Renault Vel Satis

El Safrane ya tiene su relevo. El sustituto ha tardado en llegar y lo hace con un planteamiento y una estética inusuales entre las berlinas de alta gama. Cualidades de funcionamiento, al menos, no le faltan.
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Renault Vel Satis
Renault Vel Satis

Un enorme butacón nos recibe al entrar. Un asiento que incluye el propio cinturón de seguridad, cuyo cuero perforado para mejorar la ventilación y las propias costuras de la banqueta nos recuerdan al anterior Mercedes SL. En la penumbra interior dos minúsculos hilos de luz roja surgen del techo sobre la consola central, al más puro estilo Audi o BMW, para dar calidez a las dos plazas delanteras. No es casualidad, Renault quiere mirar de tú a tú a los versados fabricantes alemanes en un campo, el de las berlinas de gama alta, que dominan.

Construido en la misma planta que el Laguna, el Vel Satis es la interpretación del lujo por Renault. Un lujo con más rigor que el aportado por el Avantime y que el responsable de ingeniería de Renault justifica con que «más allá de la propia producción, tienen orígenes y una genética distintas». Aquí la llave es de tipo tarjeta, el cambio automático, el arranque por botón, cuenta con sensor de presión en los neumáticos y cada fila de asientos tiene su puerta. Una puerta alta, a la medida de la elevada posición que tienen en el habitáculo los ocupantes, que se sientan algo por debajo de un Scénic, pero 13 centímetros por encima de la media de la categoría, según Renault. Y es que, como sugieren las imágenes, el Vel Satis se aleja de las formas de las berlinas tradicionales tricuerpo y se acerca a las de los monovolúmenes. Circunstancia que ha permitido conservar el portón trasero, que tan buena acogida tiene entre los compradores franceses, gama alta incluida. Cajones en las puertas, bajo los asientos, entre los asientos delanteros, entre el airbag y la guantera… ¿alguien dudaba de la experiencia que aporta fabricar monovolúmenes a la hora de buscar practicidad?

La unidad que tenemos entre manos es la Initiale, la más cuidada, y nos rodean adornos de marquetería, pero también un salpicadero con un tacto de materiales, unos colores y unos ajustes dignos de elogio. Los revestimientos de cuero de las puertas y los acolchados son irreprochables. Un claro contraste con la carátula del navegador opcional —idéntica al de cualquier modelo de la marca— hábilmente dotada, eso sí, de una cubierta escamoteable. Lo que ensombrece un coche que se dice hecho alrededor de un habitáculo es no cuidar el mínimo detalle interior y conservar unos mandos de la columna de dirección procedentes del Laguna, nada integrados en el cuidado ambiente con su color negro de siempre y sus mismas rebabas.

Un enorme butacón nos recibe al entrar. Un asiento que incluye el propio cinturón de seguridad, cuyo cuero perforado para mejorar la ventilación y las propias costuras de la banqueta nos recuerdan al anterior Mercedes SL. En la penumbra interior dos minúsculos hilos de luz roja surgen del techo sobre la consola central, al más puro estilo Audi o BMW, para dar calidez a las dos plazas delanteras. No es casualidad, Renault quiere mirar de tú a tú a los versados fabricantes alemanes en un campo, el de las berlinas de gama alta, que dominan.

Construido en la misma planta que el Laguna, el Vel Satis es la interpretación del lujo por Renault. Un lujo con más rigor que el aportado por el Avantime y que el responsable de ingeniería de Renault justifica con que «más allá de la propia producción, tienen orígenes y una genética distintas». Aquí la llave es de tipo tarjeta, el cambio automático, el arranque por botón, cuenta con sensor de presión en los neumáticos y cada fila de asientos tiene su puerta. Una puerta alta, a la medida de la elevada posición que tienen en el habitáculo los ocupantes, que se sientan algo por debajo de un Scénic, pero 13 centímetros por encima de la media de la categoría, según Renault. Y es que, como sugieren las imágenes, el Vel Satis se aleja de las formas de las berlinas tradicionales tricuerpo y se acerca a las de los monovolúmenes. Circunstancia que ha permitido conservar el portón trasero, que tan buena acogida tiene entre los compradores franceses, gama alta incluida. Cajones en las puertas, bajo los asientos, entre los asientos delanteros, entre el airbag y la guantera… ¿alguien dudaba de la experiencia que aporta fabricar monovolúmenes a la hora de buscar practicidad?

