Contacto: Mitsubishi Montero

La palabra evolución no sirve para definir completamente al nuevo Montero. Son tantos los cambios experimentados por este reverenciado todo terreno, que no queda nada del anterior, excepto el nombre, y da lugar a un modelo que conjuga a la perfección cualidades «off-road» con el anhelado comportamiento en carretera de una refinada berlina. El resultado: revolucionario.
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La fiebre de los TT «light», tipo Honda CR-V y derivados, ha provocado que el mundo del todo terreno haya experimentado una metamorfosis un tanto especial. Ofrecer un comportamiento en carretera lo más satisfactorio y cercano posible al de un turismo convencional comienza a ser una premisa fundamental. Sin embargo, esto siempre conlleva perder aptitudes en campo o, por lo menos, eso creíamos hasta ahora. Porque, en Mitsubishi, tenían claro que su nuevo Montero debía mejorar muchos enteros sobre el asfalto, pero sin que ello supusiera perder ni un ápice de las cualidades «off-road» que tan famoso han hecho a anteriores generaciones Montero. De ahí la importancia y la dificultad del proyecto de renovación del TT que Mitsubishi tiene en el mercado desde 1982 y sobre el que se han experimentado diversas transformaciones, aunque ninguna de la importancia de ésta.

El nuevo Montero no conserva absolutamente nada de la anterior generación. Para empezar, abandona su chasis de largeros y emplea desde ahora un moderno chasis monocasco que permite muchas más posibilidades a la hora de diseñar un coche de buen comportamiento en carretera. Las dimensiones también son diferentes: la versión corta, la más necesitada de centímetros, ha crecido nada menos que 16 cm, hasta quedarse en los 4,22 metros; la carrocería de 5 puertas, ya suficientemente larga en su predecesor, tan sólo lo hace en 5,5 cm. De todas formas, lo más destacable es el incremento de la anchura en 9 y 10 cm respectivamente para quedarse ambas versiones en 1,875 metros, lo que las convierte en las más anchas del mercado, únicamente superadas por el Toyota HDJ100 y el Land Rover Discovery.

Esta anchura, además de repercutir en su comportamiento como veremos más adelante, ha permitido que su habitáculo sea mucho más amplio. Asientos muy ergonómicos —diferentes para versiones larga y corta, siendo más envolventes en este último—, aunque sin la posibilidad de regularlo en altura (sólo en inclinación de banqueta), pero que, aun así, permiten una postura muy cómoda y bastante alta, para recordarnos que estamos sobre un todo terreno. Y eso que ahora el coche es 5 cm más bajo.

El salpicadero también es algo a destacar: pierde los tres indicadores de brújula, inclinómetro y barómetro y a cambio cuenta con una pantalla multifunción en la parte superior de la consola central y una instrumentación caracterizada por cuatro pequeños indicadores redondos en el centro. Pero esto no deja de ser anecdótico, si se compara con la impecable realización del salpicadero del coche y, en general, de la calidad general del interior. Su habitáculo ha sido diseñado con un gran sentido práctico. Por ejemplo, la carrocería de cinco puertas ofrece una tercera fila de asientos muy bien pensada, ya que está totalmente camuflada bajo el piso del maletero y para extraerla y colocarla se tardan unos pocos segundos y, lo más importante, sin ningún esfuerzo. Esta fila es útil para niños y se puede acceder muy cómodamente desde las puertas laterales traseras, ya que los asientos traseros se pueden abatir también sin ningún esfuerzo.

La fiebre de los TT «light», tipo Honda CR-V y derivados, ha provocado que el mundo del todo terreno haya experimentado una metamorfosis un tanto especial. Ofrecer un comportamiento en carretera lo más satisfactorio y cercano posible al de un turismo convencional comienza a ser una premisa fundamental. Sin embargo, esto siempre conlleva perder aptitudes en campo o, por lo menos, eso creíamos hasta ahora. Porque, en Mitsubishi, tenían claro que su nuevo Montero debía mejorar muchos enteros sobre el asfalto, pero sin que ello supusiera perder ni un ápice de las cualidades «off-road» que tan famoso han hecho a anteriores generaciones Montero. De ahí la importancia y la dificultad del proyecto de renovación del TT que Mitsubishi tiene en el mercado desde 1982 y sobre el que se han experimentado diversas transformaciones, aunque ninguna de la importancia de ésta.

