Volkswagen Phaeton

VW acaba de poner en la cima de su gama una berlina de lujo de altas prestaciones y extensísima gama de servicios añadidos. Se ha podido ver en el Salón de Madrid, se llama Phaeton y en Alemania ya está a la venta. A España llegará, en septiembre, en sus dos versiones de gasolina y, en diciembre, en la TDI. La berlina de lujo que corona la gama Volkswagen llegará a España en septiembre con motores V6 y W12 y a un precio de entre 63.000 y 120.000 euros.
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Volkswagen Phaeton
Volkswagen Phaeton

El Phaeton será especial desde su nacimiento. Para él se ha preparado una cuna exclusiva de cristal rodeada de vegetación y carente de ruidos, de grasa y otras suciedades típicas de las cadenas de montaje: es la fábrica de cristal de Dresde. Su dueño podrá incluso ir hasta allí para contemplar su nacimiento, verlo salir al mundo tan guapo y peripuesto como él había establecido previamente; se lo entregarán en una ceremonia de luz y música y, si el ufano propietario así lo quiere, incluso ante los sorprendidos ojos de toda la familia.

La fábrica de cristal es el primero de los puntos que configuran la trilogía en la que Volkswagen ha cifrado el éxito de su tope de gama. Los otros dos son el propio coche y un conjunto de servicios que pretenden fascinar a la clientela, a la vez que sumirla en un muelle mundo de confort y despreocupación. Compre el coche –por una cantidad que, dependiendo del motor y del equipamiento, puede oscilar entre los 63.000 y los 120.000 euros (o sea, entre 10,5 y 20 millones de nuestras antiguas pesetas)- y disfrútelo olvidando todos los problemas que a veces puede acarrerar la posesión de un vehículo.

Pero vayamos por partes. Y lo primero es el coche. Nos encontramos ante una berlina de lujo de medidas 5,06/1,90 /1,45 (metros de largo, ancho y alto), combinable con dos motores de gasolina: V6 y W12. El primero, el V6, es, como su propio nombre indica, un 6 cilindros en V –V estrecha, para ser más exactos-, con 3,2 litros de cilindrada y una potencia máxima de 241 CV, tracción delantera, cambio manual de 6 marchas (aunque se puede optar por un cambio automático) y par máximo de 315 Nm a 2.400 rpm. Su velocidad máxima, 245 km/h (3 km/h menos si es con caja automática). La motorización más potente es el W12, con 6 litros de cilindrada, 420 CV y par máximo de 550 Nm a 3.000 rpm, unida a un cambio automático de 5 marchas combinado con la tracción total, denominada en Volkswagen 4Motion. Su velocidad máxima, que podría llegar a 300 km/h, esta autolimitada a 250. Para finales de año (para otoño en Alemania) se comercializará el V10 TDI de 313 CV y 750 Nm de par máximo que la marca anuncia orgullosamente como “el Diesel más potente del mundo en un turismo”.

Todas las versiones contarán con un nuevo sistema de suspensión neumática v variable en las 4 ruedas conjugado con un tren delantero de paralelogramo deformable con sistema multibrazos y un tren trasero con el mismo principio geométrico, pero con trapecios superpuestos. Los elementos de la carrocería son de acero galvanizado y las puertas, tapa del maletero y capó, de aluminio. Su equipamiento de serie en España, ya perfilado pero sujeto quizás a alguna pequeña modificación de aquí a septiembre, es de los más completos de la categoría.

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p> El diseño exterior juega entre aguas: la de la seriedad, la de la modernidad, la de los toques deportivos (esos faros traseros ¿no recuerdan a Ferrari al iluminarse?), la de la distinción que debe arropar a toda berlina de representación que se precie… Nada que añadir, juzgad vosotros mismos en el álbum de fotos que os ofrecemos.

