Toyota Celica 1.8

Desde su diseño estético hasta sus soluciones mecánicas, el nuevo Toyota Celica aporta una serie de novedades, sobre el papel bastante radicales, que, sin embargo, proporcionan unos resultados muy razonables, tanto en lo que se refiere a facilidad de conducción como a confort de marcha.
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Toyota Celica 1.8
Toyota Celica 1.8

Con una tradición deportiva innegable y una evocadora denominación que ha acuñado numerosos éxitos en competición, la nueva evolución del Toyota mantiene intactas la mayoría de sus cualidades como deportivo. Bastidor excelente, muy buena postura de conducción y una imagen peculiar y agresiva son sus cualidades más sobresalientes. En esta ocasión los responsables de Toyota han buscado una motorización no demasiado ambiciosa, centrada en un moderno cuatro cilindros atmosférico de 1.8 litros y que gracias a su avanzado sistema de distribución variable alcanza un rendimiento de 140 CV.

Muy llamativo desde el punto de vista estético, los rasgos de carrocería del nuevo Toyota tienen algunos detalles incluso futuristas. Las elaboradas ópticas delanteras en las que se agrupan todas las funciones lumínicas -salvo los antiniebla- están cubiertas por una cúpula transparente cuyos relieves llegan incluso a sobresalir del rasante del capó. El bajorrelieve practicado en éste, que une la pequeña parrilla delantera y la toma de aire imprimen una fuerte personalidad al Celica y lo hacen absolutamente inconfundible en el tráfico. El resto, aunque sin mantener apenas similitudes con sus predecesores, sí conserva algunos patrones básicos, como la línea de cintura alta o las pequeñas ventanillas traseras. Una cierta concesión a la funcionalidad es su portón trasero, que, unido a la posibilidad de abatir los respaldos posteriores por mitades, da paso a una excelente operatividad del maletero, cuyo volumen de 300 dm3 ya es de por sí bastante bueno.

En el interior, los envolventes asientos y las adecuadas distancias relativas entre volante, pedales y palanca de cambios proporcionan una postura y un «ambiente» sumamente deportivo. El reducido diámetro del volante y el delicioso tacto de la palanca de cambios también contribuyen a ello. Una vez en marcha, basta recorrer unos kilómetros para comprobar dos cosas. Por una parte, el talante de la mecánica, que, condicionada por su modesta cilindrada, carece de una buena respuesta a bajo y medio régimen. El segundo extremo que se pone de manifiesto es el excelente trabajo realizado en el bastidor que, sin necesidad de recurrir a suspensiones exageradamente duras ofrece un comportamiento sobresaliente. Este aspecto pone aún más en evidencia al motor, que transmite al conductor en todo momento la sensación de que falta algo más de empuje. Afortunadamente, los responsables de Toyota han sido consecuentes a la hora de elegir la transmisión, dotando al nuevo Celica de una caja de cambios de seis marchas. Las cinco primeras presentan unas relaciones de cambio bastante cerradas, lo que permite mantener el motor en la zona «buena» con relativa facilidad, mientras que la sexta, aunque no exageradamente larga, consigue un adecuado desahogo mecánico para largos recorridos por autovía. El compromiso resulta muy acertado y permite circular a cruceros elevados sin penalizar el consumo ni castigar la mecánica, sin por ello renunciar a un comportamiento vigoroso en zona de curvas.

Una vez que nos adaptamos al carácter del motor, circular por tramos de montaña se convierte en una experiencia ciertamente gratificante. El tren delantero tiene una respuesta muy instantánea a las órdenes del volante y la dirección, muy precisa, autoriza unas trayectorias milimétricas. En curvas de doble radio el tren posterior desliza lo justo para ayudarnos a cerrar la trayectoria de manera muy progresiva y siempre bajo un absoluto control, lo que transmite una sensación de seguridad notable. Muy bien los frenos en cuanto a tacto y distancias. Tan sólo cabe reprochar una cierta sensibilidad al aumento de temperatura, circunstancia en la que se empieza a notar una cierta pérdida de eficacia que, aunque de manera muy progresiva y predecible, se percibe cuando se les exige un trabajo extra. También cabe resaltar la eficacia del ABS, que interviene lo justo y sin alargar excesivamente las frenadas de manera innecesaria.

Consecuente con su configuración de cambio el Toyota se muestra muy sensible al tipo de terreno a la hora de medir los consumos. La sexta larga es una relación propicia para obtener unas cifras excelentes en carretera y autovía. Sin embargo, en conducción deportiva, la exigencia de mantener el motor alto de vueltas hace que se superen los 11 ó 12 litros cada cien kilómetros con relativa facilidad. En conjunto el coche resulta bastante satisfactorio y su configuración responde a su imagen deportiva. Se trata, en resumidas cuentas, de una excelente versión básica para este coupé, del que esperamos ansiosos la opción más potente, anunciada para un futuro no muy lejano y con 190 CV, que ofrecerá unas prestaciones aún más deportivas y estará más cercana en cualidades dinámicas a sus predecesores.

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