Mini John Cooper Works

Las firmas Mini y John Cooper Works están más unidas que nunca gracias a la incorporación de este nuevo modelo a la gama. Para disfrutarlo no hay que recurrir a preparaciones de concesionario, como hasta ahora, esta vez son 211 CV de serie.
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Mini John Cooper Works
Mini John Cooper Works

Si la potencia de un Mini Cooper S no te parece suficiente, o quieres dar un paso más allá en exclusividad, a finales de septiembre se pondrá a la venta el modelo tope de gama de la familia Mini, el nuevo John Cooper Works, tanto en carrocería 3 puertas como Clubman, al precio de 30.800 y 32.800 €, respectivamente. Hasta ahora, la única posibilidad para incrementar el ya de por sí excelente rendimiento del motor 1.6 turbo de inyección directa del Cooper S era incorporar un kit de potencia Power On, con el que sus 175 CV se convierten en 192, aunque esta modificación, que se encuentra dentro del amplísimo programa de personalización que ofrece la marca, requiere pasar la ITV tras su instalación. No ocurre lo mismo con el nuevo JCW, que se añade a la gama como una versión más ofreciendo directamente de fábrica sus 211 CV.

Parte de la misma base mecánica que el Cooper S, pero con modificaciones en la centralita, menor relación de compresión (pasa de 10,5:1 a 10:1), filtro de aire específico y optimizaciones en el escape y la admisión para mejorar el flujo de aire y reducir la contrapresión. Pero lo más importante es un turbocompresor de mayor soplado, que pasa de los 0,9 bar del Cooper S a 1,3 (el kit se queda en 1,1 bar). Es exactamente la misma motorización que impulsa a los modelos de carreras de la Copa John Mini Works Challenge que se celebra en algunos países europeos. La caja de cambios con piñones reforzados y el escape son muy similares al modelo de carreras, al igual que las llantas de aleación de 17”, cuyo diseño es exactamente igual, aunque con una menor anchura para adaptarse al uso por vías públicas. Los neumáticos, de tipo runflat, son de la medida 205/45 W 17 y el control de presión es de serie (emplea los sensores del ABS para ‘adivinarla’ mediante diferencias de giro en las ruedas).

Las suspensiones de serie ya son bastante deportivas (son las del Cooper S), sin embargo, se ofrecen dos posibilidades adicionales de reglaje, una de tarados más firmes todavía, que ya estaba disponible para el Cooper S, y el denominado chasis John Cooper Works, que además rebaja la altura de la carrocería en 10 mm, monta muelles más rígidos y barras estabilizadoras más gruesas. En cualquier caso los frenos son específicos, con pinzas pintadas en rojo, de cuatro pistones delante, y discos de mayor diámetro en ambos ejes. El coche que hemos conducido llevaba la configuración de serie, con la que ya es posible practicar una conducción realmente deportiva, e incluso rodar sin demasiados complejos ni estrés dentro de un circuito. La agilidad y la diversión al volante están más que garantizadas, el coche apenas balancea, la dirección es casi tan directa como en un kart, la respuesta del motor muy inmediata y contundente desde pocas vueltas... Como siempre en Mini, una gozada, pero con dosis extra de potencia.

Para lograr una mayor eficacia cuenta con un “emulador” de diferencial autoblocante, aunque no es mecánico, sino electrónico, ya que son los frenos los encargados de evitar que patine la rueda delantera que pierda tracción. No es lo mismo que el autoblocante “de verdad” que puede incorporarse en el Cooper S, pero en carretera abierta cumple muy bien su cometido. No se puede desconectar ni siquiera desactivando por completo el control de estabilidad. Éste tiene un modo deportivo de funcionamiento, denominado DTC (control dinámico de tracción), que permite saborear los límites del bastidor e incluso sobrepasarlos de vez en cuando, pero siempre con la seguridad y la supervisión de la electrónica. Su eficacia en zonas de curvas es altísima.

También el habitáculo del Mini John Cooper Works cuenta con ciertos detalles exclusivos. Los números del pomo del cambio están pintados en rojo, mientras que el velocímetro está tarado hasta 260 km/h. El guarnecido del techo es de color antracita y ciertas superficies están rematadas con revestimientos “Piano Black”, el clásico lacado negro. También hay algún que otro logotipo JCW Works. Por lo demás, las opciones de personalización son interminables, desde asientos deportivos Recaro, infinidad de combinaciones de tapicerías y detalles estéticos, hasta las denominadas “performance parts”, entre las que se encuentran discos de freno perforados y ranurados, barras antiacercamiento para las torretas de la suspensión delantera, o un kit aerodinámico. No hay límites, al igual que difícilmente habrá dos Mini John Cooper Works iguales, todo depende del dinero que estés dispuesto a invertir en este verdadero capricho.

