Subaru Impreza 2.0 WRX Sports Wagon

Digno heredero de los Subaru que compiten en el Mundial de Rallies, el nuevo Impreza ha llegado a los concesionarios para ofrecer a los posibles compradores su imagen renovada, su aumento de potencia (ahora cuenta con 225 CV) y su buen comportamiento en cualquier trazado. Incluso la versión familiar, la Sports Wagon, demuestra desde el primer momento cuáles son sus genes y afronta sin empacho los tramos más estrechos y sinuosos.
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Subaru Impreza 2.0 WRX Sports Wagon
Subaru Impreza 2.0 WRX Sports Wagon

Durante los trayectos por autopista tendremos la oportunidad de comprobar, en más de una ocasión, que las curvas pueden afrontarse con facilidad y sin bajar el ritmo excesivamente gracias a la tracción total AWD del Impreza (con un diferencial delantero, uno central y otro trasero autoblocante de tipo viscoso), de serie en toda la gama. Este dispositivo hace posible que el vehículo gire con docilidad y trace el viraje exactamente por el sitio marcado, sin aspavientos ni insinuaciones de ningún tipo, una virtud que se apreciará aún más en los recorridos por carreteras de montaña. Es en éstos donde el conductor que busca prestaciones y un talante “racing” (es decir, aquel para el que se ha pensado este Subaru) obtendrá lo mejor del Impreza.

Una vez en el tramo elegido, el WRX parece “recordar” que ha sido campeón del mundo de rallies y, sin que suponga gran esfuerzo para el conductor, lo catapultará de una curva a otra, si es eso lo que se le exige. La tracción a las cuatro ruedas garantiza una excelente motricidad, una dirección rápida permite inscribir el vehículo en los giros sin titubeos y unos amortiguadores invertidos (con válvulas de diámetro variable, anuncia la marca), bastante firmes, permiten que la carrocería se incline lo suficiente como para no comprometer la sensación de aplomo que otorga el vehículo.

Responsable de este comportamiento es también un chasis más rígido que el anterior, según la marca nipona, que ofrece mejores relaciones de torsión y en el que se han empleado aceros de última generación. La tecnología también ha sido aplicada a los frenos, de disco y autoventilados en las cuatro ruedas, que han “crecido” respecto a su predecesor. Ahora, miden 293 milímetros en el tren delantero y 290 en el trasero, pero estas dimensiones no le otorgan unas distancias de frenado significativas; son, simplemente, correctas. Sí hay que destacar la buena mordiente del equipo, aunque se echa en falta algo más de resistencia y un tacto mejor (entrega la frenada de golpe), con lo que el Impreza conseguiría que su nota global pasara del sobresaliente -que le otorgué tras realizar el recorrido habitual de pruebas- a la matrícula de honor.

Este comportamiento “de rallies” también tiene sus contras: durante el trayecto, mientras trazaba una curva tras otra, he llegado a olvidar que la versión que conduzco es la Station Wagon. Y, la verdad, cuesta imaginar a la familia en el asiento trasero, soportando sin rechistar una suspensión comprometida con la efectividad.

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p> Otro de los apartados que “resta puntos” es el cambio: por mucho que me haya gustado su rapidez, su manejo no se puede calificar de suave: las marchas entran tras vencer cierta resistencia y su precisión podría mejorar. Habrá quien pueda pensar que, de esta forma, se gana en actitudes “racing”, pero no olvidemos que comodidad y deportividad no son antónimos.

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