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Mercedes SLK

El roadster más deseado del mercado estrena en abril una sutil actualización. Seductor por naturaleza, el pequeño SLK refresca su imagen, moderniza el equipamiento y mejora su rendimiento mecánico: sobre todo, con una nueva dirección activa y el estreno en Mercedes de una explosiva versión 350, ahora con 305 CV.
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Mercedes SLK
Mercedes SLK

Así, el nuevo SLK 350 eleva en 33 CV su potencia, alcanzando ahora los 305 CV a 6.500 rpm, aunque momentáneamente el régimen máximo de giro puede situarse en las 7.200 rpm. También el par máximo ha ascendido a 36,7 mkg a 4.900 rpm. El resultado es un motor muy poderoso, con un sensacional empuje ya desde apenas 2.000 rpm y una elasticidad envidiable. Asociado de serie a un cambio manual de seis velocidades, es capaz de apurar cada relación hasta el corte prácticamente sin desfallecer y otorgando un magnífico dinamismo a este compacto y rígido descapotable de 1.400 kilos. En opción puede incorporar también la transmisión automática alemana de siete velocidades 7G-Tronic, una delicia por su buen escalonamiento y suavidad de respuesta, aunque algo restrictiva en las reducciones en modo manual-secuencial para los amantes de las altas prestaciones.

A pesar de este considerable aumento de potencia, que llevan al SLK 350 a obtener una aceleración de 0 a 100 km/h en sólo 5,4 s, sus consumos también se han visto rebajados gracias a sus modificaciones. Ahora su gasto medio es de 9,5 l/100 km (9,2 en automático), 1,1 litros menor que su antecesor.

El bastidor del SLK sigue siendo una referencia en su segmento. Otorga una excelente rigidez incluso cuando circula descapotado y altas velocidades, mientras que cubierto hablamos una vez más de un muy confortable coupé, con un aislamiento de rodadura de primer nivel. Con la versión 350 el sonido que escucharemos es el de su potente motor V6, inducido por un nuevo filtro de aire específico. ¡Impresionante!

Por debajo de este 350, Mercedes presenta otras dos alternativas mecánicas. Abre la gama la conocida versión SLK 200 K, un cuatro cilindros sobrealimentado por un compresor mecánico tipo Roots y que, fruto también de un nuevo sistema electrónico de gestión, aumenta su potencia de 163 a 184 CV, con un par máximo de 25,5 mkg entre 2.800 y 5.000 rpm. Acelera de 0 a 100 km/h en 7,6 s y rebaja también en un litro su consumo medio, cifrado ahora en 7,7 l/100 km.

Mientras, derivado del 350, llega nuevamente la versión SLK 280, un V6 de 3,0 litros atmosférico con los mismos 231 CV de su antecesor y 30,6 mkg de par entre 2.500 y 5.000 rpm. Eso sí, ahora consigue rebajar su consumo a 9,3 l/100 km (0,4 l menos que antes), con su conocido gran rendimiento en carretera. Como ha ocurrido en anteriores ediciones del SLK, creemos estar nuevamente ante la variante más equilibrada por su relación precio-prestaciones. Tanto ella, como el SLK 200 K, incluyen de serie cambio manual de 6 relaciones, aunque, en opción, esta última puede añadir un automático de cinco relaciones, y el 280 la caja 7G-Tronic.

El tope de gama SLK lo marca una vez más la versión 55 AMG, el único V8 de su segmento. Con 5,5 litros de cilindrada y 360 CV de potencia, incluye entre sus aditamentos deportivos faldón delantero, salidas laterales de aire, llantas de 18 pulgadas, frenos sobredimensionados y suspensiones deportivas. Junto al exclusivo cambio automático AMG Speedshift 7G-Tronic con levas en el volante, acelera de 0 a 100 km/h en 4,9 segundos; una auténtica máquina del asfalto.

Dejamos para el final la nueva dirección directa mecánica que estrena el SLK, ya vista en el nuevo CLC y anunciada para el próximo SL. Desarrollada a partir de la conocida dirección paramétrica de Mercedes –de asistencia variable en función de la velocidad-, se completa con una nueva desmultiplicación también variable, pero en función ahora del ángulo de giro del volante gracias a un nuevo engranaje de cremallera con dentando especial.

En su posición central, y hasta un ángulo de 5 grados, tiene una desmultiplicación menor para garantizar la mejor estabilidad lineal. Sin embargo, ésta aumenta y alcanza una relación muy directa partir de entonces y, sobre todo, al superar los 100 grados de giro. En la práctica, su resultado nos ha convencido. La maniobrabilidad es excepcional, tanto en ciudad como en carretera, donde el conductor apenas tendrá que cruzar o cambiar la posición de las manos para abordar siquiera curvas muy, muy cerradas.

Cuestión de imagen

Puesto al día tanto a nivel de estética, como de equipamiento, Mercedes ha mejorado también el rendimiento dinámico de su nuevo SLK. Y no con grandes modificaciones en su esquema mecánico, que sigue conservando la misma plataforma y eficaz arquitectura de suspensiones, con una geometría McPherson en el eje delantero y Multibrazo en el trasero; sino con una completa optimización de sus motores de cuatro y seis cilindros, ahora con un aumento general de potencia y una considerable rebaja en sus consumos y emisiones.

Por encima del resto, destaca en esta ocasión su renovada versión deportiva SLK 350, introducida en la gama por primera vez durante su actualización en 2004 y que hemos podido conducir por las exigentes carreteras de Montecarlo. Basada en el mismo motor atmosférico V6 anterior de 3,5 litros de cilindrada, se ha rediseñado por completo según un nuevo concepto de altas revoluciones. Así, Mercedes ha aumentado su relación de compresión (11,7:1, en lugar de 10,7:1) gracias a nuevos pistones de peso optimizado y superficie abombada, ha sustituido su tubo de admisión variable por uno de una sola etapa (para mejorar el llenado de los cilindros a altas revoluciones) y ha modificado la posición de los árboles de levas, las válvulas, el equipo de distribución y la gestión electrónica.

