Mini Countryman One D, Nissan Juke 1.5 dCi, Toyota Urban Cruiser 1.4 D-4D, VW Cross Polo 1.6 TDI 90

Capricho y estética marcan las pautas de estos cuatro pequeños crossover, pero también necesidad de espacio y practicidad. Son modelos que ofrecen diferenciación y un toque de originalidad, más que cualidades off-road. Cada uno en su estilo, todos tienen algo que aportar. Eso sí, el precio no es su punto fuerte.
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Mini Countryman One D, Nissan Juke 1.5 dCi, Toyota Urban Cruiser 1.4 D-4D, VW Cross Polo 1.6 TDI 90
Mini Countryman One D, Nissan Juke 1.5 dCi, Toyota Urban Cruiser 1.4 D-4D, VW Cross Polo 1.6 TDI 90

Los cuatro buscan diferenciarse del resto y cada uno lo hace a su manera, aunque siempre con una fuerte dosis de personalidad que no deja indiferente a nadie. Son automóviles poco convencionales y entre ellos hay tendencias completamente opuestas, tanto en diseño como en planteamiento, y hasta podríamos decir que su único punto en común es la mayor altura libre al suelo que ofrecen respecto a otros modelos de tamaño equivalente. Pese a ello, su utilización fuera del asfalto resulta bastante limitada y prácticamente se reduce a caminos en buen estado, y más en estas versiones de tracción delantera, que son las que al final obtienen un mayor éxito comercial, teniendo en cuenta que el usuario habitual pocas veces abandona el asfalto y prefiere ahorrarse el incremento de precio de la tracción total. En cualquier caso, todos cuentan con versiones 4x4 salvo el Volkswagen Cross Polo, que, a pesar de su “campestre” estética, es el menos indicado para aventurarse por pistas debido al bajo perfil de sus deportivos neumáticos.

Su tamaño les confiere una agilidad urbana idéntica a la de un modelo polivalente, sobre todo en el modelo de Volkswagen, cuyo diámetro de giro es ligeramente inferior que el de sus rivales. Además, su dirección es la más suave de los cuatro y resulta más cómoda para maniobrar. La mayor distancia entre ejes del Mini Countryman hace que necesite más espacio para doblar esquinas o abandonar un hueco de aparcamiento, pero al mismo tiempo le otorga una buena habitabilidad para que los pasajeros traseros puedan estirar un poco más las piernas. El apartado del interior lo resuelven muy bien tanto el Mini como el Urban Cruiser, pues aportan una modularidad extra que permite configurar el habitáculo en función de las necesidades.

En el apartado del comportamiento el Mini Countryman transmite la misma impresión de dinamismo que sus hermanos de gama. Dirección rápida, reacciones muy inmediatas, aplomo en el paso por curva... No cabe duda de que se trata de un auténtico Mini, al menos mientras sepamos mantenernos dentro de unos márgenes de uso más que razonables. Sólo llevando a cabo una conducción muy deportiva podremos encontrar alguna carencia respecto a los Mini de menor tamaño y tonelaje. A pesar de que el Countryman hace gala de una gran nobleza de reacciones en todo momento, rodando próximos al límite de adherencia pierde algo de agilidad en los cambios de apoyo, en los que se vuelve más pesado y salen a relucir algunas inercias que acaban por convertirse en una ligera deriva del tren delantero. Hay que decir adiós a la juguetona trasera de otros Mini —salvo en caminos de tierra—, además la carrocería acusa un mayor balanceo, pero esto quizá sólo lo noten los conductores habituales de Mini. Es el peaje que hay que pagar por tener un maletero decente y una superior habitabilidad, junto con la mayor comodidad que ofrecen sus trabajadas suspensiones, cuya calidad de bacheo es sin duda la mejor del lote. Incluso en caminos con algún socavón es el que más a gusto se encuentra y, al mismo tiempo, el que más diversión al volante proporciona gracias a su preciso y predecible comportamiento.