La unidad que tenemos entre manos es la Initiale, la más cuidada, y nos rodean adornos de marquetería, pero también un salpicadero con un tacto de materiales, unos colores y unos ajustes dignos de elogio. Los revestimientos de cuero de las puertas y los acolchados son irreprochables. Un claro contraste con la carátula del navegador opcional —idéntica al de cualquier modelo de la marca— hábilmente dotada, eso sí, de una cubierta escamoteable. Lo que ensombrece un coche que se dice hecho alrededor de un habitáculo es no cuidar el mínimo detalle interior y conservar unos mandos de la columna de dirección procedentes del Laguna, nada integrados en el cuidado ambiente con su color negro de siempre y sus mismas rebabas.

Un enorme butacón nos recibe al entrar. Un asiento que incluye el propio cinturón de seguridad, cuyo cuero perforado para mejorar la ventilación y las propias costuras de la banqueta nos recuerdan al anterior Mercedes SL. En la penumbra interior dos minúsculos hilos de luz roja surgen del techo sobre la consola central, al más puro estilo Audi o BMW, para dar calidez a las dos plazas delanteras. No es casualidad, Renault quiere mirar de tú a tú a los versados fabricantes alemanes en un campo, el de las berlinas de gama alta, que dominan.

Construido en la misma planta que el Laguna, el Vel Satis es la interpretación del lujo por Renault. Un lujo con más rigor que el aportado por el Avantime y que el responsable de ingeniería de Renault justifica con que «más allá de la propia producción, tienen orígenes y una genética distintas». Aquí la llave es de tipo tarjeta, el cambio automático, el arranque por botón, cuenta con sensor de presión en los neumáticos y cada fila de asientos tiene su puerta. Una puerta alta, a la medida de la elevada posición que tienen en el habitáculo los ocupantes, que se sientan algo por debajo de un Scénic, pero 13 centímetros por encima de la media de la categoría, según Renault. Y es que, como sugieren las imágenes, el Vel Satis se aleja de las formas de las berlinas tradicionales tricuerpo y se acerca a las de los monovolúmenes. Circunstancia que ha permitido conservar el portón trasero, que tan buena acogida tiene entre los compradores franceses, gama alta incluida. Cajones en las puertas, bajo los asientos, entre los asientos delanteros, entre el airbag y la guantera… ¿alguien dudaba de la experiencia que aporta fabricar monovolúmenes a la hora de buscar practicidad?

La unidad que tenemos entre manos es la Initiale, la más cuidada, y nos rodean adornos de marquetería, pero también un salpicadero con un tacto de materiales, unos colores y unos ajustes dignos de elogio. Los revestimientos de cuero de las puertas y los acolchados son irreprochables. Un claro contraste con la carátula del navegador opcional —idéntica al de cualquier modelo de la marca— hábilmente dotada, eso sí, de una cubierta escamoteable. Lo que ensombrece un coche que se dice hecho alrededor de un habitáculo es no cuidar el mínimo detalle interior y conservar unos mandos de la columna de dirección procedentes del Laguna, nada integrados en el cuidado ambiente con su color negro de siempre y sus mismas rebabas.

Un enorme butacón nos recibe al entrar. Un asiento que incluye el propio cinturón de seguridad, cuyo cuero perforado para mejorar la ventilación y las propias costuras de la banqueta nos recuerdan al anterior Mercedes SL. En la penumbra interior dos minúsculos hilos de luz roja surgen del techo sobre la consola central, al más puro estilo Audi o BMW, para dar calidez a las dos plazas delanteras. No es casualidad, Renault quiere mirar de tú a tú a los versados fabricantes alemanes en un campo, el de las berlinas de gama alta, que dominan.

Construido en la misma planta que el Laguna, el Vel Satis es la interpretación del lujo por Renault. Un lujo con más rigor que el aportado por el Avantime y que el responsable de ingeniería de Renault justifica con que «más allá de la propia producción, tienen orígenes y una genética distintas». Aquí la llave es de tipo tarjeta, el cambio automático, el arranque por botón, cuenta con sensor de presión en los neumáticos y cada fila de asientos tiene su puerta. Una puerta alta, a la medida de la elevada posición que tienen en el habitáculo los ocupantes, que se sientan algo por debajo de un Scénic, pero 13 centímetros por encima de la media de la categoría, según Renault. Y es que, como sugieren las imágenes, el Vel Satis se aleja de las formas de las berlinas tradicionales tricuerpo y se acerca a las de los monovolúmenes. Circunstancia que ha permitido conservar el portón trasero, que tan buena acogida tiene entre los compradores franceses, gama alta incluida. Cajones en las puertas, bajo los asientos, entre los asientos delanteros, entre el airbag y la guantera… ¿alguien dudaba de la experiencia que aporta fabricar monovolúmenes a la hora de buscar practicidad?

