Mazda6 CRTD Sportive

Una buena respuesta en cualquier situación, un funcionamiento suave y unos consumos ajustados son los mejores valores que el motor CRTD del Mazda6 aporta a la gama. Si unimos a esto un comportamiento muy equilibrado y un habitáculo en el que los pasajeros podrán desenvolverse a sus anchas, podemos afirmar, casi con total seguridad, que estamos ante una de las revelaciones de la temporada.
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Mazda6 CRTD Sportive
Mazda6 CRTD Sportive

En Mazda han sabido adaptar con acierto el motor 2.0 Diesel de origen Ford a su modelo 6, una berlina que hará las delicias de aquellos que busquen un coche de representación y, a la vez, no quieran renunciar a la conducción deportiva.

Según la marca, los nuevos propulsores de gasóleo (de 120 y 136 CV) tienen "todos los atributos positivos de una mecánica de gasolina, pero sin sacrificar las ventajas tradicionales de los Diesel". Sólo hay que girar la llave de contacto para comprobar que esta definición se acerca bastante a la realidad: aunque no han podido disimular el traqueteo de los motores de gasóleo (de hecho, en el habitáculo se introduce un nivel de ruido excesivo), destaca la suavidad con la que el propulsor sube de vueltas y, especialmente, las recuperaciones que ofrece -así lo atestiguan unas cifras de menos de 8 segundos para pasar de 80 a 120 km/h en cuarta-.

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p> Los 136 CV de la ficha oficial del Mazda6 se han transformado en más de 143 tras ser medidos por nuestro Centro Técnico, lo que -unido a una potencia que se distribuye uniformemente en casi cualquier zona del cuentarrevoluciones- explica la agradable respuesta del motor en autopistas, donde es fácil mantener velocidades de crucero por encima de los 160 km/h. Los cambios de ritmo no son un problema para este fondista, que ni siquiera necesitará recurrir al cambio para afrontar repechos o adelantamientos: basta con pisar el acelerador y el propulsor sube de vueltas suavemente, sin obligarnos a bajar marchas.

El nuevo fichaje de los Mazda6 no pone reparos a la hora de demostrar su buen hacer en cualquier circunstancia: en las carreteras de montaña, se codea sin rubor con sus rivales más potentes, ofreciendo sensaciones que se acercan a las de un vehículo más deportivo.

El cambio -de recorridos cortos y precisos- responde rápidamente a las órdenes del conductor, que podrá jugar con un margen muy amplio de utilización del motor antes de decidirse a insertar una marcha menos para afrontar las curvas más cerradas. En éstas, el bastidor del vehículo japonés otorga un aplomo y estabilidad más que aceptables gracias a su ancho de vías (1,54 m en ambos ejes): el Mazda enlaza las curvas con suavidad y confianza y -a pesar de que las suspensiones se orientan hacia la comodidad de los pasajeros- los amortiguadores muestran un gran equilibrio, sin permitir que la carrocería se incline en exceso o "cabecee" cuando se frena antes de entrar en algún viraje.

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p> A la hora de reducir la velocidad, se revela como otra de las grandes virtudes del nipón: su equipo de frenos, con una gran resistencia a la fatiga y buena mordiente. El tacto del pedal permite dosificar la frenada a voluntad y el ABS, EBD (Distribución Electrónica de Frenado, en sus siglas en inglés) y DSC (Sistema de Control de Estabilidad) ayudan en esta tarea, aunque sin entrometerse demasiado cuando el conductor quiere permitirse alguna "licencia" -de hecho, el DSC es desconectable-.

Cualquier requerimiento del automovilista será fielmente trasladado desde el volante hasta el eje delantero. Así, el coche pasará sin titubeos por la trazada establecida gracias a una dirección asistida dependiente de la velocidad. Cuando ésta es baja (en ciudad o maniobras de aparcamiento), el esfuerzo requerido para mover las ruedas es mínimo. Por el contrario, si el ritmo va subiendo, la asistencia se reduce.

Con el fin de llegar a un abanico más amplio de potenciales compradores, los responsables de diseño de Mazda han querido aunar en un mismo vehículo la deportividad que transmite un coupé con la comodidad de las cinco puertas. El resultado, lejos de quedarse en un punto indefinido que no cumpliera con ninguna de las dos pretensiones, es un automóvil con un exterior que transmite dinamismo (líneas musculosas, neumáticos de perfil bajo, llantas de 17 pulgadas...) y con un habitáculo en el que las formas de la carrocería no se han traducido en un menor espacio para los pasajeros ni para su equipaje.

