Mitsubishi Lancer Evo X frente a Subaru Impreza STi

Enemigos declarados y eternos rivales, tanto el Mitsubishi Lancer Evo X como el Subaru Impreza STi, mantienen una generación más su lucha por ser el mejor, el más rápido y el más efectivo; el Impreza aspira al trono, mientras que el Evo vende cara la victoria… sólo dos milésimas de segundo tienen la respuesta.
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Mitsubishi Lancer Evo X frente a Subaru Impreza STi
Mitsubishi Lancer Evo X frente a Subaru Impreza STi

Llevamos décadas viéndolos competir en el Mundial de Rallyes, en los campeonatos nacionales e incluso en las carreras regionales, por asfalto, tierra o nieve. Mitsubishi y Subaru son dos marcas que llevan la competición dentro de su ADN, hasta el punto que se atreven a realizar estos dos coches de calle tan políticamente incorrectos, a los que sólo falta quitar lo superfluo y poner unas barras y extintores para tener dos coches de carreras muy serios y efectivos. No son coches de calle preparados para la competición, sino más bien dos coches de carreras adaptados a la calle. Estaréis con nosotros en que no es lo mismo.

Por culpa de la actual crisis mundial, que se ha cebado especialmente con el mundo del automóvil, las dos marcas a las que pertenecen, como otras tantas, han visto frenadas sus aspiraciones deportivas, viéndose obligadas a abandonar todos los intereses deportivos en el Campeonato del Mundo de Rallyes, algo que, afortunadamente y de momento, no ha afectado a ninguno de los dos coches que ahora comparamos; en ambos casos mantienen esa importante herencia deportiva fruto de una larga trayectoria en la competición. No hay más que fijarse en sus apretados motores o la tecnología de diferenciales activos que incorporan, pensada única y exclusivamente para hacerlos más rápidos y efectivos.

Hasta ahora, en todas las comparativas de anteriores generaciones, el Evo siempre ha sido el claro ganador mostrándose más rápido ante el crono, efectivo y, sobre todo, radical que el Impreza. Ahora el Mitsubishi se ha «dulcificado», al menos en apariencia, para ser menos radical en el día a día y así poder abarcar a un público mayor. Esta obligada apuesta le ha hecho «engordar» 100 kg con respecto al Evo IX, puesto que, entre otros, ha pasado de ofrecer una simple radio con CD a un completo equipo con navegador, cuero, 7 airbags... Si a esto sumamos la mejorada efectividad del Subaru, tenemos por primera vez un resultado final muy apretado, hasta el punto que en el tramo cronometrado de nuestro circuito la diferencia de la mejor vuelta de uno y otro haya sido de ¡sólo 2 milésimas de segundo! eso sí, cada uno llega a ese tiempo a su manera y los dos dan la talla; no elijas todavía, espera hasta el final.

Antes de empezar con el comportamiento, dejemos bien claro que para conducir dentro de los límites legales sobra tanta deportividad, tanto diferencial y tanta tecnología —y eso a pesar de que cuando la adherencia es baja hay pocos coches tan seguros como estos—. Hablamos de dos coches diferentes al resto, muy especiales, sólo para conductores que sepan apreciar lo que llevan entre manos y que, además, puedan sacarle partido, porque si no, tanta deportividad, sin experiencia ni control, puede jugarnos una mala pasada, tanto al conductor como a su entorno. Son fáciles de conducir despacio o rápido pero muy exigentes y radicales de reacciones a la hora de sacarles todo el jugo. En el mercado puedes encontrar deportivos mucho más potentes —aunque más caros— pero menos exigentes en su conducción al límite; eso sí, con una deportividad menos eficiente.

A pesar de la igualdad mostrada en los tiempos totales en circuito, estamos ante dos coches con personalidades bien diferenciadas. Hay que tener bien claro el uso al que se les va a destinar, si como vehículos de competición pura y dura o como coches de calle para todos los días, que en el fondo es para lo que se han «civilizado».

Los dos cuentan con diferenciales activos, en los que el propio conductor puede variar el modo de repartir la tracción a su voluntad, en función del terreno por el que se circule o lo rápido que el tramo sea. En el caso del Evo se puede optar por tres modos denominados Asfalto, Tierra o Nieve; resumiendo, se podría decir que cuanto más delicada es la superficie, más convierten al coche en tracción delantera, forzando la propulsión trasera en el modo asfalto.

