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Mitsubishi Lancer Sportback

Con esta nueva carrocería Sportback de 5 puertas, Mitsubishi completará en septiembre la gama más popular de su renovada familia Lancer. Diseñado específicamente para Europa, el nuevo Lancer Sportback emerge como alternativa a los tradicionales compactos europeos aportando mayores dimensiones, buen equipamiento y un tacto de conducción muy deportivo. Estará disponible con un motor gasolina de 143 CV y un Diesel de 140 y origen VW, a partir de unos 20.000 euros.
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Mitsubishi Lancer Sportback
Mitsubishi Lancer Sportback

Los precios todavía no se conocen, pero fuentes de la marca japonesa nos confirman que el Sportback supondrá un incremento de precio con respecto al Sports Sedan de entre 500 y 1.000 euros a igualdad de versión y motor.

Bienvenidos al “año Lancer” de Mitsubishi. Con la recuperación de esta denominación, heredera de una gran tradición deportiva, la marca japonesa ha iniciado una fuerte ofensiva de producto, mostrando de paso una nueva identidad visual que terminará por implantarse en toda su gama. A principios de febrero nació el primogénito de la familia, el Lancer Sports Sedán, con una atractiva y larga carrocería de cuatro puertas que le situaba a caballo entre los segmentos C y D de mercado, los más demandados y olvidados por Mitsubishi desde la desaparición del Carisma. Ahora, casi medio año después, llega a las carreteras su dinámica variante de cinco puertas para aclararnos un poco más su ubicación real.

Con el nuevo Lancer Sportback, Mitsubishi ataca definitivamente el segmento de los compactos. Con un tamaño considerable (mide 4,59 metros de longitud) , sí, pero sin desmarcarse excesivamente de otras nuevas realizaciones, como los Lancia Delta o Subaru Impreza, en quienes encontrará la mayor competencia, además de los clásicos y más pequeños VW Golf, Ford Focus o Peugeot 308. Se confirma así que si las berlinas han estirado hacia arriba, superando algunas incluso los 4,8 metros, los compactos también tienden a lo alto.

Buenos ingredientes, desde luego, no le faltan para competir como seria alternativa. Con respecto al Sports Sedan, el Lancer Sportback añade una imprescindible carrocería de cinco puertas, que en la categoría acapara hasta un 70 por ciento de las ventas. Aunque por dimensiones apenas varía -únicamente gana dos centímetros más en longitud y altura-, en el diseño sí apreciamos un enfoque más deportivo. Frontalmente impacta una agresiva y amplia parrilla inspirada en las toberas de los modernos aviones de combate. En la zaga, por su parte, la perdida del tercer volumen se acentúa con un portón posterior de fuerte inclinación (hasta 58 grados), presidido por un imponente spoiler techo con forma de ala, de serie en todas las versiones.

Dicen en Mitsubishi haber apostado por un formato deportivo en lugar del puramente funcional. Pero lo cierto es que, con respecto al Sports Sedan, el Lancer Sportback aporta mayor flexibilidad. El portón posterior de generosas dimensiones facilita ya notablemente el acceso a un maletero que, oficialmente, ofrece además 344 litros de capacidad muy aprovechables, aunque dispone de rueda de repuesto de emergencia bajo el piso. También debemos tener en cuenta que los acabados superiores cuentan con un “subwoofer” de serie que restan aproximadamente 50 litros de carga.

El Sportback estrena también un piso de maletero con altura ajustable en dos posiciones –simplemente tirando podemos situarla a ras del marco del portón dejando por debajo un hueco para ocultar pequeños objetos- y un tirador para abatir automáticamente la banqueta trasera en proporción 60/40. En estas circunstancias, la capacidad de carga asciende a 1.394 litros con una superficie prácticamente plana.

En cuanto a habitabilidad, y asentado sobre la misma larga batalla de la versión sedán-2,64 metros-, el Lancer Sportback ofrece un notable espacio. Delante resulta holgado y, detrás, sobra espacio para piernas y anchura, aunque nuevamente debemos señalar que cuatro pasajeros viajarán mejor que cinco, ya que la plaza central, además de contar con un elevado túnel de transmisión que resta espacio a las piernas, dispone de un duro respaldo que hace las veces de reposabrazos. La nota discordante la pone la altura al techo, perjudicada por la caída del portón e insuficiente para personas que superen el 1,85 metros de altura.

Visualmente, el interior no refleja más cambios con el Sports Sedan, del que toma sus mismos cómodos asientos y un diseño muy simplificado con materiales más resistentes que vistosos, ya que no hay plásticos mullidos y todos resultan muy duros al tacto. Además, seguimos sin entender que no cuente con volante regulable en profundidad (sólo en altura). “El Lancer huye de lo superfluo”, nos contestan desde Mitsubishi.

Algo austero en su concepción interior, el Sportback resulta muy gratificante en carretera. Como toda la familia Lancer, nace de la nueva plataforma global de Mitsubishi para modelos propios –como el Outlander- y ajenos –como los Dodge Caliber, Chrysler Sebring o Jeep Compass-. Su esquema de suspensiones es el mismo, con tren delantero McPherson y eje trasero Multibrazo, con un tarado de amortiguación bastante enérgico y encaminado a buscar principalmente mayor eficacia sobre asfalto que confort de marcha. Aun así, no resulta incómodo para viajar.

Cuando aterrice en nuestro mercado, el Lancer Sportback estará únicamente disponible con las dos mismas motorizaciones que el Sports Sedan. Abriendo la gama encontramos un propulsor de gasolina de 1,8 litros de cilindrada, 143 CV y distribución variable en admisión y escape. Anuncia una velocidad máxima de 196 km/h, con una aceleración de 0 a 100 km/h en 10,4 segundos, y en carretera se muestra en todo momento suficiente y voluntarioso, aunque su corte deportivo obligan a llevarlo por encima de las 4.000 rpm si queremos explotar sus posibilidades. Obviamente resintiéndose sus consumos, siempre superiores a 9 l/100 km de media. Junto a esta motorización podemos optar a un cambio manual de 5 relaciones o a un automático CVT de variador continuo y seis velocidades muy efectivo. No cuenta con programa “Sport”, pero sí con modo secuencial tanto por palanca como por unas cómodas y grandes levas de magnesio situadas tras el volante.

Aunque el mayor protagonista del Lancer Sportback será su motor Diesel de dos litros y 140 CV, el conocido TDI del grupo Volkswagen, sin duda el que acaparará las mayores ventas. Cierto que este propulsor, con inyección directa por bomba inyector, ya no aparece entre los más refinados del mercado por vibraciones, pero su contundencia, gran respuesta a bajo régimen y moderado consumo (inferior incluso a los 6 l/100 km de media) le convierten en una propuesta muy interesante. Por cuestiones de su elevado par, no dispone del cambio automático CVT, pudiendo asociarse únicamente a una transmisión manual de seis relaciones.

Dinámicamente, nos ha gustado el tacto deportivo del Sportback. Se sustenta en una dirección precisa e informativa, en unas transmisiones rápidas y un bastidor muy efectivo que, si ya hemos dicho que resulta bastante cómodo y aplomado en vías rápidas, en curva y cambios de apoyo apenas balancea. Resulta, ante todo, muy noble en sus reacciones y fácil de conducir. Sólo un inconveniente: el aislamiento acústico, no demasiado trabajado por Mitsubishi y algo molesto en la rodadura a alta velocidad.

