Contacto: Mercedes CLK

Mercedes renueva su coupé más vendido. Y lo hace a lo grande. El nuevo CLK hereda dispositivos de seguridad, confort y estética de sus productos más recientes: el SL y el Clase E.
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Es más bonito de lo que parece en las fotografías. Su estética es una mezcla del CL, SL y el Clase E. Y eso que lo que realmente esconde es un Clase C, del cual toma la plataforma. Evidentemente la base ha recibido numerosos retoques para adaptarlo a la carrocería coupé, incluyendo una nueva suspensión delantera con un triángulo inferior.

Lo cierto es que el CLK tiene su propia personalidad, resultando 11,2 centímetros más largo que un Clase C y 18 más corto que el nuevo E. Con respecto al CLK anterior crece 7,1 centímetros, con 2,5 más de batalla. Más grande en todas sus cotas, el nuevo CLK parece un coche más refinado y quizá menos estilizado, con la particularidad de no contar con pilar central, de forma que al bajar las ventanillas delanteras y traseras queda un hueco limpio. Algo aparentemente sencillo, pero que en realidad exige un esfuerzo para mantener la rigidez. La papeleta se ha solventado empleando un 40 por ciento más de acero de alta resistencia. Esto también ha permitido disponer de asientos abatibles en la parte trasera, algo que se estrenó en el Clase E y parece que va a continuar en todas las berlinas futuras.

Del Clase E también recibe algunos de los elementos de equipamiento —opcional o de serie según versiones— como el climatizador Thermotronic, con ventilación adicional para las plazas traseras y sensor solar, airbags de dos fases con medidor de peso en el asiento del acompañante y los módulos de deformación sustituibles para los pequeños golpes de hasta 15 km/h.

También encontramos ciertos parentescos con el Clase E, como el cuadro de instrumentos con volante de diseño específico o la manilla electrónica de las puertas. El interior, con materiales y ajustes a los que Mercedes nos tiene acostumbrados —es decir, excelentes—, está configurado como un cuatro plazas. El acceso a las delanteras, obviamente, no tiene dificultad y, para las traseras, se dispone del llamado sistema Easy Enter configurable desde el ordenador. Se abate y bascula, aunque no mucho, pero deja paso suficiente. Otra cosa es el espacio para los pasajeros. Desde luego una talla media alemana no cabe. Falta altura y los pies no se pueden deslizar debajo del asiento. Las tallas más menudas, en cambio, pueden sentirse bastante cómodas, porque el asiento recoge bien el cuerpo y la sensación de amplitud que dan las ventanas elimina cualquier posible sensación de claustrofobia. Disponen además de sus propios elevalunas con ventanas que bajan por completo y que también pueden manejarse desde la puerta del conductor.

Es más bonito de lo que parece en las fotografías. Su estética es una mezcla del CL, SL y el Clase E. Y eso que lo que realmente esconde es un Clase C, del cual toma la plataforma. Evidentemente la base ha recibido numerosos retoques para adaptarlo a la carrocería coupé, incluyendo una nueva suspensión delantera con un triángulo inferior.

Lo cierto es que el CLK tiene su propia personalidad, resultando 11,2 centímetros más largo que un Clase C y 18 más corto que el nuevo E. Con respecto al CLK anterior crece 7,1 centímetros, con 2,5 más de batalla. Más grande en todas sus cotas, el nuevo CLK parece un coche más refinado y quizá menos estilizado, con la particularidad de no contar con pilar central, de forma que al bajar las ventanillas delanteras y traseras queda un hueco limpio. Algo aparentemente sencillo, pero que en realidad exige un esfuerzo para mantener la rigidez. La papeleta se ha solventado empleando un 40 por ciento más de acero de alta resistencia. Esto también ha permitido disponer de asientos abatibles en la parte trasera, algo que se estrenó en el Clase E y parece que va a continuar en todas las berlinas futuras.

Del Clase E también recibe algunos de los elementos de equipamiento —opcional o de serie según versiones— como el climatizador Thermotronic, con ventilación adicional para las plazas traseras y sensor solar, airbags de dos fases con medidor de peso en el asiento del acompañante y los módulos de deformación sustituibles para los pequeños golpes de hasta 15 km/h.

También encontramos ciertos parentescos con el Clase E, como el cuadro de instrumentos con volante de diseño específico o la manilla electrónica de las puertas. El interior, con materiales y ajustes a los que Mercedes nos tiene acostumbrados —es decir, excelentes—, está configurado como un cuatro plazas. El acceso a las delanteras, obviamente, no tiene dificultad y, para las traseras, se dispone del llamado sistema Easy Enter configurable desde el ordenador. Se abate y bascula, aunque no mucho, pero deja paso suficiente. Otra cosa es el espacio para los pasajeros. Desde luego una talla media alemana no cabe. Falta altura y los pies no se pueden deslizar debajo del asiento. Las tallas más menudas, en cambio, pueden sentirse bastante cómodas, porque el asiento recoge bien el cuerpo y la sensación de amplitud que dan las ventanas elimina cualquier posible sensación de claustrofobia. Disponen además de sus propios elevalunas con ventanas que bajan por completo y que también pueden manejarse desde la puerta del conductor.

