Porsche Boxster S

Su incremento de potencia y una ligera actualización estética son las principales novedades que aporta esta edición del Boxster. El carácter, prestaciones y placer al disfrutar de su conducción siguen siendo auténticamente Porsche.
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Porsche Boxster S
Porsche Boxster S

El motor del Boxster ha ido ganando potencia poco a poco. En un principio fue sólo una versión con motor de 2,5 litros y 204 CV. En el año 97 pasó a 2,7 litros de cilindrada con 220 CV y apareció la versión S con motor de 3,2 litros y 252 CV que, en esta actualización, mantiene la cilindrada —aunque se modifican algunos elementos como las culatas— pero aumenta su potencia hasta los 260 CV.

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Para conseguir este incremento de potencia se ha introducido una versión mejorada del sistema Variocam que permite modificar la posición del árbol de levas hasta 40° —frente a los 25° del anterior—. Además, con este nuevo Variocam no sólo se aumentan la potencia y par, sino que, además, se consigue una reducción del consumo y de las emisiones contaminantes. Pero lo cierto es que el motor del Boxster es toda una delicia, tanto por su excelente funcionamiento como por su estudiado sonido —que se transforma en rugido cuando alcanzamos las 5.000 rpm—. Nuestra unidad de pruebas contaba con la presencia del cambio automático Tiptronic de nueva generación que, aunque tiene sus puntos positivos, en su contra frente a la caja manual de 6 relaciones que lleva de serie el Boxster S tiene desarrollos más largos y una marcha menos. No por ello hay que dejar de reconocer que las prestaciones son fulgurantes en todos los sentidos, destacando sobre todo las recuperaciones, ya que el "kick-down" baja las marchas precisas para que el coche salga disparado cuando se pisa a fondo. Además, el nuevo Tiptronic permite cambiar de marcha —hacia arriba o abajo— aunque vayamos circulando en el modo automático, simplemente con accionar los pulsadores del cambio situados en el volante. Asimismo, la gestión electrónica del cambio hace que, dependiendo del tipo de conducción que practiquemos, mantenga las marchas hasta llegar a la zona de las 7.000 rpm —donde se produce el cambio de velocidad— o no pase a una marcha superior si levantamos el pie del acelerador con cierta rapidez.

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Una vez puestos en carretera, el ruido que proviene desde justo detrás de nuestra espalda hace que el instinto no nos deje levantar el pie del acelerador en ningún momento, sobre todo para deleitarnos con el cambio de sonido que se produce cuando se alcanzan las 5.500 rpm y que dura hasta esas 7.000 rpm en las que se cambia de marcha. Otro de los puntos positivos que tiene este modelo es que el consumo no se puede calificar de excesivo en ningún momento, manteniendo unas cifras más que razonables para sus prestaciones y la forma de conducir, poco más o menos, siempre con el acelerador a fondo.

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Las características dinámicas del Boxster no se han modificado sustancialmente excepto una menor divergencia en las ruedas traseras. Sus recortadas dimensiones y la configuración de motor central le hacen una buena máquina para disfrutar de los trazados sinuosos, que es donde se aprecia plenamente lo que significa llevar un Porsche, siempre y cuando nos movamos dentro de los límites de adherencia de los neumáticos, porque cuando se supera ese límite las cosas se ponen complicadas y los sobrevirajes no suelen ser muy fáciles —por no decir imposibles— de controlar. Mientras circulemos con esa precaución, el Boxster permite un paso por curva elevado. Entre curva y curva apenas hay un pequeño instante de relajación; pie al freno, reducción —o no— de marcha, giro del volante y, nuevamente, acelerador a fondo hasta la siguiente curva. Y todo ello con una destacable rapidez y un grado de confort más que razonable para un vehículo que tiene unas suspensiones más bien duras y unos neumáticos con un perfil que no se olvidan en ningún momento de "copiar" a la perfección cualquier tipo de irregularidad del asfalto. Y este es otro de los puntos que destacan de este modelo: el excelente trabajo que realizan las suspensiones ya que mantienen un alto compromiso entre eficacia y confort que ya quisieran para sí algunos de los modelos que se denominan berlinas familiares —léase los últimos Audi A4 o el novedoso Saab 9-3.

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En zonas rápidas como autopistas, la carrocería del Boxster S no termina de ir todo lo sujeta que nos gustaría cuando se abordan las curvas a elevada velocidad, contando con ciertos movimientos parásitos que —son más bien ligeros y no interfieren nada en la trayectoria del vehículo— no dejan de tenernos un tanto en vilo hasta que nos acostumbramos a ellos. Los frenos resultan todo un aliado para realizar una conducción de carácter deportivo ya que no sólo detienen el coche en espacios cortos de distancia, sino que, además, se muestran incansables al duro trabajo, lo que se agradece, y mucho, cuando vamos exprimiendo al máximo las altas prestaciones del coche.

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El Boxster sigue siendo uno de los modelos más apetecibles de su segmento, tanto por sus cualidades dinámicas como por su buena disposición para moverse en todo tipo de trazados y situaciones, incluso en el concurrido tráfico urbano, lo que le convierte en un vehículo muy apto para su utilización a diario sin ningún problema.

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