Jaguar S-Type R

La descripción de un deportivo inglés es la siguiente: rápido, con carácter, exclusivo y muy elegante. El Jaguar S-Type R cuadra a la perfección con estas marcas genéticas y defiende unos valores tradicionales que enganchan a cualquiera que disfrute con los coches.
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Jaguar S-Type R
Jaguar S-Type R

400 caballos, 400
No siempre tenemos entre las manos 400 CV. La experiencia es de las que no se olvidan fácilmente. Lo primero que sorprende es la facilidad con que se conduce el coche y lo bien que se pasa conduciéndolo.
La verdad es que no hay que romperse mucho la cabeza para que la diversión se manifieste. Apretar un poco el acelerador es suficiente para desatar a la bestia. Esos 400 CV empujan sin piedad y mueven el coche como si fuera de juguete y, pese a los más de 1.800 kg que pesa el S-Type, el motor se muestra siempre sobrado de fuerza. Obvio es decir que los adelantamientos y otras maniobras delicadas se solventan como puros trámites. Un 0-100 km/h de 6,3 segundos no deja lugar a ningún problema. Con estas armas, cruzar toda España a punta de gas es un juego de niños.

En funcionamiento, el motor es un deleite. Tiene potencia de sobra a cualquier régimen, incluso a 1.000 simples vueltas. Después se estira hasta las 6.000, aunque, firmemente controlado por el cambio automático, no corre riesgos y rara vez pasa por la zona roja. Para lograrlo, hay que conectar el modo Sport del cambio, que varía las estrictas leyes de la caja y permite que las marchas se estiren algo más arriba.

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p> En cualquier circunstancia, el motor impresiona por su capacidad de respuesta, su infatigable entrega y la delicada música de su ruido, muy cercana a la que emiten los motores de competición.

También impresiona por lo terrible de su consumo, claro. Como ejemplo, hemos probado a circular con el limitador de velocidad programado a 100 km/h por autopista llana. A esa velocidad, la fuerza del motor permite que se viaje a un régimen de 1.500 vueltas. Pues bien, en esas condiciones el ordenador marcaba un gasto de 10 litros a los 100. Las mediciones de nuestro Centro Técnico hablan de un consumo medio de casi 13 litros. Si vamos más rápido, no es raro hacer medias de casi 20 litros a los 100. Y que nadie se asombre si el marcador señala cifras puntuales por encima de los 40 litros. Es el precio de la fuerza total.
Es verdad que los que puedan pagar su precio de tarifa no sufrirán mucho por semejante gasto de gasolina. Pero tendrán que cuidar mucho sus rutas y la presencia de gasolineras en ellas. De lo contrario, se pueden encontrar tirados en medio de ninguna parte con el depósito seco.

El motor, un brutal V8 con un par de 56 mkg, va conectado a un cambio automático que lo gestiona con el rigor de un domador de fieras. Y es que hace falta un buen látigo, porque, a poco que nos pasemos con el acelerador, este Jaguar saca las uñas y deja claro de dónde le viene la fama.

El cambio utiliza la tradicional estructura en forma de jota de Jaguar. Es decir, hay un carril en forma de jota dividido en varios pasos. Uno, el más común, es el D. Con la palanca ahí, el coche actúa como un automático típico de seis marchas. Pero también hay otras cuatro posiciones con las que se puede jugar para imitar el funcionamiento de un cambio manual. Cuesta un poco acostumbrarse, pero luego sirve para exprimir mejor el motor en zonas complicadas, como puertos de montaña.

Si, además, queremos apurar, basta con poner el modo Sport y todavía tendremos un poco más de entrega por parte del motor.

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p> En cambio, para circular por carreteras cómodas, lo mejor es poner la palanca en D y disfrutar.

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Para este trabajo fácil de las carreteras amplias, el Jaguar es único. Su nivel de confort es tan alto que, tras 600 kilómetros, los pasajeros se bajan del coche como rosas. Nada de sufrimientos con los baches, nada de oscilaciones incómodas… Un perfecto ejemplo de cómo debe ser un bastidor confortable.

Otro cantar son las carreteras duras y retorcidas. Ahí, cuando la exigencia aumenta, el Jaguar exhibe su perfil R, el que se apoya en unas suspensiones especiales de tarado más deportivo que las normales de la gama. Gracias a esa mayor firmeza, el coche vuela de giro a giro como un disparo sin ponernos nunca en apuros. Con el control de estabilidad conectado no hay ningún reproche posible: los virajes son fáciles, nobles y aplomados. Nada nos recuerda que llevamos un propulsión trasera de semejante caballería. Si desconectamos el control de estabilidad, ya hay que andar con más cuidado. En curvas cerradas, abusar del gas puede llevarnos a un sobreviraje progresivo y controlable.

Al margen de este problema, el Jaguar es mucho más ágil de lo que cabría pensar a la vista de su envergadura y satisface las ambiciones “racing” de cualquiera. No es un deportivo radical, pero su configuración mecánica permite correr mucho y divertirse de lo lindo al volante.

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A partir del 2001, Jaguar introdujo en sus modelos la línea de equipo "R"Performance, originada en los triunfales prototipos de carreras Jaguar. La firma explica que, con esta división, se define aún más el carácter deportivo de esta gama, y que incluye diversas opciones de elementos deportivos, como llantas de aleación, sistemas de frenos de alta capacidad, suspensiones especiales, interiores específicos con ambiente más juvenil y “racing”…

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p> Esta sección se encarga así de los preparados especiales, un trabajo como el que realiza AMG para Mercedes, Motorsport para BMW, Seat Sport para Seat, etc.

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