Mercedes Clase E

Menos consumos, más seguridad y, sobre todo, más confort. Esa es la impresión que nos queda nada más bajarnos de la última generación del Mercedes Clase E, el icono de la marca de la estrella. Se pone a la venta el 27 de marzo con cinco motorizaciones. En septiembre se completa hasta un total de doce variantes, sin contar al deportivo AMG.
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Mercedes Clase E
Mercedes Clase E

Parece claro que la seguridad es uno de los aspectos sobre los que más ha trabajado Mercedes en el Clase E. Y el objetivo parece cumplido con creces, porque por activa y por pasiva no hay un automóvil con semejante despliegue de medios en su categoría. Muchos de ellos no son novedad absoluta —algunos derivan del Clase S; otros son sistemas mejorados de la Clase S saliente—. Pero Mercedes los democratiza para toda la gama, aunque la mayoría son opcionales.

Entre las principales novedades, cabe destacar el Attention Assist —de serie—, un detector de cansancio que “se informa” analizado el modo de actuar sobre la dirección —se basa en el tipo de correcciones de la trayectoria—, recomendado un descanso cuando el sistema analiza posibles síntomas de fatiga. El PreSafe llega ahora potenciado con nuevas funciones capaces actuar de forma autónoma sobre los frenos. Mediante el radar del control de crucero activo —ahora, con 200 metros de alcance, 50 más que antes— podría detectar que, por la distancia y velocidad del vehículo precedente existe riesgo de impacto, avisando de forma visual y sonora para que el conductor tome medidas o activando parcial o totalmente los frenos. Según los estudios realizados por Mercedes disminuye la velocidad del impacto en 16 km/h de media.

Cámaras y sensores que vigilan el perímetro del coche pueden detectar un obstáculo en el ángulo muerto, avisando de su presencia en el espejo retrovisor. Pero también una posible salida del carril delimitado, aunque a diferencia de otros sistemas equivalentes —el de Honda Accord, por ejemplo—, el sistema no corrige la trayectoria por sí sólo, sino que avisa de la situación de riesgo mediante tres ciclos de vibraciones en el volante.

Las luces activas son un paso delante respecto a las ILS bixenón —con cinco funciones de alumbrado—. Proporcionan una iluminación a la carta con un alcance entre 65 y 300 metros, pudiendo modificar el haz de luz en función de la distancia del vehículo que tenemos delante o viene de frente en el carril contrario. Adicionalmente, conmutan de cortas a largas de forma automática, pero según pudimos comprobar en un recorrido nocturno por una carretera de doble sentido con abundantes curvas, interpreta su propio reflejo en las señales de tráfico como las luces de un vehículo contrario. Por último, la cámara de visión nocturna por infrarrojos es capaz de distinguir peatones en la calzada, informando al conductor mediante un pequeño icono en la pantalla.

Parece claro que la seguridad es uno de los aspectos sobre los que más ha trabajado Mercedes en el Clase E. Y el objetivo parece cumplido con creces, porque por activa y por pasiva no hay un automóvil con semejante despliegue de medios en su categoría. Muchos de ellos no son novedad absoluta —algunos derivan del Clase S; otros son sistemas mejorados de la Clase S saliente—. Pero Mercedes los democratiza para toda la gama, aunque la mayoría son opcionales.

Entre las principales novedades, cabe destacar el Attention Assist —de serie—, un detector de cansancio que “se informa” analizado el modo de actuar sobre la dirección —se basa en el tipo de correcciones de la trayectoria—, recomendado un descanso cuando el sistema analiza posibles síntomas de fatiga. El PreSafe llega ahora potenciado con nuevas funciones capaces actuar de forma autónoma sobre los frenos. Mediante el radar del control de crucero activo —ahora, con 200 metros de alcance, 50 más que antes— podría detectar que, por la distancia y velocidad del vehículo precedente existe riesgo de impacto, avisando de forma visual y sonora para que el conductor tome medidas o activando parcial o totalmente los frenos. Según los estudios realizados por Mercedes disminuye la velocidad del impacto en 16 km/h de media.

Cámaras y sensores que vigilan el perímetro del coche pueden detectar un obstáculo en el ángulo muerto, avisando de su presencia en el espejo retrovisor. Pero también una posible salida del carril delimitado, aunque a diferencia de otros sistemas equivalentes —el de Honda Accord, por ejemplo—, el sistema no corrige la trayectoria por sí sólo, sino que avisa de la situación de riesgo mediante tres ciclos de vibraciones en el volante.

