Audi A2 1.6 FSI

Audi nos presenta, bajo la denominación FSI, su particular visión de la inyección directa de gasolina. El A2 es el primero en recibir esta nueva mecánica, en configuración 1,6 litros y 110 CV.
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Audi A2 1.6 FSI
Audi A2 1.6 FSI

Los motores de inyección directa de gasolina van haciéndose un hueco —muy pequeño, eso sí— entre la oferta de algunos fabricantes de automóviles. Los modelos japoneses son los más prolíficos en este sentido, y llevan una cierta ventaja ya que están presentes en el mercado desde hace unos cuantos años. A este club se suma ahora Audi con su A2 que, además de contar con su especial carrocería de aluminio, suma la presencia del motor más pequeño de inyección directa de gasolina que se ofrece en nuestro mercado.

Salvando las diferencias —que son muchas—, el motor FSI del A2 puede presumir de cierto parentesco con el del R8, ganador de las últimas ediciones de Le Mans, y también de experiencias compartidas de información y diseño para este motor de 1,6 litros. De hecho, una de las características que más llama la atención de esta mecánica en los primeros kilómetros de utilización es el temperamental sonido que emite cuando se estiran las marchas hasta llegar al corte de inyección, situado en la zona de las 6.000 rpm. No es un sonido que pudiéramos denominar "adecuado" para este modelo de planteamiento más bien familiar y urbano. Pero esto es sólo la parte menos favorable del motor; en el lado contrario de la balanza existen unos cuantos buenos motivos que hacen de esta mecánica una interesante opción si excluimos de forma tajante comprar un motor turbodiesel.

Para empezar, el motor FSI resulta muy suave de funcionamiento y sube con rapidez de vueltas. En la zona baja del cuentarrevoluciones o, para ser más exactos, mientras el motor funciona con mezcla pobre —en una conducción normal sin pisar el acelerador a fondo, resultaría hasta aproximadamente las 3.000 rpm— la mecánica cuenta con suficiente empuje como para que el conductor no note nada extraño y vea cómo la aguja del cuentarrevoluciones va ganando de forma rápida la escala hacia arriba. Únicamente al traspasar la barrera de esas 3.000 revoluciones se nota un pequeño cambio, apenas perceptible salvo que estemos muy atentos, que hace que el motor siga subiendo de vueltas con mayor alegría y alcance la zona roja con prestitud. Y todo ello con una suavidad de entrega encomiable que hace que en su conducción "apetezca" ir apurando las marchas hasta el final para disfrutar de la capacidad de empuje que tiene este propulsor.

Además, los consumos se mantienen en unos márgenes contenidos en todas las circunstancias, destacando sobre todo los obtenidos cuando hemos realizado nuestros recorridos habituales de pruebas, en los que se exige al motor "todo lo que tiene". En este caso, en autovía el consumo supuso una media de 10,8 l/100 km y en carretera virada 11,5 l/100 km; unas cifras que no se pueden calificar como desproporcionadas. Las prestaciones son, evidentemente, mejores que las que obtuvimos en su momento con el A2 1.4 de 75 CV y, salvo las recuperaciones y adelantamientos, también superiores a las del motor TDI de 75 CV.

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