El Subaru hace exactamente lo mismo, pero la selección del modo ideal es menos intuitiva. Con respecto al Evo añade un modo «inteligente» que, en el fondo, es el que más utilizaremos, ya que con las ruedas de asfalto de llanta 18 y perfil 40 no es muy recomendable pisar tierra —pasa lo mismo en los dos coches—.

Para un coche de calle, la utilización de los diferenciales activos se limita a las condiciones de adherencia. Así, los dos modelos resultan mucho más fáciles de conducir cuando hacemos trabajar los sistemas con más par delante —posición nieve en el Evo y Auto+ en el Impreza—, puesto que en los modos de asfalto (Tarmac y Auto en Evo e Impreza respectivamente) la zaga se hará notar continuamente en los dos casos. Si circulamos relajados, a un ritmo vivo pero sin sobrepasar el límite de adherencia de los neumáticos, los dos modelos transmiten una seguridad y un aplomo envidiables y pocos coches pueden seguirles el ritmo. El Evo, a pesar de haber mejorado con respecto al IX, es algo más nervioso de atrás, sobre todo en curva rápida, situación que solucionaremos sin perder efectividad con los diferenciales en posición Nieve. Aquí el Impreza gusta más y no es necesario tocar nada para que todo vaya bien.

Radicales
Telemetría

Llevamos décadas viéndolos competir en el Mundial de Rallyes, en los campeonatos nacionales e incluso en las carreras regionales, por asfalto, tierra o nieve. Mitsubishi y Subaru son dos marcas que llevan la competición dentro de su ADN, hasta el punto que se atreven a realizar estos dos coches de calle tan políticamente incorrectos, a los que sólo falta quitar lo superfluo y poner unas barras y extintores para tener dos coches de carreras muy serios y efectivos. No son coches de calle preparados para la competición, sino más bien dos coches de carreras adaptados a la calle. Estaréis con nosotros en que no es lo mismo.

Por culpa de la actual crisis mundial, que se ha cebado especialmente con el mundo del automóvil, las dos marcas a las que pertenecen, como otras tantas, han visto frenadas sus aspiraciones deportivas, viéndose obligadas a abandonar todos los intereses deportivos en el Campeonato del Mundo de Rallyes, algo que, afortunadamente y de momento, no ha afectado a ninguno de los dos coches que ahora comparamos; en ambos casos mantienen esa importante herencia deportiva fruto de una larga trayectoria en la competición. No hay más que fijarse en sus apretados motores o la tecnología de diferenciales activos que incorporan, pensada única y exclusivamente para hacerlos más rápidos y efectivos.

Hasta ahora, en todas las comparativas de anteriores generaciones, el Evo siempre ha sido el claro ganador mostrándose más rápido ante el crono, efectivo y, sobre todo, radical que el Impreza. Ahora el Mitsubishi se ha «dulcificado», al menos en apariencia, para ser menos radical en el día a día y así poder abarcar a un público mayor. Esta obligada apuesta le ha hecho «engordar» 100 kg con respecto al Evo IX, puesto que, entre otros, ha pasado de ofrecer una simple radio con CD a un completo equipo con navegador, cuero, 7 airbags... Si a esto sumamos la mejorada efectividad del Subaru, tenemos por primera vez un resultado final muy apretado, hasta el punto que en el tramo cronometrado de nuestro circuito la diferencia de la mejor vuelta de uno y otro haya sido de ¡sólo 2 milésimas de segundo! eso sí, cada uno llega a ese tiempo a su manera y los dos dan la talla; no elijas todavía, espera hasta el final.

Antes de empezar con el comportamiento, dejemos bien claro que para conducir dentro de los límites legales sobra tanta deportividad, tanto diferencial y tanta tecnología —y eso a pesar de que cuando la adherencia es baja hay pocos coches tan seguros como estos—. Hablamos de dos coches diferentes al resto, muy especiales, sólo para conductores que sepan apreciar lo que llevan entre manos y que, además, puedan sacarle partido, porque si no, tanta deportividad, sin experiencia ni control, puede jugarnos una mala pasada, tanto al conductor como a su entorno. Son fáciles de conducir despacio o rápido pero muy exigentes y radicales de reacciones a la hora de sacarles todo el jugo. En el mercado puedes encontrar deportivos mucho más potentes —aunque más caros— pero menos exigentes en su conducción al límite; eso sí, con una deportividad menos eficiente.

