Mercedes SLK 200 Kompressor

Se trata del modelo de acceso a la gama Mercedes SLK, un biplaza con un diseño que enamora y que ofrece buenas cualidades dinámicas incluso con la motorización básica, quizá la más racional, pero con todos los ingredientes para convertirse en un un coche de capricho.
-
Mercedes SLK 200 Kompressor
Mercedes SLK 200 Kompressor

Sólo por diseño el Mercedes SLK ya resulta atractivo. Si además tenemos en cuenta que podemos transformarlo en coupé o descapotable a golpe de botón —en parado, eso sí—, y que su conducción resulta muy gratificante, estamos ante lo que podríamos denominar un capricho redondo, posicionado en precio 6.750 euros por debajo de la versión inmediatamente superior, y nada menos que 36.850 euros menos que la versión AMG.

El modelo de acceso a la gama Mercedes SLK representa la opción más racional. De serie lleva un equipamiento "políticamente correcto", es decir, incluye lo esencial para poder disfrutar del coche sin echar casi nada de menos, pero sin muchos de los lujos que se podrían esperar de un roadster con la estrella en el frontal. Aun así, no falta aire acondicionado, Bluetooth, ESP, control de crucero ni un paravientos de tela. No obstante, si queremos ir más allá habrá que recurrir, inevitablemente, a un uso sin piedad del talonario.

La extensa lista de opciones es cara, pero tan tentadora como la carta de un buen restaurante. Prueba de ello es que en el caso de la unidad que aparece en estas páginas, los extras ascienden a más de 10.000 euros y afectan tanto a detalles estéticos y de confort, como a otros relacionados con la conducción. Por ejemplo, incorpora un interesante paquete deportivo que añade llamativas costuras rojas en la tapicería de cuero (no incluida), el volante y los apoyabrazos de las puertas, así como cinturones de seguridad y agujas del cuadro de instrumentos de dicho color, junto con suspensión rebajada, llantas específicas de 18", deflector posterior, discos de freno anteriores perforados y levas del cambio en el volante.

El comportamiento del Mercedes SLK 200 Kompressor es una delicia. El coche se sujeta, es muy estable a pesar de su contenido tamaño y consigue muy buena velocidad de paso por curva. Y no sólo eso, sino que además resulta cómodo, ya que es firme pero no llega a ser seco. Su mayor virtud es que mezcla una alta eficacia con una gran facilidad de conducción, incluso ante cualquier provocación, pues sus reacciones son muy progresivas —a pesar de equipar los mencionados neumáticos opcionales más anchos y de perfil bajo— y transmite mucha confianza.

El tren delantero reacciona con inmediatez a las órdenes del volante, se inscribe en las curvas con precisión y soporta cambios de apoyo bruscos sin inmutarse. Avisa con un breve subviraje cuando nos acercamos a los límites del bastidor y, si insistimos en forzar la situación, la transición entre subviraje y sobreviraje es muy natural y previsible. En caso de buscar diversión, se deja conducir y permite disfrutar de un tren trasero que reacciona impecablemente en todo momento, aunque si lo que queremos es lograr un deslizamiento únicamente a base de potencia, mejor optar por variantes más prestacionales del Mercedes SLK, ya que la buena capacidad de tracción del roadster alemán está por encima de los 184 CV de este motor que, si bien permite un ritmo de marcha elevado, no llega a impresionar por su empuje, y mucho menos por su sonido. Aun así, su potencia acompaña sea cual sea nuestro estilo de conducción y no se queda corto, sino que resulta muy equilibrado. El ESP —desconectable— no es demasiado intrusivo y llega a dejar cierta libertad al eje trasero para redondear los giros con un deslizamiento controlado, mientras no hagamos amago de contravolante.

Los neumáticos, por su parte, pasan de ser de la medida 205/55 R16 en las cuatro ruedas, a unos considerables 225/40 R18 delanteros y 245/35 R18 traseros. El aspecto está de lo más conseguido, mientras que el comportamiento gana en eficacia. A esto hay que sumar otras opciones, entre ellas la dirección paramétrica, más directa y de excelente tacto, además no resulta pesada en maniobras, como suele ocurrir en Mercedes, lo que influye positivamente en el agrado de uso. Y no hay que olvidarse de la "bufanda de aire", una salida de calefacción en el propio reposacabezas que posibilita viajar a cielo abierto incluso en invierno.

La electrónica corrige en los momentos justos para evitar cualquier sobresalto o esfuerzo adicional por parte del conductor. Por otro lado, incluso circulando descapotado la carrocería se muestra muy rígida, y sólo los baches importantes situados en medio de la trazada pueden descolocarnos transversalmente, afectando a ambos ejes por igual.

