Mini Cabrio Cooper S

La carrocería Cabrio en el Mini aporta un «plus» a la hora de movernos con él con buen tiempo. Si a esto le unimos el delicioso motor de gasolina y 175 CV de potencia, el resultado es, simplemente, un auténtico placer para pasear... o conducir en una carretera con muchas curvas.
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Mini Cabrio Cooper S
Mini Cabrio Cooper S

Uno de los apartados que más buen sabor de boca dejan tras hacer kilómetros con el Mini es su motor, una auténtica joya de la tecnología: 1,6 litros de cilindrada, turbo y 175 CV de potencia. Suficiente como para que el conductor se relama de gusto cuando tenga que enfrentarse a una carretera con muchas y variadas curvas.

Y es que la presencia de unos más que destacables bajos, una facilidad pasmosa para subir de vueltas hasta la zona roja del cuentarrevoluciones y un sonido procedente de sus escapes que suena a «música celestial», hacen que al volante del Mini Cabrio nos olvidemos de los problemas del día a día y despejemos la cabeza en cuanto el techo se repliegue tras los asientos traseros.

Pero no sólo disfrutaremos de este motor cuando nos pongamos en marcha por carretera, en uso urbano es tal su rendimiento que nos permite ir a baja velocidad en marchas largas sin problemas; es más, el sistema de cambio óptimo de marcha —incluido de serie junto con el sistema de start&stop y el de recuperación de la energía en el frenado— nos demanda a poco que nos descuidemos el ir engranando la sexta velocidad. El resultado no puede ser más satisfactorio: ya que en un uso urbano bajamos de los 10 l/100 km, una cifra que no está nada mal para la potencia de este motor. Y en caso de querer extraer todo el potencial del motor la cifra de consumo no se dispara de forma exponencial.

Es hora de disfrutar de su comportamiento dinámico en carretera. Pulsamos el interruptor que de forma automática descapota en 15 segundos el Mini Cabrio y… adelante. Primero nos adentramos en las autovías, con asfalto más o menos en buenas condiciones y curvas de amplio radio. Todo perfecto, el coche pasa por las curvas con total seguridad, apenas inclina la carrocería y nos transmite una alta confianza al volante.

Abandonamos este trazado para adentrarnos en carreteras con una mayor variedad de curvas: nos sigue transmitiendo la misma sensación, es más, en las zonas de curva-contracurva, donde las rectas resultan una pequeña transición entre un giro y otro del volante, el Mini Cabrio demuestra todo su potencial. Su capacidad para girar de forma rápida e inmediata a las órdenes del volante y su fidelidad de trazada hacen que vayamos desgranando los giros que impone el trazado de la carretera con suma facilidad y, sobre todo, seguridad.

Es la hora de la verdad, nos adentramos en esas carreteras que todavía quedan en nuestra red viaria donde el asfalto es rugoso, los árboles de las cunetas intentan romper el asfalto, dejando unos considerables abultamientos en el mismo. El resultado ya no es tan idílico. El tren delantero batalla con el conductor por seguir las irregularidades del asfalto en lugar del carril de la carretera por el que circulamos, lo que implica agarrarse con firmeza al volante y estar pendiente de hacia dónde nos va a intentar llevar el coche ese bache o esa imperfección del terreno. En este terreno es donde también nos damos cuenta de que descapotados el bastidor «se resiente» y notamos ciertos «crujidos» que delatan la falta del techo. No es nada significativo y seguro que la vida del Mini Cabrio será larga y duradera, pero no podemos dejar de apuntarlo.

Terminamos como empezamos: el Mini Cabrio nos parece la opción más interesante de la oferta de Mini ya que reúne todos los puntos fuertes del Mini «convencional» y nos aporta la posibilidad de circular descapotados y no sólo cuando luce el sol, sino que también es una delicia cuando el termómetro exterior sólo marca un dígito.

— Motor y prestaciones
— Disfrute al volante
— Equipamiento de serie

— Maletero
— Visión 3/4 trasero
— Plazas traseras estrechas

Prácticamente la carrocería Cabrio no supone ninguna pérdida cuestionable o que se pueda calificar como «pecado capital» con respecto a la versión «normal» del Mini. Es más, en algunos aspectos «mejora» como contar con 5 litros más de capacidad de maletero, aunque a la hora de la verdad, llevar un equipaje para dos personas para unas vacaciones que duren más de un fin de semana resulta casi una misión imposible -sobre todo para aquellos/as que necesitan llevarse maletas, bolsos, mochilas... y algún bolso más-. Suponemos que es cuestión de mentalizarse y de saber exactamente qué tipo de coche tenemos.

El Mini Cabrio inaugura un sistema que la marca denomina «Easy Load» y que permite ampliar un poco la pequeña boca de carga del maletero para meter objetos que son algo más grandes. Por nuestra experiencia podemos decir que la solución no es buena ya que para hacerlo hay que desbloquear dos palancas, tirar de la capota hacia arriba, meter el objeto y volver a bloquear con las palancas la capota… es decir, implica el uso de dos personas a poco que el bulto no sea muy manejable con lo que, al final, se acaba quitando la capota y dejándolo en las plazas traseras. Más cómodo y mucho más práctico, aunque menos seguro, eso sí.