A pesar de la igualdad mostrada en los tiempos totales en circuito, estamos ante dos coches con personalidades bien diferenciadas. Hay que tener bien claro el uso al que se les va a destinar, si como vehículos de competición pura y dura o como coches de calle para todos los días, que en el fondo es para lo que se han «civilizado».

Los dos cuentan con diferenciales activos, en los que el propio conductor puede variar el modo de repartir la tracción a su voluntad, en función del terreno por el que se circule o lo rápido que el tramo sea. En el caso del Evo se puede optar por tres modos denominados Asfalto, Tierra o Nieve; resumiendo, se podría decir que cuanto más delicada es la superficie, más convierten al coche en tracción delantera, forzando la propulsión trasera en el modo asfalto.

El Subaru hace exactamente lo mismo, pero la selección del modo ideal es menos intuitiva. Con respecto al Evo añade un modo «inteligente» que, en el fondo, es el que más utilizaremos, ya que con las ruedas de asfalto de llanta 18 y perfil 40 no es muy recomendable pisar tierra —pasa lo mismo en los dos coches—.

Para un coche de calle, la utilización de los diferenciales activos se limita a las condiciones de adherencia. Así, los dos modelos resultan mucho más fáciles de conducir cuando hacemos trabajar los sistemas con más par delante —posición nieve en el Evo y Auto+ en el Impreza—, puesto que en los modos de asfalto (Tarmac y Auto en Evo e Impreza respectivamente) la zaga se hará notar continuamente en los dos casos. Si circulamos relajados, a un ritmo vivo pero sin sobrepasar el límite de adherencia de los neumáticos, los dos modelos transmiten una seguridad y un aplomo envidiables y pocos coches pueden seguirles el ritmo. El Evo, a pesar de haber mejorado con respecto al IX, es algo más nervioso de atrás, sobre todo en curva rápida, situación que solucionaremos sin perder efectividad con los diferenciales en posición Nieve. Aquí el Impreza gusta más y no es necesario tocar nada para que todo vaya bien.

Radicales
Telemetría

Llevamos décadas viéndolos competir en el Mundial de Rallyes, en los campeonatos nacionales e incluso en las carreras regionales, por asfalto, tierra o nieve. Mitsubishi y Subaru son dos marcas que llevan la competición dentro de su ADN, hasta el punto que se atreven a realizar estos dos coches de calle tan políticamente incorrectos, a los que sólo falta quitar lo superfluo y poner unas barras y extintores para tener dos coches de carreras muy serios y efectivos. No son coches de calle preparados para la competición, sino más bien dos coches de carreras adaptados a la calle. Estaréis con nosotros en que no es lo mismo.

Por culpa de la actual crisis mundial, que se ha cebado especialmente con el mundo del automóvil, las dos marcas a las que pertenecen, como otras tantas, han visto frenadas sus aspiraciones deportivas, viéndose obligadas a abandonar todos los intereses deportivos en el Campeonato del Mundo de Rallyes, algo que, afortunadamente y de momento, no ha afectado a ninguno de los dos coches que ahora comparamos; en ambos casos mantienen esa importante herencia deportiva fruto de una larga trayectoria en la competición. No hay más que fijarse en sus apretados motores o la tecnología de diferenciales activos que incorporan, pensada única y exclusivamente para hacerlos más rápidos y efectivos.

Hasta ahora, en todas las comparativas de anteriores generaciones, el Evo siempre ha sido el claro ganador mostrándose más rápido ante el crono, efectivo y, sobre todo, radical que el Impreza. Ahora el Mitsubishi se ha «dulcificado», al menos en apariencia, para ser menos radical en el día a día y así poder abarcar a un público mayor. Esta obligada apuesta le ha hecho «engordar» 100 kg con respecto al Evo IX, puesto que, entre otros, ha pasado de ofrecer una simple radio con CD a un completo equipo con navegador, cuero, 7 airbags... Si a esto sumamos la mejorada efectividad del Subaru, tenemos por primera vez un resultado final muy apretado, hasta el punto que en el tramo cronometrado de nuestro circuito la diferencia de la mejor vuelta de uno y otro haya sido de ¡sólo 2 milésimas de segundo! eso sí, cada uno llega a ese tiempo a su manera y los dos dan la talla; no elijas todavía, espera hasta el final.