Las luces activas son un paso delante respecto a las ILS bixenón —con cinco funciones de alumbrado—. Proporcionan una iluminación a la carta con un alcance entre 65 y 300 metros, pudiendo modificar el haz de luz en función de la distancia del vehículo que tenemos delante o viene de frente en el carril contrario. Adicionalmente, conmutan de cortas a largas de forma automática, pero según pudimos comprobar en un recorrido nocturno por una carretera de doble sentido con abundantes curvas, interpreta su propio reflejo en las señales de tráfico como las luces de un vehículo contrario. Por último, la cámara de visión nocturna por infrarrojos es capaz de distinguir peatones en la calzada, informando al conductor mediante un pequeño icono en la pantalla.

Parece claro que la seguridad es uno de los aspectos sobre los que más ha trabajado Mercedes en el Clase E. Y el objetivo parece cumplido con creces, porque por activa y por pasiva no hay un automóvil con semejante despliegue de medios en su categoría. Muchos de ellos no son novedad absoluta —algunos derivan del Clase S; otros son sistemas mejorados de la Clase S saliente—. Pero Mercedes los democratiza para toda la gama, aunque la mayoría son opcionales.

Entre las principales novedades, cabe destacar el Attention Assist —de serie—, un detector de cansancio que “se informa” analizado el modo de actuar sobre la dirección —se basa en el tipo de correcciones de la trayectoria—, recomendado un descanso cuando el sistema analiza posibles síntomas de fatiga. El PreSafe llega ahora potenciado con nuevas funciones capaces actuar de forma autónoma sobre los frenos. Mediante el radar del control de crucero activo —ahora, con 200 metros de alcance, 50 más que antes— podría detectar que, por la distancia y velocidad del vehículo precedente existe riesgo de impacto, avisando de forma visual y sonora para que el conductor tome medidas o activando parcial o totalmente los frenos. Según los estudios realizados por Mercedes disminuye la velocidad del impacto en 16 km/h de media.

Cámaras y sensores que vigilan el perímetro del coche pueden detectar un obstáculo en el ángulo muerto, avisando de su presencia en el espejo retrovisor. Pero también una posible salida del carril delimitado, aunque a diferencia de otros sistemas equivalentes —el de Honda Accord, por ejemplo—, el sistema no corrige la trayectoria por sí sólo, sino que avisa de la situación de riesgo mediante tres ciclos de vibraciones en el volante.

Las luces activas son un paso delante respecto a las ILS bixenón —con cinco funciones de alumbrado—. Proporcionan una iluminación a la carta con un alcance entre 65 y 300 metros, pudiendo modificar el haz de luz en función de la distancia del vehículo que tenemos delante o viene de frente en el carril contrario. Adicionalmente, conmutan de cortas a largas de forma automática, pero según pudimos comprobar en un recorrido nocturno por una carretera de doble sentido con abundantes curvas, interpreta su propio reflejo en las señales de tráfico como las luces de un vehículo contrario. Por último, la cámara de visión nocturna por infrarrojos es capaz de distinguir peatones en la calzada, informando al conductor mediante un pequeño icono en la pantalla.

Parece claro que la seguridad es uno de los aspectos sobre los que más ha trabajado Mercedes en el Clase E. Y el objetivo parece cumplido con creces, porque por activa y por pasiva no hay un automóvil con semejante despliegue de medios en su categoría. Muchos de ellos no son novedad absoluta —algunos derivan del Clase S; otros son sistemas mejorados de la Clase S saliente—. Pero Mercedes los democratiza para toda la gama, aunque la mayoría son opcionales.

Entre las principales novedades, cabe destacar el Attention Assist —de serie—, un detector de cansancio que “se informa” analizado el modo de actuar sobre la dirección —se basa en el tipo de correcciones de la trayectoria—, recomendado un descanso cuando el sistema analiza posibles síntomas de fatiga. El PreSafe llega ahora potenciado con nuevas funciones capaces actuar de forma autónoma sobre los frenos. Mediante el radar del control de crucero activo —ahora, con 200 metros de alcance, 50 más que antes— podría detectar que, por la distancia y velocidad del vehículo precedente existe riesgo de impacto, avisando de forma visual y sonora para que el conductor tome medidas o activando parcial o totalmente los frenos. Según los estudios realizados por Mercedes disminuye la velocidad del impacto en 16 km/h de media.

Cámaras y sensores que vigilan el perímetro del coche pueden detectar un obstáculo en el ángulo muerto, avisando de su presencia en el espejo retrovisor. Pero también una posible salida del carril delimitado, aunque a diferencia de otros sistemas equivalentes —el de Honda Accord, por ejemplo—, el sistema no corrige la trayectoria por sí sólo, sino que avisa de la situación de riesgo mediante tres ciclos de vibraciones en el volante.