La unidad que tenemos entre manos es la Initiale, la más cuidada, y nos rodean adornos de marquetería, pero también un salpicadero con un tacto de materiales, unos colores y unos ajustes dignos de elogio. Los revestimientos de cuero de las puertas y los acolchados son irreprochables. Un claro contraste con la carátula del navegador opcional —idéntica al de cualquier modelo de la marca— hábilmente dotada, eso sí, de una cubierta escamoteable. Lo que ensombrece un coche que se dice hecho alrededor de un habitáculo es no cuidar el mínimo detalle interior y conservar unos mandos de la columna de dirección procedentes del Laguna, nada integrados en el cuidado ambiente con su color negro de siempre y sus mismas rebabas.

Un enorme butacón nos recibe al entrar. Un asiento que incluye el propio cinturón de seguridad, cuyo cuero perforado para mejorar la ventilación y las propias costuras de la banqueta nos recuerdan al anterior Mercedes SL. En la penumbra interior dos minúsculos hilos de luz roja surgen del techo sobre la consola central, al más puro estilo Audi o BMW, para dar calidez a las dos plazas delanteras. No es casualidad, Renault quiere mirar de tú a tú a los versados fabricantes alemanes en un campo, el de las berlinas de gama alta, que dominan.

Construido en la misma planta que el Laguna, el Vel Satis es la interpretación del lujo por Renault. Un lujo con más rigor que el aportado por el Avantime y que el responsable de ingeniería de Renault justifica con que «más allá de la propia producción, tienen orígenes y una genética distintas». Aquí la llave es de tipo tarjeta, el cambio automático, el arranque por botón, cuenta con sensor de presión en los neumáticos y cada fila de asientos tiene su puerta. Una puerta alta, a la medida de la elevada posición que tienen en el habitáculo los ocupantes, que se sientan algo por debajo de un Scénic, pero 13 centímetros por encima de la media de la categoría, según Renault. Y es que, como sugieren las imágenes, el Vel Satis se aleja de las formas de las berlinas tradicionales tricuerpo y se acerca a las de los monovolúmenes. Circunstancia que ha permitido conservar el portón trasero, que tan buena acogida tiene entre los compradores franceses, gama alta incluida. Cajones en las puertas, bajo los asientos, entre los asientos delanteros, entre el airbag y la guantera… ¿alguien dudaba de la experiencia que aporta fabricar monovolúmenes a la hora de buscar practicidad?

La unidad que tenemos entre manos es la Initiale, la más cuidada, y nos rodean adornos de marquetería, pero también un salpicadero con un tacto de materiales, unos colores y unos ajustes dignos de elogio. Los revestimientos de cuero de las puertas y los acolchados son irreprochables. Un claro contraste con la carátula del navegador opcional —idéntica al de cualquier modelo de la marca— hábilmente dotada, eso sí, de una cubierta escamoteable. Lo que ensombrece un coche que se dice hecho alrededor de un habitáculo es no cuidar el mínimo detalle interior y conservar unos mandos de la columna de dirección procedentes del Laguna, nada integrados en el cuidado ambiente con su color negro de siempre y sus mismas rebabas.

Un enorme butacón nos recibe al entrar. Un asiento que incluye el propio cinturón de seguridad, cuyo cuero perforado para mejorar la ventilación y las propias costuras de la banqueta nos recuerdan al anterior Mercedes SL. En la penumbra interior dos minúsculos hilos de luz roja surgen del techo sobre la consola central, al más puro estilo Audi o BMW, para dar calidez a las dos plazas delanteras. No es casualidad, Renault quiere mirar de tú a tú a los versados fabricantes alemanes en un campo, el de las berlinas de gama alta, que dominan.