Así, el nuevo SLK 350 eleva en 33 CV su potencia, alcanzando ahora los 305 CV a 6.500 rpm, aunque momentáneamente el régimen máximo de giro puede situarse en las 7.200 rpm. También el par máximo ha ascendido a 36,7 mkg a 4.900 rpm. El resultado es un motor muy poderoso, con un sensacional empuje ya desde apenas 2.000 rpm y una elasticidad envidiable. Asociado de serie a un cambio manual de seis velocidades, es capaz de apurar cada relación hasta el corte prácticamente sin desfallecer y otorgando un magnífico dinamismo a este compacto y rígido descapotable de 1.400 kilos. En opción puede incorporar también la transmisión automática alemana de siete velocidades 7G-Tronic, una delicia por su buen escalonamiento y suavidad de respuesta, aunque algo restrictiva en las reducciones en modo manual-secuencial para los amantes de las altas prestaciones.

A pesar de este considerable aumento de potencia, que llevan al SLK 350 a obtener una aceleración de 0 a 100 km/h en sólo 5,4 s, sus consumos también se han visto rebajados gracias a sus modificaciones. Ahora su gasto medio es de 9,5 l/100 km (9,2 en automático), 1,1 litros menor que su antecesor.

El bastidor del SLK sigue siendo una referencia en su segmento. Otorga una excelente rigidez incluso cuando circula descapotado y altas velocidades, mientras que cubierto hablamos una vez más de un muy confortable coupé, con un aislamiento de rodadura de primer nivel. Con la versión 350 el sonido que escucharemos es el de su potente motor V6, inducido por un nuevo filtro de aire específico. ¡Impresionante!

Por debajo de este 350, Mercedes presenta otras dos alternativas mecánicas. Abre la gama la conocida versión SLK 200 K, un cuatro cilindros sobrealimentado por un compresor mecánico tipo Roots y que, fruto también de un nuevo sistema electrónico de gestión, aumenta su potencia de 163 a 184 CV, con un par máximo de 25,5 mkg entre 2.800 y 5.000 rpm. Acelera de 0 a 100 km/h en 7,6 s y rebaja también en un litro su consumo medio, cifrado ahora en 7,7 l/100 km.

Mientras, derivado del 350, llega nuevamente la versión SLK 280, un V6 de 3,0 litros atmosférico con los mismos 231 CV de su antecesor y 30,6 mkg de par entre 2.500 y 5.000 rpm. Eso sí, ahora consigue rebajar su consumo a 9,3 l/100 km (0,4 l menos que antes), con su conocido gran rendimiento en carretera. Como ha ocurrido en anteriores ediciones del SLK, creemos estar nuevamente ante la variante más equilibrada por su relación precio-prestaciones. Tanto ella, como el SLK 200 K, incluyen de serie cambio manual de 6 relaciones, aunque, en opción, esta última puede añadir un automático de cinco relaciones, y el 280 la caja 7G-Tronic.

El tope de gama SLK lo marca una vez más la versión 55 AMG, el único V8 de su segmento. Con 5,5 litros de cilindrada y 360 CV de potencia, incluye entre sus aditamentos deportivos faldón delantero, salidas laterales de aire, llantas de 18 pulgadas, frenos sobredimensionados y suspensiones deportivas. Junto al exclusivo cambio automático AMG Speedshift 7G-Tronic con levas en el volante, acelera de 0 a 100 km/h en 4,9 segundos; una auténtica máquina del asfalto.

Dejamos para el final la nueva dirección directa mecánica que estrena el SLK, ya vista en el nuevo CLC y anunciada para el próximo SL. Desarrollada a partir de la conocida dirección paramétrica de Mercedes –de asistencia variable en función de la velocidad-, se completa con una nueva desmultiplicación también variable, pero en función ahora del ángulo de giro del volante gracias a un nuevo engranaje de cremallera con dentando especial.

En su posición central, y hasta un ángulo de 5 grados, tiene una desmultiplicación menor para garantizar la mejor estabilidad lineal. Sin embargo, ésta aumenta y alcanza una relación muy directa partir de entonces y, sobre todo, al superar los 100 grados de giro. En la práctica, su resultado nos ha convencido. La maniobrabilidad es excepcional, tanto en ciudad como en carretera, donde el conductor apenas tendrá que cruzar o cambiar la posición de las manos para abordar siquiera curvas muy, muy cerradas.

Cuestión de imagen

Puesto al día tanto a nivel de estética, como de equipamiento, Mercedes ha mejorado también el rendimiento dinámico de su nuevo SLK. Y no con grandes modificaciones en su esquema mecánico, que sigue conservando la misma plataforma y eficaz arquitectura de suspensiones, con una geometría McPherson en el eje delantero y Multibrazo en el trasero; sino con una completa optimización de sus motores de cuatro y seis cilindros, ahora con un aumento general de potencia y una considerable rebaja en sus consumos y emisiones.

Por encima del resto, destaca en esta ocasión su renovada versión deportiva SLK 350, introducida en la gama por primera vez durante su actualización en 2004 y que hemos podido conducir por las exigentes carreteras de Montecarlo. Basada en el mismo motor atmosférico V6 anterior de 3,5 litros de cilindrada, se ha rediseñado por completo según un nuevo concepto de altas revoluciones. Así, Mercedes ha aumentado su relación de compresión (11,7:1, en lugar de 10,7:1) gracias a nuevos pistones de peso optimizado y superficie abombada, ha sustituido su tubo de admisión variable por uno de una sola etapa (para mejorar el llenado de los cilindros a altas revoluciones) y ha modificado la posición de los árboles de levas, las válvulas, el equipo de distribución y la gestión electrónica.

