Lamborghini Diablo 6.0 VT

Uno ve un Diablo aparcado y no puede creerlo. Bajo, ancho (o mejor: bajísimo, anchísimo), gordo y espectacular. Después, se monta dentro y siguen apareciendo sensaciones especiales. Al ponerlo en marcha notamos una elevada vibración y unas ganas tremendas de apretar el acelerador con fuerza.
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Lamborghini Diablo 6.0 VT
Lamborghini Diablo 6.0 VT

Sinceramente no vemos mucha relación entre un Diablo y el mundo de la tauromaquia. De todos es sabido que el fundador de la compañía, Ferrucio Lamborghini, era amante de los toros. O más bien, de las corridas de toros, que no es lo mismo. Y viendo no sólo éste, sino cualquier Lamborghini anterior: Miura (el nombre lo dice todo), Espada (también este nombre es elocuente) e incluso Countach (no estamos seguros de si este nombre pertenecía a toro alguno), no encontramos la semejanza con ningún toro, ni con ningún torero, ni siquiera con el caballo del picador. En fin. ¿Será quizá el carácter y la soberbia de este poderoso y deslumbrante deportivo lo que le asemejará al arte de Cúchares? Arrancamos ese enorme, poderoso y bien decorado motor y, la verdad, el sonido es algo más parecido al de un motor grande sin mucho carácter deportivo que al que debe alojarse en un flamante Lamborghini. El ralentí se sitúa a casi 1.500 rpm, no sabemos muy bien por qué, y la vibración es notoria en el habitáculo.

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p> Caja de cambios
La caja de cambios es de las denominadas deportivas, con la primera hacia atrás y las demás marchas en H. No esperábamos gran cosa de un cambio con la rejilla como el de los Ferrari. La rapidez no ha sido nunca una virtud en los cambios de este tipo. Y la verdad es que no nos sorprendió. Las marchas entran bien, pero muy despacio. Además, la falta de costumbre nos hacía mirar, de vez en cuando, al reducir, para no poner la marcha que no era.

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p> Pero la verdad es que el cambio no debe representar problema alguno para nadie, porque el tremendo par de los seis litros de cilindrada no requiere mucha habilidad con el cambio de marchas. Prácticamente al Diablo le daba lo mismo pasar en segunda que en tercera por las curvas lentas. Seguimos buscando el carácter y la fiereza no ya de un astado bravo, sino del mismo diablo, que quizá con 550 CV de potencia debería mostrar rabia y rencor a raudales. No encontramos mucha furia en el carácter de esta mecánica. Sí un sonido bronco y poco refinado, así como una intensa vibración en nuestra espalda, como si los doce cilindros estuvieran vivos y cada uno funcionara a un ritmo distinto.

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p> El circuito de ASC fue el lugar de la toma de contacto. En las zonas más rápidas enseguida veíamos los 200 km/h, pero el ruido era ya intenso, y entre eso, las vibraciones y la falta absoluta de visibilidad hacia cualquier sitio que no fuera hacia delante, la confianza no iba más allá de esos 200 km/h, a partir de los cuales seguro que asciende con igual facilidad hasta encontrarse con los más de 300 de punta. Quizá esté aquí el sabor taurino, porque para lidiar a un Diablo a más de 300 km/h ya hay que tener valor y coraje.

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