En Mazda han sabido adaptar con acierto el motor 2.0 Diesel de origen Ford a su modelo 6, una berlina que hará las delicias de aquellos que busquen un coche de representación y, a la vez, no quieran renunciar a la conducción deportiva.

Según la marca, los nuevos propulsores de gasóleo (de 120 y 136 CV) tienen "todos los atributos positivos de una mecánica de gasolina, pero sin sacrificar las ventajas tradicionales de los Diesel". Sólo hay que girar la llave de contacto para comprobar que esta definición se acerca bastante a la realidad: aunque no han podido disimular el traqueteo de los motores de gasóleo (de hecho, en el habitáculo se introduce un nivel de ruido excesivo), destaca la suavidad con la que el propulsor sube de vueltas y, especialmente, las recuperaciones que ofrece -así lo atestiguan unas cifras de menos de 8 segundos para pasar de 80 a 120 km/h en cuarta-.

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p> Los 136 CV de la ficha oficial del Mazda6 se han transformado en más de 143 tras ser medidos por nuestro Centro Técnico, lo que -unido a una potencia que se distribuye uniformemente en casi cualquier zona del cuentarrevoluciones- explica la agradable respuesta del motor en autopistas, donde es fácil mantener velocidades de crucero por encima de los 160 km/h. Los cambios de ritmo no son un problema para este fondista, que ni siquiera necesitará recurrir al cambio para afrontar repechos o adelantamientos: basta con pisar el acelerador y el propulsor sube de vueltas suavemente, sin obligarnos a bajar marchas.

El nuevo fichaje de los Mazda6 no pone reparos a la hora de demostrar su buen hacer en cualquier circunstancia: en las carreteras de montaña, se codea sin rubor con sus rivales más potentes, ofreciendo sensaciones que se acercan a las de un vehículo más deportivo.

El cambio -de recorridos cortos y precisos- responde rápidamente a las órdenes del conductor, que podrá jugar con un margen muy amplio de utilización del motor antes de decidirse a insertar una marcha menos para afrontar las curvas más cerradas. En éstas, el bastidor del vehículo japonés otorga un aplomo y estabilidad más que aceptables gracias a su ancho de vías (1,54 m en ambos ejes): el Mazda enlaza las curvas con suavidad y confianza y -a pesar de que las suspensiones se orientan hacia la comodidad de los pasajeros- los amortiguadores muestran un gran equilibrio, sin permitir que la carrocería se incline en exceso o "cabecee" cuando se frena antes de entrar en algún viraje.

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p> A la hora de reducir la velocidad, se revela como otra de las grandes virtudes del nipón: su equipo de frenos, con una gran resistencia a la fatiga y buena mordiente. El tacto del pedal permite dosificar la frenada a voluntad y el ABS, EBD (Distribución Electrónica de Frenado, en sus siglas en inglés) y DSC (Sistema de Control de Estabilidad) ayudan en esta tarea, aunque sin entrometerse demasiado cuando el conductor quiere permitirse alguna "licencia" -de hecho, el DSC es desconectable-.

Cualquier requerimiento del automovilista será fielmente trasladado desde el volante hasta el eje delantero. Así, el coche pasará sin titubeos por la trazada establecida gracias a una dirección asistida dependiente de la velocidad. Cuando ésta es baja (en ciudad o maniobras de aparcamiento), el esfuerzo requerido para mover las ruedas es mínimo. Por el contrario, si el ritmo va subiendo, la asistencia se reduce.

Con el fin de llegar a un abanico más amplio de potenciales compradores, los responsables de diseño de Mazda han querido aunar en un mismo vehículo la deportividad que transmite un coupé con la comodidad de las cinco puertas. El resultado, lejos de quedarse en un punto indefinido que no cumpliera con ninguna de las dos pretensiones, es un automóvil con un exterior que transmite dinamismo (líneas musculosas, neumáticos de perfil bajo, llantas de 17 pulgadas...) y con un habitáculo en el que las formas de la carrocería no se han traducido en un menor espacio para los pasajeros ni para su equipaje.

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