Así, el nuevo SLK 350 eleva en 33 CV su potencia, alcanzando ahora los 305 CV a 6.500 rpm, aunque momentáneamente el régimen máximo de giro puede situarse en las 7.200 rpm. También el par máximo ha ascendido a 36,7 mkg a 4.900 rpm. El resultado es un motor muy poderoso, con un sensacional empuje ya desde apenas 2.000 rpm y una elasticidad envidiable. Asociado de serie a un cambio manual de seis velocidades, es capaz de apurar cada relación hasta el corte prácticamente sin desfallecer y otorgando un magnífico dinamismo a este compacto y rígido descapotable de 1.400 kilos. En opción puede incorporar también la transmisión automática alemana de siete velocidades 7G-Tronic, una delicia por su buen escalonamiento y suavidad de respuesta, aunque algo restrictiva en las reducciones en modo manual-secuencial para los amantes de las altas prestaciones.

A pesar de este considerable aumento de potencia, que llevan al SLK 350 a obtener una aceleración de 0 a 100 km/h en sólo 5,4 s, sus consumos también se han visto rebajados gracias a sus modificaciones. Ahora su gasto medio es de 9,5 l/100 km (9,2 en automático), 1,1 litros menor que su antecesor.

El bastidor del SLK sigue siendo una referencia en su segmento. Otorga una excelente rigidez incluso cuando circula descapotado y altas velocidades, mientras que cubierto hablamos una vez más de un muy confortable coupé, con un aislamiento de rodadura de primer nivel. Con la versión 350 el sonido que escucharemos es el de su potente motor V6, inducido por un nuevo filtro de aire específico. ¡Impresionante!

Por debajo de este 350, Mercedes presenta otras dos alternativas mecánicas. Abre la gama la conocida versión SLK 200 K, un cuatro cilindros sobrealimentado por un compresor mecánico tipo Roots y que, fruto también de un nuevo sistema electrónico de gestión, aumenta su potencia de 163 a 184 CV, con un par máximo de 25,5 mkg entre 2.800 y 5.000 rpm. Acelera de 0 a 100 km/h en 7,6 s y rebaja también en un litro su consumo medio, cifrado ahora en 7,7 l/100 km.

Mientras, derivado del 350, llega nuevamente la versión SLK 280, un V6 de 3,0 litros atmosférico con los mismos 231 CV de su antecesor y 30,6 mkg de par entre 2.500 y 5.000 rpm. Eso sí, ahora consigue rebajar su consumo a 9,3 l/100 km (0,4 l menos que antes), con su conocido gran rendimiento en carretera. Como ha ocurrido en anteriores ediciones del SLK, creemos estar nuevamente ante la variante más equilibrada por su relación precio-prestaciones. Tanto ella, como el SLK 200 K, incluyen de serie cambio manual de 6 relaciones, aunque, en opción, esta última puede añadir un automático de cinco relaciones, y el 280 la caja 7G-Tronic.

El tope de gama SLK lo marca una vez más la versión 55 AMG, el único V8 de su segmento. Con 5,5 litros de cilindrada y 360 CV de potencia, incluye entre sus aditamentos deportivos faldón delantero, salidas laterales de aire, llantas de 18 pulgadas, frenos sobredimensionados y suspensiones deportivas. Junto al exclusivo cambio automático AMG Speedshift 7G-Tronic con levas en el volante, acelera de 0 a 100 km/h en 4,9 segundos; una auténtica máquina del asfalto.

Dejamos para el final la nueva dirección directa mecánica que estrena el SLK, ya vista en el nuevo CLC y anunciada para el próximo SL. Desarrollada a partir de la conocida dirección paramétrica de Mercedes –de asistencia variable en función de la velocidad-, se completa con una nueva desmultiplicación también variable, pero en función ahora del ángulo de giro del volante gracias a un nuevo engranaje de cremallera con dentando especial.

En su posición central, y hasta un ángulo de 5 grados, tiene una desmultiplicación menor para garantizar la mejor estabilidad lineal. Sin embargo, ésta aumenta y alcanza una relación muy directa partir de entonces y, sobre todo, al superar los 100 grados de giro. En la práctica, su resultado nos ha convencido. La maniobrabilidad es excepcional, tanto en ciudad como en carretera, donde el conductor apenas tendrá que cruzar o cambiar la posición de las manos para abordar siquiera curvas muy, muy cerradas.

Cuestión de imagen

Puesto al día tanto a nivel de estética, como de equipamiento, Mercedes ha mejorado también el rendimiento dinámico de su nuevo SLK. Y no con grandes modificaciones en su esquema mecánico, que sigue conservando la misma plataforma y eficaz arquitectura de suspensiones, con una geometría McPherson en el eje delantero y Multibrazo en el trasero; sino con una completa optimización de sus motores de cuatro y seis cilindros, ahora con un aumento general de potencia y una considerable rebaja en sus consumos y emisiones.

Por encima del resto, destaca en esta ocasión su renovada versión deportiva SLK 350, introducida en la gama por primera vez durante su actualización en 2004 y que hemos podido conducir por las exigentes carreteras de Montecarlo. Basada en el mismo motor atmosférico V6 anterior de 3,5 litros de cilindrada, se ha rediseñado por completo según un nuevo concepto de altas revoluciones. Así, Mercedes ha aumentado su relación de compresión (11,7:1, en lugar de 10,7:1) gracias a nuevos pistones de peso optimizado y superficie abombada, ha sustituido su tubo de admisión variable por uno de una sola etapa (para mejorar el llenado de los cilindros a altas revoluciones) y ha modificado la posición de los árboles de levas, las válvulas, el equipo de distribución y la gestión electrónica.