El nuevo Montero no conserva absolutamente nada de la anterior generación. Para empezar, abandona su chasis de largeros y emplea desde ahora un moderno chasis monocasco que permite muchas más posibilidades a la hora de diseñar un coche de buen comportamiento en carretera. Las dimensiones también son diferentes: la versión corta, la más necesitada de centímetros, ha crecido nada menos que 16 cm, hasta quedarse en los 4,22 metros; la carrocería de 5 puertas, ya suficientemente larga en su predecesor, tan sólo lo hace en 5,5 cm. De todas formas, lo más destacable es el incremento de la anchura en 9 y 10 cm respectivamente para quedarse ambas versiones en 1,875 metros, lo que las convierte en las más anchas del mercado, únicamente superadas por el Toyota HDJ100 y el Land Rover Discovery.

Esta anchura, además de repercutir en su comportamiento como veremos más adelante, ha permitido que su habitáculo sea mucho más amplio. Asientos muy ergonómicos —diferentes para versiones larga y corta, siendo más envolventes en este último—, aunque sin la posibilidad de regularlo en altura (sólo en inclinación de banqueta), pero que, aun así, permiten una postura muy cómoda y bastante alta, para recordarnos que estamos sobre un todo terreno. Y eso que ahora el coche es 5 cm más bajo.

El salpicadero también es algo a destacar: pierde los tres indicadores de brújula, inclinómetro y barómetro y a cambio cuenta con una pantalla multifunción en la parte superior de la consola central y una instrumentación caracterizada por cuatro pequeños indicadores redondos en el centro. Pero esto no deja de ser anecdótico, si se compara con la impecable realización del salpicadero del coche y, en general, de la calidad general del interior. Su habitáculo ha sido diseñado con un gran sentido práctico. Por ejemplo, la carrocería de cinco puertas ofrece una tercera fila de asientos muy bien pensada, ya que está totalmente camuflada bajo el piso del maletero y para extraerla y colocarla se tardan unos pocos segundos y, lo más importante, sin ningún esfuerzo. Esta fila es útil para niños y se puede acceder muy cómodamente desde las puertas laterales traseras, ya que los asientos traseros se pueden abatir también sin ningún esfuerzo.

La fiebre de los TT «light», tipo Honda CR-V y derivados, ha provocado que el mundo del todo terreno haya experimentado una metamorfosis un tanto especial. Ofrecer un comportamiento en carretera lo más satisfactorio y cercano posible al de un turismo convencional comienza a ser una premisa fundamental. Sin embargo, esto siempre conlleva perder aptitudes en campo o, por lo menos, eso creíamos hasta ahora. Porque, en Mitsubishi, tenían claro que su nuevo Montero debía mejorar muchos enteros sobre el asfalto, pero sin que ello supusiera perder ni un ápice de las cualidades «off-road» que tan famoso han hecho a anteriores generaciones Montero. De ahí la importancia y la dificultad del proyecto de renovación del TT que Mitsubishi tiene en el mercado desde 1982 y sobre el que se han experimentado diversas transformaciones, aunque ninguna de la importancia de ésta.

El nuevo Montero no conserva absolutamente nada de la anterior generación. Para empezar, abandona su chasis de largeros y emplea desde ahora un moderno chasis monocasco que permite muchas más posibilidades a la hora de diseñar un coche de buen comportamiento en carretera. Las dimensiones también son diferentes: la versión corta, la más necesitada de centímetros, ha crecido nada menos que 16 cm, hasta quedarse en los 4,22 metros; la carrocería de 5 puertas, ya suficientemente larga en su predecesor, tan sólo lo hace en 5,5 cm. De todas formas, lo más destacable es el incremento de la anchura en 9 y 10 cm respectivamente para quedarse ambas versiones en 1,875 metros, lo que las convierte en las más anchas del mercado, únicamente superadas por el Toyota HDJ100 y el Land Rover Discovery.