Es más bonito de lo que parece en las fotografías. Su estética es una mezcla del CL, SL y el Clase E. Y eso que lo que realmente esconde es un Clase C, del cual toma la plataforma. Evidentemente la base ha recibido numerosos retoques para adaptarlo a la carrocería coupé, incluyendo una nueva suspensión delantera con un triángulo inferior.

Lo cierto es que el CLK tiene su propia personalidad, resultando 11,2 centímetros más largo que un Clase C y 18 más corto que el nuevo E. Con respecto al CLK anterior crece 7,1 centímetros, con 2,5 más de batalla. Más grande en todas sus cotas, el nuevo CLK parece un coche más refinado y quizá menos estilizado, con la particularidad de no contar con pilar central, de forma que al bajar las ventanillas delanteras y traseras queda un hueco limpio. Algo aparentemente sencillo, pero que en realidad exige un esfuerzo para mantener la rigidez. La papeleta se ha solventado empleando un 40 por ciento más de acero de alta resistencia. Esto también ha permitido disponer de asientos abatibles en la parte trasera, algo que se estrenó en el Clase E y parece que va a continuar en todas las berlinas futuras.

Del Clase E también recibe algunos de los elementos de equipamiento —opcional o de serie según versiones— como el climatizador Thermotronic, con ventilación adicional para las plazas traseras y sensor solar, airbags de dos fases con medidor de peso en el asiento del acompañante y los módulos de deformación sustituibles para los pequeños golpes de hasta 15 km/h.

También encontramos ciertos parentescos con el Clase E, como el cuadro de instrumentos con volante de diseño específico o la manilla electrónica de las puertas. El interior, con materiales y ajustes a los que Mercedes nos tiene acostumbrados —es decir, excelentes—, está configurado como un cuatro plazas. El acceso a las delanteras, obviamente, no tiene dificultad y, para las traseras, se dispone del llamado sistema Easy Enter configurable desde el ordenador. Se abate y bascula, aunque no mucho, pero deja paso suficiente. Otra cosa es el espacio para los pasajeros. Desde luego una talla media alemana no cabe. Falta altura y los pies no se pueden deslizar debajo del asiento. Las tallas más menudas, en cambio, pueden sentirse bastante cómodas, porque el asiento recoge bien el cuerpo y la sensación de amplitud que dan las ventanas elimina cualquier posible sensación de claustrofobia. Disponen además de sus propios elevalunas con ventanas que bajan por completo y que también pueden manejarse desde la puerta del conductor.

Es más bonito de lo que parece en las fotografías. Su estética es una mezcla del CL, SL y el Clase E. Y eso que lo que realmente esconde es un Clase C, del cual toma la plataforma. Evidentemente la base ha recibido numerosos retoques para adaptarlo a la carrocería coupé, incluyendo una nueva suspensión delantera con un triángulo inferior.

Lo cierto es que el CLK tiene su propia personalidad, resultando 11,2 centímetros más largo que un Clase C y 18 más corto que el nuevo E. Con respecto al CLK anterior crece 7,1 centímetros, con 2,5 más de batalla. Más grande en todas sus cotas, el nuevo CLK parece un coche más refinado y quizá menos estilizado, con la particularidad de no contar con pilar central, de forma que al bajar las ventanillas delanteras y traseras queda un hueco limpio. Algo aparentemente sencillo, pero que en realidad exige un esfuerzo para mantener la rigidez. La papeleta se ha solventado empleando un 40 por ciento más de acero de alta resistencia. Esto también ha permitido disponer de asientos abatibles en la parte trasera, algo que se estrenó en el Clase E y parece que va a continuar en todas las berlinas futuras.

Del Clase E también recibe algunos de los elementos de equipamiento —opcional o de serie según versiones— como el climatizador Thermotronic, con ventilación adicional para las plazas traseras y sensor solar, airbags de dos fases con medidor de peso en el asiento del acompañante y los módulos de deformación sustituibles para los pequeños golpes de hasta 15 km/h.

También encontramos ciertos parentescos con el Clase E, como el cuadro de instrumentos con volante de diseño específico o la manilla electrónica de las puertas. El interior, con materiales y ajustes a los que Mercedes nos tiene acostumbrados —es decir, excelentes—, está configurado como un cuatro plazas. El acceso a las delanteras, obviamente, no tiene dificultad y, para las traseras, se dispone del llamado sistema Easy Enter configurable desde el ordenador. Se abate y bascula, aunque no mucho, pero deja paso suficiente. Otra cosa es el espacio para los pasajeros. Desde luego una talla media alemana no cabe. Falta altura y los pies no se pueden deslizar debajo del asiento. Las tallas más menudas, en cambio, pueden sentirse bastante cómodas, porque el asiento recoge bien el cuerpo y la sensación de amplitud que dan las ventanas elimina cualquier posible sensación de claustrofobia. Disponen además de sus propios elevalunas con ventanas que bajan por completo y que también pueden manejarse desde la puerta del conductor.

