Citroën C5 Break

Después del C5 Berlina, le toca el turno al más familiar, el Break. De esta versión, que se pone a la venta este mismo mes, habrá varios modelos diferentes, repartidos entre el 2.0 I 16V de 138 CV, hasta el HDi 16V de 136 CV. Los precios oscilan entre 3.727.000 y 5.180.000 ptas. Como elemento diferenciador entre otros automóviles de su estilo está un maletero muy amplio y un botón que hace bajar la altura de éste para facilitar la carga, además del control de estabilidad que luego se hará extensible a todos los modelos del C5 como opción.
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Citroën C5 Break
Citroën C5 Break

Es el turno del C5 en versión familiar, para no desanimar a los que esperan de Citroën esta faceta. El desfase entre la comercialización de una y otra variante ha merecido la pena, sobre todo por los detalles prácticos que el break incorpora, porque un familiar no es sólo el mayor volumen trasero, sino además una serie de elementos que lo acompañen y que faciliten el uso de esta área. El condicionante es, pues, la parte trasera, solucionada bastante bien a juzgar por el resultado final, que es, sin embargo, el aspecto más subjetivo.

El break, similar a cualquier C5 de las puertas traseras en adelante, recurre a unos grupos ópticos traseros grandes y alargados hacia arriba –la marca lo define como un “paréntesis” al portón, y en verdad lo parece-, como símbolo también de vanguardia y funcionalidad. No sólo dan una imagen moderna, sino que además son mejor vistos por los vehículos que circulan detrás, especialmente las luces de freno, que son las más altas. Permiten suficiente iluminación y un apreciable espacio para que la apertura de carga no se vea significativamente alterada por ellos, ya que el corte del portón es casi vertical. Hasta aquí la gran diferencia estética que define el perfil y la vista trasera, a lo que habría que añadir que los cristales traseros laterales son más grandes que los de las puertas traseras.

Por razones de fuerza mayor –no hubiera resultado un break bien hecho-, es más largo que la berlina, pues pasa de los 462 centímetros de ésta hasta los 475; una ganancia que le anuncia como el familiar de más maletero entre sus rivales, con 563 litros de capacidad mínima (1.658 de máxima), por encima de sus rivales e, incluso, por encima de coches de un segmento superior y de corte familiar como éste.

Los aspectos de funcionalidad están claros y se ha puesto bastante empeño en el detalle. Por ejemplo, la boca de carga es muy amplia, porque incluye gran parte del paragolpes trasero. Lo que más llama la atención visto por detrás es que es todo portón. Además, se puede bajar la altura libre al suelo mediante un botón situado a un lado del maletero que hace que el coche baje unos centímetros (18 de la posición más alta a la más baja) y que permite que no haya que elevar a gran altura los objetos y hacer más fuerza extra… eso en el caso de cosas pesadas, porque, si no, no merece la pena estar dándole al botón. También se suma a todo esto que, como en algunos todo terreno o monovolúmenes –especialmente los americanos-, el portón trasero tiene practicable la zona del cristal, o sea, que se puede abrir independientemente de toda la puerta, lo que hace que puedan introducirse en el maletero cosas poco voluminosas o pesadas, como bolsas del supermercado, etc, sin necesidad de tener que abrir toda la boca de carga. Esto es un plus en funcionalidad práctica que nos parece bastante útil y ahora mismo es el único coche de su segmento que lo incorpora.

Es el turno del C5 en versión familiar, para no desanimar a los que esperan de Citroën esta faceta. El desfase entre la comercialización de una y otra variante ha merecido la pena, sobre todo por los detalles prácticos que el break incorpora, porque un familiar no es sólo el mayor volumen trasero, sino además una serie de elementos que lo acompañen y que faciliten el uso de esta área. El condicionante es, pues, la parte trasera, solucionada bastante bien a juzgar por el resultado final, que es, sin embargo, el aspecto más subjetivo.

