Mini Cooper D

El apellido Cooper siempre ha identificado a los Mini más deportivos, de ahí que pueda parecer un sacrilegio unir ese nombre a un motor alimentado por gasóleo; pero los tiempos cambian, y también las ideas sobre lo que puede dar de sí una mecánica Diesel de 110 CV.
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Mini Cooper D
Mini Cooper D

La evolución tecnológica ha permitido a los modernos motores Diesel hacerse un hueco bajo algún capó antes prohibido. No son pocos los coupés o modelos de tintes deportivos que hoy en día ofrecen en su gama alguna versión TDI o de siglas similares, y hasta se hacen apuestas de cuánto tardará una marca como Porsche –propietaria de Volkswagen- en tropezar en esa apetitosa piedra.

BMW ya jugó la carta Diesel en sus primeros Mini con un motor 1.4, de origen Toyota, que debutó con 75 CV y luego llegó a 88 CV, pero asociado al modelo One. Por otra parte, la estética racing –y la creación de Copas de competición- ha multiplicado los seguidores de este mítico coche, mientras que la llegada de la remodelada familia Mini ha traído consigo nuevas mecánicas, entre ellas este 1.6 D desarrollado por el grupo francés PSA y al que los ingenieros alemanes han aportado su toque particular para adaptarlo a una personalidad de corte más deportivo.

Para empezar el Mini Cooper D tiene un capó especialmente abombado, con nervios más acentuados, lo que se explica por la mayor altura del propulsor. También la entrada de aire de esta versión Diesel es más grande que en el resto de versiones. La potencia de su motor -110 CV- supera en 22 CV a la variante Diesel de la primera generación, lo que se traduce obviamente en unas prestaciones superiores. Su par motor alcanza los 24,5 mkg a 1.750 rpm, es decir, idéntico al que anuncia el Mini Cooper S de gasolina de 175 CV, que hasta la fecha es el estandarte en cuanto a deportividad. Además, igual que este último, dispone de función “overboost” que en los momentos en los que el conductor pisa con la máxima fuerza el acelerador, aumenta el par durante unos instantes hasta 26,5 mkg.

Tampoco hay duda de que otro de los aspectos que proporciona “tirón” al Mini es su imagen y diseño, de ahí que la marca alemana siga apostando por las posibilidades de personalización tanto por dentro como por fuera. Así se ofrecen ocho modelos diferentes de llantas de aleación ligera y doce colores de carrocería, con un techo que también contrastará con el tono elegido si se solicita en blanco o negro.

Entre los cambios aportados al interior vuelve a destacar el “Center Speedo” o lo que es lo mismo, el enorme velocímetro que preside la consola central y que puede agrupar las funciones de los sistemas de audio, entretenimiento y navegación si se opta por este dispositivo. Otra novedad es la tecla “Start&Stop” que hay que pulsar para arrancar o parar el coche sin necesidad de introducir la llave –ahora es electrónica- en ninguna ranura. Los materiales empleados también han mejorado, se han eliminado plásticos rígidos y aparece un material sintético más flexible y agradable al tacto, lo que aumenta la calidad percibida. Y para conseguir un ambiente singular el cliente puede elegir entre una gran variedad de acabados: laca piano de color negro, madera de roble con vetas oscuras, aluminio cepillado… o incluso montar un receptor de TV digital con memoria para 30 canales. Ya puestos, hasta se ofrece una nueva luz ambiental que se mueve en cascada, desde el techo hacia abajo, entre un color naranja cálido a un azul más eléctrico.

El estilo del Mini sigue marcando pautas y hasta los detalles más pequeños le hacen diferente. Por ejemplo, el pitido que avisa del no abrochado del cinturón resulta más “simpático” que el de otros coches o la enorme luz de alarma situada sobre el cuentarrevoluciones también llama la atención de noche. Ahora bien, mezclar originalidad y eficacia no es fácil, y leer la velocidad a la que vamos en la escala analógica del velocímetro o ver con claridad el régimen de giro sin topar en nuestro campo de visión con el aro del volante, no es una tarea sencilla.