Es más bonito de lo que parece en las fotografías. Su estética es una mezcla del CL, SL y el Clase E. Y eso que lo que realmente esconde es un Clase C, del cual toma la plataforma. Evidentemente la base ha recibido numerosos retoques para adaptarlo a la carrocería coupé, incluyendo una nueva suspensión delantera con un triángulo inferior.

Lo cierto es que el CLK tiene su propia personalidad, resultando 11,2 centímetros más largo que un Clase C y 18 más corto que el nuevo E. Con respecto al CLK anterior crece 7,1 centímetros, con 2,5 más de batalla. Más grande en todas sus cotas, el nuevo CLK parece un coche más refinado y quizá menos estilizado, con la particularidad de no contar con pilar central, de forma que al bajar las ventanillas delanteras y traseras queda un hueco limpio. Algo aparentemente sencillo, pero que en realidad exige un esfuerzo para mantener la rigidez. La papeleta se ha solventado empleando un 40 por ciento más de acero de alta resistencia. Esto también ha permitido disponer de asientos abatibles en la parte trasera, algo que se estrenó en el Clase E y parece que va a continuar en todas las berlinas futuras.

Del Clase E también recibe algunos de los elementos de equipamiento —opcional o de serie según versiones— como el climatizador Thermotronic, con ventilación adicional para las plazas traseras y sensor solar, airbags de dos fases con medidor de peso en el asiento del acompañante y los módulos de deformación sustituibles para los pequeños golpes de hasta 15 km/h.

También encontramos ciertos parentescos con el Clase E, como el cuadro de instrumentos con volante de diseño específico o la manilla electrónica de las puertas. El interior, con materiales y ajustes a los que Mercedes nos tiene acostumbrados —es decir, excelentes—, está configurado como un cuatro plazas. El acceso a las delanteras, obviamente, no tiene dificultad y, para las traseras, se dispone del llamado sistema Easy Enter configurable desde el ordenador. Se abate y bascula, aunque no mucho, pero deja paso suficiente. Otra cosa es el espacio para los pasajeros. Desde luego una talla media alemana no cabe. Falta altura y los pies no se pueden deslizar debajo del asiento. Las tallas más menudas, en cambio, pueden sentirse bastante cómodas, porque el asiento recoge bien el cuerpo y la sensación de amplitud que dan las ventanas elimina cualquier posible sensación de claustrofobia. Disponen además de sus propios elevalunas con ventanas que bajan por completo y que también pueden manejarse desde la puerta del conductor.

Es más bonito de lo que parece en las fotografías. Su estética es una mezcla del CL, SL y el Clase E. Y eso que lo que realmente esconde es un Clase C, del cual toma la plataforma. Evidentemente la base ha recibido numerosos retoques para adaptarlo a la carrocería coupé, incluyendo una nueva suspensión delantera con un triángulo inferior.

Lo cierto es que el CLK tiene su propia personalidad, resultando 11,2 centímetros más largo que un Clase C y 18 más corto que el nuevo E. Con respecto al CLK anterior crece 7,1 centímetros, con 2,5 más de batalla. Más grande en todas sus cotas, el nuevo CLK parece un coche más refinado y quizá menos estilizado, con la particularidad de no contar con pilar central, de forma que al bajar las ventanillas delanteras y traseras queda un hueco limpio. Algo aparentemente sencillo, pero que en realidad exige un esfuerzo para mantener la rigidez. La papeleta se ha solventado empleando un 40 por ciento más de acero de alta resistencia. Esto también ha permitido disponer de asientos abatibles en la parte trasera, algo que se estrenó en el Clase E y parece que va a continuar en todas las berlinas futuras.

Del Clase E también recibe algunos de los elementos de equipamiento —opcional o de serie según versiones— como el climatizador Thermotronic, con ventilación adicional para las plazas traseras y sensor solar, airbags de dos fases con medidor de peso en el asiento del acompañante y los módulos de deformación sustituibles para los pequeños golpes de hasta 15 km/h.

También encontramos ciertos parentescos con el Clase E, como el cuadro de instrumentos con volante de diseño específico o la manilla electrónica de las puertas. El interior, con materiales y ajustes a los que Mercedes nos tiene acostumbrados —es decir, excelentes—, está configurado como un cuatro plazas. El acceso a las delanteras, obviamente, no tiene dificultad y, para las traseras, se dispone del llamado sistema Easy Enter configurable desde el ordenador. Se abate y bascula, aunque no mucho, pero deja paso suficiente. Otra cosa es el espacio para los pasajeros. Desde luego una talla media alemana no cabe. Falta altura y los pies no se pueden deslizar debajo del asiento. Las tallas más menudas, en cambio, pueden sentirse bastante cómodas, porque el asiento recoge bien el cuerpo y la sensación de amplitud que dan las ventanas elimina cualquier posible sensación de claustrofobia. Disponen además de sus propios elevalunas con ventanas que bajan por completo y que también pueden manejarse desde la puerta del conductor.

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