Su rival más directo es el Juke, de hecho, una de las directrices planteadas por Nissan en su fase de desarrollo era conseguir la deportividad de un Mini y la sensación de robustez de un Urban Cruiser. Y el resultado final no está desencaminado. El tarado de las suspensiones es bastante firme y mitiga en gran medida el balanceo en curvas. Se agarra mucho y resulta el más eficaz en zonas reviradas, pero su dirección, a pesar de ser rápida, es muy poco informativa y nos impide hilar todo lo fino que quisiéramos cuando tratamos de exprimir las virtudes deportivas que promete el modelo, por lo que no resulta tan gratificante como podría ser. Por otra parte, es menos progresivo que el Mini cuando pierde adherencia y su capacidad de tracción a la salida de curvas cerradas se ve comprometida en condiciones exigentes, sobre todo si hay algo de humedad en el asfalto, ya que la entrega de par es bastante repentina. Cuando la rueda interior patina la dirección se cierra y obliga a sujetar el volante con fuerza para corregir ligeramente la trayectoria. El control de tracción apenas interviene y tiene un tarado, a nuestro juicio, excesivamente permisivo. En cambio, el ESP sí que actúa de forma sutil cuando es necesario y mantiene las cosas en su sitio si cometemos algún error de conducción o somos demasiado optimistas en curvas enlazadas. Si decidimos abandonar su hábitat natural, es decir el asfalto, resulta el más seco del lote en zonas bacheadas. Pese a todo, es un coche que gusta y su personalidad resulta muy agradable en el día a día.

El también nipón Toyota Urban Cruiser es un modelo con menores pretensiones deportivas, pero no hay que dejarse engañar por las apariencias, ya que juega con el peso a su favor. Sus 1.211 kg le proporcionan una ventaja de 100 kg respecto al Juke y más de 200 frente al Countryman. Por lo tanto, poco o nada tiene que envidiarles dinámicamente a pesar de una monta de neumáticos más estrecha. Es eficaz en zonas viradas, con un comportamiento muy equilibrado y seguro, supervisado por un ESP de encomiable puesta a punto. En apoyos fuertes da casi tanta confianza como el Mini gracias a un tacto general sólido y consistente, secundado por unas reacciones muy nobles y previsibles ante situaciones de emergencia. Sólo en movimientos muy rápidos la dirección se vuelve algo pesada, por lo demás, aporta el suficiente “feedback” para poder disfrutar de todo tipo de conducción.

El Volkswagen Cross Polo es posiblemente el más convencional de los cuatro. Técnicamente, dejando a un lado sus modificaciones estéticas, la única diferencia respecto a un Polo es su mayor altura, debido a la suspensión sobreelevada en 15 mm. Sus tarados son bastante suaves y aportan un alto nivel de confort ante el bache pronunciado, e incluso permiten ciertas oscilaciones longitudinales de la carrocería en juntas de dilatación de tramos de autovía, lo que da la impresión de estar a bordo de un coche más grande. Sin embargo, la incorporación de un calzado tan deportivo (215/40 R17) no es lo más apropiado para esta configuración, no sólo porque su bajo perfil prácticamente impide la utilización fuera del asfalto por riesgo de pinchazo, sino porque filtran mucho peor las pequeñas irregularidades del terreno, con las que además se llega a degradar en cierta medida el comportamiento, sobre todo en el tren delantero. Únicamente en carreteras con asfalto en perfecto estado se aprecian las bondades de estos neumáticos, que consiguen un guiado muy preciso y un notable agarre, aunque sobrepasado su límite de adherencia el Cross Polo resulta menos progresivo que el Mini o el Toyota.

Countryman Juke Cross Polo Urban Cruiser

Lo mejor:
- Calidad de amortiguación
- Aspecto interior
- Comportamiento

Lo mejor:
- Prestaciones
- Bastidor eficaz
- Concepto original
Lo mejor:
-Posición de conducción
- Mecánica eficiente
- Maniobrabilidad
Lo mejor
:- Modularidad
- Bajo consumo
- Equilibrio dinámico
Lo peor:
- 5ª y 6ª muy largas
- Consumo elevado
- Precio
Lo peor:
-Suspensión seca
- Plazas traseras
- Maletero pequeño
Lo peor:
- Sólo 5 marchas
- Mero ejercicio estético
- Interior austero
Lo peor:
- Respuesta lenta
- Pocas opciones
- Postura al volante
Motorizaciones

Los cuatro buscan diferenciarse del resto y cada uno lo hace a su manera, aunque siempre con una fuerte dosis de personalidad que no deja indiferente a nadie. Son automóviles poco convencionales y entre ellos hay tendencias completamente opuestas, tanto en diseño como en planteamiento, y hasta podríamos decir que su único punto en común es la mayor altura libre al suelo que ofrecen respecto a otros modelos de tamaño equivalente. Pese a ello, su utilización fuera del asfalto resulta bastante limitada y prácticamente se reduce a caminos en buen estado, y más en estas versiones de tracción delantera, que son las que al final obtienen un mayor éxito comercial, teniendo en cuenta que el usuario habitual pocas veces abandona el asfalto y prefiere ahorrarse el incremento de precio de la tracción total. En cualquier caso, todos cuentan con versiones 4x4 salvo el Volkswagen Cross Polo, que, a pesar de su “campestre” estética, es el menos indicado para aventurarse por pistas debido al bajo perfil de sus deportivos neumáticos.