La evolución tecnológica ha permitido a los modernos motores Diesel hacerse un hueco bajo algún capó antes prohibido. No son pocos los coupés o modelos de tintes deportivos que hoy en día ofrecen en su gama alguna versión TDI o de siglas similares, y hasta se hacen apuestas de cuánto tardará una marca como Porsche –propietaria de Volkswagen- en tropezar en esa apetitosa piedra.

BMW ya jugó la carta Diesel en sus primeros Mini con un motor 1.4, de origen Toyota, que debutó con 75 CV y luego llegó a 88 CV, pero asociado al modelo One. Por otra parte, la estética racing –y la creación de Copas de competición- ha multiplicado los seguidores de este mítico coche, mientras que la llegada de la remodelada familia Mini ha traído consigo nuevas mecánicas, entre ellas este 1.6 D desarrollado por el grupo francés PSA y al que los ingenieros alemanes han aportado su toque particular para adaptarlo a una personalidad de corte más deportivo.

Para empezar el Mini Cooper D tiene un capó especialmente abombado, con nervios más acentuados, lo que se explica por la mayor altura del propulsor. También la entrada de aire de esta versión Diesel es más grande que en el resto de versiones. La potencia de su motor -110 CV- supera en 22 CV a la variante Diesel de la primera generación, lo que se traduce obviamente en unas prestaciones superiores. Su par motor alcanza los 24,5 mkg a 1.750 rpm, es decir, idéntico al que anuncia el Mini Cooper S de gasolina de 175 CV, que hasta la fecha es el estandarte en cuanto a deportividad. Además, igual que este último, dispone de función “overboost” que en los momentos en los que el conductor pisa con la máxima fuerza el acelerador, aumenta el par durante unos instantes hasta 26,5 mkg.

Tampoco hay duda de que otro de los aspectos que proporciona “tirón” al Mini es su imagen y diseño, de ahí que la marca alemana siga apostando por las posibilidades de personalización tanto por dentro como por fuera. Así se ofrecen ocho modelos diferentes de llantas de aleación ligera y doce colores de carrocería, con un techo que también contrastará con el tono elegido si se solicita en blanco o negro.

Entre los cambios aportados al interior vuelve a destacar el “Center Speedo” o lo que es lo mismo, el enorme velocímetro que preside la consola central y que puede agrupar las funciones de los sistemas de audio, entretenimiento y navegación si se opta por este dispositivo. Otra novedad es la tecla “Start&Stop” que hay que pulsar para arrancar o parar el coche sin necesidad de introducir la llave –ahora es electrónica- en ninguna ranura. Los materiales empleados también han mejorado, se han eliminado plásticos rígidos y aparece un material sintético más flexible y agradable al tacto, lo que aumenta la calidad percibida. Y para conseguir un ambiente singular el cliente puede elegir entre una gran variedad de acabados: laca piano de color negro, madera de roble con vetas oscuras, aluminio cepillado… o incluso montar un receptor de TV digital con memoria para 30 canales. Ya puestos, hasta se ofrece una nueva luz ambiental que se mueve en cascada, desde el techo hacia abajo, entre un color naranja cálido a un azul más eléctrico.

El estilo del Mini sigue marcando pautas y hasta los detalles más pequeños le hacen diferente. Por ejemplo, el pitido que avisa del no abrochado del cinturón resulta más “simpático” que el de otros coches o la enorme luz de alarma situada sobre el cuentarrevoluciones también llama la atención de noche. Ahora bien, mezclar originalidad y eficacia no es fácil, y leer la velocidad a la que vamos en la escala analógica del velocímetro o ver con claridad el régimen de giro sin topar en nuestro campo de visión con el aro del volante, no es una tarea sencilla.

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