Desde su puesta en escena, el Lancer Sportback estará disponible en cuatro acabados (Inform, Intense, Intense Tech e Instyle), todos con un gran equipamiento de serie en seguridad al incluir airbags laterales delanteros, de cortina e, incluso de rodilla para conductor, además de control de estabilidad y tracción y aire acondicionado. Las versiones superiores contarán con una dotación de lujo, entre la que figuran faros Bixenón y luces adaptativas, sistema de arranque sin llave, sistema de navegación con disco duro de 30 Gb o, por primera vez en un Mitsubishi, sistema de señalización automática de frenada de emergencia.

Los precios todavía no se conocen, pero fuentes de la marca japonesa nos confirman que el Sportback supondrá un incremento de precio con respecto al Sports Sedan de entre 500 y 1.000 euros a igualdad de versión y motor.

Bienvenidos al “año Lancer” de Mitsubishi. Con la recuperación de esta denominación, heredera de una gran tradición deportiva, la marca japonesa ha iniciado una fuerte ofensiva de producto, mostrando de paso una nueva identidad visual que terminará por implantarse en toda su gama. A principios de febrero nació el primogénito de la familia, el Lancer Sports Sedán, con una atractiva y larga carrocería de cuatro puertas que le situaba a caballo entre los segmentos C y D de mercado, los más demandados y olvidados por Mitsubishi desde la desaparición del Carisma. Ahora, casi medio año después, llega a las carreteras su dinámica variante de cinco puertas para aclararnos un poco más su ubicación real.

Con el nuevo Lancer Sportback, Mitsubishi ataca definitivamente el segmento de los compactos. Con un tamaño considerable (mide 4,59 metros de longitud) , sí, pero sin desmarcarse excesivamente de otras nuevas realizaciones, como los Lancia Delta o Subaru Impreza, en quienes encontrará la mayor competencia, además de los clásicos y más pequeños VW Golf, Ford Focus o Peugeot 308. Se confirma así que si las berlinas han estirado hacia arriba, superando algunas incluso los 4,8 metros, los compactos también tienden a lo alto.

Buenos ingredientes, desde luego, no le faltan para competir como seria alternativa. Con respecto al Sports Sedan, el Lancer Sportback añade una imprescindible carrocería de cinco puertas, que en la categoría acapara hasta un 70 por ciento de las ventas. Aunque por dimensiones apenas varía -únicamente gana dos centímetros más en longitud y altura-, en el diseño sí apreciamos un enfoque más deportivo. Frontalmente impacta una agresiva y amplia parrilla inspirada en las toberas de los modernos aviones de combate. En la zaga, por su parte, la perdida del tercer volumen se acentúa con un portón posterior de fuerte inclinación (hasta 58 grados), presidido por un imponente spoiler techo con forma de ala, de serie en todas las versiones.

Dicen en Mitsubishi haber apostado por un formato deportivo en lugar del puramente funcional. Pero lo cierto es que, con respecto al Sports Sedan, el Lancer Sportback aporta mayor flexibilidad. El portón posterior de generosas dimensiones facilita ya notablemente el acceso a un maletero que, oficialmente, ofrece además 344 litros de capacidad muy aprovechables, aunque dispone de rueda de repuesto de emergencia bajo el piso. También debemos tener en cuenta que los acabados superiores cuentan con un “subwoofer” de serie que restan aproximadamente 50 litros de carga.

El Sportback estrena también un piso de maletero con altura ajustable en dos posiciones –simplemente tirando podemos situarla a ras del marco del portón dejando por debajo un hueco para ocultar pequeños objetos- y un tirador para abatir automáticamente la banqueta trasera en proporción 60/40. En estas circunstancias, la capacidad de carga asciende a 1.394 litros con una superficie prácticamente plana.

En cuanto a habitabilidad, y asentado sobre la misma larga batalla de la versión sedán-2,64 metros-, el Lancer Sportback ofrece un notable espacio. Delante resulta holgado y, detrás, sobra espacio para piernas y anchura, aunque nuevamente debemos señalar que cuatro pasajeros viajarán mejor que cinco, ya que la plaza central, además de contar con un elevado túnel de transmisión que resta espacio a las piernas, dispone de un duro respaldo que hace las veces de reposabrazos. La nota discordante la pone la altura al techo, perjudicada por la caída del portón e insuficiente para personas que superen el 1,85 metros de altura.

Visualmente, el interior no refleja más cambios con el Sports Sedan, del que toma sus mismos cómodos asientos y un diseño muy simplificado con materiales más resistentes que vistosos, ya que no hay plásticos mullidos y todos resultan muy duros al tacto. Además, seguimos sin entender que no cuente con volante regulable en profundidad (sólo en altura). “El Lancer huye de lo superfluo”, nos contestan desde Mitsubishi.

Algo austero en su concepción interior, el Sportback resulta muy gratificante en carretera. Como toda la familia Lancer, nace de la nueva plataforma global de Mitsubishi para modelos propios –como el Outlander- y ajenos –como los Dodge Caliber, Chrysler Sebring o Jeep Compass-. Su esquema de suspensiones es el mismo, con tren delantero McPherson y eje trasero Multibrazo, con un tarado de amortiguación bastante enérgico y encaminado a buscar principalmente mayor eficacia sobre asfalto que confort de marcha. Aun así, no resulta incómodo para viajar.

Cuando aterrice en nuestro mercado, el Lancer Sportback estará únicamente disponible con las dos mismas motorizaciones que el Sports Sedan. Abriendo la gama encontramos un propulsor de gasolina de 1,8 litros de cilindrada, 143 CV y distribución variable en admisión y escape. Anuncia una velocidad máxima de 196 km/h, con una aceleración de 0 a 100 km/h en 10,4 segundos, y en carretera se muestra en todo momento suficiente y voluntarioso, aunque su corte deportivo obligan a llevarlo por encima de las 4.000 rpm si queremos explotar sus posibilidades. Obviamente resintiéndose sus consumos, siempre superiores a 9 l/100 km de media. Junto a esta motorización podemos optar a un cambio manual de 5 relaciones o a un automático CVT de variador continuo y seis velocidades muy efectivo. No cuenta con programa “Sport”, pero sí con modo secuencial tanto por palanca como por unas cómodas y grandes levas de magnesio situadas tras el volante.

Aunque el mayor protagonista del Lancer Sportback será su motor Diesel de dos litros y 140 CV, el conocido TDI del grupo Volkswagen, sin duda el que acaparará las mayores ventas. Cierto que este propulsor, con inyección directa por bomba inyector, ya no aparece entre los más refinados del mercado por vibraciones, pero su contundencia, gran respuesta a bajo régimen y moderado consumo (inferior incluso a los 6 l/100 km de media) le convierten en una propuesta muy interesante. Por cuestiones de su elevado par, no dispone del cambio automático CVT, pudiendo asociarse únicamente a una transmisión manual de seis relaciones.

Dinámicamente, nos ha gustado el tacto deportivo del Sportback. Se sustenta en una dirección precisa e informativa, en unas transmisiones rápidas y un bastidor muy efectivo que, si ya hemos dicho que resulta bastante cómodo y aplomado en vías rápidas, en curva y cambios de apoyo apenas balancea. Resulta, ante todo, muy noble en sus reacciones y fácil de conducir. Sólo un inconveniente: el aislamiento acústico, no demasiado trabajado por Mitsubishi y algo molesto en la rodadura a alta velocidad.