Esta anchura, además de repercutir en su comportamiento como veremos más adelante, ha permitido que su habitáculo sea mucho más amplio. Asientos muy ergonómicos —diferentes para versiones larga y corta, siendo más envolventes en este último—, aunque sin la posibilidad de regularlo en altura (sólo en inclinación de banqueta), pero que, aun así, permiten una postura muy cómoda y bastante alta, para recordarnos que estamos sobre un todo terreno. Y eso que ahora el coche es 5 cm más bajo.

El salpicadero también es algo a destacar: pierde los tres indicadores de brújula, inclinómetro y barómetro y a cambio cuenta con una pantalla multifunción en la parte superior de la consola central y una instrumentación caracterizada por cuatro pequeños indicadores redondos en el centro. Pero esto no deja de ser anecdótico, si se compara con la impecable realización del salpicadero del coche y, en general, de la calidad general del interior. Su habitáculo ha sido diseñado con un gran sentido práctico. Por ejemplo, la carrocería de cinco puertas ofrece una tercera fila de asientos muy bien pensada, ya que está totalmente camuflada bajo el piso del maletero y para extraerla y colocarla se tardan unos pocos segundos y, lo más importante, sin ningún esfuerzo. Esta fila es útil para niños y se puede acceder muy cómodamente desde las puertas laterales traseras, ya que los asientos traseros se pueden abatir también sin ningún esfuerzo.

La fiebre de los TT «light», tipo Honda CR-V y derivados, ha provocado que el mundo del todo terreno haya experimentado una metamorfosis un tanto especial. Ofrecer un comportamiento en carretera lo más satisfactorio y cercano posible al de un turismo convencional comienza a ser una premisa fundamental. Sin embargo, esto siempre conlleva perder aptitudes en campo o, por lo menos, eso creíamos hasta ahora. Porque, en Mitsubishi, tenían claro que su nuevo Montero debía mejorar muchos enteros sobre el asfalto, pero sin que ello supusiera perder ni un ápice de las cualidades «off-road» que tan famoso han hecho a anteriores generaciones Montero. De ahí la importancia y la dificultad del proyecto de renovación del TT que Mitsubishi tiene en el mercado desde 1982 y sobre el que se han experimentado diversas transformaciones, aunque ninguna de la importancia de ésta.

El nuevo Montero no conserva absolutamente nada de la anterior generación. Para empezar, abandona su chasis de largeros y emplea desde ahora un moderno chasis monocasco que permite muchas más posibilidades a la hora de diseñar un coche de buen comportamiento en carretera. Las dimensiones también son diferentes: la versión corta, la más necesitada de centímetros, ha crecido nada menos que 16 cm, hasta quedarse en los 4,22 metros; la carrocería de 5 puertas, ya suficientemente larga en su predecesor, tan sólo lo hace en 5,5 cm. De todas formas, lo más destacable es el incremento de la anchura en 9 y 10 cm respectivamente para quedarse ambas versiones en 1,875 metros, lo que las convierte en las más anchas del mercado, únicamente superadas por el Toyota HDJ100 y el Land Rover Discovery.

Esta anchura, además de repercutir en su comportamiento como veremos más adelante, ha permitido que su habitáculo sea mucho más amplio. Asientos muy ergonómicos —diferentes para versiones larga y corta, siendo más envolventes en este último—, aunque sin la posibilidad de regularlo en altura (sólo en inclinación de banqueta), pero que, aun así, permiten una postura muy cómoda y bastante alta, para recordarnos que estamos sobre un todo terreno. Y eso que ahora el coche es 5 cm más bajo.

El salpicadero también es algo a destacar: pierde los tres indicadores de brújula, inclinómetro y barómetro y a cambio cuenta con una pantalla multifunción en la parte superior de la consola central y una instrumentación caracterizada por cuatro pequeños indicadores redondos en el centro. Pero esto no deja de ser anecdótico, si se compara con la impecable realización del salpicadero del coche y, en general, de la calidad general del interior. Su habitáculo ha sido diseñado con un gran sentido práctico. Por ejemplo, la carrocería de cinco puertas ofrece una tercera fila de asientos muy bien pensada, ya que está totalmente camuflada bajo el piso del maletero y para extraerla y colocarla se tardan unos pocos segundos y, lo más importante, sin ningún esfuerzo. Esta fila es útil para niños y se puede acceder muy cómodamente desde las puertas laterales traseras, ya que los asientos traseros se pueden abatir también sin ningún esfuerzo.

