Volvo S60 T5 Optima Aut.

Volvo, con su nuevo S60, se opone al dominio férreo de las berlinas medias alemanas como portaestandartes del prestigio europeo. En su versión T5, de 250 CV, demuestra saber cómo amansar semejante potencial para crear un modelo rapidísimo, pero noble y dócil.
Autopista -
Volvo S60 T5 Optima Aut.
Volvo S60 T5 Optima Aut.

Antes de poner en marcha el motor, algo sobre la mecánica. Este T5 dispone del motor con cinco cilindros de 2,3 litros, de carrera larga, sobrealimentado a alta presión en su ultimísima versión, pues ha seguido un proceso de desarrollo continuo desde su primera aparición. Con respecto a la versión de 2,4 litros y 200 CV del S60 se ha reducido el diámetro de los pistones, sin duda, para no generar problemas en la propagación del frente de llama y no tener que limitar la presión de sobrealimentación más tiempo del imprescindible. Aun así, el funcionamiento de esta mecánica ha evolucionado significativamente desde sus primeras apariciones en los S70. De la brusquedad en la respuesta de aquellas épocas no queda ni rastro. Su respuesta es ahora suave como la seda, pero enérgica como un cohete. Parece un contrasentido, pero, precisamente, esa es su principal virtud. Por fin, Volvo ha logrado combinar ambas actuaciones para impulsar su coche de manera impactante y diligente, pero sin que su conductor perciba esta reacción como algo a dominar. Muy al contrario, es el propio coche el que se controla por sí mismo, por mucha exigencia que le demandemos a base de pisar a fondo el acelerador.

¿Cómo se ha conseguido? Básicamente, a causa de una gestión electrónica más sofisticada. Con seguridad, la inclusión del cambio automático proporciona un plus de suavidad, pero, cuando tengamos la posibilidad de probar el cambio manual, podemos apostar que no acentuará las reacciones del propulsor más que en una mínima proporción. Hablando del cambio, por cierto, este S60 disfruta de un cambio automático de cinco marchas con posibilidad de función de manejo secuencial. En modo automático, su tarea la realiza con suavidad y no excesiva obsesión por la reducción de marcha en cuanto pisamos algo el acelerador. Esta conducta -favorecida por un motor que desborda par por todos sus conductos- es de agradecer, pues potencia el confort de marcha y permite una conducción más relajada. Al utilizar el modo secuencial, la gestión mantiene el régimen máximo en aceleración sin realizar el cambio a la marcha superior de forma automática, como ocurre en otros modelos, pudiendo llevar al motor a la zona roja del cuentavueltas si lo consideramos oportuno. Sin embargo, a la inversa -cuando el régimen se acerca al ralentí y el motor no dispone de potencia suficiente- sí que reduce automáticamente las marchas necesarias para que el conductor, sin tocar la palanca, pueda reacelerar con buena respuesta. Sin nada que objetar a esta gestión, sólo podemos comentar que la posibilidad de realizar un sobrerrégimen viene bien en zonas de montaña donde momentáneamente puede convenirnos no cambiar de marcha por unos segundos entre curva y curva. Pero también es cierto que, en otras situaciones, como un adelantamiento, puede acometerse más rápido, tranquilo y seguro, si se realiza el cambio de marcha de forma automática al llegar al máximo régimen.

El bastidor del S60 es excelente. El T5 tiene la obligación de gestionar nada menos que 250 CV turboalimentados. Por tanto, no puede esperarse una suspensión blanda. De hecho, no lo es. Sin embargo, sobre buen piso, el muelleo es acompasado y puede calificarse de confortable. Sin embargo, si el piso deja de ser liso como un tapiz, la amortiguación transmite golpes secos que deterioran el placer de marcha. Por cierto, y ya que hablamos de la amortiguación, sólo decir que cuando se le exige al coche sus potencialidades en terreno virado acaba desfalleciendo en poco tiempo -hablamos de una quincena de kilómetros- generando una pérdida de eficacia profunda. Sí, efectivamente, el S60 T5 no es un deportivo, pero, aun así, nos parece un punto a revisar con urgencia, en nuestra modesta opinión. Algo parecido le ocurre a los frenos, que, si bien resultan potentes en las primeras deceleraciones, pierden eficacia con cierta prontitud si conducimos realmente rápido en tramos revirados.

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