Desde su puesta en escena, el Lancer Sportback estará disponible en cuatro acabados (Inform, Intense, Intense Tech e Instyle), todos con un gran equipamiento de serie en seguridad al incluir airbags laterales delanteros, de cortina e, incluso de rodilla para conductor, además de control de estabilidad y tracción y aire acondicionado. Las versiones superiores contarán con una dotación de lujo, entre la que figuran faros Bixenón y luces adaptativas, sistema de arranque sin llave, sistema de navegación con disco duro de 30 Gb o, por primera vez en un Mitsubishi, sistema de señalización automática de frenada de emergencia.

Los precios todavía no se conocen, pero fuentes de la marca japonesa nos confirman que el Sportback supondrá un incremento de precio con respecto al Sports Sedan de entre 500 y 1.000 euros a igualdad de versión y motor.

Bienvenidos al “año Lancer” de Mitsubishi. Con la recuperación de esta denominación, heredera de una gran tradición deportiva, la marca japonesa ha iniciado una fuerte ofensiva de producto, mostrando de paso una nueva identidad visual que terminará por implantarse en toda su gama. A principios de febrero nació el primogénito de la familia, el Lancer Sports Sedán, con una atractiva y larga carrocería de cuatro puertas que le situaba a caballo entre los segmentos C y D de mercado, los más demandados y olvidados por Mitsubishi desde la desaparición del Carisma. Ahora, casi medio año después, llega a las carreteras su dinámica variante de cinco puertas para aclararnos un poco más su ubicación real.

Con el nuevo Lancer Sportback, Mitsubishi ataca definitivamente el segmento de los compactos. Con un tamaño considerable (mide 4,59 metros de longitud) , sí, pero sin desmarcarse excesivamente de otras nuevas realizaciones, como los Lancia Delta o Subaru Impreza, en quienes encontrará la mayor competencia, además de los clásicos y más pequeños VW Golf, Ford Focus o Peugeot 308. Se confirma así que si las berlinas han estirado hacia arriba, superando algunas incluso los 4,8 metros, los compactos también tienden a lo alto.

Buenos ingredientes, desde luego, no le faltan para competir como seria alternativa. Con respecto al Sports Sedan, el Lancer Sportback añade una imprescindible carrocería de cinco puertas, que en la categoría acapara hasta un 70 por ciento de las ventas. Aunque por dimensiones apenas varía -únicamente gana dos centímetros más en longitud y altura-, en el diseño sí apreciamos un enfoque más deportivo. Frontalmente impacta una agresiva y amplia parrilla inspirada en las toberas de los modernos aviones de combate. En la zaga, por su parte, la perdida del tercer volumen se acentúa con un portón posterior de fuerte inclinación (hasta 58 grados), presidido por un imponente spoiler techo con forma de ala, de serie en todas las versiones.

Dicen en Mitsubishi haber apostado por un formato deportivo en lugar del puramente funcional. Pero lo cierto es que, con respecto al Sports Sedan, el Lancer Sportback aporta mayor flexibilidad. El portón posterior de generosas dimensiones facilita ya notablemente el acceso a un maletero que, oficialmente, ofrece además 344 litros de capacidad muy aprovechables, aunque dispone de rueda de repuesto de emergencia bajo el piso. También debemos tener en cuenta que los acabados superiores cuentan con un “subwoofer” de serie que restan aproximadamente 50 litros de carga.

El Sportback estrena también un piso de maletero con altura ajustable en dos posiciones –simplemente tirando podemos situarla a ras del marco del portón dejando por debajo un hueco para ocultar pequeños objetos- y un tirador para abatir automáticamente la banqueta trasera en proporción 60/40. En estas circunstancias, la capacidad de carga asciende a 1.394 litros con una superficie prácticamente plana.

En cuanto a habitabilidad, y asentado sobre la misma larga batalla de la versión sedán-2,64 metros-, el Lancer Sportback ofrece un notable espacio. Delante resulta holgado y, detrás, sobra espacio para piernas y anchura, aunque nuevamente debemos señalar que cuatro pasajeros viajarán mejor que cinco, ya que la plaza central, además de contar con un elevado túnel de transmisión que resta espacio a las piernas, dispone de un duro respaldo que hace las veces de reposabrazos. La nota discordante la pone la altura al techo, perjudicada por la caída del portón e insuficiente para personas que superen el 1,85 metros de altura.

Visualmente, el interior no refleja más cambios con el Sports Sedan, del que toma sus mismos cómodos asientos y un diseño muy simplificado con materiales más resistentes que vistosos, ya que no hay plásticos mullidos y todos resultan muy duros al tacto. Además, seguimos sin entender que no cuente con volante regulable en profundidad (sólo en altura). “El Lancer huye de lo superfluo”, nos contestan desde Mitsubishi.

Algo austero en su concepción interior, el Sportback resulta muy gratificante en carretera. Como toda la familia Lancer, nace de la nueva plataforma global de Mitsubishi para modelos propios –como el Outlander- y ajenos –como los Dodge Caliber, Chrysler Sebring o Jeep Compass-. Su esquema de suspensiones es el mismo, con tren delantero McPherson y eje trasero Multibrazo, con un tarado de amortiguación bastante enérgico y encaminado a buscar principalmente mayor eficacia sobre asfalto que confort de marcha. Aun así, no resulta incómodo para viajar.

Cuando aterrice en nuestro mercado, el Lancer Sportback estará únicamente disponible con las dos mismas motorizaciones que el Sports Sedan. Abriendo la gama encontramos un propulsor de gasolina de 1,8 litros de cilindrada, 143 CV y distribución variable en admisión y escape. Anuncia una velocidad máxima de 196 km/h, con una aceleración de 0 a 100 km/h en 10,4 segundos, y en carretera se muestra en todo momento suficiente y voluntarioso, aunque su corte deportivo obligan a llevarlo por encima de las 4.000 rpm si queremos explotar sus posibilidades. Obviamente resintiéndose sus consumos, siempre superiores a 9 l/100 km de media. Junto a esta motorización podemos optar a un cambio manual de 5 relaciones o a un automático CVT de variador continuo y seis velocidades muy efectivo. No cuenta con programa “Sport”, pero sí con modo secuencial tanto por palanca como por unas cómodas y grandes levas de magnesio situadas tras el volante.

Aunque el mayor protagonista del Lancer Sportback será su motor Diesel de dos litros y 140 CV, el conocido TDI del grupo Volkswagen, sin duda el que acaparará las mayores ventas. Cierto que este propulsor, con inyección directa por bomba inyector, ya no aparece entre los más refinados del mercado por vibraciones, pero su contundencia, gran respuesta a bajo régimen y moderado consumo (inferior incluso a los 6 l/100 km de media) le convierten en una propuesta muy interesante. Por cuestiones de su elevado par, no dispone del cambio automático CVT, pudiendo asociarse únicamente a una transmisión manual de seis relaciones.

Dinámicamente, nos ha gustado el tacto deportivo del Sportback. Se sustenta en una dirección precisa e informativa, en unas transmisiones rápidas y un bastidor muy efectivo que, si ya hemos dicho que resulta bastante cómodo y aplomado en vías rápidas, en curva y cambios de apoyo apenas balancea. Resulta, ante todo, muy noble en sus reacciones y fácil de conducir. Sólo un inconveniente: el aislamiento acústico, no demasiado trabajado por Mitsubishi y algo molesto en la rodadura a alta velocidad.