Su tamaño les confiere una agilidad urbana idéntica a la de un modelo polivalente, sobre todo en el modelo de Volkswagen, cuyo diámetro de giro es ligeramente inferior que el de sus rivales. Además, su dirección es la más suave de los cuatro y resulta más cómoda para maniobrar. La mayor distancia entre ejes del Mini Countryman hace que necesite más espacio para doblar esquinas o abandonar un hueco de aparcamiento, pero al mismo tiempo le otorga una buena habitabilidad para que los pasajeros traseros puedan estirar un poco más las piernas. El apartado del interior lo resuelven muy bien tanto el Mini como el Urban Cruiser, pues aportan una modularidad extra que permite configurar el habitáculo en función de las necesidades.

En el apartado del comportamiento el Mini Countryman transmite la misma impresión de dinamismo que sus hermanos de gama. Dirección rápida, reacciones muy inmediatas, aplomo en el paso por curva... No cabe duda de que se trata de un auténtico Mini, al menos mientras sepamos mantenernos dentro de unos márgenes de uso más que razonables. Sólo llevando a cabo una conducción muy deportiva podremos encontrar alguna carencia respecto a los Mini de menor tamaño y tonelaje. A pesar de que el Countryman hace gala de una gran nobleza de reacciones en todo momento, rodando próximos al límite de adherencia pierde algo de agilidad en los cambios de apoyo, en los que se vuelve más pesado y salen a relucir algunas inercias que acaban por convertirse en una ligera deriva del tren delantero. Hay que decir adiós a la juguetona trasera de otros Mini —salvo en caminos de tierra—, además la carrocería acusa un mayor balanceo, pero esto quizá sólo lo noten los conductores habituales de Mini. Es el peaje que hay que pagar por tener un maletero decente y una superior habitabilidad, junto con la mayor comodidad que ofrecen sus trabajadas suspensiones, cuya calidad de bacheo es sin duda la mejor del lote. Incluso en caminos con algún socavón es el que más a gusto se encuentra y, al mismo tiempo, el que más diversión al volante proporciona gracias a su preciso y predecible comportamiento.

Su rival más directo es el Juke, de hecho, una de las directrices planteadas por Nissan en su fase de desarrollo era conseguir la deportividad de un Mini y la sensación de robustez de un Urban Cruiser. Y el resultado final no está desencaminado. El tarado de las suspensiones es bastante firme y mitiga en gran medida el balanceo en curvas. Se agarra mucho y resulta el más eficaz en zonas reviradas, pero su dirección, a pesar de ser rápida, es muy poco informativa y nos impide hilar todo lo fino que quisiéramos cuando tratamos de exprimir las virtudes deportivas que promete el modelo, por lo que no resulta tan gratificante como podría ser. Por otra parte, es menos progresivo que el Mini cuando pierde adherencia y su capacidad de tracción a la salida de curvas cerradas se ve comprometida en condiciones exigentes, sobre todo si hay algo de humedad en el asfalto, ya que la entrega de par es bastante repentina. Cuando la rueda interior patina la dirección se cierra y obliga a sujetar el volante con fuerza para corregir ligeramente la trayectoria. El control de tracción apenas interviene y tiene un tarado, a nuestro juicio, excesivamente permisivo. En cambio, el ESP sí que actúa de forma sutil cuando es necesario y mantiene las cosas en su sitio si cometemos algún error de conducción o somos demasiado optimistas en curvas enlazadas. Si decidimos abandonar su hábitat natural, es decir el asfalto, resulta el más seco del lote en zonas bacheadas. Pese a todo, es un coche que gusta y su personalidad resulta muy agradable en el día a día.