Antes de empezar con el comportamiento, dejemos bien claro que para conducir dentro de los límites legales sobra tanta deportividad, tanto diferencial y tanta tecnología —y eso a pesar de que cuando la adherencia es baja hay pocos coches tan seguros como estos—. Hablamos de dos coches diferentes al resto, muy especiales, sólo para conductores que sepan apreciar lo que llevan entre manos y que, además, puedan sacarle partido, porque si no, tanta deportividad, sin experiencia ni control, puede jugarnos una mala pasada, tanto al conductor como a su entorno. Son fáciles de conducir despacio o rápido pero muy exigentes y radicales de reacciones a la hora de sacarles todo el jugo. En el mercado puedes encontrar deportivos mucho más potentes —aunque más caros— pero menos exigentes en su conducción al límite; eso sí, con una deportividad menos eficiente.

A pesar de la igualdad mostrada en los tiempos totales en circuito, estamos ante dos coches con personalidades bien diferenciadas. Hay que tener bien claro el uso al que se les va a destinar, si como vehículos de competición pura y dura o como coches de calle para todos los días, que en el fondo es para lo que se han «civilizado».

Los dos cuentan con diferenciales activos, en los que el propio conductor puede variar el modo de repartir la tracción a su voluntad, en función del terreno por el que se circule o lo rápido que el tramo sea. En el caso del Evo se puede optar por tres modos denominados Asfalto, Tierra o Nieve; resumiendo, se podría decir que cuanto más delicada es la superficie, más convierten al coche en tracción delantera, forzando la propulsión trasera en el modo asfalto.

El Subaru hace exactamente lo mismo, pero la selección del modo ideal es menos intuitiva. Con respecto al Evo añade un modo «inteligente» que, en el fondo, es el que más utilizaremos, ya que con las ruedas de asfalto de llanta 18 y perfil 40 no es muy recomendable pisar tierra —pasa lo mismo en los dos coches—.

Para un coche de calle, la utilización de los diferenciales activos se limita a las condiciones de adherencia. Así, los dos modelos resultan mucho más fáciles de conducir cuando hacemos trabajar los sistemas con más par delante —posición nieve en el Evo y Auto+ en el Impreza—, puesto que en los modos de asfalto (Tarmac y Auto en Evo e Impreza respectivamente) la zaga se hará notar continuamente en los dos casos. Si circulamos relajados, a un ritmo vivo pero sin sobrepasar el límite de adherencia de los neumáticos, los dos modelos transmiten una seguridad y un aplomo envidiables y pocos coches pueden seguirles el ritmo. El Evo, a pesar de haber mejorado con respecto al IX, es algo más nervioso de atrás, sobre todo en curva rápida, situación que solucionaremos sin perder efectividad con los diferenciales en posición Nieve. Aquí el Impreza gusta más y no es necesario tocar nada para que todo vaya bien.

Radicales
Telemetría

Llevamos décadas viéndolos competir en el Mundial de Rallyes, en los campeonatos nacionales e incluso en las carreras regionales, por asfalto, tierra o nieve. Mitsubishi y Subaru son dos marcas que llevan la competición dentro de su ADN, hasta el punto que se atreven a realizar estos dos coches de calle tan políticamente incorrectos, a los que sólo falta quitar lo superfluo y poner unas barras y extintores para tener dos coches de carreras muy serios y efectivos. No son coches de calle preparados para la competición, sino más bien dos coches de carreras adaptados a la calle. Estaréis con nosotros en que no es lo mismo.

