Citroën C3 Pluriel 1.4i

A través de una llamativa campaña de publicidad, Citroën ha dado a conocer el Pluriel, un vehículo que la marca propone como un cabrio de uso diario. La verdad es que poner y quitar el techo cada día puede resultar algo engorroso, aunque sí es cierto que su versatilidad lo hace adaptarse a –casi- cualquier situación.
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Citroën C3 Pluriel 1.4i

En Citroën llevaban mucho tiempo dando vueltas a la idea de convertir en un modelo de producción el “Demostrador Pluriel”, un prototipo que se presentó al público en el Salón de Frankfurt de 1999 y cuyo valor más destacado era la modularidad.

Trasladado a las cadenas de montaje, el Pluriel ha adoptado la imagen del C3 y se ha convertido en el utilitario urbano que esconde más posibilidades de configuración de su carrocería: berlina, cabrio, spider o pick-up, como se han encargado de recordarme el 60 por ciento de las personas (peatones y conductores) con las que me he cruzado a lo largo de la prueba.

Y es que la publicidad obra milagros. La llamativa campaña en televisión, con un anuncio del que todo el mundo habla, ha servido para que sólo unos pocos miraran el Pluriel sin saber qué vehículo era. Y los que sí lo conocían no dudaban en acercarse al coche, cuando estaba aparcado, para observar su exterior, en el que la herencia del C3 no pasa desapercibida.

Sin embargo, el Pluriel cuenta con elementos propios que lo diferencian del resto de la gama: además –lógicamente- de la capota, de los arcos en los que está integrada (de distinto color a la carrocería) y de unas líneas más musculosas, el cabrio de Citroën ha sido dotado de unos grupos ópticos específicos. Los delanteros son más rasgados que los de su “mellizo” y los traseros son completamente diferentes; en éstos se ha empleado una terminación en aluminio y los intermitentes se han integrado bajo la forma que la marca denomina “gotas de luz”.

Tampoco sus medidas son las mismas, pues el Pluriel es 9 centímetros más largo, 3 centímetros más ancho y 4 centímetros más bajo que el C3. A pesar de que no es una diferencia considerable (y de que el ancho de vía sigue siendo el mismo), ofrece la sensación de ser un vehículo más aplomado que su “hermano” y, una vez al volante, podremos comprobar que esta impresión es correcta.

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p> El Pluriel no sólo ha ganado en estabilidad respecto al C3, sino también en calidad de conducción: la dirección asistida del modelo, excesivamente suave en algunas ocasiones, aumenta ligeramente su rigidez con la velocidad y no muestra el desagradable efecto de flotabilidad que podría esperarse. Así, puede marcharse a buen ritmo (el que ofrece el motor 1.4i, con 78 CV –tres más de los anunciados por la marca- según las mediciones de nuestro centro técnico) por las carreteras amplias y autopistas, donde los conductores, al adelantarnos, intentan transformar el vehículo con los pases de una varita mágica imaginaria.

En este tipo de vías puede alcanzarse una velocidad de crucero bastante correcta, siempre que se lleve la capota echada. Los ruidos, además, quedan suficientemente amortiguados y se puede mantener una conversación en el interior del vehículo sin problemas, aunque esto se terminará en el momento en el que superemos un determinado ritmo o iniciemos el repliegue del techo. Esta operación puede hacerse con el coche en marcha (de hecho, el motor tiene que estar encendido para mover la capota), aunque siempre es recomendable realizarla con el automóvil parado para evitar bruscas entradas de aire. Basta con mover la rueda que hay junto a las luces del techo -que indican el cierre incorrecto de una de las puertas o del maletero con un insistente parpadeo- para que la capota retroceda hacia la luneta trasera (de cristal y térmica) por fases, permitiendo en todo momento un control exacto del grado de apertura que queremos obtener. Como medida de seguridad, el techo blando parará antes de tapar el cristal trasero -o antes de enganchar de nuevo con el parabrisas, cuando cerremos la capota-. Para que finalice su recorrido, debemos presionar la misma ruleta y tendremos el cielo sobre nuestras cabezas y una gran visibilidad en cualquier dirección.

Si queremos circular deprisa en esta configuración, lo mejor será subir el deflector situado en el montante superior del parabrisas (podremos volver a abatir este elemento mediante una pestaña deslizante). Con este gesto, conseguiremos que el aire pase por encima del techo replegado y evitaremos las molestas vibraciones que se producen cuando choca contra éste. También es recomendable llevar subidas las ventanillas; de lo contrario, el viento hará que cualquier conversación tenga que desarrollarse en un tono demasiado alto.

La parte exterior de la capota está realizada en PVC y se ha soldado sobre una trama textil armada. Así se obtiene, según la marca gala, una mayor resistencia, la ausencia del desgaste lento del material y una gran facilidad de limpieza, ya que puede realizarse con un cepillo o esponja.
Siete traviesas metálicas, insertadas en el comienzo de cada pliegue de tela, aseguran la silueta del techo, mientras que un sistema de cierre de pestillo se encarga de garantizar una buena tensión del tejido.