Construido en la misma planta que el Laguna, el Vel Satis es la interpretación del lujo por Renault. Un lujo con más rigor que el aportado por el Avantime y que el responsable de ingeniería de Renault justifica con que «más allá de la propia producción, tienen orígenes y una genética distintas». Aquí la llave es de tipo tarjeta, el cambio automático, el arranque por botón, cuenta con sensor de presión en los neumáticos y cada fila de asientos tiene su puerta. Una puerta alta, a la medida de la elevada posición que tienen en el habitáculo los ocupantes, que se sientan algo por debajo de un Scénic, pero 13 centímetros por encima de la media de la categoría, según Renault. Y es que, como sugieren las imágenes, el Vel Satis se aleja de las formas de las berlinas tradicionales tricuerpo y se acerca a las de los monovolúmenes. Circunstancia que ha permitido conservar el portón trasero, que tan buena acogida tiene entre los compradores franceses, gama alta incluida. Cajones en las puertas, bajo los asientos, entre los asientos delanteros, entre el airbag y la guantera… ¿alguien dudaba de la experiencia que aporta fabricar monovolúmenes a la hora de buscar practicidad?

La unidad que tenemos entre manos es la Initiale, la más cuidada, y nos rodean adornos de marquetería, pero también un salpicadero con un tacto de materiales, unos colores y unos ajustes dignos de elogio. Los revestimientos de cuero de las puertas y los acolchados son irreprochables. Un claro contraste con la carátula del navegador opcional —idéntica al de cualquier modelo de la marca— hábilmente dotada, eso sí, de una cubierta escamoteable. Lo que ensombrece un coche que se dice hecho alrededor de un habitáculo es no cuidar el mínimo detalle interior y conservar unos mandos de la columna de dirección procedentes del Laguna, nada integrados en el cuidado ambiente con su color negro de siempre y sus mismas rebabas.

Un enorme butacón nos recibe al entrar. Un asiento que incluye el propio cinturón de seguridad, cuyo cuero perforado para mejorar la ventilación y las propias costuras de la banqueta nos recuerdan al anterior Mercedes SL. En la penumbra interior dos minúsculos hilos de luz roja surgen del techo sobre la consola central, al más puro estilo Audi o BMW, para dar calidez a las dos plazas delanteras. No es casualidad, Renault quiere mirar de tú a tú a los versados fabricantes alemanes en un campo, el de las berlinas de gama alta, que dominan.

Construido en la misma planta que el Laguna, el Vel Satis es la interpretación del lujo por Renault. Un lujo con más rigor que el aportado por el Avantime y que el responsable de ingeniería de Renault justifica con que «más allá de la propia producción, tienen orígenes y una genética distintas». Aquí la llave es de tipo tarjeta, el cambio automático, el arranque por botón, cuenta con sensor de presión en los neumáticos y cada fila de asientos tiene su puerta. Una puerta alta, a la medida de la elevada posición que tienen en el habitáculo los ocupantes, que se sientan algo por debajo de un Scénic, pero 13 centímetros por encima de la media de la categoría, según Renault. Y es que, como sugieren las imágenes, el Vel Satis se aleja de las formas de las berlinas tradicionales tricuerpo y se acerca a las de los monovolúmenes. Circunstancia que ha permitido conservar el portón trasero, que tan buena acogida tiene entre los compradores franceses, gama alta incluida. Cajones en las puertas, bajo los asientos, entre los asientos delanteros, entre el airbag y la guantera… ¿alguien dudaba de la experiencia que aporta fabricar monovolúmenes a la hora de buscar practicidad?

La unidad que tenemos entre manos es la Initiale, la más cuidada, y nos rodean adornos de marquetería, pero también un salpicadero con un tacto de materiales, unos colores y unos ajustes dignos de elogio. Los revestimientos de cuero de las puertas y los acolchados son irreprochables. Un claro contraste con la carátula del navegador opcional —idéntica al de cualquier modelo de la marca— hábilmente dotada, eso sí, de una cubierta escamoteable. Lo que ensombrece un coche que se dice hecho alrededor de un habitáculo es no cuidar el mínimo detalle interior y conservar unos mandos de la columna de dirección procedentes del Laguna, nada integrados en el cuidado ambiente con su color negro de siempre y sus mismas rebabas.

Un enorme butacón nos recibe al entrar. Un asiento que incluye el propio cinturón de seguridad, cuyo cuero perforado para mejorar la ventilación y las propias costuras de la banqueta nos recuerdan al anterior Mercedes SL. En la penumbra interior dos minúsculos hilos de luz roja surgen del techo sobre la consola central, al más puro estilo Audi o BMW, para dar calidez a las dos plazas delanteras. No es casualidad, Renault quiere mirar de tú a tú a los versados fabricantes alemanes en un campo, el de las berlinas de gama alta, que dominan.