Por culpa de la actual crisis mundial, que se ha cebado especialmente con el mundo del automóvil, las dos marcas a las que pertenecen, como otras tantas, han visto frenadas sus aspiraciones deportivas, viéndose obligadas a abandonar todos los intereses deportivos en el Campeonato del Mundo de Rallyes, algo que, afortunadamente y de momento, no ha afectado a ninguno de los dos coches que ahora comparamos; en ambos casos mantienen esa importante herencia deportiva fruto de una larga trayectoria en la competición. No hay más que fijarse en sus apretados motores o la tecnología de diferenciales activos que incorporan, pensada única y exclusivamente para hacerlos más rápidos y efectivos.

Hasta ahora, en todas las comparativas de anteriores generaciones, el Evo siempre ha sido el claro ganador mostrándose más rápido ante el crono, efectivo y, sobre todo, radical que el Impreza. Ahora el Mitsubishi se ha «dulcificado», al menos en apariencia, para ser menos radical en el día a día y así poder abarcar a un público mayor. Esta obligada apuesta le ha hecho «engordar» 100 kg con respecto al Evo IX, puesto que, entre otros, ha pasado de ofrecer una simple radio con CD a un completo equipo con navegador, cuero, 7 airbags... Si a esto sumamos la mejorada efectividad del Subaru, tenemos por primera vez un resultado final muy apretado, hasta el punto que en el tramo cronometrado de nuestro circuito la diferencia de la mejor vuelta de uno y otro haya sido de ¡sólo 2 milésimas de segundo! eso sí, cada uno llega a ese tiempo a su manera y los dos dan la talla; no elijas todavía, espera hasta el final.

Antes de empezar con el comportamiento, dejemos bien claro que para conducir dentro de los límites legales sobra tanta deportividad, tanto diferencial y tanta tecnología —y eso a pesar de que cuando la adherencia es baja hay pocos coches tan seguros como estos—. Hablamos de dos coches diferentes al resto, muy especiales, sólo para conductores que sepan apreciar lo que llevan entre manos y que, además, puedan sacarle partido, porque si no, tanta deportividad, sin experiencia ni control, puede jugarnos una mala pasada, tanto al conductor como a su entorno. Son fáciles de conducir despacio o rápido pero muy exigentes y radicales de reacciones a la hora de sacarles todo el jugo. En el mercado puedes encontrar deportivos mucho más potentes —aunque más caros— pero menos exigentes en su conducción al límite; eso sí, con una deportividad menos eficiente.

A pesar de la igualdad mostrada en los tiempos totales en circuito, estamos ante dos coches con personalidades bien diferenciadas. Hay que tener bien claro el uso al que se les va a destinar, si como vehículos de competición pura y dura o como coches de calle para todos los días, que en el fondo es para lo que se han «civilizado».

Los dos cuentan con diferenciales activos, en los que el propio conductor puede variar el modo de repartir la tracción a su voluntad, en función del terreno por el que se circule o lo rápido que el tramo sea. En el caso del Evo se puede optar por tres modos denominados Asfalto, Tierra o Nieve; resumiendo, se podría decir que cuanto más delicada es la superficie, más convierten al coche en tracción delantera, forzando la propulsión trasera en el modo asfalto.

El Subaru hace exactamente lo mismo, pero la selección del modo ideal es menos intuitiva. Con respecto al Evo añade un modo «inteligente» que, en el fondo, es el que más utilizaremos, ya que con las ruedas de asfalto de llanta 18 y perfil 40 no es muy recomendable pisar tierra —pasa lo mismo en los dos coches—.

Para un coche de calle, la utilización de los diferenciales activos se limita a las condiciones de adherencia. Así, los dos modelos resultan mucho más fáciles de conducir cuando hacemos trabajar los sistemas con más par delante —posición nieve en el Evo y Auto+ en el Impreza—, puesto que en los modos de asfalto (Tarmac y Auto en Evo e Impreza respectivamente) la zaga se hará notar continuamente en los dos casos. Si circulamos relajados, a un ritmo vivo pero sin sobrepasar el límite de adherencia de los neumáticos, los dos modelos transmiten una seguridad y un aplomo envidiables y pocos coches pueden seguirles el ritmo. El Evo, a pesar de haber mejorado con respecto al IX, es algo más nervioso de atrás, sobre todo en curva rápida, situación que solucionaremos sin perder efectividad con los diferenciales en posición Nieve. Aquí el Impreza gusta más y no es necesario tocar nada para que todo vaya bien.

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