las piernas, se reduce hasta impedir que alguien de más de 1,80 pueda sentarse en las plazas traseras.

Al mismo tiempo, el maletero cubica 206 litros, una cifra suficiente para un uso urbano y que permite transportar hasta dos maletas. Esta cifra puede incrementarse si deslizamos longitudinalmente los asientos traseros (opción sólo disponible en algunos acabados) o los abatimos. Gracias a estas operaciones, podemos llegar a una capacidad de carga de 775 litros. Pocos huecos hay más para el transporte de objetos, aunque contamos con una guantera de un tamaño tirando a grande y un cofre que se esconde dentro de la butaca del asiento del acompañante.

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