Desde su puesta en escena, el Lancer Sportback estará disponible en cuatro acabados (Inform, Intense, Intense Tech e Instyle), todos con un gran equipamiento de serie en seguridad al incluir airbags laterales delanteros, de cortina e, incluso de rodilla para conductor, además de control de estabilidad y tracción y aire acondicionado. Las versiones superiores contarán con una dotación de lujo, entre la que figuran faros Bixenón y luces adaptativas, sistema de arranque sin llave, sistema de navegación con disco duro de 30 Gb o, por primera vez en un Mitsubishi, sistema de señalización automática de frenada de emergencia.

Los precios todavía no se conocen, pero fuentes de la marca japonesa nos confirman que el Sportback supondrá un incremento de precio con respecto al Sports Sedan de entre 500 y 1.000 euros a igualdad de versión y motor.

Bienvenidos al “año Lancer” de Mitsubishi. Con la recuperación de esta denominación, heredera de una gran tradición deportiva, la marca japonesa ha iniciado una fuerte ofensiva de producto, mostrando de paso una nueva identidad visual que terminará por implantarse en toda su gama. A principios de febrero nació el primogénito de la familia, el Lancer Sports Sedán, con una atractiva y larga carrocería de cuatro puertas que le situaba a caballo entre los segmentos C y D de mercado, los más demandados y olvidados por Mitsubishi desde la desaparición del Carisma. Ahora, casi medio año después, llega a las carreteras su dinámica variante de cinco puertas para aclararnos un poco más su ubicación real.

Con el nuevo Lancer Sportback, Mitsubishi ataca definitivamente el segmento de los compactos. Con un tamaño considerable (mide 4,59 metros de longitud) , sí, pero sin desmarcarse excesivamente de otras nuevas realizaciones, como los Lancia Delta o Subaru Impreza, en quienes encontrará la mayor competencia, además de los clásicos y más pequeños VW Golf, Ford Focus o Peugeot 308. Se confirma así que si las berlinas han estirado hacia arriba, superando algunas incluso los 4,8 metros, los compactos también tienden a lo alto.

Buenos ingredientes, desde luego, no le faltan para competir como seria alternativa. Con respecto al Sports Sedan, el Lancer Sportback añade una imprescindible carrocería de cinco puertas, que en la categoría acapara hasta un 70 por ciento de las ventas. Aunque por dimensiones apenas varía -únicamente gana dos centímetros más en longitud y altura-, en el diseño sí apreciamos un enfoque más deportivo. Frontalmente impacta una agresiva y amplia parrilla inspirada en las toberas de los modernos aviones de combate. En la zaga, por su parte, la perdida del tercer volumen se acentúa con un portón posterior de fuerte inclinación (hasta 58 grados), presidido por un imponente spoiler techo con forma de ala, de serie en todas las versiones.

Dicen en Mitsubishi haber apostado por un formato deportivo en lugar del puramente funcional. Pero lo cierto es que, con respecto al Sports Sedan, el Lancer Sportback aporta mayor flexibilidad. El portón posterior de generosas dimensiones facilita ya notablemente el acceso a un maletero que, oficialmente, ofrece además 344 litros de capacidad muy aprovechables, aunque dispone de rueda de repuesto de emergencia bajo el piso. También debemos tener en cuenta que los acabados superiores cuentan con un “subwoofer” de serie que restan aproximadamente 50 litros de carga.

El Sportback estrena también un piso de maletero con altura ajustable en dos posiciones –simplemente tirando podemos situarla a ras del marco del portón dejando por debajo un hueco para ocultar pequeños objetos- y un tirador para abatir automáticamente la banqueta trasera en proporción 60/40. En estas circunstancias, la capacidad de carga asciende a 1.394 litros con una superficie prácticamente plana.

En cuanto a habitabilidad, y asentado sobre la misma larga batalla de la versión sedán-2,64 metros-, el Lancer Sportback ofrece un notable espacio. Delante resulta holgado y, detrás, sobra espacio para piernas y anchura, aunque nuevamente debemos señalar que cuatro pasajeros viajarán mejor que cinco, ya que la plaza central, además de contar con un elevado túnel de transmisión que resta espacio a las piernas, dispone de un duro respaldo que hace las veces de reposabrazos. La nota discordante la pone la altura al techo, perjudicada por la caída del portón e insuficiente para personas que superen el 1,85 metros de altura.

Visualmente, el interior no refleja más cambios con el Sports Sedan, del que toma sus mismos cómodos asientos y un diseño muy simplificado con materiales más resistentes que vistosos, ya que no hay plásticos mullidos y todos resultan muy duros al tacto. Además, seguimos sin entender que no cuente con volante regulable en profundidad (sólo en altura). “El Lancer huye de lo superfluo”, nos contestan desde Mitsubishi.

Algo austero en su concepción interior, el Sportback resulta muy gratificante en carretera. Como toda la familia Lancer, nace de la nueva plataforma global de Mitsubishi para modelos propios –como el Outlander- y ajenos –como los Dodge Caliber, Chrysler Sebring o Jeep Compass-. Su esquema de suspensiones es el mismo, con tren delantero McPherson y eje trasero Multibrazo, con un tarado de amortiguación bastante enérgico y encaminado a buscar principalmente mayor eficacia sobre asfalto que confort de marcha. Aun así, no resulta incómodo para viajar.

Cuando aterrice en nuestro mercado, el Lancer Sportback estará únicamente disponible con las dos mismas motorizaciones que el Sports Sedan. Abriendo la gama encontramos un propulsor de gasolina de 1,8 litros de cilindrada, 143 CV y distribución variable en admisión y escape. Anuncia una velocidad máxima de 196 km/h, con una aceleración de 0 a 100 km/h en 10,4 segundos, y en carretera se muestra en todo momento suficiente y voluntarioso, aunque su corte deportivo obligan a llevarlo por encima de las 4.000 rpm si queremos explotar sus posibilidades. Obviamente resintiéndose sus consumos, siempre superiores a 9 l/100 km de media. Junto a esta motorización podemos optar a un cambio manual de 5 relaciones o a un automático CVT de variador continuo y seis velocidades muy efectivo. No cuenta con programa “Sport”, pero sí con modo secuencial tanto por palanca como por unas cómodas y grandes levas de magnesio situadas tras el volante.

Aunque el mayor protagonista del Lancer Sportback será su motor Diesel de dos litros y 140 CV, el conocido TDI del grupo Volkswagen, sin duda el que acaparará las mayores ventas. Cierto que este propulsor, con inyección directa por bomba inyector, ya no aparece entre los más refinados del mercado por vibraciones, pero su contundencia, gran respuesta a bajo régimen y moderado consumo (inferior incluso a los 6 l/100 km de media) le convierten en una propuesta muy interesante. Por cuestiones de su elevado par, no dispone del cambio automático CVT, pudiendo asociarse únicamente a una transmisión manual de seis relaciones.

Dinámicamente, nos ha gustado el tacto deportivo del Sportback. Se sustenta en una dirección precisa e informativa, en unas transmisiones rápidas y un bastidor muy efectivo que, si ya hemos dicho que resulta bastante cómodo y aplomado en vías rápidas, en curva y cambios de apoyo apenas balancea. Resulta, ante todo, muy noble en sus reacciones y fácil de conducir. Sólo un inconveniente: el aislamiento acústico, no demasiado trabajado por Mitsubishi y algo molesto en la rodadura a alta velocidad.

Desde su puesta en escena, el Lancer Sportback estará disponible en cuatro acabados (Inform, Intense, Intense Tech e Instyle), todos con un gran equipamiento de serie en seguridad al incluir airbags laterales delanteros, de cortina e, incluso de rodilla para conductor, además de control de estabilidad y tracción y aire acondicionado. Las versiones superiores contarán con una dotación de lujo, entre la que figuran faros Bixenón y luces adaptativas, sistema de arranque sin llave, sistema de navegación con disco duro de 30 Gb o, por primera vez en un Mitsubishi, sistema de señalización automática de frenada de emergencia.