El interior está impregnado de tecnología, en forma de múltiples pantallas, botones, mandos, testigos… eso sí, ordenados y configurados bajo férreos principios ergonómicos. El tópico de “es como la cabina de un avión” describe bien la sensación que uno tiene al sentarse al volante, pero, superado el primer “pánico escénico” ante tantas posibilidades de manejo, de configuración, de memoria… ¿a quién no le gusta sentirse tan dueño de la situación como un piloto en el aire? Entre tanta vanguardia, destacaremos dos cosas: el pequeño reloj analógico situado en la parte superior de la consola central (se agradecen las agujas de siempre frente al alarde digital del resto) y, justo debajo de él, el “infotainment center” (Volkswagen dixit), la central de mandos para el sistema de información y ocio (information + entertainment = infotainment). Dotado de 8 teclas multifunción simbolizadas en la pantalla de cuarzo líquido, de otras 6 para controlar algunas funciones básicas y un mando principal para navegar por los menús, esta columna telemática permite dirigir y configurar todas las funciones de confort, equipo de audio, módulo de TV, navegación por satélite, ordenador de a bordo y teléfono. No es que su manejo sea excesivamente difícil, pero precisamente uno de los servicios que se ofrecen al comprador en los centros de venta del Phaeton es la posibilidad de entrenarse en el manejo del “infotainment center” antes de la adquisición del coche.

Llamativo en el interior es la posibilidad de ajuste eléctrico –de hasta 18 variables - de los asientos, calefactados y ventilados incluso detrás, en los que también se puede disfrutar de un relajante masaje lumbar, elementos de serie en el W12 y opcionales en el V6. La climatización puede regularse independientemente en cada asiento, sin crear ni turbulencias, ni ruidos y con la posibilidad incluso de controlar el grado de humedad del habitáculo. Por supuesto, cueros e incrustaciones de madera están disponibles en varios colores y texturas.

La confluencia de motor, suspensiones, ayudas a la conducción y los “gadgets” y controles que hemos citado permite, a la hora de ponerse en carretera, conducir suave y relajadamente. En las autopistas alemanas, donde hemos podido conducir este nuevo modelo, se logran alcanzar las más altas velocidades de crucero sin percibir apenas ruidos, sin sobresaltos, con unos frenos a la altura de las circunstancias cuando la situación lo exigía, con toda la comodidad del mundo.

Pero el “plus” que trata de ofrecer el Phaeton –la tercera porción de esa trilogía de la que hablábamos al principio- es un conjunto de servicios inéditos hasta ahora que Volkswagen ha bautizado como “Servicio Phaeton” y que define como “un incomparablemente amplio programa de garantías de movilidad durante todo el periodo en que el vehículo es propiedad del cliente”. ¿Es para tanto? Pues, por lo que nos han contado en la presentación a la prensa, en Alemania lo será sin duda y ahora queda esperar que el sistema se traslade tal cual a nuestro país, porque ni que decir tiene que quien paga hasta 120.000 euros por un coche se lo va a merecer y… lo va a exigir. Quizás en este punto, en que se cumpla exactamente el paquete de servicios añadidos que la marca promete, estará la clave del éxito del modelo y del nuevo concepto que representa.

El Phaeton será especial desde su nacimiento. Para él se ha preparado una cuna exclusiva de cristal rodeada de vegetación y carente de ruidos, de grasa y otras suciedades típicas de las cadenas de montaje: es la fábrica de cristal de Dresde. Su dueño podrá incluso ir hasta allí para contemplar su nacimiento, verlo salir al mundo tan guapo y peripuesto como él había establecido previamente; se lo entregarán en una ceremonia de luz y música y, si el ufano propietario así lo quiere, incluso ante los sorprendidos ojos de toda la familia.

La fábrica de cristal es el primero de los puntos que configuran la trilogía en la que Volkswagen ha cifrado el éxito de su tope de gama. Los otros dos son el propio coche y un conjunto de servicios que pretenden fascinar a la clientela, a la vez que sumirla en un muelle mundo de confort y despreocupación. Compre el coche –por una cantidad que, dependiendo del motor y del equipamiento, puede oscilar entre los 63.000 y los 120.000 euros (o sea, entre 10,5 y 20 millones de nuestras antiguas pesetas)- y disfrútelo olvidando todos los problemas que a veces puede acarrerar la posesión de un vehículo.