La fiebre de los TT «light», tipo Honda CR-V y derivados, ha provocado que el mundo del todo terreno haya experimentado una metamorfosis un tanto especial. Ofrecer un comportamiento en carretera lo más satisfactorio y cercano posible al de un turismo convencional comienza a ser una premisa fundamental. Sin embargo, esto siempre conlleva perder aptitudes en campo o, por lo menos, eso creíamos hasta ahora. Porque, en Mitsubishi, tenían claro que su nuevo Montero debía mejorar muchos enteros sobre el asfalto, pero sin que ello supusiera perder ni un ápice de las cualidades «off-road» que tan famoso han hecho a anteriores generaciones Montero. De ahí la importancia y la dificultad del proyecto de renovación del TT que Mitsubishi tiene en el mercado desde 1982 y sobre el que se han experimentado diversas transformaciones, aunque ninguna de la importancia de ésta.

El nuevo Montero no conserva absolutamente nada de la anterior generación. Para empezar, abandona su chasis de largeros y emplea desde ahora un moderno chasis monocasco que permite muchas más posibilidades a la hora de diseñar un coche de buen comportamiento en carretera. Las dimensiones también son diferentes: la versión corta, la más necesitada de centímetros, ha crecido nada menos que 16 cm, hasta quedarse en los 4,22 metros; la carrocería de 5 puertas, ya suficientemente larga en su predecesor, tan sólo lo hace en 5,5 cm. De todas formas, lo más destacable es el incremento de la anchura en 9 y 10 cm respectivamente para quedarse ambas versiones en 1,875 metros, lo que las convierte en las más anchas del mercado, únicamente superadas por el Toyota HDJ100 y el Land Rover Discovery.

Esta anchura, además de repercutir en su comportamiento como veremos más adelante, ha permitido que su habitáculo sea mucho más amplio. Asientos muy ergonómicos —diferentes para versiones larga y corta, siendo más envolventes en este último—, aunque sin la posibilidad de regularlo en altura (sólo en inclinación de banqueta), pero que, aun así, permiten una postura muy cómoda y bastante alta, para recordarnos que estamos sobre un todo terreno. Y eso que ahora el coche es 5 cm más bajo.

El salpicadero también es algo a destacar: pierde los tres indicadores de brújula, inclinómetro y barómetro y a cambio cuenta con una pantalla multifunción en la parte superior de la consola central y una instrumentación caracterizada por cuatro pequeños indicadores redondos en el centro. Pero esto no deja de ser anecdótico, si se compara con la impecable realización del salpicadero del coche y, en general, de la calidad general del interior. Su habitáculo ha sido diseñado con un gran sentido práctico. Por ejemplo, la carrocería de cinco puertas ofrece una tercera fila de asientos muy bien pensada, ya que está totalmente camuflada bajo el piso del maletero y para extraerla y colocarla se tardan unos pocos segundos y, lo más importante, sin ningún esfuerzo. Esta fila es útil para niños y se puede acceder muy cómodamente desde las puertas laterales traseras, ya que los asientos traseros se pueden abatir también sin ningún esfuerzo.

La fiebre de los TT «light», tipo Honda CR-V y derivados, ha provocado que el mundo del todo terreno haya experimentado una metamorfosis un tanto especial. Ofrecer un comportamiento en carretera lo más satisfactorio y cercano posible al de un turismo convencional comienza a ser una premisa fundamental. Sin embargo, esto siempre conlleva perder aptitudes en campo o, por lo menos, eso creíamos hasta ahora. Porque, en Mitsubishi, tenían claro que su nuevo Montero debía mejorar muchos enteros sobre el asfalto, pero sin que ello supusiera perder ni un ápice de las cualidades «off-road» que tan famoso han hecho a anteriores generaciones Montero. De ahí la importancia y la dificultad del proyecto de renovación del TT que Mitsubishi tiene en el mercado desde 1982 y sobre el que se han experimentado diversas transformaciones, aunque ninguna de la importancia de ésta.

