Mini Cooper D

El apellido Cooper siempre ha identificado a los Mini más deportivos, de ahí que pueda parecer un sacrilegio unir ese nombre a un motor alimentado por gasóleo; pero los tiempos cambian, y también las ideas sobre lo que puede dar de sí una mecánica Diesel de 110 CV.
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Mini Cooper D
Mini Cooper D

Según nuestras mediciones, el Mini Cooper D pasa de 0 a 100 km/h en 9,6 segundos –frente a los 12 que invertía el One D- y si nos fijamos en una de las clásicas recuperaciones que simulan un adelantamiento, como es el paso de 80 a 120 km/h en 4ª, vemos que dicha maniobra la realiza con bastante rapidez pues marca 8,4 segundos –dos menos que su antecesor-. De modo anecdótico, para nuestros tiempos, los 195 km/h de velocidad máxima también suponen un aumento considerable -20 km/h más- frente al One D.

Al ralentí y con la ventanilla bajada la sonoridad del motor desencanta un poco, pero si vamos rodando y aislados en el habitáculo no se perciben ruidos molestos. El motor combina un buen grado de suavidad con unas prestaciones notables, sin olvidar que BMW habla del Mini más económico jamás fabricado, pues ha homologado un gasto medio de 4,4 litros, un 10 por ciento inferior al del One D, aunque durante nuestra prueba la media real ha rondado los seis litros, idéntico a su antecesor, lo cual está muy bien si tenemos en cuenta el mayor potencial. Aquí también ayuda el largo desarrollo final de la caja de seis velocidades, que permite que el motor gire a un régimen desahogado a alta velocidad. Por cierto, la mecánica incluye de serie un filtro de partículas que se regenera de forma automática.

Quien busque sensaciones deportivas encontrará unas buenas dosis en el Cooper D, pues a la solvente respuesta del motor hay que sumar que, en la remodelación del Mini, se ha querido dar un consistente tacto a todos los elementos que intervienen en la conducción y un comportamiento que se traduce en diversión. La dirección, muy directa, permite unos giros muy rápidos, los frenos trabajan con eficacia y el cambio es preciso, aunque podría mejorar en suavidad. Nuestra unidad montaba además un pulsador “Sport” que hace todavía más directa la respuesta del volante y del acelerador.

La agilidad es otra de las virtudes del Mini. Su eficaz chasis le permite desenvolverse como pez en el agua en zonas viradas, con un eje trasero –de estructura multibrazo- que redondea bien las trayectorias y sin que su corta batalla matice las reacciones de su zaga, a no ser que nos empeñemos en sobrepasar el límite. El Mini Cooper D monta de serie el control de tracción, pero hay que pagar 362 euros por el de estabilidad, una opción más que recomendable.

Algunos lunares endémicos del Mini son las angostas plazas traseras en las que apenas hay espacio para colocar las piernas con comodidad –al menos, ahora se accede más fácil- o el minúsculo maletero, aunque los dos asientos traseros se abaten de forma individual con suma facilidad –también su respaldo se puede colocar algo más vertical- y se puede ganar espacio a la hora de cargar objetos voluminosos.

Nadie es perfecto, pero queda claro que el Mini Cooper D reúne suficientes alicientes tanto para ellos como para ellas, y con un precio de 20.750 euros puede encajar en ese retrato-robot del deportivo Diesel atractivo. ¿Es lo que buscas?

LO MEJOR
LO PEOR

– Comportamiento
– Presentación
– Prestaciones/consumo

– Maletero pequeño
– Plazas traseras
– Confort. DSC opcional

Según nuestras mediciones, el Mini Cooper D pasa de 0 a 100 km/h en 9,6 segundos –frente a los 12 que invertía el One D- y si nos fijamos en una de las clásicas recuperaciones que simulan un adelantamiento, como es el paso de 80 a 120 km/h en 4ª, vemos que dicha maniobra la realiza con bastante rapidez pues marca 8,4 segundos –dos menos que su antecesor-. De modo anecdótico, para nuestros tiempos, los 195 km/h de velocidad máxima también suponen un aumento considerable -20 km/h más- frente al One D.

Al ralentí y con la ventanilla bajada la sonoridad del motor desencanta un poco, pero si vamos rodando y aislados en el habitáculo no se perciben ruidos molestos. El motor combina un buen grado de suavidad con unas prestaciones notables, sin olvidar que BMW habla del Mini más económico jamás fabricado, pues ha homologado un gasto medio de 4,4 litros, un 10 por ciento inferior al del One D, aunque durante nuestra prueba la media real ha rondado los seis litros, idéntico a su antecesor, lo cual está muy bien si tenemos en cuenta el mayor potencial. Aquí también ayuda el largo desarrollo final de la caja de seis velocidades, que permite que el motor gire a un régimen desahogado a alta velocidad. Por cierto, la mecánica incluye de serie un filtro de partículas que se regenera de forma automática.

Quien busque sensaciones deportivas encontrará unas buenas dosis en el Cooper D, pues a la solvente respuesta del motor hay que sumar que, en la remodelación del Mini, se ha querido dar un consistente tacto a todos los elementos que intervienen en la conducción y un comportamiento que se traduce en diversión. La dirección, muy directa, permite unos giros muy rápidos, los frenos trabajan con eficacia y el cambio es preciso, aunque podría mejorar en suavidad. Nuestra unidad montaba además un pulsador “Sport” que hace todavía más directa la respuesta del volante y del acelerador.

La agilidad es otra de las virtudes del Mini. Su eficaz chasis le permite desenvolverse como pez en el agua en zonas viradas, con un eje trasero –de estructura multibrazo- que redondea bien las trayectorias y sin que su corta batalla matice las reacciones de su zaga, a no ser que nos empeñemos en sobrepasar el límite. El Mini Cooper D monta de serie el control de tracción, pero hay que pagar 362 euros por el de estabilidad, una opción más que recomendable.

Algunos lunares endémicos del Mini son las angostas plazas traseras en las que apenas hay espacio para colocar las piernas con comodidad –al menos, ahora se accede más fácil- o el minúsculo maletero, aunque los dos asientos traseros se abaten de forma individual con suma facilidad –también su respaldo se puede colocar algo más vertical- y se puede ganar espacio a la hora de cargar objetos voluminosos.

Nadie es perfecto, pero queda claro que el Mini Cooper D reúne suficientes alicientes tanto para ellos como para ellas, y con un precio de 20.750 euros puede encajar en ese retrato-robot del deportivo Diesel atractivo. ¿Es lo que buscas?

LO MEJOR
LO PEOR

– Comportamiento
– Presentación
– Prestaciones/consumo

– Maletero pequeño
– Plazas traseras
– Confort. DSC opcional

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