Jaguar S-Type R

La descripción de un deportivo inglés es la siguiente: rápido, con carácter, exclusivo y muy elegante. El Jaguar S-Type R cuadra a la perfección con estas marcas genéticas y defiende unos valores tradicionales que enganchan a cualquiera que disfrute con los coches.
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Jaguar S-Type R
Jaguar S-Type R

En 2002 se renovó a fondo el Jaguar S-Type, todo un símbolo de la legendaria firma británica. La renovación sirvió para adaptar el coche a gustos más modernos, sin caer, por supuesto, en ninguna estridencia, y para poner a punto esta versión R, que es su máximo exponente deportivo.
En este sentido, el S-Type R es a la gama S-Type lo mismo que los R6 son a Audi o los M de la Serie 5 a BMW: coches endiabladamente potentes y rápidos que están pensados para satisfacer las ansias de adrenalina de la gente que se compra berlinas de representación. Son vehículos con los que se puede viajar cómodamente por autopistas y con los que, sin solución de continuidad, se puede sudar la gota gorda saltando de curva a curva en cualquier carretera de montaña. Su peso y envergadura no nos llevaría en principio a pensar esto, pero sus motores de coloso y sus diseños mecánicos de pura sangre los convierten en verdaderos monstruos “racing”.

El S-Type R es un claro ejemplo de esta mezcla de deportividad y refinamiento. Ya sus formas anticipan lo que viene, con ese perfil tenso tan Jaguar, tan felino, más de coupé que de berlina. La herencia familiar se nota perfectamente bajo su dibujo de coche moderno y audaz. Mantiene constantes unas líneas perfectamente identificables que le conectan con deportivos históricos. Son detalles que se dejan ver en las curvas del techo, en lo voluminoso de la zaga, en la longitud del morro y, sobre todo, en su parrilla, tan clásica.

En el interior hay más de lo mismo. Están ahí esos inmutables detalles que hablan de un coche terminado con esmero y materiales de primera calidad. Acabados casi perfectos y detalles de gran sofisticación, como el ajuste en distancia de los pedales. Pero también hay en el habitáculo un regusto algo rancio, ese sabor a maceración que tiene lo que se repite mucho. Y es que, incluso enmascarado por el lujo, el diseño del interior es de otro tiempo. Las líneas son antiguas y el concepto en general también lo es. Le falta frescura, modernidad auténtica. Además, hay algún pequeño fallo ergonómico, como lo lejos que queda la botonera de la derecha del navegador.

A bordo del Jaguar hay tantas cosas que uno necesita un buen rato para conocerlas y aprender a manejarlas todas. El equipamiento de serie incluye elementos exclusivos del acabado R, como los asientos y el pomo del cambio con los logos de R Perfomance, un tapizado especial en el salpicadero y las puertas y guarnecidos en madera de arce gris. Envuelto en tan lujoso celofán va un compendio de dispositivos que incluye el volante y asientos en piel, reglaje eléctrico para las banquetas delanteras, climatizador dual, control de velocidad de crucero, posavasos con toma de corriente eléctrica, equipo de audio…

Las versiones R cuentan también con un interesantísimo apartado de elementos mecánicos que sólo llevan ellas. Destacan, por ejemplo, las llantas de aleación de ocho pulgadas delante y 9,5 detrás, que dan soporte a unos neumáticos 245/40 ZR18 y unos 275/35 ZR18 respectivamente.

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p> Estas ruedas titánicas montan frenos con discos sobredimensionados de 365 mm para el eje anterior y 300 para el posterior, estos últimos macizos. Pinzas Brembo en aluminio de cuatro pistones se encargan de accionarlos.

La seguridad se completa con el sistema de seis airbags adaptativos que cuentan con sensores capaces de determinar dónde está el ocupante del asiento, de forma que la apertura sea lo más adecuada posible.

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p> También hay ABS, apoyo a la frenada de emergencia y un equipo de absorción de impactos en los asientos delanteros.

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Pero lo que más destacaba en la unidad de pruebas que disfrutamos era el equipamiento opcional. Incluye gadgets tan sofisticados como una pantalla táctil para el ordenador y el navegador de a bordo, regulación de la distancia de los pedales, sensor de aparcamiento, sensor de lluvia, pintura metalizada, techo practicable, calefacción en los asientos delanteros, cambiador de CD y preinstalación del teléfono celular y de la televisión.

El S-Type que probamos llevaba instalado el sistema de reconocimiento de voz JaguarVoice. Este dispositivo merece por sí mismo este capítulo aparte, porque es una de las pocas veces que nos encontramos con un control oral que funciona realmente bien.

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p> El ordenador reconoce muchas órdenes y cualquier voz. Basta con hablar claro, sin tener que levantar el volumen, para que la máquina entienda lo que queremos. A su vez, responde con un sintetizador de voz muy natural, nada que ver con otros modelos que hablan como máquinas y responden con grabaciones muy toscas.

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p> Jaguar nos dio un folleto con las instrucciones más habituales y rápidamente nos dimos cuenta de lo cómodo que resulta y lo fácil que es manejarlo. Así, por ejemplo, es suficiente con decir “climatizador, 22 grados”, para que el sistema reconozca y ejecute la orden.
Alguien puede pensar que es una frivolidad, pero, cuando se va a toda velocidad, con 400 CV complicándonos la vida y las manos multiplicándose por el volante, no viene nada mal poder cambiar de disco con la voz, o contestar al teléfono, por ejemplo. Uno se acostumbra muy rápido a estas facilidades.

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