El nuevo Montero no conserva absolutamente nada de la anterior generación. Para empezar, abandona su chasis de largeros y emplea desde ahora un moderno chasis monocasco que permite muchas más posibilidades a la hora de diseñar un coche de buen comportamiento en carretera. Las dimensiones también son diferentes: la versión corta, la más necesitada de centímetros, ha crecido nada menos que 16 cm, hasta quedarse en los 4,22 metros; la carrocería de 5 puertas, ya suficientemente larga en su predecesor, tan sólo lo hace en 5,5 cm. De todas formas, lo más destacable es el incremento de la anchura en 9 y 10 cm respectivamente para quedarse ambas versiones en 1,875 metros, lo que las convierte en las más anchas del mercado, únicamente superadas por el Toyota HDJ100 y el Land Rover Discovery.

Esta anchura, además de repercutir en su comportamiento como veremos más adelante, ha permitido que su habitáculo sea mucho más amplio. Asientos muy ergonómicos —diferentes para versiones larga y corta, siendo más envolventes en este último—, aunque sin la posibilidad de regularlo en altura (sólo en inclinación de banqueta), pero que, aun así, permiten una postura muy cómoda y bastante alta, para recordarnos que estamos sobre un todo terreno. Y eso que ahora el coche es 5 cm más bajo.

El salpicadero también es algo a destacar: pierde los tres indicadores de brújula, inclinómetro y barómetro y a cambio cuenta con una pantalla multifunción en la parte superior de la consola central y una instrumentación caracterizada por cuatro pequeños indicadores redondos en el centro. Pero esto no deja de ser anecdótico, si se compara con la impecable realización del salpicadero del coche y, en general, de la calidad general del interior. Su habitáculo ha sido diseñado con un gran sentido práctico. Por ejemplo, la carrocería de cinco puertas ofrece una tercera fila de asientos muy bien pensada, ya que está totalmente camuflada bajo el piso del maletero y para extraerla y colocarla se tardan unos pocos segundos y, lo más importante, sin ningún esfuerzo. Esta fila es útil para niños y se puede acceder muy cómodamente desde las puertas laterales traseras, ya que los asientos traseros se pueden abatir también sin ningún esfuerzo.

La fiebre de los TT «light», tipo Honda CR-V y derivados, ha provocado que el mundo del todo terreno haya experimentado una metamorfosis un tanto especial. Ofrecer un comportamiento en carretera lo más satisfactorio y cercano posible al de un turismo convencional comienza a ser una premisa fundamental. Sin embargo, esto siempre conlleva perder aptitudes en campo o, por lo menos, eso creíamos hasta ahora. Porque, en Mitsubishi, tenían claro que su nuevo Montero debía mejorar muchos enteros sobre el asfalto, pero sin que ello supusiera perder ni un ápice de las cualidades «off-road» que tan famoso han hecho a anteriores generaciones Montero. De ahí la importancia y la dificultad del proyecto de renovación del TT que Mitsubishi tiene en el mercado desde 1982 y sobre el que se han experimentado diversas transformaciones, aunque ninguna de la importancia de ésta.

El nuevo Montero no conserva absolutamente nada de la anterior generación. Para empezar, abandona su chasis de largeros y emplea desde ahora un moderno chasis monocasco que permite muchas más posibilidades a la hora de diseñar un coche de buen comportamiento en carretera. Las dimensiones también son diferentes: la versión corta, la más necesitada de centímetros, ha crecido nada menos que 16 cm, hasta quedarse en los 4,22 metros; la carrocería de 5 puertas, ya suficientemente larga en su predecesor, tan sólo lo hace en 5,5 cm. De todas formas, lo más destacable es el incremento de la anchura en 9 y 10 cm respectivamente para quedarse ambas versiones en 1,875 metros, lo que las convierte en las más anchas del mercado, únicamente superadas por el Toyota HDJ100 y el Land Rover Discovery.

Esta anchura, además de repercutir en su comportamiento como veremos más adelante, ha permitido que su habitáculo sea mucho más amplio. Asientos muy ergonómicos —diferentes para versiones larga y corta, siendo más envolventes en este último—, aunque sin la posibilidad de regularlo en altura (sólo en inclinación de banqueta), pero que, aun así, permiten una postura muy cómoda y bastante alta, para recordarnos que estamos sobre un todo terreno. Y eso que ahora el coche es 5 cm más bajo.

