Mitsubishi Grandis 2.0 Di-D Intense

Decidida a dejar atrás sus malos momentos, Mitsubishi pisa el acelerador y amplía su oferta europea con un atractivo monovolumen, el Grandis, que llega con un único motor, un dos litros Diesel facturado por Volkswagen. El coche, de gran formato, apuesta por las siete plazas, la versatilidad y el confort, aunque, fiel a su estilo mixto, la firma insiste en decir que este modelo tiene también mucho de berlina.
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Mitsubishi Grandis 2.0 Di-D Intense
Mitsubishi Grandis 2.0 Di-D Intense

El motor elegido por Mitsubishi para este coche es el conocido turbodiésel 2.0 elaborado por el grupo Volkswagen. La decisión de montar este propulsor es muy llamativa, pues, con ella, Mitsubishi rompe amarras con respecto a DaimlerChrylser, la marca con la que ha estado aliada hasta hace muy poco. La ruptura de sus relaciones ha llevado a los ingenieros de Mitsubishi a buscar un motor directamente en la competencia, aunque aseguran que, además, les sale más barato.

Sea como sea, han adoptado un motor que, por tecnología, está a la vanguardia de la técnica turbodiésel y, por tanto, permite a los nipones luchar en igualdad de condiciones con los principales fabricantes europeos.

Esta mecánica es la genérica de dos litros que emplea todo el grupo Volkswagen. Se estrenó con el Audi A3, pero ya se puede solicitar con prácticamente cualquier Volkswagen, Audi, Seat o Skoda.
Construido sobre una base de cuatro cilindros, este dos litros luce una culata de 16 válvulas e inyección por inyectores-bomba de 2.050 bares de presión.
Se trata de un motor muy poderoso, con gran entrega en todos los tramos del cuentavueltas y buenas cifras de consumo (con el Grandis, la media ponderada se nos ha quedado en 7,6 a los 100 km). Sin embargo, le falta el punto de refinamiento que tienen sus rivales HDI o TDCi, que cuentan con alimentación por common rail. Esta falta de suavidad se acentúa en el Grandis, donde parece que se ha cuidado menos el aislamiento de la máquina.

El motor va combinado con un cambio de seis relaciones de manejo recio, pero bastante preciso, algo muy necesario, puesto que, conduciendo el Grandis, se recurre muchísimo a la palanca. Y es que, con sus 1.772 kg, el coche de Mitsubishi se nos antoja bastante pesado y eso se nota en el motor, que, en ocasiones, sufre más de lo que esperábamos para mover el conjunto.

Si no vigilamos el régimen de marcha, al motor se le atraganta un poco el peso y pierde fuelle, sobre todo en marchas largas, lo que obliga a tirar bastante del cambio. Afortunadamente, los desarrollos son muy cortos, lo que permite recuperar rápidamente el brío necesario con sólo reducir una marcha.

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p> En cambio, si se cuida el manejo de la transmisión para mantener un buen régimen de revoluciones, en torno a las 2.500, se obtiene un rendimiento excelente y se sale a relucir el carácter de este motor, siempre enérgico y airoso, con mucha entrega en la parte baja del cuentavueltas y buena disposición para estirarse. De hecho, el motor mantiene bastante empuje por encima de las 4.000 rpm, lo que da ida de lo que puede hacer si nos preocupamos un poco por llevar siempre la relación de cambio idónea.

Lo malo es que los cortos desarrollos de cambio, a pesar de ser eficaces para contrarrestar el exceso de lastre, tienen un efecto negativo en el consumo, que sube bastante si queremos mantener ritmos altos. Eso sí, que nadie se espere grandes cifras en las prestaciones. Nuestro Centro Técnico ha cronometrado 11,7 segundos en el 0-100 km, una marca buena, pero nada impactante. El coche soporta bien los cruceros elevados, pero no es ninguna bala.

En Mitsubishi han prestado especial atención al chasis, buscando un acuerdo entre confort y dinamismo en el que, al final, tiene más importancia el primero sin que el segundo se resienta mucho.

Suspensiones más bien blandas, con un tarado que apuesta por la comodidad, pero que no desluce en nada el buen trabajo del chasis. A pesar de un cierto balanceo de la carrocería (muchos kilos), el coche traza sin problemas, con aplomo y nobleza. Sólo se deja llevar, si se fuerza, a un mínimo subviraje provocado por el mucho peso que soporta el eje delantero. En cambio, el tren trasero no se sale nunca de la trazada y contribuye a que conducir el Grandis sea una tarea sencillísima.

A esto último también contribuyen otros apartados, como la correcta dirección (sin ser una maravilla), los enérgicos frenos y el siempre vigilante control de estabilidad y tracción (esta última función, no desconectable).
En resumen, un comportamiento muy atractivo para los que creen que un monovolumen tiene que ser algo más que un simple autobús miniaturizado. Los amantes de la conducción tienen en el Grandis una opción que les permitirá hacer una suave transición entre los coches deportivos y los familiares.

LO MEJOR
LO PEOR

* Mecánica solvente
* Siete cómodas plazas
* Buen chasis

* Ruido del motor
* Faltan opciones de equipamiento
* Consumos

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