Si la potencia de un Mini Cooper S no te parece suficiente, o quieres dar un paso más allá en exclusividad, a finales de septiembre se pondrá a la venta el modelo tope de gama de la familia Mini, el nuevo John Cooper Works, tanto en carrocería 3 puertas como Clubman, al precio de 30.800 y 32.800 €, respectivamente. Hasta ahora, la única posibilidad para incrementar el ya de por sí excelente rendimiento del motor 1.6 turbo de inyección directa del Cooper S era incorporar un kit de potencia Power On, con el que sus 175 CV se convierten en 192, aunque esta modificación, que se encuentra dentro del amplísimo programa de personalización que ofrece la marca, requiere pasar la ITV tras su instalación. No ocurre lo mismo con el nuevo JCW, que se añade a la gama como una versión más ofreciendo directamente de fábrica sus 211 CV.

Parte de la misma base mecánica que el Cooper S, pero con modificaciones en la centralita, menor relación de compresión (pasa de 10,5:1 a 10:1), filtro de aire específico y optimizaciones en el escape y la admisión para mejorar el flujo de aire y reducir la contrapresión. Pero lo más importante es un turbocompresor de mayor soplado, que pasa de los 0,9 bar del Cooper S a 1,3 (el kit se queda en 1,1 bar). Es exactamente la misma motorización que impulsa a los modelos de carreras de la Copa John Mini Works Challenge que se celebra en algunos países europeos. La caja de cambios con piñones reforzados y el escape son muy similares al modelo de carreras, al igual que las llantas de aleación de 17”, cuyo diseño es exactamente igual, aunque con una menor anchura para adaptarse al uso por vías públicas. Los neumáticos, de tipo runflat, son de la medida 205/45 W 17 y el control de presión es de serie (emplea los sensores del ABS para ‘adivinarla’ mediante diferencias de giro en las ruedas).

Las suspensiones de serie ya son bastante deportivas (son las del Cooper S), sin embargo, se ofrecen dos posibilidades adicionales de reglaje, una de tarados más firmes todavía, que ya estaba disponible para el Cooper S, y el denominado chasis John Cooper Works, que además rebaja la altura de la carrocería en 10 mm, monta muelles más rígidos y barras estabilizadoras más gruesas. En cualquier caso los frenos son específicos, con pinzas pintadas en rojo, de cuatro pistones delante, y discos de mayor diámetro en ambos ejes. El coche que hemos conducido llevaba la configuración de serie, con la que ya es posible practicar una conducción realmente deportiva, e incluso rodar sin demasiados complejos ni estrés dentro de un circuito. La agilidad y la diversión al volante están más que garantizadas, el coche apenas balancea, la dirección es casi tan directa como en un kart, la respuesta del motor muy inmediata y contundente desde pocas vueltas... Como siempre en Mini, una gozada, pero con dosis extra de potencia.

Para lograr una mayor eficacia cuenta con un “emulador” de diferencial autoblocante, aunque no es mecánico, sino electrónico, ya que son los frenos los encargados de evitar que patine la rueda delantera que pierda tracción. No es lo mismo que el autoblocante “de verdad” que puede incorporarse en el Cooper S, pero en carretera abierta cumple muy bien su cometido. No se puede desconectar ni siquiera desactivando por completo el control de estabilidad. Éste tiene un modo deportivo de funcionamiento, denominado DTC (control dinámico de tracción), que permite saborear los límites del bastidor e incluso sobrepasarlos de vez en cuando, pero siempre con la seguridad y la supervisión de la electrónica. Su eficacia en zonas de curvas es altísima.

También el habitáculo del Mini John Cooper Works cuenta con ciertos detalles exclusivos. Los números del pomo del cambio están pintados en rojo, mientras que el velocímetro está tarado hasta 260 km/h. El guarnecido del techo es de color antracita y ciertas superficies están rematadas con revestimientos “Piano Black”, el clásico lacado negro. También hay algún que otro logotipo JCW Works. Por lo demás, las opciones de personalización son interminables, desde asientos deportivos Recaro, infinidad de combinaciones de tapicerías y detalles estéticos, hasta las denominadas “performance parts”, entre las que se encuentran discos de freno perforados y ranurados, barras antiacercamiento para las torretas de la suspensión delantera, o un kit aerodinámico. No hay límites, al igual que difícilmente habrá dos Mini John Cooper Works iguales, todo depende del dinero que estés dispuesto a invertir en este verdadero capricho.

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