Así, el nuevo SLK 350 eleva en 33 CV su potencia, alcanzando ahora los 305 CV a 6.500 rpm, aunque momentáneamente el régimen máximo de giro puede situarse en las 7.200 rpm. También el par máximo ha ascendido a 36,7 mkg a 4.900 rpm. El resultado es un motor muy poderoso, con un sensacional empuje ya desde apenas 2.000 rpm y una elasticidad envidiable. Asociado de serie a un cambio manual de seis velocidades, es capaz de apurar cada relación hasta el corte prácticamente sin desfallecer y otorgando un magnífico dinamismo a este compacto y rígido descapotable de 1.400 kilos. En opción puede incorporar también la transmisión automática alemana de siete velocidades 7G-Tronic, una delicia por su buen escalonamiento y suavidad de respuesta, aunque algo restrictiva en las reducciones en modo manual-secuencial para los amantes de las altas prestaciones.

A pesar de este considerable aumento de potencia, que llevan al SLK 350 a obtener una aceleración de 0 a 100 km/h en sólo 5,4 s, sus consumos también se han visto rebajados gracias a sus modificaciones. Ahora su gasto medio es de 9,5 l/100 km (9,2 en automático), 1,1 litros menor que su antecesor.

El bastidor del SLK sigue siendo una referencia en su segmento. Otorga una excelente rigidez incluso cuando circula descapotado y altas velocidades, mientras que cubierto hablamos una vez más de un muy confortable coupé, con un aislamiento de rodadura de primer nivel. Con la versión 350 el sonido que escucharemos es el de su potente motor V6, inducido por un nuevo filtro de aire específico. ¡Impresionante!

Por debajo de este 350, Mercedes presenta otras dos alternativas mecánicas. Abre la gama la conocida versión SLK 200 K, un cuatro cilindros sobrealimentado por un compresor mecánico tipo Roots y que, fruto también de un nuevo sistema electrónico de gestión, aumenta su potencia de 163 a 184 CV, con un par máximo de 25,5 mkg entre 2.800 y 5.000 rpm. Acelera de 0 a 100 km/h en 7,6 s y rebaja también en un litro su consumo medio, cifrado ahora en 7,7 l/100 km.

Mientras, derivado del 350, llega nuevamente la versión SLK 280, un V6 de 3,0 litros atmosférico con los mismos 231 CV de su antecesor y 30,6 mkg de par entre 2.500 y 5.000 rpm. Eso sí, ahora consigue rebajar su consumo a 9,3 l/100 km (0,4 l menos que antes), con su conocido gran rendimiento en carretera. Como ha ocurrido en anteriores ediciones del SLK, creemos estar nuevamente ante la variante más equilibrada por su relación precio-prestaciones. Tanto ella, como el SLK 200 K, incluyen de serie cambio manual de 6 relaciones, aunque, en opción, esta última puede añadir un automático de cinco relaciones, y el 280 la caja 7G-Tronic.

El tope de gama SLK lo marca una vez más la versión 55 AMG, el único V8 de su segmento. Con 5,5 litros de cilindrada y 360 CV de potencia, incluye entre sus aditamentos deportivos faldón delantero, salidas laterales de aire, llantas de 18 pulgadas, frenos sobredimensionados y suspensiones deportivas. Junto al exclusivo cambio automático AMG Speedshift 7G-Tronic con levas en el volante, acelera de 0 a 100 km/h en 4,9 segundos; una auténtica máquina del asfalto.

Dejamos para el final la nueva dirección directa mecánica que estrena el SLK, ya vista en el nuevo CLC y anunciada para el próximo SL. Desarrollada a partir de la conocida dirección paramétrica de Mercedes –de asistencia variable en función de la velocidad-, se completa con una nueva desmultiplicación también variable, pero en función ahora del ángulo de giro del volante gracias a un nuevo engranaje de cremallera con dentando especial.

En su posición central, y hasta un ángulo de 5 grados, tiene una desmultiplicación menor para garantizar la mejor estabilidad lineal. Sin embargo, ésta aumenta y alcanza una relación muy directa partir de entonces y, sobre todo, al superar los 100 grados de giro. En la práctica, su resultado nos ha convencido. La maniobrabilidad es excepcional, tanto en ciudad como en carretera, donde el conductor apenas tendrá que cruzar o cambiar la posición de las manos para abordar siquiera curvas muy, muy cerradas.

Cuestión de imagen

Puesto al día tanto a nivel de estética, como de equipamiento, Mercedes ha mejorado también el rendimiento dinámico de su nuevo SLK. Y no con grandes modificaciones en su esquema mecánico, que sigue conservando la misma plataforma y eficaz arquitectura de suspensiones, con una geometría McPherson en el eje delantero y Multibrazo en el trasero; sino con una completa optimización de sus motores de cuatro y seis cilindros, ahora con un aumento general de potencia y una considerable rebaja en sus consumos y emisiones.

Por encima del resto, destaca en esta ocasión su renovada versión deportiva SLK 350, introducida en la gama por primera vez durante su actualización en 2004 y que hemos podido conducir por las exigentes carreteras de Montecarlo. Basada en el mismo motor atmosférico V6 anterior de 3,5 litros de cilindrada, se ha rediseñado por completo según un nuevo concepto de altas revoluciones. Así, Mercedes ha aumentado su relación de compresión (11,7:1, en lugar de 10,7:1) gracias a nuevos pistones de peso optimizado y superficie abombada, ha sustituido su tubo de admisión variable por uno de una sola etapa (para mejorar el llenado de los cilindros a altas revoluciones) y ha modificado la posición de los árboles de levas, las válvulas, el equipo de distribución y la gestión electrónica.