El salpicadero también es algo a destacar: pierde los tres indicadores de brújula, inclinómetro y barómetro y a cambio cuenta con una pantalla multifunción en la parte superior de la consola central y una instrumentación caracterizada por cuatro pequeños indicadores redondos en el centro. Pero esto no deja de ser anecdótico, si se compara con la impecable realización del salpicadero del coche y, en general, de la calidad general del interior. Su habitáculo ha sido diseñado con un gran sentido práctico. Por ejemplo, la carrocería de cinco puertas ofrece una tercera fila de asientos muy bien pensada, ya que está totalmente camuflada bajo el piso del maletero y para extraerla y colocarla se tardan unos pocos segundos y, lo más importante, sin ningún esfuerzo. Esta fila es útil para niños y se puede acceder muy cómodamente desde las puertas laterales traseras, ya que los asientos traseros se pueden abatir también sin ningún esfuerzo.

La fiebre de los TT «light», tipo Honda CR-V y derivados, ha provocado que el mundo del todo terreno haya experimentado una metamorfosis un tanto especial. Ofrecer un comportamiento en carretera lo más satisfactorio y cercano posible al de un turismo convencional comienza a ser una premisa fundamental. Sin embargo, esto siempre conlleva perder aptitudes en campo o, por lo menos, eso creíamos hasta ahora. Porque, en Mitsubishi, tenían claro que su nuevo Montero debía mejorar muchos enteros sobre el asfalto, pero sin que ello supusiera perder ni un ápice de las cualidades «off-road» que tan famoso han hecho a anteriores generaciones Montero. De ahí la importancia y la dificultad del proyecto de renovación del TT que Mitsubishi tiene en el mercado desde 1982 y sobre el que se han experimentado diversas transformaciones, aunque ninguna de la importancia de ésta.

El nuevo Montero no conserva absolutamente nada de la anterior generación. Para empezar, abandona su chasis de largeros y emplea desde ahora un moderno chasis monocasco que permite muchas más posibilidades a la hora de diseñar un coche de buen comportamiento en carretera. Las dimensiones también son diferentes: la versión corta, la más necesitada de centímetros, ha crecido nada menos que 16 cm, hasta quedarse en los 4,22 metros; la carrocería de 5 puertas, ya suficientemente larga en su predecesor, tan sólo lo hace en 5,5 cm. De todas formas, lo más destacable es el incremento de la anchura en 9 y 10 cm respectivamente para quedarse ambas versiones en 1,875 metros, lo que las convierte en las más anchas del mercado, únicamente superadas por el Toyota HDJ100 y el Land Rover Discovery.

Esta anchura, además de repercutir en su comportamiento como veremos más adelante, ha permitido que su habitáculo sea mucho más amplio. Asientos muy ergonómicos —diferentes para versiones larga y corta, siendo más envolventes en este último—, aunque sin la posibilidad de regularlo en altura (sólo en inclinación de banqueta), pero que, aun así, permiten una postura muy cómoda y bastante alta, para recordarnos que estamos sobre un todo terreno. Y eso que ahora el coche es 5 cm más bajo.

El salpicadero también es algo a destacar: pierde los tres indicadores de brújula, inclinómetro y barómetro y a cambio cuenta con una pantalla multifunción en la parte superior de la consola central y una instrumentación caracterizada por cuatro pequeños indicadores redondos en el centro. Pero esto no deja de ser anecdótico, si se compara con la impecable realización del salpicadero del coche y, en general, de la calidad general del interior. Su habitáculo ha sido diseñado con un gran sentido práctico. Por ejemplo, la carrocería de cinco puertas ofrece una tercera fila de asientos muy bien pensada, ya que está totalmente camuflada bajo el piso del maletero y para extraerla y colocarla se tardan unos pocos segundos y, lo más importante, sin ningún esfuerzo. Esta fila es útil para niños y se puede acceder muy cómodamente desde las puertas laterales traseras, ya que los asientos traseros se pueden abatir también sin ningún esfuerzo.

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