Los precios todavía no se conocen, pero fuentes de la marca japonesa nos confirman que el Sportback supondrá un incremento de precio con respecto al Sports Sedan de entre 500 y 1.000 euros a igualdad de versión y motor.

Bienvenidos al “año Lancer” de Mitsubishi. Con la recuperación de esta denominación, heredera de una gran tradición deportiva, la marca japonesa ha iniciado una fuerte ofensiva de producto, mostrando de paso una nueva identidad visual que terminará por implantarse en toda su gama. A principios de febrero nació el primogénito de la familia, el Lancer Sports Sedán, con una atractiva y larga carrocería de cuatro puertas que le situaba a caballo entre los segmentos C y D de mercado, los más demandados y olvidados por Mitsubishi desde la desaparición del Carisma. Ahora, casi medio año después, llega a las carreteras su dinámica variante de cinco puertas para aclararnos un poco más su ubicación real.

Con el nuevo Lancer Sportback, Mitsubishi ataca definitivamente el segmento de los compactos. Con un tamaño considerable (mide 4,59 metros de longitud) , sí, pero sin desmarcarse excesivamente de otras nuevas realizaciones, como los Lancia Delta o Subaru Impreza, en quienes encontrará la mayor competencia, además de los clásicos y más pequeños VW Golf, Ford Focus o Peugeot 308. Se confirma así que si las berlinas han estirado hacia arriba, superando algunas incluso los 4,8 metros, los compactos también tienden a lo alto.

Buenos ingredientes, desde luego, no le faltan para competir como seria alternativa. Con respecto al Sports Sedan, el Lancer Sportback añade una imprescindible carrocería de cinco puertas, que en la categoría acapara hasta un 70 por ciento de las ventas. Aunque por dimensiones apenas varía -únicamente gana dos centímetros más en longitud y altura-, en el diseño sí apreciamos un enfoque más deportivo. Frontalmente impacta una agresiva y amplia parrilla inspirada en las toberas de los modernos aviones de combate. En la zaga, por su parte, la perdida del tercer volumen se acentúa con un portón posterior de fuerte inclinación (hasta 58 grados), presidido por un imponente spoiler techo con forma de ala, de serie en todas las versiones.

Dicen en Mitsubishi haber apostado por un formato deportivo en lugar del puramente funcional. Pero lo cierto es que, con respecto al Sports Sedan, el Lancer Sportback aporta mayor flexibilidad. El portón posterior de generosas dimensiones facilita ya notablemente el acceso a un maletero que, oficialmente, ofrece además 344 litros de capacidad muy aprovechables, aunque dispone de rueda de repuesto de emergencia bajo el piso. También debemos tener en cuenta que los acabados superiores cuentan con un “subwoofer” de serie que restan aproximadamente 50 litros de carga.

El Sportback estrena también un piso de maletero con altura ajustable en dos posiciones –simplemente tirando podemos situarla a ras del marco del portón dejando por debajo un hueco para ocultar pequeños objetos- y un tirador para abatir automáticamente la banqueta trasera en proporción 60/40. En estas circunstancias, la capacidad de carga asciende a 1.394 litros con una superficie prácticamente plana.

En cuanto a habitabilidad, y asentado sobre la misma larga batalla de la versión sedán-2,64 metros-, el Lancer Sportback ofrece un notable espacio. Delante resulta holgado y, detrás, sobra espacio para piernas y anchura, aunque nuevamente debemos señalar que cuatro pasajeros viajarán mejor que cinco, ya que la plaza central, además de contar con un elevado túnel de transmisión que resta espacio a las piernas, dispone de un duro respaldo que hace las veces de reposabrazos. La nota discordante la pone la altura al techo, perjudicada por la caída del portón e insuficiente para personas que superen el 1,85 metros de altura.

Visualmente, el interior no refleja más cambios con el Sports Sedan, del que toma sus mismos cómodos asientos y un diseño muy simplificado con materiales más resistentes que vistosos, ya que no hay plásticos mullidos y todos resultan muy duros al tacto. Además, seguimos sin entender que no cuente con volante regulable en profundidad (sólo en altura). “El Lancer huye de lo superfluo”, nos contestan desde Mitsubishi.

Algo austero en su concepción interior, el Sportback resulta muy gratificante en carretera. Como toda la familia Lancer, nace de la nueva plataforma global de Mitsubishi para modelos propios –como el Outlander- y ajenos –como los Dodge Caliber, Chrysler Sebring o Jeep Compass-. Su esquema de suspensiones es el mismo, con tren delantero McPherson y eje trasero Multibrazo, con un tarado de amortiguación bastante enérgico y encaminado a buscar principalmente mayor eficacia sobre asfalto que confort de marcha. Aun así, no resulta incómodo para viajar.

Cuando aterrice en nuestro mercado, el Lancer Sportback estará únicamente disponible con las dos mismas motorizaciones que el Sports Sedan. Abriendo la gama encontramos un propulsor de gasolina de 1,8 litros de cilindrada, 143 CV y distribución variable en admisión y escape. Anuncia una velocidad máxima de 196 km/h, con una aceleración de 0 a 100 km/h en 10,4 segundos, y en carretera se muestra en todo momento suficiente y voluntarioso, aunque su corte deportivo obligan a llevarlo por encima de las 4.000 rpm si queremos explotar sus posibilidades. Obviamente resintiéndose sus consumos, siempre superiores a 9 l/100 km de media. Junto a esta motorización podemos optar a un cambio manual de 5 relaciones o a un automático CVT de variador continuo y seis velocidades muy efectivo. No cuenta con programa “Sport”, pero sí con modo secuencial tanto por palanca como por unas cómodas y grandes levas de magnesio situadas tras el volante.

Aunque el mayor protagonista del Lancer Sportback será su motor Diesel de dos litros y 140 CV, el conocido TDI del grupo Volkswagen, sin duda el que acaparará las mayores ventas. Cierto que este propulsor, con inyección directa por bomba inyector, ya no aparece entre los más refinados del mercado por vibraciones, pero su contundencia, gran respuesta a bajo régimen y moderado consumo (inferior incluso a los 6 l/100 km de media) le convierten en una propuesta muy interesante. Por cuestiones de su elevado par, no dispone del cambio automático CVT, pudiendo asociarse únicamente a una transmisión manual de seis relaciones.

Dinámicamente, nos ha gustado el tacto deportivo del Sportback. Se sustenta en una dirección precisa e informativa, en unas transmisiones rápidas y un bastidor muy efectivo que, si ya hemos dicho que resulta bastante cómodo y aplomado en vías rápidas, en curva y cambios de apoyo apenas balancea. Resulta, ante todo, muy noble en sus reacciones y fácil de conducir. Sólo un inconveniente: el aislamiento acústico, no demasiado trabajado por Mitsubishi y algo molesto en la rodadura a alta velocidad.

Desde su puesta en escena, el Lancer Sportback estará disponible en cuatro acabados (Inform, Intense, Intense Tech e Instyle), todos con un gran equipamiento de serie en seguridad al incluir airbags laterales delanteros, de cortina e, incluso de rodilla para conductor, además de control de estabilidad y tracción y aire acondicionado. Las versiones superiores contarán con una dotación de lujo, entre la que figuran faros Bixenón y luces adaptativas, sistema de arranque sin llave, sistema de navegación con disco duro de 30 Gb o, por primera vez en un Mitsubishi, sistema de señalización automática de frenada de emergencia.