Así, el nuevo SLK 350 eleva en 33 CV su potencia, alcanzando ahora los 305 CV a 6.500 rpm, aunque momentáneamente el régimen máximo de giro puede situarse en las 7.200 rpm. También el par máximo ha ascendido a 36,7 mkg a 4.900 rpm. El resultado es un motor muy poderoso, con un sensacional empuje ya desde apenas 2.000 rpm y una elasticidad envidiable. Asociado de serie a un cambio manual de seis velocidades, es capaz de apurar cada relación hasta el corte prácticamente sin desfallecer y otorgando un magnífico dinamismo a este compacto y rígido descapotable de 1.400 kilos. En opción puede incorporar también la transmisión automática alemana de siete velocidades 7G-Tronic, una delicia por su buen escalonamiento y suavidad de respuesta, aunque algo restrictiva en las reducciones en modo manual-secuencial para los amantes de las altas prestaciones.

A pesar de este considerable aumento de potencia, que llevan al SLK 350 a obtener una aceleración de 0 a 100 km/h en sólo 5,4 s, sus consumos también se han visto rebajados gracias a sus modificaciones. Ahora su gasto medio es de 9,5 l/100 km (9,2 en automático), 1,1 litros menor que su antecesor.

El bastidor del SLK sigue siendo una referencia en su segmento. Otorga una excelente rigidez incluso cuando circula descapotado y altas velocidades, mientras que cubierto hablamos una vez más de un muy confortable coupé, con un aislamiento de rodadura de primer nivel. Con la versión 350 el sonido que escucharemos es el de su potente motor V6, inducido por un nuevo filtro de aire específico. ¡Impresionante!

Por debajo de este 350, Mercedes presenta otras dos alternativas mecánicas. Abre la gama la conocida versión SLK 200 K, un cuatro cilindros sobrealimentado por un compresor mecánico tipo Roots y que, fruto también de un nuevo sistema electrónico de gestión, aumenta su potencia de 163 a 184 CV, con un par máximo de 25,5 mkg entre 2.800 y 5.000 rpm. Acelera de 0 a 100 km/h en 7,6 s y rebaja también en un litro su consumo medio, cifrado ahora en 7,7 l/100 km.

Mientras, derivado del 350, llega nuevamente la versión SLK 280, un V6 de 3,0 litros atmosférico con los mismos 231 CV de su antecesor y 30,6 mkg de par entre 2.500 y 5.000 rpm. Eso sí, ahora consigue rebajar su consumo a 9,3 l/100 km (0,4 l menos que antes), con su conocido gran rendimiento en carretera. Como ha ocurrido en anteriores ediciones del SLK, creemos estar nuevamente ante la variante más equilibrada por su relación precio-prestaciones. Tanto ella, como el SLK 200 K, incluyen de serie cambio manual de 6 relaciones, aunque, en opción, esta última puede añadir un automático de cinco relaciones, y el 280 la caja 7G-Tronic.

El tope de gama SLK lo marca una vez más la versión 55 AMG, el único V8 de su segmento. Con 5,5 litros de cilindrada y 360 CV de potencia, incluye entre sus aditamentos deportivos faldón delantero, salidas laterales de aire, llantas de 18 pulgadas, frenos sobredimensionados y suspensiones deportivas. Junto al exclusivo cambio automático AMG Speedshift 7G-Tronic con levas en el volante, acelera de 0 a 100 km/h en 4,9 segundos; una auténtica máquina del asfalto.

Dejamos para el final la nueva dirección directa mecánica que estrena el SLK, ya vista en el nuevo CLC y anunciada para el próximo SL. Desarrollada a partir de la conocida dirección paramétrica de Mercedes –de asistencia variable en función de la velocidad-, se completa con una nueva desmultiplicación también variable, pero en función ahora del ángulo de giro del volante gracias a un nuevo engranaje de cremallera con dentando especial.

En su posición central, y hasta un ángulo de 5 grados, tiene una desmultiplicación menor para garantizar la mejor estabilidad lineal. Sin embargo, ésta aumenta y alcanza una relación muy directa partir de entonces y, sobre todo, al superar los 100 grados de giro. En la práctica, su resultado nos ha convencido. La maniobrabilidad es excepcional, tanto en ciudad como en carretera, donde el conductor apenas tendrá que cruzar o cambiar la posición de las manos para abordar siquiera curvas muy, muy cerradas.

Cuestión de imagen

Puesto al día tanto a nivel de estética, como de equipamiento, Mercedes ha mejorado también el rendimiento dinámico de su nuevo SLK. Y no con grandes modificaciones en su esquema mecánico, que sigue conservando la misma plataforma y eficaz arquitectura de suspensiones, con una geometría McPherson en el eje delantero y Multibrazo en el trasero; sino con una completa optimización de sus motores de cuatro y seis cilindros, ahora con un aumento general de potencia y una considerable rebaja en sus consumos y emisiones.

Por encima del resto, destaca en esta ocasión su renovada versión deportiva SLK 350, introducida en la gama por primera vez durante su actualización en 2004 y que hemos podido conducir por las exigentes carreteras de Montecarlo. Basada en el mismo motor atmosférico V6 anterior de 3,5 litros de cilindrada, se ha rediseñado por completo según un nuevo concepto de altas revoluciones. Así, Mercedes ha aumentado su relación de compresión (11,7:1, en lugar de 10,7:1) gracias a nuevos pistones de peso optimizado y superficie abombada, ha sustituido su tubo de admisión variable por uno de una sola etapa (para mejorar el llenado de los cilindros a altas revoluciones) y ha modificado la posición de los árboles de levas, las válvulas, el equipo de distribución y la gestión electrónica.

