Contacto: Mercedes Clase E

Cada nuevo Clase E es una revolución y un reto en el seno de Mercedes. Se trata del pilar de la marca y nada puede fallar. Con este modelo, Mercedes hace el coche que mejor sabe hacer.
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La renovación del Mercedes Clase E es el mayor acontecimiento en Mercedes. No hay límite de presupuesto para su desarrollo y se trata de conseguir el mejor coche que la marca puede hacer». Así nos lo anunciaba el jefe de desarrollo del producto, Bernd Harloff. Y es que se trata la berlina de lujo más vendida del mundo y la más importante para la marca.

Esta generación, la quinta, incorpora importantes innovaciones técnicas en su segmento heredadas de la Clase S y del SL. Podrá disponer de suspensión neumática, frenos electrohidráulicos y novedades como los asientos delanteros de contorno variable activo. Se ofrecerá, al principio de su vida comercial, con cinco motores ya conocidos: tres de gasolina y dos Diesel.

Las mecánicas de gasolina comienzan por el E 240, que ve incrementada la potencia de 170 a 177 CV. La unidad que pudimos conducir en la toma de contacto contaba con caja automática, que ahora bloquea el convertidor en todas las marchas y mejora la respuesta al acelerador reduciendo el consumo. Lo cierto es que esperábamos una versión básica más modesta de lo que demuestra por carretera. Responde con suficiente alegría y no se muestra lento o torpe, constituyendo un mínimo muy razonable e incluso recomendable. Para viajar por autopista nos permite hacerlo a ritmos elevados y recuperar la velocidad de crucero con relativa rapidez.

La sensación contraria nos proporcionó el E320 de 224 CV. No es que sea más lento que el 240, por supuesto, pero sobre el papel debía ser un vehículo con sensaciones impresionantes y se queda en un turismo rápido, muy rápido si se quiere, pero nada llamativo ni espectacular.

Para obtener las mejores sensaciones hay que saltar al E500. El único motor nuevo que llega a la Clase E en sustitución del E430. Nuevo en el modelo, aunque conocido de otros de la marca. Sus 306 CV resultan difíciles de mantener ocultos y la respuesta al acelerador tiene una contundencia notable. Además suena de maravilla.

La renovación del Mercedes Clase E es el mayor acontecimiento en Mercedes. No hay límite de presupuesto para su desarrollo y se trata de conseguir el mejor coche que la marca puede hacer». Así nos lo anunciaba el jefe de desarrollo del producto, Bernd Harloff. Y es que se trata la berlina de lujo más vendida del mundo y la más importante para la marca.

Esta generación, la quinta, incorpora importantes innovaciones técnicas en su segmento heredadas de la Clase S y del SL. Podrá disponer de suspensión neumática, frenos electrohidráulicos y novedades como los asientos delanteros de contorno variable activo. Se ofrecerá, al principio de su vida comercial, con cinco motores ya conocidos: tres de gasolina y dos Diesel.

Las mecánicas de gasolina comienzan por el E 240, que ve incrementada la potencia de 170 a 177 CV. La unidad que pudimos conducir en la toma de contacto contaba con caja automática, que ahora bloquea el convertidor en todas las marchas y mejora la respuesta al acelerador reduciendo el consumo. Lo cierto es que esperábamos una versión básica más modesta de lo que demuestra por carretera. Responde con suficiente alegría y no se muestra lento o torpe, constituyendo un mínimo muy razonable e incluso recomendable. Para viajar por autopista nos permite hacerlo a ritmos elevados y recuperar la velocidad de crucero con relativa rapidez.

La sensación contraria nos proporcionó el E320 de 224 CV. No es que sea más lento que el 240, por supuesto, pero sobre el papel debía ser un vehículo con sensaciones impresionantes y se queda en un turismo rápido, muy rápido si se quiere, pero nada llamativo ni espectacular.

Para obtener las mejores sensaciones hay que saltar al E500. El único motor nuevo que llega a la Clase E en sustitución del E430. Nuevo en el modelo, aunque conocido de otros de la marca. Sus 306 CV resultan difíciles de mantener ocultos y la respuesta al acelerador tiene una contundencia notable. Además suena de maravilla.

La renovación del Mercedes Clase E es el mayor acontecimiento en Mercedes. No hay límite de presupuesto para su desarrollo y se trata de conseguir el mejor coche que la marca puede hacer». Así nos lo anunciaba el jefe de desarrollo del producto, Bernd Harloff. Y es que se trata la berlina de lujo más vendida del mundo y la más importante para la marca.

Esta generación, la quinta, incorpora importantes innovaciones técnicas en su segmento heredadas de la Clase S y del SL. Podrá disponer de suspensión neumática, frenos electrohidráulicos y novedades como los asientos delanteros de contorno variable activo. Se ofrecerá, al principio de su vida comercial, con cinco motores ya conocidos: tres de gasolina y dos Diesel.

