Mitsubishi Outlander 2.0 4x4

Ha tardado bastante en llegar al mercado. Después de que el resto de los fabricantes japoneses pusieran de moda este particular concepto denominado SUV (Sport Utility Vehicle), Mitsubishi llega con un producto bien concebido, refinado y práctico, aunque algo escaso de brío.
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Mitsubishi Outlander 2.0 4x4
Mitsubishi Outlander 2.0 4x4

El esquema empleado en este modelo es muy similar al conocido en los de la competencia, con un bastidor monocasco, suspensiones independientes en ambos ejes, clásico McPherson con triángulo inferior en el tren delantero y un eficaz multibrazo en el trasero.

Esta configuración es perfecta para carretera, aunque en campo presenta algunas limitaciones, en especial para superar pequeños obstáculos. Queda claro el carácter del coche con sólo ver los neumáticos, prácticamente 100 por 100 asfalto. Cuando circulamos por pistas a un ritmo vivo, cuesta bastante inscribir el coche en la trayectoria marcada por el volante, pues el morro tiene bastante querencia a seguir de frente si no cortamos un poco de gas antes de entrar en el viraje.

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En carretera esta sensación pasa prácticamente desapercibida, pues aquí los neumáticos juegan un papel más importante . La dirección, bastante rápida y precisa, ayuda a inscribir el coche en la trazada ideal sin muchas complicaciones, aunque nos ha parecido demasiado asistida y sensible cuando circulamos deprisa por autopista.

Las suspensiones, por su parte, ofrecen un tarado bastante firme que controla bien las oscilaciones de la carrocería, pero no lo suficientemente enérgico como para castigar a los ocupantes cuando circulamos sobre pavimentos deteriorados.

En cuanto a los frenos, bien. No presentan mucha mordiente ni logran unas cifras rompedoras, pero aguantan bastante bien el uso intensivo; pierden un poco de eficacia al alcanzar temperatura, pero no desfallecen de inmediato. Las cifras obtenidas permiten otorgarle una buena puntuación en este capítulo. Eso sí, sobre firmes bacheados o en pistas de tierra el ABS muestra excesiva sensibilidad y funciona de forma casi permanente.

La mecánica que impulsa al Outlander es un cuatro cilindros de gasolina, de dos litros de capacidad, con culata multiválvula, que rinde una potencia máxima de 136 CV. Sobre el papel parece una cifra suficiente para mover con facilidad a un modelo como este, pero en realidad se queda algo escaso, ya que el conjunto suma una tara nada despreciable, de 1.553 kg. Cifra que no aparenta en absoluto.

Pero no es la cifra de potencia lo que en realidad desmerece, sino el carácter del motor, pues, aunque dispone de potencia en su rango más bajo, muestra una clara falta de brío hasta las más allá de las 4.500 vueltas, donde parece que empieza a encontrarse muy a gusto, situación que le permite mantener hasta el umbral de las 7.000 revoluciones.

Esta condición del propulsor obliga a jugar con el cambio bastante para poder sacar un jugoso partido al motor, situación no demasiado fácil de llevar a cabo en las marchas más largas (en quinta se acerca a 32 km/h) por la justita entrega de par –sus rivales ofrecen al menos 2 mkg adicionales al mismo régimen-.

No obstante, superando este inconveniente con el manejo del cambio, la conducción no se complica. Además, esta tarea es fácil de acometer, pues las marchas entren con la facilidad, rapidez y precisión que acostumbran las cajas de cambio de la marca nipona. Lógicamente, los consumos se resienten de este comportamiento deportivo, con unas cifras sensiblemente superiores a las de sus competidores.

Las cotas de movilidad en campo no están mal para un modelo de estas características, con una altura libre al suelo de 190 mm, ángulos de entrada y salida de 23 grados y un ángulo ventral de 24º, aunque, como hemos dicho antes, sus cualidades para el campo no resultan muy brillantes.

En cuanto al equipamiento, lo justo y lo habitual. Prácticamente lo mismo que ofrecen los modelos de la competencia, aunque siguiendo las directrices de los importadores de productos manufacturados a mucha distancia, no se ofrecen opcionales para evitar demoras de entrega y problemas de “stock”. Su precio no es lo suficientemente bajo respecto a sus competidores como para decidirse con los ojos cerrados. Sus rivales están cerca, muy cerca.

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