Así, el nuevo SLK 350 eleva en 33 CV su potencia, alcanzando ahora los 305 CV a 6.500 rpm, aunque momentáneamente el régimen máximo de giro puede situarse en las 7.200 rpm. También el par máximo ha ascendido a 36,7 mkg a 4.900 rpm. El resultado es un motor muy poderoso, con un sensacional empuje ya desde apenas 2.000 rpm y una elasticidad envidiable. Asociado de serie a un cambio manual de seis velocidades, es capaz de apurar cada relación hasta el corte prácticamente sin desfallecer y otorgando un magnífico dinamismo a este compacto y rígido descapotable de 1.400 kilos. En opción puede incorporar también la transmisión automática alemana de siete velocidades 7G-Tronic, una delicia por su buen escalonamiento y suavidad de respuesta, aunque algo restrictiva en las reducciones en modo manual-secuencial para los amantes de las altas prestaciones.

A pesar de este considerable aumento de potencia, que llevan al SLK 350 a obtener una aceleración de 0 a 100 km/h en sólo 5,4 s, sus consumos también se han visto rebajados gracias a sus modificaciones. Ahora su gasto medio es de 9,5 l/100 km (9,2 en automático), 1,1 litros menor que su antecesor.

El bastidor del SLK sigue siendo una referencia en su segmento. Otorga una excelente rigidez incluso cuando circula descapotado y altas velocidades, mientras que cubierto hablamos una vez más de un muy confortable coupé, con un aislamiento de rodadura de primer nivel. Con la versión 350 el sonido que escucharemos es el de su potente motor V6, inducido por un nuevo filtro de aire específico. ¡Impresionante!

Por debajo de este 350, Mercedes presenta otras dos alternativas mecánicas. Abre la gama la conocida versión SLK 200 K, un cuatro cilindros sobrealimentado por un compresor mecánico tipo Roots y que, fruto también de un nuevo sistema electrónico de gestión, aumenta su potencia de 163 a 184 CV, con un par máximo de 25,5 mkg entre 2.800 y 5.000 rpm. Acelera de 0 a 100 km/h en 7,6 s y rebaja también en un litro su consumo medio, cifrado ahora en 7,7 l/100 km.

Mientras, derivado del 350, llega nuevamente la versión SLK 280, un V6 de 3,0 litros atmosférico con los mismos 231 CV de su antecesor y 30,6 mkg de par entre 2.500 y 5.000 rpm. Eso sí, ahora consigue rebajar su consumo a 9,3 l/100 km (0,4 l menos que antes), con su conocido gran rendimiento en carretera. Como ha ocurrido en anteriores ediciones del SLK, creemos estar nuevamente ante la variante más equilibrada por su relación precio-prestaciones. Tanto ella, como el SLK 200 K, incluyen de serie cambio manual de 6 relaciones, aunque, en opción, esta última puede añadir un automático de cinco relaciones, y el 280 la caja 7G-Tronic.

El tope de gama SLK lo marca una vez más la versión 55 AMG, el único V8 de su segmento. Con 5,5 litros de cilindrada y 360 CV de potencia, incluye entre sus aditamentos deportivos faldón delantero, salidas laterales de aire, llantas de 18 pulgadas, frenos sobredimensionados y suspensiones deportivas. Junto al exclusivo cambio automático AMG Speedshift 7G-Tronic con levas en el volante, acelera de 0 a 100 km/h en 4,9 segundos; una auténtica máquina del asfalto.

Dejamos para el final la nueva dirección directa mecánica que estrena el SLK, ya vista en el nuevo CLC y anunciada para el próximo SL. Desarrollada a partir de la conocida dirección paramétrica de Mercedes –de asistencia variable en función de la velocidad-, se completa con una nueva desmultiplicación también variable, pero en función ahora del ángulo de giro del volante gracias a un nuevo engranaje de cremallera con dentando especial.

En su posición central, y hasta un ángulo de 5 grados, tiene una desmultiplicación menor para garantizar la mejor estabilidad lineal. Sin embargo, ésta aumenta y alcanza una relación muy directa partir de entonces y, sobre todo, al superar los 100 grados de giro. En la práctica, su resultado nos ha convencido. La maniobrabilidad es excepcional, tanto en ciudad como en carretera, donde el conductor apenas tendrá que cruzar o cambiar la posición de las manos para abordar siquiera curvas muy, muy cerradas.

Cuestión de imagen

Puesto al día tanto a nivel de estética, como de equipamiento, Mercedes ha mejorado también el rendimiento dinámico de su nuevo SLK. Y no con grandes modificaciones en su esquema mecánico, que sigue conservando la misma plataforma y eficaz arquitectura de suspensiones, con una geometría McPherson en el eje delantero y Multibrazo en el trasero; sino con una completa optimización de sus motores de cuatro y seis cilindros, ahora con un aumento general de potencia y una considerable rebaja en sus consumos y emisiones.

Por encima del resto, destaca en esta ocasión su renovada versión deportiva SLK 350, introducida en la gama por primera vez durante su actualización en 2004 y que hemos podido conducir por las exigentes carreteras de Montecarlo. Basada en el mismo motor atmosférico V6 anterior de 3,5 litros de cilindrada, se ha rediseñado por completo según un nuevo concepto de altas revoluciones. Así, Mercedes ha aumentado su relación de compresión (11,7:1, en lugar de 10,7:1) gracias a nuevos pistones de peso optimizado y superficie abombada, ha sustituido su tubo de admisión variable por uno de una sola etapa (para mejorar el llenado de los cilindros a altas revoluciones) y ha modificado la posición de los árboles de levas, las válvulas, el equipo de distribución y la gestión electrónica.