Las mecánicas de gasolina comienzan por el E 240, que ve incrementada la potencia de 170 a 177 CV. La unidad que pudimos conducir en la toma de contacto contaba con caja automática, que ahora bloquea el convertidor en todas las marchas y mejora la respuesta al acelerador reduciendo el consumo. Lo cierto es que esperábamos una versión básica más modesta de lo que demuestra por carretera. Responde con suficiente alegría y no se muestra lento o torpe, constituyendo un mínimo muy razonable e incluso recomendable. Para viajar por autopista nos permite hacerlo a ritmos elevados y recuperar la velocidad de crucero con relativa rapidez.

La sensación contraria nos proporcionó el E320 de 224 CV. No es que sea más lento que el 240, por supuesto, pero sobre el papel debía ser un vehículo con sensaciones impresionantes y se queda en un turismo rápido, muy rápido si se quiere, pero nada llamativo ni espectacular.

Para obtener las mejores sensaciones hay que saltar al E500. El único motor nuevo que llega a la Clase E en sustitución del E430. Nuevo en el modelo, aunque conocido de otros de la marca. Sus 306 CV resultan difíciles de mantener ocultos y la respuesta al acelerador tiene una contundencia notable. Además suena de maravilla.

La renovación del Mercedes Clase E es el mayor acontecimiento en Mercedes. No hay límite de presupuesto para su desarrollo y se trata de conseguir el mejor coche que la marca puede hacer». Así nos lo anunciaba el jefe de desarrollo del producto, Bernd Harloff. Y es que se trata la berlina de lujo más vendida del mundo y la más importante para la marca.

Esta generación, la quinta, incorpora importantes innovaciones técnicas en su segmento heredadas de la Clase S y del SL. Podrá disponer de suspensión neumática, frenos electrohidráulicos y novedades como los asientos delanteros de contorno variable activo. Se ofrecerá, al principio de su vida comercial, con cinco motores ya conocidos: tres de gasolina y dos Diesel.

Las mecánicas de gasolina comienzan por el E 240, que ve incrementada la potencia de 170 a 177 CV. La unidad que pudimos conducir en la toma de contacto contaba con caja automática, que ahora bloquea el convertidor en todas las marchas y mejora la respuesta al acelerador reduciendo el consumo. Lo cierto es que esperábamos una versión básica más modesta de lo que demuestra por carretera. Responde con suficiente alegría y no se muestra lento o torpe, constituyendo un mínimo muy razonable e incluso recomendable. Para viajar por autopista nos permite hacerlo a ritmos elevados y recuperar la velocidad de crucero con relativa rapidez.

La sensación contraria nos proporcionó el E320 de 224 CV. No es que sea más lento que el 240, por supuesto, pero sobre el papel debía ser un vehículo con sensaciones impresionantes y se queda en un turismo rápido, muy rápido si se quiere, pero nada llamativo ni espectacular.

Para obtener las mejores sensaciones hay que saltar al E500. El único motor nuevo que llega a la Clase E en sustitución del E430. Nuevo en el modelo, aunque conocido de otros de la marca. Sus 306 CV resultan difíciles de mantener ocultos y la respuesta al acelerador tiene una contundencia notable. Además suena de maravilla.

La renovación del Mercedes Clase E es el mayor acontecimiento en Mercedes. No hay límite de presupuesto para su desarrollo y se trata de conseguir el mejor coche que la marca puede hacer». Así nos lo anunciaba el jefe de desarrollo del producto, Bernd Harloff. Y es que se trata la berlina de lujo más vendida del mundo y la más importante para la marca.

Esta generación, la quinta, incorpora importantes innovaciones técnicas en su segmento heredadas de la Clase S y del SL. Podrá disponer de suspensión neumática, frenos electrohidráulicos y novedades como los asientos delanteros de contorno variable activo. Se ofrecerá, al principio de su vida comercial, con cinco motores ya conocidos: tres de gasolina y dos Diesel.

Las mecánicas de gasolina comienzan por el E 240, que ve incrementada la potencia de 170 a 177 CV. La unidad que pudimos conducir en la toma de contacto contaba con caja automática, que ahora bloquea el convertidor en todas las marchas y mejora la respuesta al acelerador reduciendo el consumo. Lo cierto es que esperábamos una versión básica más modesta de lo que demuestra por carretera. Responde con suficiente alegría y no se muestra lento o torpe, constituyendo un mínimo muy razonable e incluso recomendable. Para viajar por autopista nos permite hacerlo a ritmos elevados y recuperar la velocidad de crucero con relativa rapidez.

La sensación contraria nos proporcionó el E320 de 224 CV. No es que sea más lento que el 240, por supuesto, pero sobre el papel debía ser un vehículo con sensaciones impresionantes y se queda en un turismo rápido, muy rápido si se quiere, pero nada llamativo ni espectacular.

Para obtener las mejores sensaciones hay que saltar al E500. El único motor nuevo que llega a la Clase E en sustitución del E430. Nuevo en el modelo, aunque conocido de otros de la marca. Sus 306 CV resultan difíciles de mantener ocultos y la respuesta al acelerador tiene una contundencia notable. Además suena de maravilla.

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