Uno de los apartados que más buen sabor de boca dejan tras hacer kilómetros con el Mini es su motor, una auténtica joya de la tecnología: 1,6 litros de cilindrada, turbo y 175 CV de potencia. Suficiente como para que el conductor se relama de gusto cuando tenga que enfrentarse a una carretera con muchas y variadas curvas.

Y es que la presencia de unos más que destacables bajos, una facilidad pasmosa para subir de vueltas hasta la zona roja del cuentarrevoluciones y un sonido procedente de sus escapes que suena a «música celestial», hacen que al volante del Mini Cabrio nos olvidemos de los problemas del día a día y despejemos la cabeza en cuanto el techo se repliegue tras los asientos traseros.

Pero no sólo disfrutaremos de este motor cuando nos pongamos en marcha por carretera, en uso urbano es tal su rendimiento que nos permite ir a baja velocidad en marchas largas sin problemas; es más, el sistema de cambio óptimo de marcha —incluido de serie junto con el sistema de start&stop y el de recuperación de la energía en el frenado— nos demanda a poco que nos descuidemos el ir engranando la sexta velocidad. El resultado no puede ser más satisfactorio: ya que en un uso urbano bajamos de los 10 l/100 km, una cifra que no está nada mal para la potencia de este motor. Y en caso de querer extraer todo el potencial del motor la cifra de consumo no se dispara de forma exponencial.

Es hora de disfrutar de su comportamiento dinámico en carretera. Pulsamos el interruptor que de forma automática descapota en 15 segundos el Mini Cabrio y… adelante. Primero nos adentramos en las autovías, con asfalto más o menos en buenas condiciones y curvas de amplio radio. Todo perfecto, el coche pasa por las curvas con total seguridad, apenas inclina la carrocería y nos transmite una alta confianza al volante.

Abandonamos este trazado para adentrarnos en carreteras con una mayor variedad de curvas: nos sigue transmitiendo la misma sensación, es más, en las zonas de curva-contracurva, donde las rectas resultan una pequeña transición entre un giro y otro del volante, el Mini Cabrio demuestra todo su potencial. Su capacidad para girar de forma rápida e inmediata a las órdenes del volante y su fidelidad de trazada hacen que vayamos desgranando los giros que impone el trazado de la carretera con suma facilidad y, sobre todo, seguridad.

Es la hora de la verdad, nos adentramos en esas carreteras que todavía quedan en nuestra red viaria donde el asfalto es rugoso, los árboles de las cunetas intentan romper el asfalto, dejando unos considerables abultamientos en el mismo. El resultado ya no es tan idílico. El tren delantero batalla con el conductor por seguir las irregularidades del asfalto en lugar del carril de la carretera por el que circulamos, lo que implica agarrarse con firmeza al volante y estar pendiente de hacia dónde nos va a intentar llevar el coche ese bache o esa imperfección del terreno. En este terreno es donde también nos damos cuenta de que descapotados el bastidor «se resiente» y notamos ciertos «crujidos» que delatan la falta del techo. No es nada significativo y seguro que la vida del Mini Cabrio será larga y duradera, pero no podemos dejar de apuntarlo.

Terminamos como empezamos: el Mini Cabrio nos parece la opción más interesante de la oferta de Mini ya que reúne todos los puntos fuertes del Mini «convencional» y nos aporta la posibilidad de circular descapotados y no sólo cuando luce el sol, sino que también es una delicia cuando el termómetro exterior sólo marca un dígito.

— Motor y prestaciones
— Disfrute al volante
— Equipamiento de serie

— Maletero
— Visión 3/4 trasero
— Plazas traseras estrechas

Prácticamente la carrocería Cabrio no supone ninguna pérdida cuestionable o que se pueda calificar como «pecado capital» con respecto a la versión «normal» del Mini. Es más, en algunos aspectos «mejora» como contar con 5 litros más de capacidad de maletero, aunque a la hora de la verdad, llevar un equipaje para dos personas para unas vacaciones que duren más de un fin de semana resulta casi una misión imposible -sobre todo para aquellos/as que necesitan llevarse maletas, bolsos, mochilas... y algún bolso más-. Suponemos que es cuestión de mentalizarse y de saber exactamente qué tipo de coche tenemos.

El Mini Cabrio inaugura un sistema que la marca denomina «Easy Load» y que permite ampliar un poco la pequeña boca de carga del maletero para meter objetos que son algo más grandes. Por nuestra experiencia podemos decir que la solución no es buena ya que para hacerlo hay que desbloquear dos palancas, tirar de la capota hacia arriba, meter el objeto y volver a bloquear con las palancas la capota… es decir, implica el uso de dos personas a poco que el bulto no sea muy manejable con lo que, al final, se acaba quitando la capota y dejándolo en las plazas traseras. Más cómodo y mucho más práctico, aunque menos seguro, eso sí.

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