Los precios todavía no se conocen, pero fuentes de la marca japonesa nos confirman que el Sportback supondrá un incremento de precio con respecto al Sports Sedan de entre 500 y 1.000 euros a igualdad de versión y motor.

Bienvenidos al “año Lancer” de Mitsubishi. Con la recuperación de esta denominación, heredera de una gran tradición deportiva, la marca japonesa ha iniciado una fuerte ofensiva de producto, mostrando de paso una nueva identidad visual que terminará por implantarse en toda su gama. A principios de febrero nació el primogénito de la familia, el Lancer Sports Sedán, con una atractiva y larga carrocería de cuatro puertas que le situaba a caballo entre los segmentos C y D de mercado, los más demandados y olvidados por Mitsubishi desde la desaparición del Carisma. Ahora, casi medio año después, llega a las carreteras su dinámica variante de cinco puertas para aclararnos un poco más su ubicación real.

Con el nuevo Lancer Sportback, Mitsubishi ataca definitivamente el segmento de los compactos. Con un tamaño considerable (mide 4,59 metros de longitud) , sí, pero sin desmarcarse excesivamente de otras nuevas realizaciones, como los Lancia Delta o Subaru Impreza, en quienes encontrará la mayor competencia, además de los clásicos y más pequeños VW Golf, Ford Focus o Peugeot 308. Se confirma así que si las berlinas han estirado hacia arriba, superando algunas incluso los 4,8 metros, los compactos también tienden a lo alto.

Buenos ingredientes, desde luego, no le faltan para competir como seria alternativa. Con respecto al Sports Sedan, el Lancer Sportback añade una imprescindible carrocería de cinco puertas, que en la categoría acapara hasta un 70 por ciento de las ventas. Aunque por dimensiones apenas varía -únicamente gana dos centímetros más en longitud y altura-, en el diseño sí apreciamos un enfoque más deportivo. Frontalmente impacta una agresiva y amplia parrilla inspirada en las toberas de los modernos aviones de combate. En la zaga, por su parte, la perdida del tercer volumen se acentúa con un portón posterior de fuerte inclinación (hasta 58 grados), presidido por un imponente spoiler techo con forma de ala, de serie en todas las versiones.

Dicen en Mitsubishi haber apostado por un formato deportivo en lugar del puramente funcional. Pero lo cierto es que, con respecto al Sports Sedan, el Lancer Sportback aporta mayor flexibilidad. El portón posterior de generosas dimensiones facilita ya notablemente el acceso a un maletero que, oficialmente, ofrece además 344 litros de capacidad muy aprovechables, aunque dispone de rueda de repuesto de emergencia bajo el piso. También debemos tener en cuenta que los acabados superiores cuentan con un “subwoofer” de serie que restan aproximadamente 50 litros de carga.

El Sportback estrena también un piso de maletero con altura ajustable en dos posiciones –simplemente tirando podemos situarla a ras del marco del portón dejando por debajo un hueco para ocultar pequeños objetos- y un tirador para abatir automáticamente la banqueta trasera en proporción 60/40. En estas circunstancias, la capacidad de carga asciende a 1.394 litros con una superficie prácticamente plana.

En cuanto a habitabilidad, y asentado sobre la misma larga batalla de la versión sedán-2,64 metros-, el Lancer Sportback ofrece un notable espacio. Delante resulta holgado y, detrás, sobra espacio para piernas y anchura, aunque nuevamente debemos señalar que cuatro pasajeros viajarán mejor que cinco, ya que la plaza central, además de contar con un elevado túnel de transmisión que resta espacio a las piernas, dispone de un duro respaldo que hace las veces de reposabrazos. La nota discordante la pone la altura al techo, perjudicada por la caída del portón e insuficiente para personas que superen el 1,85 metros de altura.

Visualmente, el interior no refleja más cambios con el Sports Sedan, del que toma sus mismos cómodos asientos y un diseño muy simplificado con materiales más resistentes que vistosos, ya que no hay plásticos mullidos y todos resultan muy duros al tacto. Además, seguimos sin entender que no cuente con volante regulable en profundidad (sólo en altura). “El Lancer huye de lo superfluo”, nos contestan desde Mitsubishi.

Algo austero en su concepción interior, el Sportback resulta muy gratificante en carretera. Como toda la familia Lancer, nace de la nueva plataforma global de Mitsubishi para modelos propios –como el Outlander- y ajenos –como los Dodge Caliber, Chrysler Sebring o Jeep Compass-. Su esquema de suspensiones es el mismo, con tren delantero McPherson y eje trasero Multibrazo, con un tarado de amortiguación bastante enérgico y encaminado a buscar principalmente mayor eficacia sobre asfalto que confort de marcha. Aun así, no resulta incómodo para viajar.

Cuando aterrice en nuestro mercado, el Lancer Sportback estará únicamente disponible con las dos mismas motorizaciones que el Sports Sedan. Abriendo la gama encontramos un propulsor de gasolina de 1,8 litros de cilindrada, 143 CV y distribución variable en admisión y escape. Anuncia una velocidad máxima de 196 km/h, con una aceleración de 0 a 100 km/h en 10,4 segundos, y en carretera se muestra en todo momento suficiente y voluntarioso, aunque su corte deportivo obligan a llevarlo por encima de las 4.000 rpm si queremos explotar sus posibilidades. Obviamente resintiéndose sus consumos, siempre superiores a 9 l/100 km de media. Junto a esta motorización podemos optar a un cambio manual de 5 relaciones o a un automático CVT de variador continuo y seis velocidades muy efectivo. No cuenta con programa “Sport”, pero sí con modo secuencial tanto por palanca como por unas cómodas y grandes levas de magnesio situadas tras el volante.

Aunque el mayor protagonista del Lancer Sportback será su motor Diesel de dos litros y 140 CV, el conocido TDI del grupo Volkswagen, sin duda el que acaparará las mayores ventas. Cierto que este propulsor, con inyección directa por bomba inyector, ya no aparece entre los más refinados del mercado por vibraciones, pero su contundencia, gran respuesta a bajo régimen y moderado consumo (inferior incluso a los 6 l/100 km de media) le convierten en una propuesta muy interesante. Por cuestiones de su elevado par, no dispone del cambio automático CVT, pudiendo asociarse únicamente a una transmisión manual de seis relaciones.

Dinámicamente, nos ha gustado el tacto deportivo del Sportback. Se sustenta en una dirección precisa e informativa, en unas transmisiones rápidas y un bastidor muy efectivo que, si ya hemos dicho que resulta bastante cómodo y aplomado en vías rápidas, en curva y cambios de apoyo apenas balancea. Resulta, ante todo, muy noble en sus reacciones y fácil de conducir. Sólo un inconveniente: el aislamiento acústico, no demasiado trabajado por Mitsubishi y algo molesto en la rodadura a alta velocidad.

Desde su puesta en escena, el Lancer Sportback estará disponible en cuatro acabados (Inform, Intense, Intense Tech e Instyle), todos con un gran equipamiento de serie en seguridad al incluir airbags laterales delanteros, de cortina e, incluso de rodilla para conductor, además de control de estabilidad y tracción y aire acondicionado. Las versiones superiores contarán con una dotación de lujo, entre la que figuran faros Bixenón y luces adaptativas, sistema de arranque sin llave, sistema de navegación con disco duro de 30 Gb o, por primera vez en un Mitsubishi, sistema de señalización automática de frenada de emergencia.