Pero vayamos por partes. Y lo primero es el coche. Nos encontramos ante una berlina de lujo de medidas 5,06/1,90 /1,45 (metros de largo, ancho y alto), combinable con dos motores de gasolina: V6 y W12. El primero, el V6, es, como su propio nombre indica, un 6 cilindros en V –V estrecha, para ser más exactos-, con 3,2 litros de cilindrada y una potencia máxima de 241 CV, tracción delantera, cambio manual de 6 marchas (aunque se puede optar por un cambio automático) y par máximo de 315 Nm a 2.400 rpm. Su velocidad máxima, 245 km/h (3 km/h menos si es con caja automática). La motorización más potente es el W12, con 6 litros de cilindrada, 420 CV y par máximo de 550 Nm a 3.000 rpm, unida a un cambio automático de 5 marchas combinado con la tracción total, denominada en Volkswagen 4Motion. Su velocidad máxima, que podría llegar a 300 km/h, esta autolimitada a 250. Para finales de año (para otoño en Alemania) se comercializará el V10 TDI de 313 CV y 750 Nm de par máximo que la marca anuncia orgullosamente como “el Diesel más potente del mundo en un turismo”.

Todas las versiones contarán con un nuevo sistema de suspensión neumática v variable en las 4 ruedas conjugado con un tren delantero de paralelogramo deformable con sistema multibrazos y un tren trasero con el mismo principio geométrico, pero con trapecios superpuestos. Los elementos de la carrocería son de acero galvanizado y las puertas, tapa del maletero y capó, de aluminio. Su equipamiento de serie en España, ya perfilado pero sujeto quizás a alguna pequeña modificación de aquí a septiembre, es de los más completos de la categoría.

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p> El diseño exterior juega entre aguas: la de la seriedad, la de la modernidad, la de los toques deportivos (esos faros traseros ¿no recuerdan a Ferrari al iluminarse?), la de la distinción que debe arropar a toda berlina de representación que se precie… Nada que añadir, juzgad vosotros mismos en el álbum de fotos que os ofrecemos.

El interior está impregnado de tecnología, en forma de múltiples pantallas, botones, mandos, testigos… eso sí, ordenados y configurados bajo férreos principios ergonómicos. El tópico de “es como la cabina de un avión” describe bien la sensación que uno tiene al sentarse al volante, pero, superado el primer “pánico escénico” ante tantas posibilidades de manejo, de configuración, de memoria… ¿a quién no le gusta sentirse tan dueño de la situación como un piloto en el aire? Entre tanta vanguardia, destacaremos dos cosas: el pequeño reloj analógico situado en la parte superior de la consola central (se agradecen las agujas de siempre frente al alarde digital del resto) y, justo debajo de él, el “infotainment center” (Volkswagen dixit), la central de mandos para el sistema de información y ocio (information + entertainment = infotainment). Dotado de 8 teclas multifunción simbolizadas en la pantalla de cuarzo líquido, de otras 6 para controlar algunas funciones básicas y un mando principal para navegar por los menús, esta columna telemática permite dirigir y configurar todas las funciones de confort, equipo de audio, módulo de TV, navegación por satélite, ordenador de a bordo y teléfono. No es que su manejo sea excesivamente difícil, pero precisamente uno de los servicios que se ofrecen al comprador en los centros de venta del Phaeton es la posibilidad de entrenarse en el manejo del “infotainment center” antes de la adquisición del coche.

Llamativo en el interior es la posibilidad de ajuste eléctrico –de hasta 18 variables - de los asientos, calefactados y ventilados incluso detrás, en los que también se puede disfrutar de un relajante masaje lumbar, elementos de serie en el W12 y opcionales en el V6. La climatización puede regularse independientemente en cada asiento, sin crear ni turbulencias, ni ruidos y con la posibilidad incluso de controlar el grado de humedad del habitáculo. Por supuesto, cueros e incrustaciones de madera están disponibles en varios colores y texturas.