Así, el nuevo SLK 350 eleva en 33 CV su potencia, alcanzando ahora los 305 CV a 6.500 rpm, aunque momentáneamente el régimen máximo de giro puede situarse en las 7.200 rpm. También el par máximo ha ascendido a 36,7 mkg a 4.900 rpm. El resultado es un motor muy poderoso, con un sensacional empuje ya desde apenas 2.000 rpm y una elasticidad envidiable. Asociado de serie a un cambio manual de seis velocidades, es capaz de apurar cada relación hasta el corte prácticamente sin desfallecer y otorgando un magnífico dinamismo a este compacto y rígido descapotable de 1.400 kilos. En opción puede incorporar también la transmisión automática alemana de siete velocidades 7G-Tronic, una delicia por su buen escalonamiento y suavidad de respuesta, aunque algo restrictiva en las reducciones en modo manual-secuencial para los amantes de las altas prestaciones.

A pesar de este considerable aumento de potencia, que llevan al SLK 350 a obtener una aceleración de 0 a 100 km/h en sólo 5,4 s, sus consumos también se han visto rebajados gracias a sus modificaciones. Ahora su gasto medio es de 9,5 l/100 km (9,2 en automático), 1,1 litros menor que su antecesor.

El bastidor del SLK sigue siendo una referencia en su segmento. Otorga una excelente rigidez incluso cuando circula descapotado y altas velocidades, mientras que cubierto hablamos una vez más de un muy confortable coupé, con un aislamiento de rodadura de primer nivel. Con la versión 350 el sonido que escucharemos es el de su potente motor V6, inducido por un nuevo filtro de aire específico. ¡Impresionante!

Por debajo de este 350, Mercedes presenta otras dos alternativas mecánicas. Abre la gama la conocida versión SLK 200 K, un cuatro cilindros sobrealimentado por un compresor mecánico tipo Roots y que, fruto también de un nuevo sistema electrónico de gestión, aumenta su potencia de 163 a 184 CV, con un par máximo de 25,5 mkg entre 2.800 y 5.000 rpm. Acelera de 0 a 100 km/h en 7,6 s y rebaja también en un litro su consumo medio, cifrado ahora en 7,7 l/100 km.

Mientras, derivado del 350, llega nuevamente la versión SLK 280, un V6 de 3,0 litros atmosférico con los mismos 231 CV de su antecesor y 30,6 mkg de par entre 2.500 y 5.000 rpm. Eso sí, ahora consigue rebajar su consumo a 9,3 l/100 km (0,4 l menos que antes), con su conocido gran rendimiento en carretera. Como ha ocurrido en anteriores ediciones del SLK, creemos estar nuevamente ante la variante más equilibrada por su relación precio-prestaciones. Tanto ella, como el SLK 200 K, incluyen de serie cambio manual de 6 relaciones, aunque, en opción, esta última puede añadir un automático de cinco relaciones, y el 280 la caja 7G-Tronic.

El tope de gama SLK lo marca una vez más la versión 55 AMG, el único V8 de su segmento. Con 5,5 litros de cilindrada y 360 CV de potencia, incluye entre sus aditamentos deportivos faldón delantero, salidas laterales de aire, llantas de 18 pulgadas, frenos sobredimensionados y suspensiones deportivas. Junto al exclusivo cambio automático AMG Speedshift 7G-Tronic con levas en el volante, acelera de 0 a 100 km/h en 4,9 segundos; una auténtica máquina del asfalto.

Dejamos para el final la nueva dirección directa mecánica que estrena el SLK, ya vista en el nuevo CLC y anunciada para el próximo SL. Desarrollada a partir de la conocida dirección paramétrica de Mercedes –de asistencia variable en función de la velocidad-, se completa con una nueva desmultiplicación también variable, pero en función ahora del ángulo de giro del volante gracias a un nuevo engranaje de cremallera con dentando especial.

En su posición central, y hasta un ángulo de 5 grados, tiene una desmultiplicación menor para garantizar la mejor estabilidad lineal. Sin embargo, ésta aumenta y alcanza una relación muy directa partir de entonces y, sobre todo, al superar los 100 grados de giro. En la práctica, su resultado nos ha convencido. La maniobrabilidad es excepcional, tanto en ciudad como en carretera, donde el conductor apenas tendrá que cruzar o cambiar la posición de las manos para abordar siquiera curvas muy, muy cerradas.

Cuestión de imagen

Puesto al día tanto a nivel de estética, como de equipamiento, Mercedes ha mejorado también el rendimiento dinámico de su nuevo SLK. Y no con grandes modificaciones en su esquema mecánico, que sigue conservando la misma plataforma y eficaz arquitectura de suspensiones, con una geometría McPherson en el eje delantero y Multibrazo en el trasero; sino con una completa optimización de sus motores de cuatro y seis cilindros, ahora con un aumento general de potencia y una considerable rebaja en sus consumos y emisiones.

Por encima del resto, destaca en esta ocasión su renovada versión deportiva SLK 350, introducida en la gama por primera vez durante su actualización en 2004 y que hemos podido conducir por las exigentes carreteras de Montecarlo. Basada en el mismo motor atmosférico V6 anterior de 3,5 litros de cilindrada, se ha rediseñado por completo según un nuevo concepto de altas revoluciones. Así, Mercedes ha aumentado su relación de compresión (11,7:1, en lugar de 10,7:1) gracias a nuevos pistones de peso optimizado y superficie abombada, ha sustituido su tubo de admisión variable por uno de una sola etapa (para mejorar el llenado de los cilindros a altas revoluciones) y ha modificado la posición de los árboles de levas, las válvulas, el equipo de distribución y la gestión electrónica.

