Opel Astra Cabrio 1.8 16 V Bertone Edition

“Der Sommer entgegen” (“Hacia el verano”). Con este sugerente lema, Opel empezaba a comercializar sus primeros descapotables, allá por la década de los 50. Ahora, casi medio siglo después, ha fabricado un descapotable apto para todo el año.
Autopista -
Opel Astra Cabrio 1.8 16 V Bertone Edition
Opel Astra Cabrio 1.8 16 V Bertone Edition

Con el mismo motor que el Coupé, el Cabrio tiene que mover -como ya hemos comentado- cien kilos más. Además, tiene una estructura reforzada, más rígida, para evitar la torsión de su carrocería. Sin embargo, no pierde el tipo frente a su hermano de gama: en el 0 a 100 km/h sólo es un segundo más lento (9,5 segundos del Coupé frente a 10,5 del Cabrio) y alcanza una velocidad máxima de 207 km/h -según datos oficiales-, mientras que el otro modelo supera los 210. Los ingenieros de Opel también han conseguido mantener similares niveles de consumo (según nuestras pruebas, este modelo necesita 7,9 litros de media para cubrir 100 kilómetros).

Como la capota queda oculta en el maletero, este Astra no sufre un mal muy común en otros Cabrios: el denominado "efecto globo" (el aire entra dentro del coche y pasa por el exterior de la capota, haciendo que ésta se hinche). Sin embargo, no cuenta con un prodigio de motor.

Es un motor que en la zona baja del cuentarrevoluciones no muestra mucha energía, lo que obliga a ir tirando mucho de cambio. Para ir con cierta soltura, tenemos que movernos por encima de las 3.500 revoluciones. Además, es un coche bastante pesado (1.380 kilos), por lo que las aceleraciones y las recuperaciones no son muy brillantes (según nuestro centro técnico, necesita más de 32 segundos para cubrir el kilómetro desde parado).

Por si fuera poco, el juego con el cambio no es de lo más grato. En ciudad, entre primera y segunda marcha hay un gran salto: a la mínima debemos de cambiar a primera. El recorrido de la palanca es muy corto y tiene un buen tacto, pero notamos cierta imprecisión.

Sin embargo, a su favor, tenemos que decir que es muy parco en consumo y que ha conseguido mantener a raya su sonoridad (los ruidos que percibimos son, principalmente, aerodinámicos, pero éstos también se encuentran en los límites lógicos para este tipo de vehículos: 68,9 decibelios a los 100 km/h).

Los cánones estéticos mandan, pero, al volante, se va cómodamente: los asientos de piel recogen el cuerpo a la vez que resultan muy cómodos. Tanto volante como asiento tienen regulación en altura y profundidad, pero -de todas formas- se va sentado algo alto (lo que, cerrado, puede aumentar la sensación de claustrofobia). La visibilidad es buena: la capota incluye una luna de cristal y no el plástico que en este tipo de modelos era bastante habitual.

Con el mismo motor que el Coupé, el Cabrio tiene que mover -como ya hemos comentado- cien kilos más. Además, tiene una estructura reforzada, más rígida, para evitar la torsión de su carrocería. Sin embargo, no pierde el tipo frente a su hermano de gama: en el 0 a 100 km/h sólo es un segundo más lento (9,5 segundos del Coupé frente a 10,5 del Cabrio) y alcanza una velocidad máxima de 207 km/h -según datos oficiales-, mientras que el otro modelo supera los 210. Los ingenieros de Opel también han conseguido mantener similares niveles de consumo (según nuestras pruebas, este modelo necesita 7,9 litros de media para cubrir 100 kilómetros).

Como la capota queda oculta en el maletero, este Astra no sufre un mal muy común en otros Cabrios: el denominado "efecto globo" (el aire entra dentro del coche y pasa por el exterior de la capota, haciendo que ésta se hinche). Sin embargo, no cuenta con un prodigio de motor.

Es un motor que en la zona baja del cuentarrevoluciones no muestra mucha energía, lo que obliga a ir tirando mucho de cambio. Para ir con cierta soltura, tenemos que movernos por encima de las 3.500 revoluciones. Además, es un coche bastante pesado (1.380 kilos), por lo que las aceleraciones y las recuperaciones no son muy brillantes (según nuestro centro técnico, necesita más de 32 segundos para cubrir el kilómetro desde parado).

Por si fuera poco, el juego con el cambio no es de lo más grato. En ciudad, entre primera y segunda marcha hay un gran salto: a la mínima debemos de cambiar a primera. El recorrido de la palanca es muy corto y tiene un buen tacto, pero notamos cierta imprecisión.

Sin embargo, a su favor, tenemos que decir que es muy parco en consumo y que ha conseguido mantener a raya su sonoridad (los ruidos que percibimos son, principalmente, aerodinámicos, pero éstos también se encuentran en los límites lógicos para este tipo de vehículos: 68,9 decibelios a los 100 km/h).

Los cánones estéticos mandan, pero, al volante, se va cómodamente: los asientos de piel recogen el cuerpo a la vez que resultan muy cómodos. Tanto volante como asiento tienen regulación en altura y profundidad, pero -de todas formas- se va sentado algo alto (lo que, cerrado, puede aumentar la sensación de claustrofobia). La visibilidad es buena: la capota incluye una luna de cristal y no el plástico que en este tipo de modelos era bastante habitual.

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