Los precios todavía no se conocen, pero fuentes de la marca japonesa nos confirman que el Sportback supondrá un incremento de precio con respecto al Sports Sedan de entre 500 y 1.000 euros a igualdad de versión y motor.

Bienvenidos al “año Lancer” de Mitsubishi. Con la recuperación de esta denominación, heredera de una gran tradición deportiva, la marca japonesa ha iniciado una fuerte ofensiva de producto, mostrando de paso una nueva identidad visual que terminará por implantarse en toda su gama. A principios de febrero nació el primogénito de la familia, el Lancer Sports Sedán, con una atractiva y larga carrocería de cuatro puertas que le situaba a caballo entre los segmentos C y D de mercado, los más demandados y olvidados por Mitsubishi desde la desaparición del Carisma. Ahora, casi medio año después, llega a las carreteras su dinámica variante de cinco puertas para aclararnos un poco más su ubicación real.

Con el nuevo Lancer Sportback, Mitsubishi ataca definitivamente el segmento de los compactos. Con un tamaño considerable (mide 4,59 metros de longitud) , sí, pero sin desmarcarse excesivamente de otras nuevas realizaciones, como los Lancia Delta o Subaru Impreza, en quienes encontrará la mayor competencia, además de los clásicos y más pequeños VW Golf, Ford Focus o Peugeot 308. Se confirma así que si las berlinas han estirado hacia arriba, superando algunas incluso los 4,8 metros, los compactos también tienden a lo alto.

Buenos ingredientes, desde luego, no le faltan para competir como seria alternativa. Con respecto al Sports Sedan, el Lancer Sportback añade una imprescindible carrocería de cinco puertas, que en la categoría acapara hasta un 70 por ciento de las ventas. Aunque por dimensiones apenas varía -únicamente gana dos centímetros más en longitud y altura-, en el diseño sí apreciamos un enfoque más deportivo. Frontalmente impacta una agresiva y amplia parrilla inspirada en las toberas de los modernos aviones de combate. En la zaga, por su parte, la perdida del tercer volumen se acentúa con un portón posterior de fuerte inclinación (hasta 58 grados), presidido por un imponente spoiler techo con forma de ala, de serie en todas las versiones.

Dicen en Mitsubishi haber apostado por un formato deportivo en lugar del puramente funcional. Pero lo cierto es que, con respecto al Sports Sedan, el Lancer Sportback aporta mayor flexibilidad. El portón posterior de generosas dimensiones facilita ya notablemente el acceso a un maletero que, oficialmente, ofrece además 344 litros de capacidad muy aprovechables, aunque dispone de rueda de repuesto de emergencia bajo el piso. También debemos tener en cuenta que los acabados superiores cuentan con un “subwoofer” de serie que restan aproximadamente 50 litros de carga.

El Sportback estrena también un piso de maletero con altura ajustable en dos posiciones –simplemente tirando podemos situarla a ras del marco del portón dejando por debajo un hueco para ocultar pequeños objetos- y un tirador para abatir automáticamente la banqueta trasera en proporción 60/40. En estas circunstancias, la capacidad de carga asciende a 1.394 litros con una superficie prácticamente plana.

En cuanto a habitabilidad, y asentado sobre la misma larga batalla de la versión sedán-2,64 metros-, el Lancer Sportback ofrece un notable espacio. Delante resulta holgado y, detrás, sobra espacio para piernas y anchura, aunque nuevamente debemos señalar que cuatro pasajeros viajarán mejor que cinco, ya que la plaza central, además de contar con un elevado túnel de transmisión que resta espacio a las piernas, dispone de un duro respaldo que hace las veces de reposabrazos. La nota discordante la pone la altura al techo, perjudicada por la caída del portón e insuficiente para personas que superen el 1,85 metros de altura.

Visualmente, el interior no refleja más cambios con el Sports Sedan, del que toma sus mismos cómodos asientos y un diseño muy simplificado con materiales más resistentes que vistosos, ya que no hay plásticos mullidos y todos resultan muy duros al tacto. Además, seguimos sin entender que no cuente con volante regulable en profundidad (sólo en altura). “El Lancer huye de lo superfluo”, nos contestan desde Mitsubishi.

Algo austero en su concepción interior, el Sportback resulta muy gratificante en carretera. Como toda la familia Lancer, nace de la nueva plataforma global de Mitsubishi para modelos propios –como el Outlander- y ajenos –como los Dodge Caliber, Chrysler Sebring o Jeep Compass-. Su esquema de suspensiones es el mismo, con tren delantero McPherson y eje trasero Multibrazo, con un tarado de amortiguación bastante enérgico y encaminado a buscar principalmente mayor eficacia sobre asfalto que confort de marcha. Aun así, no resulta incómodo para viajar.

Cuando aterrice en nuestro mercado, el Lancer Sportback estará únicamente disponible con las dos mismas motorizaciones que el Sports Sedan. Abriendo la gama encontramos un propulsor de gasolina de 1,8 litros de cilindrada, 143 CV y distribución variable en admisión y escape. Anuncia una velocidad máxima de 196 km/h, con una aceleración de 0 a 100 km/h en 10,4 segundos, y en carretera se muestra en todo momento suficiente y voluntarioso, aunque su corte deportivo obligan a llevarlo por encima de las 4.000 rpm si queremos explotar sus posibilidades. Obviamente resintiéndose sus consumos, siempre superiores a 9 l/100 km de media. Junto a esta motorización podemos optar a un cambio manual de 5 relaciones o a un automático CVT de variador continuo y seis velocidades muy efectivo. No cuenta con programa “Sport”, pero sí con modo secuencial tanto por palanca como por unas cómodas y grandes levas de magnesio situadas tras el volante.

Aunque el mayor protagonista del Lancer Sportback será su motor Diesel de dos litros y 140 CV, el conocido TDI del grupo Volkswagen, sin duda el que acaparará las mayores ventas. Cierto que este propulsor, con inyección directa por bomba inyector, ya no aparece entre los más refinados del mercado por vibraciones, pero su contundencia, gran respuesta a bajo régimen y moderado consumo (inferior incluso a los 6 l/100 km de media) le convierten en una propuesta muy interesante. Por cuestiones de su elevado par, no dispone del cambio automático CVT, pudiendo asociarse únicamente a una transmisión manual de seis relaciones.

Dinámicamente, nos ha gustado el tacto deportivo del Sportback. Se sustenta en una dirección precisa e informativa, en unas transmisiones rápidas y un bastidor muy efectivo que, si ya hemos dicho que resulta bastante cómodo y aplomado en vías rápidas, en curva y cambios de apoyo apenas balancea. Resulta, ante todo, muy noble en sus reacciones y fácil de conducir. Sólo un inconveniente: el aislamiento acústico, no demasiado trabajado por Mitsubishi y algo molesto en la rodadura a alta velocidad.

Desde su puesta en escena, el Lancer Sportback estará disponible en cuatro acabados (Inform, Intense, Intense Tech e Instyle), todos con un gran equipamiento de serie en seguridad al incluir airbags laterales delanteros, de cortina e, incluso de rodilla para conductor, además de control de estabilidad y tracción y aire acondicionado. Las versiones superiores contarán con una dotación de lujo, entre la que figuran faros Bixenón y luces adaptativas, sistema de arranque sin llave, sistema de navegación con disco duro de 30 Gb o, por primera vez en un Mitsubishi, sistema de señalización automática de frenada de emergencia.