El también nipón Toyota Urban Cruiser es un modelo con menores pretensiones deportivas, pero no hay que dejarse engañar por las apariencias, ya que juega con el peso a su favor. Sus 1.211 kg le proporcionan una ventaja de 100 kg respecto al Juke y más de 200 frente al Countryman. Por lo tanto, poco o nada tiene que envidiarles dinámicamente a pesar de una monta de neumáticos más estrecha. Es eficaz en zonas viradas, con un comportamiento muy equilibrado y seguro, supervisado por un ESP de encomiable puesta a punto. En apoyos fuertes da casi tanta confianza como el Mini gracias a un tacto general sólido y consistente, secundado por unas reacciones muy nobles y previsibles ante situaciones de emergencia. Sólo en movimientos muy rápidos la dirección se vuelve algo pesada, por lo demás, aporta el suficiente “feedback” para poder disfrutar de todo tipo de conducción.

El Volkswagen Cross Polo es posiblemente el más convencional de los cuatro. Técnicamente, dejando a un lado sus modificaciones estéticas, la única diferencia respecto a un Polo es su mayor altura, debido a la suspensión sobreelevada en 15 mm. Sus tarados son bastante suaves y aportan un alto nivel de confort ante el bache pronunciado, e incluso permiten ciertas oscilaciones longitudinales de la carrocería en juntas de dilatación de tramos de autovía, lo que da la impresión de estar a bordo de un coche más grande. Sin embargo, la incorporación de un calzado tan deportivo (215/40 R17) no es lo más apropiado para esta configuración, no sólo porque su bajo perfil prácticamente impide la utilización fuera del asfalto por riesgo de pinchazo, sino porque filtran mucho peor las pequeñas irregularidades del terreno, con las que además se llega a degradar en cierta medida el comportamiento, sobre todo en el tren delantero. Únicamente en carreteras con asfalto en perfecto estado se aprecian las bondades de estos neumáticos, que consiguen un guiado muy preciso y un notable agarre, aunque sobrepasado su límite de adherencia el Cross Polo resulta menos progresivo que el Mini o el Toyota.

Countryman Juke Cross Polo Urban Cruiser

Lo mejor:
- Calidad de amortiguación
- Aspecto interior
- Comportamiento

Lo mejor:
- Prestaciones
- Bastidor eficaz
- Concepto original
Lo mejor:
-Posición de conducción
- Mecánica eficiente
- Maniobrabilidad
Lo mejor
:- Modularidad
- Bajo consumo
- Equilibrio dinámico
Lo peor:
- 5ª y 6ª muy largas
- Consumo elevado
- Precio
Lo peor:
-Suspensión seca
- Plazas traseras
- Maletero pequeño
Lo peor:
- Sólo 5 marchas
- Mero ejercicio estético
- Interior austero
Lo peor:
- Respuesta lenta
- Pocas opciones
- Postura al volante
Motorizaciones

Los cuatro buscan diferenciarse del resto y cada uno lo hace a su manera, aunque siempre con una fuerte dosis de personalidad que no deja indiferente a nadie. Son automóviles poco convencionales y entre ellos hay tendencias completamente opuestas, tanto en diseño como en planteamiento, y hasta podríamos decir que su único punto en común es la mayor altura libre al suelo que ofrecen respecto a otros modelos de tamaño equivalente. Pese a ello, su utilización fuera del asfalto resulta bastante limitada y prácticamente se reduce a caminos en buen estado, y más en estas versiones de tracción delantera, que son las que al final obtienen un mayor éxito comercial, teniendo en cuenta que el usuario habitual pocas veces abandona el asfalto y prefiere ahorrarse el incremento de precio de la tracción total. En cualquier caso, todos cuentan con versiones 4x4 salvo el Volkswagen Cross Polo, que, a pesar de su “campestre” estética, es el menos indicado para aventurarse por pistas debido al bajo perfil de sus deportivos neumáticos.

Su tamaño les confiere una agilidad urbana idéntica a la de un modelo polivalente, sobre todo en el modelo de Volkswagen, cuyo diámetro de giro es ligeramente inferior que el de sus rivales. Además, su dirección es la más suave de los cuatro y resulta más cómoda para maniobrar. La mayor distancia entre ejes del Mini Countryman hace que necesite más espacio para doblar esquinas o abandonar un hueco de aparcamiento, pero al mismo tiempo le otorga una buena habitabilidad para que los pasajeros traseros puedan estirar un poco más las piernas. El apartado del interior lo resuelven muy bien tanto el Mini como el Urban Cruiser, pues aportan una modularidad extra que permite configurar el habitáculo en función de las necesidades.