En curva el Mercedes SLK es sensible a las transferencias de masas y cuando levantamos el pie del acelerador, incluso a ritmos tranquilos, el morro se ciñe un poco hacia el interior, mientras que al dar gas se abre levemente la trayectoria. Debido a ello, la transmisión automática de 5 relaciones (opcional) puede interferir más de lo deseado en la estabilidad del coche cuando cambia de marcha en pleno apoyo, sobre todo si estamos tratando de exprimir al máximo las excelentes cualidades del chasis. Este cambio es suave y funciona muy correctamente en utilización normal, pero no siempre resulta un buen aliado en conducción deportiva por zonas reviradas, pues su manejo en modo manual no es todo lo eficaz que nos gustaría, sobre todo por el amplio salto que hay entre 2ª y 3ª, y porque no siempre resulta fácil "convencerle" para que inserte 2ª en reducciones, ya que no apura lo suficiente el régimen del motor.

Al final, muchos giros cerrados los realizaremos en 3ª. Por otra parte, aunque vayamos en manual, si llegamos a la zona roja del cuentavueltas, automáticamente pasa a la siguiente velocidad, y también reduce una o varias marchas en caso de hacer "kick-down".

A la hora de valorar en conjunto el Mercedes SLK 200 Kompressor, las virtudes son muchas más que los defectos. En el caso de los frenos, su resistencia a la fatiga, tacto y capacidad de deceleración están a muy buen nivel —el paquete deportivo se nota aquí también—, a la altura de las circunstancias. Por si fuera poco, el contenido tamaño de este modelo, unido a una dirección muy rápida y a un diámetro de giro contenido, hacen que sea muy maniobrable y ágil en ciudad, por lo que a fin de cuentas resulta muy utilizable en el día a día. Además, cuenta con buena visibilidad en todos los ángulos, incluso con el techo puesto. La guinda al lado práctico la pone un maletero muy digno, si bien el techo le roba bastante espacio cuando va recogido en su interior.

— Comportamiento
— Agrado de uso
— Frenos

— Cambio automático poco deportivo
— Techo no accionable en marcha

Sólo por diseño el Mercedes SLK ya resulta atractivo. Si además tenemos en cuenta que podemos transformarlo en coupé o descapotable a golpe de botón —en parado, eso sí—, y que su conducción resulta muy gratificante, estamos ante lo que podríamos denominar un capricho redondo, posicionado en precio 6.750 euros por debajo de la versión inmediatamente superior, y nada menos que 36.850 euros menos que la versión AMG.

El modelo de acceso a la gama Mercedes SLK representa la opción más racional. De serie lleva un equipamiento "políticamente correcto", es decir, incluye lo esencial para poder disfrutar del coche sin echar casi nada de menos, pero sin muchos de los lujos que se podrían esperar de un roadster con la estrella en el frontal. Aun así, no falta aire acondicionado, Bluetooth, ESP, control de crucero ni un paravientos de tela. No obstante, si queremos ir más allá habrá que recurrir, inevitablemente, a un uso sin piedad del talonario.

La extensa lista de opciones es cara, pero tan tentadora como la carta de un buen restaurante. Prueba de ello es que en el caso de la unidad que aparece en estas páginas, los extras ascienden a más de 10.000 euros y afectan tanto a detalles estéticos y de confort, como a otros relacionados con la conducción. Por ejemplo, incorpora un interesante paquete deportivo que añade llamativas costuras rojas en la tapicería de cuero (no incluida), el volante y los apoyabrazos de las puertas, así como cinturones de seguridad y agujas del cuadro de instrumentos de dicho color, junto con suspensión rebajada, llantas específicas de 18", deflector posterior, discos de freno anteriores perforados y levas del cambio en el volante.

El comportamiento del Mercedes SLK 200 Kompressor es una delicia. El coche se sujeta, es muy estable a pesar de su contenido tamaño y consigue muy buena velocidad de paso por curva. Y no sólo eso, sino que además resulta cómodo, ya que es firme pero no llega a ser seco. Su mayor virtud es que mezcla una alta eficacia con una gran facilidad de conducción, incluso ante cualquier provocación, pues sus reacciones son muy progresivas —a pesar de equipar los mencionados neumáticos opcionales más anchos y de perfil bajo— y transmite mucha confianza.

