Renault Mégane 1.4 16V 5 p Pack Authentique

La versión básica de gasolina de la nueva generación del Mégane, que equipa un motor de 1,4 litros y 98 CV, se ha destapado como un vehículo bastante equilibrado. Tiene unas prestaciones superiores a las esperadas, un equipamiento de seguridad sobresaliente y un precio competitivo. El único pero es su diseño, que te tiene que “entrar por los ojos”.
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Renault Mégane 1.4 16V 5 p Pack Authentique
Renault Mégane 1.4 16V 5 p Pack Authentique

Lo que sí defrauda son dos elementos que tienen mucho que ver con la conducción de este Mégane: la dirección y el cambio. La primera me ha parecido demasiado asistida, lo que revierte en una falta de información constante para el conductor; además en el primer tramo de giro da la sensación de que es lenta en la respuesta, algo a lo que, con el tiempo, nos tenemos que adaptar. En su defensa, Renault indica que esta dirección asistida variable ahorra, en comparación con una mecánica convencional, 0,2 litros de combustible por cada 100 kilómetros.

Al mismo tiempo, me ha desagradado el cambio. La verdad es que no existe ninguna pega en el escalonamiento de las marchas, bastante cerrado, ni a la hora de la inserción. Sin embargo, el recorrido de la palanca es bastante largop y el tacto tampoco destaca.

A pesar de ello, el comportamiento dinámico me ha gustado bastante. Sus suspensiones firmes hacen que el vehículo no balancee en las curvas y la sensación de seguridad sea notable. Ésta se incrementa cuando, como citaba arriba, uno se adapta a las peculiaridades de la dirección. No es un alarde de deportividad, algo que tampoco se pretende, aunque cumple.

Si la estética exterior puede gustar a unos y desagradar a otros, lo que es indudable es que ha condicionado el habitáculo interior. Respecto a la generación anterior no ha ganado en espacio sino que incluso la sensación es que ahora la habitabilidad es menor. Las plazas traseras se benefician de una altura mayor, aunque sufren una merma en anchura. Esto, unido a un espacio para las piernas escaso imposibilita viajar cómodamente a tres personas atrás, aunque el modelo esté homologado para ello.

El maletero es otro de los grandes afectados por el diseño. Las formas de la trasera condicionan su capacidad de carga, que se sitúa en 350 litros, según nuestro Centro Técnico. Esta cifra, sin ser la peor del segmento, hace que rivales tan duros como Astra (400) o Almera (370) le superen.

Donde sí se ha producido mejora es en el puesto de conducción, tan criticado en la anterior generación. En el nuevo Mégane el volante adopta una posición más vertical y, gracias a las regulaciones mecánicas del asiento y de la dirección (en altura y profundidad), el conductor logra una postura más cómoda y de manera más fácil. Al mismo tiempo, todos los elementos están muy a mano y son muy intuitivos en su uso, a excepción, si acaso, de la climatización que, con un mando multifunción, necesita algo de atención a la hora de utilizarla. A pesar de esta pequeña pega, que muchos conductores no considerarán como tal, el resto de los elementos del salpicadero destaca por su buen acabado y sus plásticos de calidad. También es reseñable la proliferación, casi agobiante, de huecos para depositar objetos. Destacan, por su novedad, las trampillas que se encuentran bajo los pies de conductor y acompañante y que pueden albergar unos tres litros de capacidad o la guantera (refrigerada por el aire acondicionado) que ofrece 17 litros. En total, según Renault, el nuevo Mégane ofrece un volumen interior de 44 litros.

Pero eso no es todo, porque si la marca gala muestra su gusto por la novedad en el exterior, también lo hace en el interior. La ya conocida tarjeta asociada al botón de arranque y el freno de mano tipo mando de avión me dan la impresión de que son, más que elementos tecnológicos de última generación, otra forma de concebir la clásica llave o el freno de mano de toda la vida. Yo, personalmente, no he notado una mejora plausible con estos dos nuevos dispositivos, me parecen meros elementos de diseño o de márketing que la gente observa con una mezcla de extrañeza y asombro.

Lo que no es baladí es el esfuerzo de Renault por dotar a sus modelos de la máxima seguridad. Y ese intento está lleno de buenos resultados. Así, en el último año ha logrado que tres de sus automóviles obtuvieran la puntuación máxima en las pruebas de choque que realiza EuroNcap. El último de ellos es el Mégane, que aparte viene trufado de elementos para la salvaguarda de sus ocupantes. De esta manera, de serie no se echa de menos ningún elemento de seguridad: frenos antibloqueo ABS, sistema de asistencia a la frenada SAFE, airbags frontales, laterales de tórax integrados en los asientos delanteros y airbags de cortina. Para terminar de redondear este completo equipamiento, como opción se puede adquirir el control de estabilidad ESP (que viene asociado al control de tracción ASR) a un coste de 600 euros.

Respecto al equipamiento llamado de confort, la versión Pack Authentique (la que equipaba nuestra unidad de pruebas) cumple con un aprobado justo. Cierto es que la seguridad está bien cubierta, pero lo que realmente quiere un comprador a la hora de hacerse con un coche (léase radio con CD, aire acondicionado, pintura metalizada y unas llantas de aleación) tiene que pagarlo aparte. Bien es cierto, en defensa de Renault, que nos encontramos ante el acabado básico y que en otras marcas pasa más o menos lo mismo. De esta manera, sumando, se nos queda el Mégane 1.4 16V 98 CV 5 puertas con las opciones citadas en los 16.130 euros (2.683.806 pesetas), un precio, que aunque no es bajo, es bastante competitivo.

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