En el apartado del comportamiento el Mini Countryman transmite la misma impresión de dinamismo que sus hermanos de gama. Dirección rápida, reacciones muy inmediatas, aplomo en el paso por curva... No cabe duda de que se trata de un auténtico Mini, al menos mientras sepamos mantenernos dentro de unos márgenes de uso más que razonables. Sólo llevando a cabo una conducción muy deportiva podremos encontrar alguna carencia respecto a los Mini de menor tamaño y tonelaje. A pesar de que el Countryman hace gala de una gran nobleza de reacciones en todo momento, rodando próximos al límite de adherencia pierde algo de agilidad en los cambios de apoyo, en los que se vuelve más pesado y salen a relucir algunas inercias que acaban por convertirse en una ligera deriva del tren delantero. Hay que decir adiós a la juguetona trasera de otros Mini —salvo en caminos de tierra—, además la carrocería acusa un mayor balanceo, pero esto quizá sólo lo noten los conductores habituales de Mini. Es el peaje que hay que pagar por tener un maletero decente y una superior habitabilidad, junto con la mayor comodidad que ofrecen sus trabajadas suspensiones, cuya calidad de bacheo es sin duda la mejor del lote. Incluso en caminos con algún socavón es el que más a gusto se encuentra y, al mismo tiempo, el que más diversión al volante proporciona gracias a su preciso y predecible comportamiento.

Su rival más directo es el Juke, de hecho, una de las directrices planteadas por Nissan en su fase de desarrollo era conseguir la deportividad de un Mini y la sensación de robustez de un Urban Cruiser. Y el resultado final no está desencaminado. El tarado de las suspensiones es bastante firme y mitiga en gran medida el balanceo en curvas. Se agarra mucho y resulta el más eficaz en zonas reviradas, pero su dirección, a pesar de ser rápida, es muy poco informativa y nos impide hilar todo lo fino que quisiéramos cuando tratamos de exprimir las virtudes deportivas que promete el modelo, por lo que no resulta tan gratificante como podría ser. Por otra parte, es menos progresivo que el Mini cuando pierde adherencia y su capacidad de tracción a la salida de curvas cerradas se ve comprometida en condiciones exigentes, sobre todo si hay algo de humedad en el asfalto, ya que la entrega de par es bastante repentina. Cuando la rueda interior patina la dirección se cierra y obliga a sujetar el volante con fuerza para corregir ligeramente la trayectoria. El control de tracción apenas interviene y tiene un tarado, a nuestro juicio, excesivamente permisivo. En cambio, el ESP sí que actúa de forma sutil cuando es necesario y mantiene las cosas en su sitio si cometemos algún error de conducción o somos demasiado optimistas en curvas enlazadas. Si decidimos abandonar su hábitat natural, es decir el asfalto, resulta el más seco del lote en zonas bacheadas. Pese a todo, es un coche que gusta y su personalidad resulta muy agradable en el día a día.

El también nipón Toyota Urban Cruiser es un modelo con menores pretensiones deportivas, pero no hay que dejarse engañar por las apariencias, ya que juega con el peso a su favor. Sus 1.211 kg le proporcionan una ventaja de 100 kg respecto al Juke y más de 200 frente al Countryman. Por lo tanto, poco o nada tiene que envidiarles dinámicamente a pesar de una monta de neumáticos más estrecha. Es eficaz en zonas viradas, con un comportamiento muy equilibrado y seguro, supervisado por un ESP de encomiable puesta a punto. En apoyos fuertes da casi tanta confianza como el Mini gracias a un tacto general sólido y consistente, secundado por unas reacciones muy nobles y previsibles ante situaciones de emergencia. Sólo en movimientos muy rápidos la dirección se vuelve algo pesada, por lo demás, aporta el suficiente “feedback” para poder disfrutar de todo tipo de conducción.

El Volkswagen Cross Polo es posiblemente el más convencional de los cuatro. Técnicamente, dejando a un lado sus modificaciones estéticas, la única diferencia respecto a un Polo es su mayor altura, debido a la suspensión sobreelevada en 15 mm. Sus tarados son bastante suaves y aportan un alto nivel de confort ante el bache pronunciado, e incluso permiten ciertas oscilaciones longitudinales de la carrocería en juntas de dilatación de tramos de autovía, lo que da la impresión de estar a bordo de un coche más grande. Sin embargo, la incorporación de un calzado tan deportivo (215/40 R17) no es lo más apropiado para esta configuración, no sólo porque su bajo perfil prácticamente impide la utilización fuera del asfalto por riesgo de pinchazo, sino porque filtran mucho peor las pequeñas irregularidades del terreno, con las que además se llega a degradar en cierta medida el comportamiento, sobre todo en el tren delantero. Únicamente en carreteras con asfalto en perfecto estado se aprecian las bondades de estos neumáticos, que consiguen un guiado muy preciso y un notable agarre, aunque sobrepasado su límite de adherencia el Cross Polo resulta menos progresivo que el Mini o el Toyota.