Así, el nuevo SLK 350 eleva en 33 CV su potencia, alcanzando ahora los 305 CV a 6.500 rpm, aunque momentáneamente el régimen máximo de giro puede situarse en las 7.200 rpm. También el par máximo ha ascendido a 36,7 mkg a 4.900 rpm. El resultado es un motor muy poderoso, con un sensacional empuje ya desde apenas 2.000 rpm y una elasticidad envidiable. Asociado de serie a un cambio manual de seis velocidades, es capaz de apurar cada relación hasta el corte prácticamente sin desfallecer y otorgando un magnífico dinamismo a este compacto y rígido descapotable de 1.400 kilos. En opción puede incorporar también la transmisión automática alemana de siete velocidades 7G-Tronic, una delicia por su buen escalonamiento y suavidad de respuesta, aunque algo restrictiva en las reducciones en modo manual-secuencial para los amantes de las altas prestaciones.

A pesar de este considerable aumento de potencia, que llevan al SLK 350 a obtener una aceleración de 0 a 100 km/h en sólo 5,4 s, sus consumos también se han visto rebajados gracias a sus modificaciones. Ahora su gasto medio es de 9,5 l/100 km (9,2 en automático), 1,1 litros menor que su antecesor.

El bastidor del SLK sigue siendo una referencia en su segmento. Otorga una excelente rigidez incluso cuando circula descapotado y altas velocidades, mientras que cubierto hablamos una vez más de un muy confortable coupé, con un aislamiento de rodadura de primer nivel. Con la versión 350 el sonido que escucharemos es el de su potente motor V6, inducido por un nuevo filtro de aire específico. ¡Impresionante!

Por debajo de este 350, Mercedes presenta otras dos alternativas mecánicas. Abre la gama la conocida versión SLK 200 K, un cuatro cilindros sobrealimentado por un compresor mecánico tipo Roots y que, fruto también de un nuevo sistema electrónico de gestión, aumenta su potencia de 163 a 184 CV, con un par máximo de 25,5 mkg entre 2.800 y 5.000 rpm. Acelera de 0 a 100 km/h en 7,6 s y rebaja también en un litro su consumo medio, cifrado ahora en 7,7 l/100 km.

Mientras, derivado del 350, llega nuevamente la versión SLK 280, un V6 de 3,0 litros atmosférico con los mismos 231 CV de su antecesor y 30,6 mkg de par entre 2.500 y 5.000 rpm. Eso sí, ahora consigue rebajar su consumo a 9,3 l/100 km (0,4 l menos que antes), con su conocido gran rendimiento en carretera. Como ha ocurrido en anteriores ediciones del SLK, creemos estar nuevamente ante la variante más equilibrada por su relación precio-prestaciones. Tanto ella, como el SLK 200 K, incluyen de serie cambio manual de 6 relaciones, aunque, en opción, esta última puede añadir un automático de cinco relaciones, y el 280 la caja 7G-Tronic.

El tope de gama SLK lo marca una vez más la versión 55 AMG, el único V8 de su segmento. Con 5,5 litros de cilindrada y 360 CV de potencia, incluye entre sus aditamentos deportivos faldón delantero, salidas laterales de aire, llantas de 18 pulgadas, frenos sobredimensionados y suspensiones deportivas. Junto al exclusivo cambio automático AMG Speedshift 7G-Tronic con levas en el volante, acelera de 0 a 100 km/h en 4,9 segundos; una auténtica máquina del asfalto.

Dejamos para el final la nueva dirección directa mecánica que estrena el SLK, ya vista en el nuevo CLC y anunciada para el próximo SL. Desarrollada a partir de la conocida dirección paramétrica de Mercedes –de asistencia variable en función de la velocidad-, se completa con una nueva desmultiplicación también variable, pero en función ahora del ángulo de giro del volante gracias a un nuevo engranaje de cremallera con dentando especial.

En su posición central, y hasta un ángulo de 5 grados, tiene una desmultiplicación menor para garantizar la mejor estabilidad lineal. Sin embargo, ésta aumenta y alcanza una relación muy directa partir de entonces y, sobre todo, al superar los 100 grados de giro. En la práctica, su resultado nos ha convencido. La maniobrabilidad es excepcional, tanto en ciudad como en carretera, donde el conductor apenas tendrá que cruzar o cambiar la posición de las manos para abordar siquiera curvas muy, muy cerradas.

Cuestión de imagen

Puesto al día tanto a nivel de estética, como de equipamiento, Mercedes ha mejorado también el rendimiento dinámico de su nuevo SLK. Y no con grandes modificaciones en su esquema mecánico, que sigue conservando la misma plataforma y eficaz arquitectura de suspensiones, con una geometría McPherson en el eje delantero y Multibrazo en el trasero; sino con una completa optimización de sus motores de cuatro y seis cilindros, ahora con un aumento general de potencia y una considerable rebaja en sus consumos y emisiones.

Por encima del resto, destaca en esta ocasión su renovada versión deportiva SLK 350, introducida en la gama por primera vez durante su actualización en 2004 y que hemos podido conducir por las exigentes carreteras de Montecarlo. Basada en el mismo motor atmosférico V6 anterior de 3,5 litros de cilindrada, se ha rediseñado por completo según un nuevo concepto de altas revoluciones. Así, Mercedes ha aumentado su relación de compresión (11,7:1, en lugar de 10,7:1) gracias a nuevos pistones de peso optimizado y superficie abombada, ha sustituido su tubo de admisión variable por uno de una sola etapa (para mejorar el llenado de los cilindros a altas revoluciones) y ha modificado la posición de los árboles de levas, las válvulas, el equipo de distribución y la gestión electrónica.