La confluencia de motor, suspensiones, ayudas a la conducción y los “gadgets” y controles que hemos citado permite, a la hora de ponerse en carretera, conducir suave y relajadamente. En las autopistas alemanas, donde hemos podido conducir este nuevo modelo, se logran alcanzar las más altas velocidades de crucero sin percibir apenas ruidos, sin sobresaltos, con unos frenos a la altura de las circunstancias cuando la situación lo exigía, con toda la comodidad del mundo.

Pero el “plus” que trata de ofrecer el Phaeton –la tercera porción de esa trilogía de la que hablábamos al principio- es un conjunto de servicios inéditos hasta ahora que Volkswagen ha bautizado como “Servicio Phaeton” y que define como “un incomparablemente amplio programa de garantías de movilidad durante todo el periodo en que el vehículo es propiedad del cliente”. ¿Es para tanto? Pues, por lo que nos han contado en la presentación a la prensa, en Alemania lo será sin duda y ahora queda esperar que el sistema se traslade tal cual a nuestro país, porque ni que decir tiene que quien paga hasta 120.000 euros por un coche se lo va a merecer y… lo va a exigir. Quizás en este punto, en que se cumpla exactamente el paquete de servicios añadidos que la marca promete, estará la clave del éxito del modelo y del nuevo concepto que representa.

El Phaeton será especial desde su nacimiento. Para él se ha preparado una cuna exclusiva de cristal rodeada de vegetación y carente de ruidos, de grasa y otras suciedades típicas de las cadenas de montaje: es la fábrica de cristal de Dresde. Su dueño podrá incluso ir hasta allí para contemplar su nacimiento, verlo salir al mundo tan guapo y peripuesto como él había establecido previamente; se lo entregarán en una ceremonia de luz y música y, si el ufano propietario así lo quiere, incluso ante los sorprendidos ojos de toda la familia.

La fábrica de cristal es el primero de los puntos que configuran la trilogía en la que Volkswagen ha cifrado el éxito de su tope de gama. Los otros dos son el propio coche y un conjunto de servicios que pretenden fascinar a la clientela, a la vez que sumirla en un muelle mundo de confort y despreocupación. Compre el coche –por una cantidad que, dependiendo del motor y del equipamiento, puede oscilar entre los 63.000 y los 120.000 euros (o sea, entre 10,5 y 20 millones de nuestras antiguas pesetas)- y disfrútelo olvidando todos los problemas que a veces puede acarrerar la posesión de un vehículo.

Pero vayamos por partes. Y lo primero es el coche. Nos encontramos ante una berlina de lujo de medidas 5,06/1,90 /1,45 (metros de largo, ancho y alto), combinable con dos motores de gasolina: V6 y W12. El primero, el V6, es, como su propio nombre indica, un 6 cilindros en V –V estrecha, para ser más exactos-, con 3,2 litros de cilindrada y una potencia máxima de 241 CV, tracción delantera, cambio manual de 6 marchas (aunque se puede optar por un cambio automático) y par máximo de 315 Nm a 2.400 rpm. Su velocidad máxima, 245 km/h (3 km/h menos si es con caja automática). La motorización más potente es el W12, con 6 litros de cilindrada, 420 CV y par máximo de 550 Nm a 3.000 rpm, unida a un cambio automático de 5 marchas combinado con la tracción total, denominada en Volkswagen 4Motion. Su velocidad máxima, que podría llegar a 300 km/h, esta autolimitada a 250. Para finales de año (para otoño en Alemania) se comercializará el V10 TDI de 313 CV y 750 Nm de par máximo que la marca anuncia orgullosamente como “el Diesel más potente del mundo en un turismo”.