Countryman Juke Cross Polo Urban Cruiser

Lo mejor:
- Calidad de amortiguación
- Aspecto interior
- Comportamiento

Lo mejor:
- Prestaciones
- Bastidor eficaz
- Concepto original
Lo mejor:
-Posición de conducción
- Mecánica eficiente
- Maniobrabilidad
Lo mejor
:- Modularidad
- Bajo consumo
- Equilibrio dinámico
Lo peor:
- 5ª y 6ª muy largas
- Consumo elevado
- Precio
Lo peor:
-Suspensión seca
- Plazas traseras
- Maletero pequeño
Lo peor:
- Sólo 5 marchas
- Mero ejercicio estético
- Interior austero
Lo peor:
- Respuesta lenta
- Pocas opciones
- Postura al volante
Motorizaciones

Los cuatro buscan diferenciarse del resto y cada uno lo hace a su manera, aunque siempre con una fuerte dosis de personalidad que no deja indiferente a nadie. Son automóviles poco convencionales y entre ellos hay tendencias completamente opuestas, tanto en diseño como en planteamiento, y hasta podríamos decir que su único punto en común es la mayor altura libre al suelo que ofrecen respecto a otros modelos de tamaño equivalente. Pese a ello, su utilización fuera del asfalto resulta bastante limitada y prácticamente se reduce a caminos en buen estado, y más en estas versiones de tracción delantera, que son las que al final obtienen un mayor éxito comercial, teniendo en cuenta que el usuario habitual pocas veces abandona el asfalto y prefiere ahorrarse el incremento de precio de la tracción total. En cualquier caso, todos cuentan con versiones 4x4 salvo el Volkswagen Cross Polo, que, a pesar de su “campestre” estética, es el menos indicado para aventurarse por pistas debido al bajo perfil de sus deportivos neumáticos.

Su tamaño les confiere una agilidad urbana idéntica a la de un modelo polivalente, sobre todo en el modelo de Volkswagen, cuyo diámetro de giro es ligeramente inferior que el de sus rivales. Además, su dirección es la más suave de los cuatro y resulta más cómoda para maniobrar. La mayor distancia entre ejes del Mini Countryman hace que necesite más espacio para doblar esquinas o abandonar un hueco de aparcamiento, pero al mismo tiempo le otorga una buena habitabilidad para que los pasajeros traseros puedan estirar un poco más las piernas. El apartado del interior lo resuelven muy bien tanto el Mini como el Urban Cruiser, pues aportan una modularidad extra que permite configurar el habitáculo en función de las necesidades.

En el apartado del comportamiento el Mini Countryman transmite la misma impresión de dinamismo que sus hermanos de gama. Dirección rápida, reacciones muy inmediatas, aplomo en el paso por curva... No cabe duda de que se trata de un auténtico Mini, al menos mientras sepamos mantenernos dentro de unos márgenes de uso más que razonables. Sólo llevando a cabo una conducción muy deportiva podremos encontrar alguna carencia respecto a los Mini de menor tamaño y tonelaje. A pesar de que el Countryman hace gala de una gran nobleza de reacciones en todo momento, rodando próximos al límite de adherencia pierde algo de agilidad en los cambios de apoyo, en los que se vuelve más pesado y salen a relucir algunas inercias que acaban por convertirse en una ligera deriva del tren delantero. Hay que decir adiós a la juguetona trasera de otros Mini —salvo en caminos de tierra—, además la carrocería acusa un mayor balanceo, pero esto quizá sólo lo noten los conductores habituales de Mini. Es el peaje que hay que pagar por tener un maletero decente y una superior habitabilidad, junto con la mayor comodidad que ofrecen sus trabajadas suspensiones, cuya calidad de bacheo es sin duda la mejor del lote. Incluso en caminos con algún socavón es el que más a gusto se encuentra y, al mismo tiempo, el que más diversión al volante proporciona gracias a su preciso y predecible comportamiento.

