Nissan Almera 1.5 dCi, 3p Visia

Competir en el segmento de los compactos es cada día más duro. En Nissan lo saben bien y, por eso, han actualizado su Almera, que ahora utiliza el motor 1.5 dCi de origen Renault y estrena imagen exterior. Probamos el tres puertas en acabado Visia, un coche interesante y ágil a un precio muy competitivo: 14.739 euros.
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Nissan Almera 1.5 dCi, 3p Visia
Nissan Almera 1.5 dCi, 3p Visia

El motor 1.5 dCi es el mismo que monta el nuevo Mégane II. He tenido la oportunidad de conducir ambos modelos en el plazo de una semana, con lo que he podido comprobar cómo responde el mismo motor en una marca y en otra. Montado sobre el Nissan Almera, el 1.5 dCi entrega 84,73 CV a 3.680 rpm, con un par máximo de 19,3 mkg. En el Mégane, por su parte, el propulsor llega a los 86 CV a 3.960 rpm, con un par de 19,6 mkg.
En prestaciones se repite la historia: mínimas diferencias a favor del Mégane, pero por tan escaso margen que resultan despreciables.
Y, pese a estas divergencias en potencia, fuerza y velocidad a favor del Mégane, el Almera da la impresión de ir algo mejor, de llegar más arriba estirándose, de ir más rápido. Las frías cifras niegan esta impresión y somos varios los que nos hemos sorprendido al comprobarlo, porque, al volante, transmite más vida el Nissan que el Renault.

La explicación que encontramos a esta sensación es que nuestro Nissan, con sólo 400 kilómetros rodados, lleva unos desarrollos de cambio ligeramente más cortos que los del Mégane. Esta diferencia, combinada con un peso algo menor, puede ser la que nos dé la impresión de mayor contundencia, de más rapidez. Sin embargo, cronómetro en mano, no hay tal separación.

Donde sí hay diferencias, y muy marcadas, es en la forma de comportarse que tiene el motor en el Nissan. Mientras en el Mégane era suave y silencioso, aquí estamos ante un propulsor que se muestra bronco, rugoso en sus maneras y, sobre todo, bastante ruidoso. El Almera resulta mucho más ruidoso que el Mégane, aunque, en honor a la verdad, hay que culpar más al diseño aerodinámico que al motor en sí. El 1.5 dCi es ruidoso en el Nissan, pero la mayor parte de la rumorosidad percibida procede de la rodadura y del golpe contra el aire. A partir de 140 km/h es cuando más se nota ese ruido aerodinámico.

Por lo demás, el 1.5 dCi muestra sus virtudes y sus defectos igual que en el Mégane. Es un motor con cierta pegada a pocas revoluciones. Empieza a empujar con entusiasmo a partir de las 1.500-1.700 vueltas y se encuentra muy a gusto entre 2.000 y 3.000. Después, empieza a caer y, a partir de 3.500, ya queda muy poco.

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p> Nos encontramos en la misma situación que a los mandos del Mégane: no es un coche rápido. Da una impresión más alegre que su primo francés y es un poco más vivo de reacciones gracias a esos desarrollos más cortos, pero sigue siendo una entrada de gama y para nada es un coche veloz. Con un consumo medio ponderado de 6,6 litros a los 100, tampoco podemos decir que sea un prodigio del ahorro, aunque, claro, no es para descalificarlo.

Pese a las carencias del motor, el Almera presenta otros puntos en los que es un coche muy interesante. Uno de ellos es su comportamiento dinámico, que se sujeta en un bastidor muy bien puesto a punto. Disfruta de un correcto equilibrio entre confort y dinamismo, con lo que nos permite divertirnos apurando el motor en zonas viradas. Traza con gran neutralidad y se apoya con firmeza, sin cabeceos ni vaivenes exagerados.

La única tendencia que muestra, y no es muy acusada, es al subviraje, que se manifiesta tarde y no supone ningún problema para el conductor: con levantar el pie, se neutraliza.

Así, este Nissan llega a ser hasta divertido cuando la carretera se retuerce. Como anda bien de par a bajas vueltas, sale de las curvas empujando y eso permite practicar una conducción bastante ágil.

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p> Los frenos dan la talla, aunque no son un portento, y la fatiga hace mella en su resistencia antes de lo esperado. A cambio, tienen un tacto muy satisfactorio. Lo mismo se puede decir del cambio, que se maneja con una palanca de recorridos rápidos y precisos, casi deportiva.

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La alianza entre Nissan y Renault va por muy buen camino. Después de sanear la compañía japonesa, la firma del rombo ha empezado a recibir importantes remesas de capital provenientes del Lejano Oriente. La mano dura de Carlos Ghosn no sólo ha conseguido enderezar el rumbo de Nissan, sino que ha hecho de ella un pilar básico en la estrategia de Renault. La táctica de compartir plataformas y motores es fundamental en esta estrategia, pues ahorra costes y agiliza el trabajo comercial. Estos esfuerzos conjuntos comenzarán a dar beneficios en los próximos dos años, según ha asegurado el presidente de la automovilística francesa, Louis Schweitzer. Este buen funcionamiento se explica, según Schweitzer, por las sinergias iniciales del acuerdo (establecido en 1999), que provenían de las compras, un apartado en el que la compañía nipona estaba en desventaja, por lo que se llevó los primeros beneficios. Además, la presencia de Nissan en el mercado estadounidense -“mucho más rentable que el europeo”, afirma el presidente de Renault- ha influido también en el incremento de sus dividendos.

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