El break, similar a cualquier C5 de las puertas traseras en adelante, recurre a unos grupos ópticos traseros grandes y alargados hacia arriba –la marca lo define como un “paréntesis” al portón, y en verdad lo parece-, como símbolo también de vanguardia y funcionalidad. No sólo dan una imagen moderna, sino que además son mejor vistos por los vehículos que circulan detrás, especialmente las luces de freno, que son las más altas. Permiten suficiente iluminación y un apreciable espacio para que la apertura de carga no se vea significativamente alterada por ellos, ya que el corte del portón es casi vertical. Hasta aquí la gran diferencia estética que define el perfil y la vista trasera, a lo que habría que añadir que los cristales traseros laterales son más grandes que los de las puertas traseras.

Por razones de fuerza mayor –no hubiera resultado un break bien hecho-, es más largo que la berlina, pues pasa de los 462 centímetros de ésta hasta los 475; una ganancia que le anuncia como el familiar de más maletero entre sus rivales, con 563 litros de capacidad mínima (1.658 de máxima), por encima de sus rivales e, incluso, por encima de coches de un segmento superior y de corte familiar como éste.

Los aspectos de funcionalidad están claros y se ha puesto bastante empeño en el detalle. Por ejemplo, la boca de carga es muy amplia, porque incluye gran parte del paragolpes trasero. Lo que más llama la atención visto por detrás es que es todo portón. Además, se puede bajar la altura libre al suelo mediante un botón situado a un lado del maletero que hace que el coche baje unos centímetros (18 de la posición más alta a la más baja) y que permite que no haya que elevar a gran altura los objetos y hacer más fuerza extra… eso en el caso de cosas pesadas, porque, si no, no merece la pena estar dándole al botón. También se suma a todo esto que, como en algunos todo terreno o monovolúmenes –especialmente los americanos-, el portón trasero tiene practicable la zona del cristal, o sea, que se puede abrir independientemente de toda la puerta, lo que hace que puedan introducirse en el maletero cosas poco voluminosas o pesadas, como bolsas del supermercado, etc, sin necesidad de tener que abrir toda la boca de carga. Esto es un plus en funcionalidad práctica que nos parece bastante útil y ahora mismo es el único coche de su segmento que lo incorpora.

Es el turno del C5 en versión familiar, para no desanimar a los que esperan de Citroën esta faceta. El desfase entre la comercialización de una y otra variante ha merecido la pena, sobre todo por los detalles prácticos que el break incorpora, porque un familiar no es sólo el mayor volumen trasero, sino además una serie de elementos que lo acompañen y que faciliten el uso de esta área. El condicionante es, pues, la parte trasera, solucionada bastante bien a juzgar por el resultado final, que es, sin embargo, el aspecto más subjetivo.

El break, similar a cualquier C5 de las puertas traseras en adelante, recurre a unos grupos ópticos traseros grandes y alargados hacia arriba –la marca lo define como un “paréntesis” al portón, y en verdad lo parece-, como símbolo también de vanguardia y funcionalidad. No sólo dan una imagen moderna, sino que además son mejor vistos por los vehículos que circulan detrás, especialmente las luces de freno, que son las más altas. Permiten suficiente iluminación y un apreciable espacio para que la apertura de carga no se vea significativamente alterada por ellos, ya que el corte del portón es casi vertical. Hasta aquí la gran diferencia estética que define el perfil y la vista trasera, a lo que habría que añadir que los cristales traseros laterales son más grandes que los de las puertas traseras.

Por razones de fuerza mayor –no hubiera resultado un break bien hecho-, es más largo que la berlina, pues pasa de los 462 centímetros de ésta hasta los 475; una ganancia que le anuncia como el familiar de más maletero entre sus rivales, con 563 litros de capacidad mínima (1.658 de máxima), por encima de sus rivales e, incluso, por encima de coches de un segmento superior y de corte familiar como éste.