Los precios todavía no se conocen, pero fuentes de la marca japonesa nos confirman que el Sportback supondrá un incremento de precio con respecto al Sports Sedan de entre 500 y 1.000 euros a igualdad de versión y motor.

Bienvenidos al “año Lancer” de Mitsubishi. Con la recuperación de esta denominación, heredera de una gran tradición deportiva, la marca japonesa ha iniciado una fuerte ofensiva de producto, mostrando de paso una nueva identidad visual que terminará por implantarse en toda su gama. A principios de febrero nació el primogénito de la familia, el Lancer Sports Sedán, con una atractiva y larga carrocería de cuatro puertas que le situaba a caballo entre los segmentos C y D de mercado, los más demandados y olvidados por Mitsubishi desde la desaparición del Carisma. Ahora, casi medio año después, llega a las carreteras su dinámica variante de cinco puertas para aclararnos un poco más su ubicación real.

Con el nuevo Lancer Sportback, Mitsubishi ataca definitivamente el segmento de los compactos. Con un tamaño considerable (mide 4,59 metros de longitud) , sí, pero sin desmarcarse excesivamente de otras nuevas realizaciones, como los Lancia Delta o Subaru Impreza, en quienes encontrará la mayor competencia, además de los clásicos y más pequeños VW Golf, Ford Focus o Peugeot 308. Se confirma así que si las berlinas han estirado hacia arriba, superando algunas incluso los 4,8 metros, los compactos también tienden a lo alto.

Buenos ingredientes, desde luego, no le faltan para competir como seria alternativa. Con respecto al Sports Sedan, el Lancer Sportback añade una imprescindible carrocería de cinco puertas, que en la categoría acapara hasta un 70 por ciento de las ventas. Aunque por dimensiones apenas varía -únicamente gana dos centímetros más en longitud y altura-, en el diseño sí apreciamos un enfoque más deportivo. Frontalmente impacta una agresiva y amplia parrilla inspirada en las toberas de los modernos aviones de combate. En la zaga, por su parte, la perdida del tercer volumen se acentúa con un portón posterior de fuerte inclinación (hasta 58 grados), presidido por un imponente spoiler techo con forma de ala, de serie en todas las versiones.

Dicen en Mitsubishi haber apostado por un formato deportivo en lugar del puramente funcional. Pero lo cierto es que, con respecto al Sports Sedan, el Lancer Sportback aporta mayor flexibilidad. El portón posterior de generosas dimensiones facilita ya notablemente el acceso a un maletero que, oficialmente, ofrece además 344 litros de capacidad muy aprovechables, aunque dispone de rueda de repuesto de emergencia bajo el piso. También debemos tener en cuenta que los acabados superiores cuentan con un “subwoofer” de serie que restan aproximadamente 50 litros de carga.

El Sportback estrena también un piso de maletero con altura ajustable en dos posiciones –simplemente tirando podemos situarla a ras del marco del portón dejando por debajo un hueco para ocultar pequeños objetos- y un tirador para abatir automáticamente la banqueta trasera en proporción 60/40. En estas circunstancias, la capacidad de carga asciende a 1.394 litros con una superficie prácticamente plana.

En cuanto a habitabilidad, y asentado sobre la misma larga batalla de la versión sedán-2,64 metros-, el Lancer Sportback ofrece un notable espacio. Delante resulta holgado y, detrás, sobra espacio para piernas y anchura, aunque nuevamente debemos señalar que cuatro pasajeros viajarán mejor que cinco, ya que la plaza central, además de contar con un elevado túnel de transmisión que resta espacio a las piernas, dispone de un duro respaldo que hace las veces de reposabrazos. La nota discordante la pone la altura al techo, perjudicada por la caída del portón e insuficiente para personas que superen el 1,85 metros de altura.

Visualmente, el interior no refleja más cambios con el Sports Sedan, del que toma sus mismos cómodos asientos y un diseño muy simplificado con materiales más resistentes que vistosos, ya que no hay plásticos mullidos y todos resultan muy duros al tacto. Además, seguimos sin entender que no cuente con volante regulable en profundidad (sólo en altura). “El Lancer huye de lo superfluo”, nos contestan desde Mitsubishi.

Algo austero en su concepción interior, el Sportback resulta muy gratificante en carretera. Como toda la familia Lancer, nace de la nueva plataforma global de Mitsubishi para modelos propios –como el Outlander- y ajenos –como los Dodge Caliber, Chrysler Sebring o Jeep Compass-. Su esquema de suspensiones es el mismo, con tren delantero McPherson y eje trasero Multibrazo, con un tarado de amortiguación bastante enérgico y encaminado a buscar principalmente mayor eficacia sobre asfalto que confort de marcha. Aun así, no resulta incómodo para viajar.

Cuando aterrice en nuestro mercado, el Lancer Sportback estará únicamente disponible con las dos mismas motorizaciones que el Sports Sedan. Abriendo la gama encontramos un propulsor de gasolina de 1,8 litros de cilindrada, 143 CV y distribución variable en admisión y escape. Anuncia una velocidad máxima de 196 km/h, con una aceleración de 0 a 100 km/h en 10,4 segundos, y en carretera se muestra en todo momento suficiente y voluntarioso, aunque su corte deportivo obligan a llevarlo por encima de las 4.000 rpm si queremos explotar sus posibilidades. Obviamente resintiéndose sus consumos, siempre superiores a 9 l/100 km de media. Junto a esta motorización podemos optar a un cambio manual de 5 relaciones o a un automático CVT de variador continuo y seis velocidades muy efectivo. No cuenta con programa “Sport”, pero sí con modo secuencial tanto por palanca como por unas cómodas y grandes levas de magnesio situadas tras el volante.

Aunque el mayor protagonista del Lancer Sportback será su motor Diesel de dos litros y 140 CV, el conocido TDI del grupo Volkswagen, sin duda el que acaparará las mayores ventas. Cierto que este propulsor, con inyección directa por bomba inyector, ya no aparece entre los más refinados del mercado por vibraciones, pero su contundencia, gran respuesta a bajo régimen y moderado consumo (inferior incluso a los 6 l/100 km de media) le convierten en una propuesta muy interesante. Por cuestiones de su elevado par, no dispone del cambio automático CVT, pudiendo asociarse únicamente a una transmisión manual de seis relaciones.

Dinámicamente, nos ha gustado el tacto deportivo del Sportback. Se sustenta en una dirección precisa e informativa, en unas transmisiones rápidas y un bastidor muy efectivo que, si ya hemos dicho que resulta bastante cómodo y aplomado en vías rápidas, en curva y cambios de apoyo apenas balancea. Resulta, ante todo, muy noble en sus reacciones y fácil de conducir. Sólo un inconveniente: el aislamiento acústico, no demasiado trabajado por Mitsubishi y algo molesto en la rodadura a alta velocidad.

Desde su puesta en escena, el Lancer Sportback estará disponible en cuatro acabados (Inform, Intense, Intense Tech e Instyle), todos con un gran equipamiento de serie en seguridad al incluir airbags laterales delanteros, de cortina e, incluso de rodilla para conductor, además de control de estabilidad y tracción y aire acondicionado. Las versiones superiores contarán con una dotación de lujo, entre la que figuran faros Bixenón y luces adaptativas, sistema de arranque sin llave, sistema de navegación con disco duro de 30 Gb o, por primera vez en un Mitsubishi, sistema de señalización automática de frenada de emergencia.