Mini Clubman D

A muchos les parecerá una carrocería innovadora, pero ya en el Mini primitivo de hace décadas ya existía una carrocería similar a esta. Sin lugar a duda uno de los coches más originales del momento.
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Mini Clubman D
Mini Clubman D

La carrocería del Clubman se sale de lo convencional. De las cinco puertas, dos están situadas en el lado derecho y dos en la trasera, haciendo las funciones de portón. Podemos afirmar que, desde el punto de vista práctico, resulta similar a un modelo coupé. La puerta lateral del lado derecho, que abre en sentido contrario a la marcha, es muy pequeña y para lo único que sirve es para mejorar la accesibilidad a las dos o tres plazas traseras —opción sin coste—. Nosotros no la consideramos una puerta en sentido estricto, sino más bien un guiño a la originalidad.

El incremento de batalla del Clubman respecto al Mini es de ocho centímetros, aunque no convierte al Mini en un modelo espacioso. Sigue siendo un coche más de capricho que funcional. Las plazas traseras disponen de una cota de anchura escasa, suficiente para dos ocupantes pero muy justa para tres. La altura libre al techo, sin embargo, sí mejora frente al Mini. En lo que respecta al maletero, la practicidad de las dos puertas nos ha parecido mayor de la que a priori imaginábamos, aunque el volumen de carga es notablemente inferior al de cualquier compacto.

Centrándonos en la versión Cooper D que hemos probado, en líneas generales nos ha gustado. Pero creemos que la denominación Cooper puede llevar a confusión. Porque con 110 CV y 1.300 kg de peso, en esta unidad las prestaciones son dignas, pero no sobresalientes. Y si hay algún mensaje ligado a la palabra Cooper, ese es el de la deportividad. Hubiéramos entendido mejor esta versión como Clubman D a secas, sin el Cooper, que debería estar reservado para un más que probable 1.6 Diesel de origen PSA de 150 CV aproximadamente. Pero tampoco piensen que decepciona. Es un motor con unas prestaciones dignas y suficientes para la gran mayoría de conductores, manteniendo unos niveles de consumos excelentes. Parte del ahorro de combustible puede ser atribuido, además de a la eficiencia del motor 1.6 de origen PSA, a unos desarrollos de cambio largos, que no favorecen al apartado de prestaciones. En vías rápidas, los 120 km/h reales se mantienen siempre que no aparezcan subidas o haya que adelantar, puesto que en esta situación nos veremos obligados a reducir a quinta. Si la velocidad es inferior o queremos un mayor dinamismo tendremos que jugar, incluso, con cuarta. Como todo es relativo, mucho de los conductores que sólo desean con este automóvil conducir algo exclusivo, y con consumos contenidos, verán colmados sus deseos con creces.

De serie dispone del sistema “Start-Stop” que detiene el motor cuando nos paramos y vuelve a arrancar automáticamente al pisar el embrague. Aunque es muy efectivo de cara al consumo, el arranque es algo brusco y lento, si somos rápidos con el cambio. Este sistema puede desconectarse con una tecla situada delante de la palanca de cambios, justo al lado de la tecla Sport, que cambia la asistencia de la dirección y la respuesta del acelerador. Otro cantar es el apartado del confort de marcha. Con unas suspensiones más bien duras y con una sonoridad típica de los propulsores Diesel, la comodidad no debería ser un argumento de compra. El equipamiento de serie es completo, aunque si empezamos a sumar opciones el precio final puede elevarse hasta cifras casi desproporcionadas.

Para los que les guste conducir, el Mini Clubman Cooper D les resultará igual de atractivo de bastidor que cualquiera de sus hermanos de gama. La dirección, rápida y directa, transmite toda la esencia de la conducción del Mini de tres puertas. De hecho, si no miramos por el espejo retrovisor, resultará difícil darnos cuenta de que conducimos la carrocería “maxi” del Mini.

La carrocería del Clubman se sale de lo convencional. De las cinco puertas, dos están situadas en el lado derecho y dos en la trasera, haciendo las funciones de portón. Podemos afirmar que, desde el punto de vista práctico, resulta similar a un modelo coupé. La puerta lateral del lado derecho, que abre en sentido contrario a la marcha, es muy pequeña y para lo único que sirve es para mejorar la accesibilidad a las dos o tres plazas traseras —opción sin coste—. Nosotros no la consideramos una puerta en sentido estricto, sino más bien un guiño a la originalidad.

El incremento de batalla del Clubman respecto al Mini es de ocho centímetros, aunque no convierte al Mini en un modelo espacioso. Sigue siendo un coche más de capricho que funcional. Las plazas traseras disponen de una cota de anchura escasa, suficiente para dos ocupantes pero muy justa para tres. La altura libre al techo, sin embargo, sí mejora frente al Mini. En lo que respecta al maletero, la practicidad de las dos puertas nos ha parecido mayor de la que a priori imaginábamos, aunque el volumen de carga es notablemente inferior al de cualquier compacto.

Centrándonos en la versión Cooper D que hemos probado, en líneas generales nos ha gustado. Pero creemos que la denominación Cooper puede llevar a confusión. Porque con 110 CV y 1.300 kg de peso, en esta unidad las prestaciones son dignas, pero no sobresalientes. Y si hay algún mensaje ligado a la palabra Cooper, ese es el de la deportividad. Hubiéramos entendido mejor esta versión como Clubman D a secas, sin el Cooper, que debería estar reservado para un más que probable 1.6 Diesel de origen PSA de 150 CV aproximadamente. Pero tampoco piensen que decepciona. Es un motor con unas prestaciones dignas y suficientes para la gran mayoría de conductores, manteniendo unos niveles de consumos excelentes. Parte del ahorro de combustible puede ser atribuido, además de a la eficiencia del motor 1.6 de origen PSA, a unos desarrollos de cambio largos, que no favorecen al apartado de prestaciones. En vías rápidas, los 120 km/h reales se mantienen siempre que no aparezcan subidas o haya que adelantar, puesto que en esta situación nos veremos obligados a reducir a quinta. Si la velocidad es inferior o queremos un mayor dinamismo tendremos que jugar, incluso, con cuarta. Como todo es relativo, mucho de los conductores que sólo desean con este automóvil conducir algo exclusivo, y con consumos contenidos, verán colmados sus deseos con creces.

De serie dispone del sistema “Start-Stop” que detiene el motor cuando nos paramos y vuelve a arrancar automáticamente al pisar el embrague. Aunque es muy efectivo de cara al consumo, el arranque es algo brusco y lento, si somos rápidos con el cambio. Este sistema puede desconectarse con una tecla situada delante de la palanca de cambios, justo al lado de la tecla Sport, que cambia la asistencia de la dirección y la respuesta del acelerador. Otro cantar es el apartado del confort de marcha. Con unas suspensiones más bien duras y con una sonoridad típica de los propulsores Diesel, la comodidad no debería ser un argumento de compra. El equipamiento de serie es completo, aunque si empezamos a sumar opciones el precio final puede elevarse hasta cifras casi desproporcionadas.

Para los que les guste conducir, el Mini Clubman Cooper D les resultará igual de atractivo de bastidor que cualquiera de sus hermanos de gama. La dirección, rápida y directa, transmite toda la esencia de la conducción del Mini de tres puertas. De hecho, si no miramos por el espejo retrovisor, resultará difícil darnos cuenta de que conducimos la carrocería “maxi” del Mini.

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