Los aspectos de funcionalidad están claros y se ha puesto bastante empeño en el detalle. Por ejemplo, la boca de carga es muy amplia, porque incluye gran parte del paragolpes trasero. Lo que más llama la atención visto por detrás es que es todo portón. Además, se puede bajar la altura libre al suelo mediante un botón situado a un lado del maletero que hace que el coche baje unos centímetros (18 de la posición más alta a la más baja) y que permite que no haya que elevar a gran altura los objetos y hacer más fuerza extra… eso en el caso de cosas pesadas, porque, si no, no merece la pena estar dándole al botón. También se suma a todo esto que, como en algunos todo terreno o monovolúmenes –especialmente los americanos-, el portón trasero tiene practicable la zona del cristal, o sea, que se puede abrir independientemente de toda la puerta, lo que hace que puedan introducirse en el maletero cosas poco voluminosas o pesadas, como bolsas del supermercado, etc, sin necesidad de tener que abrir toda la boca de carga. Esto es un plus en funcionalidad práctica que nos parece bastante útil y ahora mismo es el único coche de su segmento que lo incorpora.

Es el turno del C5 en versión familiar, para no desanimar a los que esperan de Citroën esta faceta. El desfase entre la comercialización de una y otra variante ha merecido la pena, sobre todo por los detalles prácticos que el break incorpora, porque un familiar no es sólo el mayor volumen trasero, sino además una serie de elementos que lo acompañen y que faciliten el uso de esta área. El condicionante es, pues, la parte trasera, solucionada bastante bien a juzgar por el resultado final, que es, sin embargo, el aspecto más subjetivo.

El break, similar a cualquier C5 de las puertas traseras en adelante, recurre a unos grupos ópticos traseros grandes y alargados hacia arriba –la marca lo define como un “paréntesis” al portón, y en verdad lo parece-, como símbolo también de vanguardia y funcionalidad. No sólo dan una imagen moderna, sino que además son mejor vistos por los vehículos que circulan detrás, especialmente las luces de freno, que son las más altas. Permiten suficiente iluminación y un apreciable espacio para que la apertura de carga no se vea significativamente alterada por ellos, ya que el corte del portón es casi vertical. Hasta aquí la gran diferencia estética que define el perfil y la vista trasera, a lo que habría que añadir que los cristales traseros laterales son más grandes que los de las puertas traseras.

Por razones de fuerza mayor –no hubiera resultado un break bien hecho-, es más largo que la berlina, pues pasa de los 462 centímetros de ésta hasta los 475; una ganancia que le anuncia como el familiar de más maletero entre sus rivales, con 563 litros de capacidad mínima (1.658 de máxima), por encima de sus rivales e, incluso, por encima de coches de un segmento superior y de corte familiar como éste.

Los aspectos de funcionalidad están claros y se ha puesto bastante empeño en el detalle. Por ejemplo, la boca de carga es muy amplia, porque incluye gran parte del paragolpes trasero. Lo que más llama la atención visto por detrás es que es todo portón. Además, se puede bajar la altura libre al suelo mediante un botón situado a un lado del maletero que hace que el coche baje unos centímetros (18 de la posición más alta a la más baja) y que permite que no haya que elevar a gran altura los objetos y hacer más fuerza extra… eso en el caso de cosas pesadas, porque, si no, no merece la pena estar dándole al botón. También se suma a todo esto que, como en algunos todo terreno o monovolúmenes –especialmente los americanos-, el portón trasero tiene practicable la zona del cristal, o sea, que se puede abrir independientemente de toda la puerta, lo que hace que puedan introducirse en el maletero cosas poco voluminosas o pesadas, como bolsas del supermercado, etc, sin necesidad de tener que abrir toda la boca de carga. Esto es un plus en funcionalidad práctica que nos parece bastante útil y ahora mismo es el único coche de su segmento que lo incorpora.

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