Todas las versiones contarán con un nuevo sistema de suspensión neumática v variable en las 4 ruedas conjugado con un tren delantero de paralelogramo deformable con sistema multibrazos y un tren trasero con el mismo principio geométrico, pero con trapecios superpuestos. Los elementos de la carrocería son de acero galvanizado y las puertas, tapa del maletero y capó, de aluminio. Su equipamiento de serie en España, ya perfilado pero sujeto quizás a alguna pequeña modificación de aquí a septiembre, es de los más completos de la categoría.

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p> El diseño exterior juega entre aguas: la de la seriedad, la de la modernidad, la de los toques deportivos (esos faros traseros ¿no recuerdan a Ferrari al iluminarse?), la de la distinción que debe arropar a toda berlina de representación que se precie… Nada que añadir, juzgad vosotros mismos en el álbum de fotos que os ofrecemos.

El interior está impregnado de tecnología, en forma de múltiples pantallas, botones, mandos, testigos… eso sí, ordenados y configurados bajo férreos principios ergonómicos. El tópico de “es como la cabina de un avión” describe bien la sensación que uno tiene al sentarse al volante, pero, superado el primer “pánico escénico” ante tantas posibilidades de manejo, de configuración, de memoria… ¿a quién no le gusta sentirse tan dueño de la situación como un piloto en el aire? Entre tanta vanguardia, destacaremos dos cosas: el pequeño reloj analógico situado en la parte superior de la consola central (se agradecen las agujas de siempre frente al alarde digital del resto) y, justo debajo de él, el “infotainment center” (Volkswagen dixit), la central de mandos para el sistema de información y ocio (information + entertainment = infotainment). Dotado de 8 teclas multifunción simbolizadas en la pantalla de cuarzo líquido, de otras 6 para controlar algunas funciones básicas y un mando principal para navegar por los menús, esta columna telemática permite dirigir y configurar todas las funciones de confort, equipo de audio, módulo de TV, navegación por satélite, ordenador de a bordo y teléfono. No es que su manejo sea excesivamente difícil, pero precisamente uno de los servicios que se ofrecen al comprador en los centros de venta del Phaeton es la posibilidad de entrenarse en el manejo del “infotainment center” antes de la adquisición del coche.

Llamativo en el interior es la posibilidad de ajuste eléctrico –de hasta 18 variables - de los asientos, calefactados y ventilados incluso detrás, en los que también se puede disfrutar de un relajante masaje lumbar, elementos de serie en el W12 y opcionales en el V6. La climatización puede regularse independientemente en cada asiento, sin crear ni turbulencias, ni ruidos y con la posibilidad incluso de controlar el grado de humedad del habitáculo. Por supuesto, cueros e incrustaciones de madera están disponibles en varios colores y texturas.

La confluencia de motor, suspensiones, ayudas a la conducción y los “gadgets” y controles que hemos citado permite, a la hora de ponerse en carretera, conducir suave y relajadamente. En las autopistas alemanas, donde hemos podido conducir este nuevo modelo, se logran alcanzar las más altas velocidades de crucero sin percibir apenas ruidos, sin sobresaltos, con unos frenos a la altura de las circunstancias cuando la situación lo exigía, con toda la comodidad del mundo.

Pero el “plus” que trata de ofrecer el Phaeton –la tercera porción de esa trilogía de la que hablábamos al principio- es un conjunto de servicios inéditos hasta ahora que Volkswagen ha bautizado como “Servicio Phaeton” y que define como “un incomparablemente amplio programa de garantías de movilidad durante todo el periodo en que el vehículo es propiedad del cliente”. ¿Es para tanto? Pues, por lo que nos han contado en la presentación a la prensa, en Alemania lo será sin duda y ahora queda esperar que el sistema se traslade tal cual a nuestro país, porque ni que decir tiene que quien paga hasta 120.000 euros por un coche se lo va a merecer y… lo va a exigir. Quizás en este punto, en que se cumpla exactamente el paquete de servicios añadidos que la marca promete, estará la clave del éxito del modelo y del nuevo concepto que representa.

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