Su rival más directo es el Juke, de hecho, una de las directrices planteadas por Nissan en su fase de desarrollo era conseguir la deportividad de un Mini y la sensación de robustez de un Urban Cruiser. Y el resultado final no está desencaminado. El tarado de las suspensiones es bastante firme y mitiga en gran medida el balanceo en curvas. Se agarra mucho y resulta el más eficaz en zonas reviradas, pero su dirección, a pesar de ser rápida, es muy poco informativa y nos impide hilar todo lo fino que quisiéramos cuando tratamos de exprimir las virtudes deportivas que promete el modelo, por lo que no resulta tan gratificante como podría ser. Por otra parte, es menos progresivo que el Mini cuando pierde adherencia y su capacidad de tracción a la salida de curvas cerradas se ve comprometida en condiciones exigentes, sobre todo si hay algo de humedad en el asfalto, ya que la entrega de par es bastante repentina. Cuando la rueda interior patina la dirección se cierra y obliga a sujetar el volante con fuerza para corregir ligeramente la trayectoria. El control de tracción apenas interviene y tiene un tarado, a nuestro juicio, excesivamente permisivo. En cambio, el ESP sí que actúa de forma sutil cuando es necesario y mantiene las cosas en su sitio si cometemos algún error de conducción o somos demasiado optimistas en curvas enlazadas. Si decidimos abandonar su hábitat natural, es decir el asfalto, resulta el más seco del lote en zonas bacheadas. Pese a todo, es un coche que gusta y su personalidad resulta muy agradable en el día a día.

El también nipón Toyota Urban Cruiser es un modelo con menores pretensiones deportivas, pero no hay que dejarse engañar por las apariencias, ya que juega con el peso a su favor. Sus 1.211 kg le proporcionan una ventaja de 100 kg respecto al Juke y más de 200 frente al Countryman. Por lo tanto, poco o nada tiene que envidiarles dinámicamente a pesar de una monta de neumáticos más estrecha. Es eficaz en zonas viradas, con un comportamiento muy equilibrado y seguro, supervisado por un ESP de encomiable puesta a punto. En apoyos fuertes da casi tanta confianza como el Mini gracias a un tacto general sólido y consistente, secundado por unas reacciones muy nobles y previsibles ante situaciones de emergencia. Sólo en movimientos muy rápidos la dirección se vuelve algo pesada, por lo demás, aporta el suficiente “feedback” para poder disfrutar de todo tipo de conducción.

El Volkswagen Cross Polo es posiblemente el más convencional de los cuatro. Técnicamente, dejando a un lado sus modificaciones estéticas, la única diferencia respecto a un Polo es su mayor altura, debido a la suspensión sobreelevada en 15 mm. Sus tarados son bastante suaves y aportan un alto nivel de confort ante el bache pronunciado, e incluso permiten ciertas oscilaciones longitudinales de la carrocería en juntas de dilatación de tramos de autovía, lo que da la impresión de estar a bordo de un coche más grande. Sin embargo, la incorporación de un calzado tan deportivo (215/40 R17) no es lo más apropiado para esta configuración, no sólo porque su bajo perfil prácticamente impide la utilización fuera del asfalto por riesgo de pinchazo, sino porque filtran mucho peor las pequeñas irregularidades del terreno, con las que además se llega a degradar en cierta medida el comportamiento, sobre todo en el tren delantero. Únicamente en carreteras con asfalto en perfecto estado se aprecian las bondades de estos neumáticos, que consiguen un guiado muy preciso y un notable agarre, aunque sobrepasado su límite de adherencia el Cross Polo resulta menos progresivo que el Mini o el Toyota.

Countryman Juke Cross Polo Urban Cruiser

Lo mejor:
- Calidad de amortiguación
- Aspecto interior
- Comportamiento

Lo mejor:
- Prestaciones
- Bastidor eficaz
- Concepto original
Lo mejor:
-Posición de conducción
- Mecánica eficiente
- Maniobrabilidad
Lo mejor
:- Modularidad
- Bajo consumo
- Equilibrio dinámico
Lo peor:
- 5ª y 6ª muy largas
- Consumo elevado
- Precio
Lo peor:
-Suspensión seca
- Plazas traseras
- Maletero pequeño
Lo peor:
- Sólo 5 marchas
- Mero ejercicio estético
- Interior austero
Lo peor:
- Respuesta lenta
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