En Citroën llevaban mucho tiempo dando vueltas a la idea de convertir en un modelo de producción el “Demostrador Pluriel”, un prototipo que se presentó al público en el Salón de Frankfurt de 1999 y cuyo valor más destacado era la modularidad.

Trasladado a las cadenas de montaje, el Pluriel ha adoptado la imagen del C3 y se ha convertido en el utilitario urbano que esconde más posibilidades de configuración de su carrocería: berlina, cabrio, spider o pick-up, como se han encargado de recordarme el 60 por ciento de las personas (peatones y conductores) con las que me he cruzado a lo largo de la prueba.

Y es que la publicidad obra milagros. La llamativa campaña en televisión, con un anuncio del que todo el mundo habla, ha servido para que sólo unos pocos miraran el Pluriel sin saber qué vehículo era. Y los que sí lo conocían no dudaban en acercarse al coche, cuando estaba aparcado, para observar su exterior, en el que la herencia del C3 no pasa desapercibida.

Sin embargo, el Pluriel cuenta con elementos propios que lo diferencian del resto de la gama: además –lógicamente- de la capota, de los arcos en los que está integrada (de distinto color a la carrocería) y de unas líneas más musculosas, el cabrio de Citroën ha sido dotado de unos grupos ópticos específicos. Los delanteros son más rasgados que los de su “mellizo” y los traseros son completamente diferentes; en éstos se ha empleado una terminación en aluminio y los intermitentes se han integrado bajo la forma que la marca denomina “gotas de luz”.

Tampoco sus medidas son las mismas, pues el Pluriel es 9 centímetros más largo, 3 centímetros más ancho y 4 centímetros más bajo que el C3. A pesar de que no es una diferencia considerable (y de que el ancho de vía sigue siendo el mismo), ofrece la sensación de ser un vehículo más aplomado que su “hermano” y, una vez al volante, podremos comprobar que esta impresión es correcta.

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p> El Pluriel no sólo ha ganado en estabilidad respecto al C3, sino también en calidad de conducción: la dirección asistida del modelo, excesivamente suave en algunas ocasiones, aumenta ligeramente su rigidez con la velocidad y no muestra el desagradable efecto de flotabilidad que podría esperarse. Así, puede marcharse a buen ritmo (el que ofrece el motor 1.4i, con 78 CV –tres más de los anunciados por la marca- según las mediciones de nuestro centro técnico) por las carreteras amplias y autopistas, donde los conductores, al adelantarnos, intentan transformar el vehículo con los pases de una varita mágica imaginaria.

En este tipo de vías puede alcanzarse una velocidad de crucero bastante correcta, siempre que se lleve la capota echada. Los ruidos, además, quedan suficientemente amortiguados y se puede mantener una conversación en el interior del vehículo sin problemas, aunque esto se terminará en el momento en el que superemos un determinado ritmo o iniciemos el repliegue del techo. Esta operación puede hacerse con el coche en marcha (de hecho, el motor tiene que estar encendido para mover la capota), aunque siempre es recomendable realizarla con el automóvil parado para evitar bruscas entradas de aire. Basta con mover la rueda que hay junto a las luces del techo -que indican el cierre incorrecto de una de las puertas o del maletero con un insistente parpadeo- para que la capota retroceda hacia la luneta trasera (de cristal y térmica) por fases, permitiendo en todo momento un control exacto del grado de apertura que queremos obtener. Como medida de seguridad, el techo blando parará antes de tapar el cristal trasero -o antes de enganchar de nuevo con el parabrisas, cuando cerremos la capota-. Para que finalice su recorrido, debemos presionar la misma ruleta y tendremos el cielo sobre nuestras cabezas y una gran visibilidad en cualquier dirección.

Si queremos circular deprisa en esta configuración, lo mejor será subir el deflector situado en el montante superior del parabrisas (podremos volver a abatir este elemento mediante una pestaña deslizante). Con este gesto, conseguiremos que el aire pase por encima del techo replegado y evitaremos las molestas vibraciones que se producen cuando choca contra éste. También es recomendable llevar subidas las ventanillas; de lo contrario, el viento hará que cualquier conversación tenga que desarrollarse en un tono demasiado alto.

La parte exterior de la capota está realizada en PVC y se ha soldado sobre una trama textil armada. Así se obtiene, según la marca gala, una mayor resistencia, la ausencia del desgaste lento del material y una gran facilidad de limpieza, ya que puede realizarse con un cepillo o esponja.
Siete traviesas metálicas, insertadas en el comienzo de cada pliegue de tela, aseguran la silueta del techo, mientras que un sistema de cierre de pestillo se encarga de garantizar una buena tensión del tejido.

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