Construido en la misma planta que el Laguna, el Vel Satis es la interpretación del lujo por Renault. Un lujo con más rigor que el aportado por el Avantime y que el responsable de ingeniería de Renault justifica con que «más allá de la propia producción, tienen orígenes y una genética distintas». Aquí la llave es de tipo tarjeta, el cambio automático, el arranque por botón, cuenta con sensor de presión en los neumáticos y cada fila de asientos tiene su puerta. Una puerta alta, a la medida de la elevada posición que tienen en el habitáculo los ocupantes, que se sientan algo por debajo de un Scénic, pero 13 centímetros por encima de la media de la categoría, según Renault. Y es que, como sugieren las imágenes, el Vel Satis se aleja de las formas de las berlinas tradicionales tricuerpo y se acerca a las de los monovolúmenes. Circunstancia que ha permitido conservar el portón trasero, que tan buena acogida tiene entre los compradores franceses, gama alta incluida. Cajones en las puertas, bajo los asientos, entre los asientos delanteros, entre el airbag y la guantera… ¿alguien dudaba de la experiencia que aporta fabricar monovolúmenes a la hora de buscar practicidad?

La unidad que tenemos entre manos es la Initiale, la más cuidada, y nos rodean adornos de marquetería, pero también un salpicadero con un tacto de materiales, unos colores y unos ajustes dignos de elogio. Los revestimientos de cuero de las puertas y los acolchados son irreprochables. Un claro contraste con la carátula del navegador opcional —idéntica al de cualquier modelo de la marca— hábilmente dotada, eso sí, de una cubierta escamoteable. Lo que ensombrece un coche que se dice hecho alrededor de un habitáculo es no cuidar el mínimo detalle interior y conservar unos mandos de la columna de dirección procedentes del Laguna, nada integrados en el cuidado ambiente con su color negro de siempre y sus mismas rebabas.

Un enorme butacón nos recibe al entrar. Un asiento que incluye el propio cinturón de seguridad, cuyo cuero perforado para mejorar la ventilación y las propias costuras de la banqueta nos recuerdan al anterior Mercedes SL. En la penumbra interior dos minúsculos hilos de luz roja surgen del techo sobre la consola central, al más puro estilo Audi o BMW, para dar calidez a las dos plazas delanteras. No es casualidad, Renault quiere mirar de tú a tú a los versados fabricantes alemanes en un campo, el de las berlinas de gama alta, que dominan.

Construido en la misma planta que el Laguna, el Vel Satis es la interpretación del lujo por Renault. Un lujo con más rigor que el aportado por el Avantime y que el responsable de ingeniería de Renault justifica con que «más allá de la propia producción, tienen orígenes y una genética distintas». Aquí la llave es de tipo tarjeta, el cambio automático, el arranque por botón, cuenta con sensor de presión en los neumáticos y cada fila de asientos tiene su puerta. Una puerta alta, a la medida de la elevada posición que tienen en el habitáculo los ocupantes, que se sientan algo por debajo de un Scénic, pero 13 centímetros por encima de la media de la categoría, según Renault. Y es que, como sugieren las imágenes, el Vel Satis se aleja de las formas de las berlinas tradicionales tricuerpo y se acerca a las de los monovolúmenes. Circunstancia que ha permitido conservar el portón trasero, que tan buena acogida tiene entre los compradores franceses, gama alta incluida. Cajones en las puertas, bajo los asientos, entre los asientos delanteros, entre el airbag y la guantera… ¿alguien dudaba de la experiencia que aporta fabricar monovolúmenes a la hora de buscar practicidad?

La unidad que tenemos entre manos es la Initiale, la más cuidada, y nos rodean adornos de marquetería, pero también un salpicadero con un tacto de materiales, unos colores y unos ajustes dignos de elogio. Los revestimientos de cuero de las puertas y los acolchados son irreprochables. Un claro contraste con la carátula del navegador opcional —idéntica al de cualquier modelo de la marca— hábilmente dotada, eso sí, de una cubierta escamoteable. Lo que ensombrece un coche que se dice hecho alrededor de un habitáculo es no cuidar el mínimo detalle interior y conservar unos mandos de la columna de dirección procedentes del Laguna, nada integrados en el cuidado ambiente con su color negro de siempre y sus mismas rebabas.

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