El tren delantero reacciona con inmediatez a las órdenes del volante, se inscribe en las curvas con precisión y soporta cambios de apoyo bruscos sin inmutarse. Avisa con un breve subviraje cuando nos acercamos a los límites del bastidor y, si insistimos en forzar la situación, la transición entre subviraje y sobreviraje es muy natural y previsible. En caso de buscar diversión, se deja conducir y permite disfrutar de un tren trasero que reacciona impecablemente en todo momento, aunque si lo que queremos es lograr un deslizamiento únicamente a base de potencia, mejor optar por variantes más prestacionales del Mercedes SLK, ya que la buena capacidad de tracción del roadster alemán está por encima de los 184 CV de este motor que, si bien permite un ritmo de marcha elevado, no llega a impresionar por su empuje, y mucho menos por su sonido. Aun así, su potencia acompaña sea cual sea nuestro estilo de conducción y no se queda corto, sino que resulta muy equilibrado. El ESP —desconectable— no es demasiado intrusivo y llega a dejar cierta libertad al eje trasero para redondear los giros con un deslizamiento controlado, mientras no hagamos amago de contravolante.

Los neumáticos, por su parte, pasan de ser de la medida 205/55 R16 en las cuatro ruedas, a unos considerables 225/40 R18 delanteros y 245/35 R18 traseros. El aspecto está de lo más conseguido, mientras que el comportamiento gana en eficacia. A esto hay que sumar otras opciones, entre ellas la dirección paramétrica, más directa y de excelente tacto, además no resulta pesada en maniobras, como suele ocurrir en Mercedes, lo que influye positivamente en el agrado de uso. Y no hay que olvidarse de la "bufanda de aire", una salida de calefacción en el propio reposacabezas que posibilita viajar a cielo abierto incluso en invierno.

La electrónica corrige en los momentos justos para evitar cualquier sobresalto o esfuerzo adicional por parte del conductor. Por otro lado, incluso circulando descapotado la carrocería se muestra muy rígida, y sólo los baches importantes situados en medio de la trazada pueden descolocarnos transversalmente, afectando a ambos ejes por igual.

En curva el Mercedes SLK es sensible a las transferencias de masas y cuando levantamos el pie del acelerador, incluso a ritmos tranquilos, el morro se ciñe un poco hacia el interior, mientras que al dar gas se abre levemente la trayectoria. Debido a ello, la transmisión automática de 5 relaciones (opcional) puede interferir más de lo deseado en la estabilidad del coche cuando cambia de marcha en pleno apoyo, sobre todo si estamos tratando de exprimir al máximo las excelentes cualidades del chasis. Este cambio es suave y funciona muy correctamente en utilización normal, pero no siempre resulta un buen aliado en conducción deportiva por zonas reviradas, pues su manejo en modo manual no es todo lo eficaz que nos gustaría, sobre todo por el amplio salto que hay entre 2ª y 3ª, y porque no siempre resulta fácil "convencerle" para que inserte 2ª en reducciones, ya que no apura lo suficiente el régimen del motor.

Al final, muchos giros cerrados los realizaremos en 3ª. Por otra parte, aunque vayamos en manual, si llegamos a la zona roja del cuentavueltas, automáticamente pasa a la siguiente velocidad, y también reduce una o varias marchas en caso de hacer "kick-down".

A la hora de valorar en conjunto el Mercedes SLK 200 Kompressor, las virtudes son muchas más que los defectos. En el caso de los frenos, su resistencia a la fatiga, tacto y capacidad de deceleración están a muy buen nivel —el paquete deportivo se nota aquí también—, a la altura de las circunstancias. Por si fuera poco, el contenido tamaño de este modelo, unido a una dirección muy rápida y a un diámetro de giro contenido, hacen que sea muy maniobrable y ágil en ciudad, por lo que a fin de cuentas resulta muy utilizable en el día a día. Además, cuenta con buena visibilidad en todos los ángulos, incluso con el techo puesto. La guinda al lado práctico la pone un maletero muy digno, si bien el techo le roba bastante espacio cuando va recogido en su interior.

— Comportamiento
— Agrado de uso
— Frenos

— Cambio automático poco deportivo
— Techo no accionable en marcha

Te recomendamos

Hay un público fiel que sigue apostando por las berlinas tradicionales, y ahí el Lexu...

Espacio de carga, confort en viaje y capacidad para dormir en su interior hacen de lo...

El Kia Stinger GT, la versión más deportiva de la berlina surcoreana, se ve las caras...

Del 7 al 13 de septiembre tienes ocasión de vivir una experiencia exclusiva a los man...

El Ford Focus siempre ha sido un compacto de retos y récords, y su cuarta generación ...

Nuevo rival en circuito para el Kia Stinger GT, la versión más deportiva de la berlin...