Las luces activas son un paso delante respecto a las ILS bixenón —con cinco funciones de alumbrado—. Proporcionan una iluminación a la carta con un alcance entre 65 y 300 metros, pudiendo modificar el haz de luz en función de la distancia del vehículo que tenemos delante o viene de frente en el carril contrario. Adicionalmente, conmutan de cortas a largas de forma automática, pero según pudimos comprobar en un recorrido nocturno por una carretera de doble sentido con abundantes curvas, interpreta su propio reflejo en las señales de tráfico como las luces de un vehículo contrario. Por último, la cámara de visión nocturna por infrarrojos es capaz de distinguir peatones en la calzada, informando al conductor mediante un pequeño icono en la pantalla.

Parece claro que la seguridad es uno de los aspectos sobre los que más ha trabajado Mercedes en el Clase E. Y el objetivo parece cumplido con creces, porque por activa y por pasiva no hay un automóvil con semejante despliegue de medios en su categoría. Muchos de ellos no son novedad absoluta —algunos derivan del Clase S; otros son sistemas mejorados de la Clase S saliente—. Pero Mercedes los democratiza para toda la gama, aunque la mayoría son opcionales.

Entre las principales novedades, cabe destacar el Attention Assist —de serie—, un detector de cansancio que “se informa” analizado el modo de actuar sobre la dirección —se basa en el tipo de correcciones de la trayectoria—, recomendado un descanso cuando el sistema analiza posibles síntomas de fatiga. El PreSafe llega ahora potenciado con nuevas funciones capaces actuar de forma autónoma sobre los frenos. Mediante el radar del control de crucero activo —ahora, con 200 metros de alcance, 50 más que antes— podría detectar que, por la distancia y velocidad del vehículo precedente existe riesgo de impacto, avisando de forma visual y sonora para que el conductor tome medidas o activando parcial o totalmente los frenos. Según los estudios realizados por Mercedes disminuye la velocidad del impacto en 16 km/h de media.

Cámaras y sensores que vigilan el perímetro del coche pueden detectar un obstáculo en el ángulo muerto, avisando de su presencia en el espejo retrovisor. Pero también una posible salida del carril delimitado, aunque a diferencia de otros sistemas equivalentes —el de Honda Accord, por ejemplo—, el sistema no corrige la trayectoria por sí sólo, sino que avisa de la situación de riesgo mediante tres ciclos de vibraciones en el volante.

Las luces activas son un paso delante respecto a las ILS bixenón —con cinco funciones de alumbrado—. Proporcionan una iluminación a la carta con un alcance entre 65 y 300 metros, pudiendo modificar el haz de luz en función de la distancia del vehículo que tenemos delante o viene de frente en el carril contrario. Adicionalmente, conmutan de cortas a largas de forma automática, pero según pudimos comprobar en un recorrido nocturno por una carretera de doble sentido con abundantes curvas, interpreta su propio reflejo en las señales de tráfico como las luces de un vehículo contrario. Por último, la cámara de visión nocturna por infrarrojos es capaz de distinguir peatones en la calzada, informando al conductor mediante un pequeño icono en la pantalla.

Parece claro que la seguridad es uno de los aspectos sobre los que más ha trabajado Mercedes en el Clase E. Y el objetivo parece cumplido con creces, porque por activa y por pasiva no hay un automóvil con semejante despliegue de medios en su categoría. Muchos de ellos no son novedad absoluta —algunos derivan del Clase S; otros son sistemas mejorados de la Clase S saliente—. Pero Mercedes los democratiza para toda la gama, aunque la mayoría son opcionales.

Entre las principales novedades, cabe destacar el Attention Assist —de serie—, un detector de cansancio que “se informa” analizado el modo de actuar sobre la dirección —se basa en el tipo de correcciones de la trayectoria—, recomendado un descanso cuando el sistema analiza posibles síntomas de fatiga. El PreSafe llega ahora potenciado con nuevas funciones capaces actuar de forma autónoma sobre los frenos. Mediante el radar del control de crucero activo —ahora, con 200 metros de alcance, 50 más que antes— podría detectar que, por la distancia y velocidad del vehículo precedente existe riesgo de impacto, avisando de forma visual y sonora para que el conductor tome medidas o activando parcial o totalmente los frenos. Según los estudios realizados por Mercedes disminuye la velocidad del impacto en 16 km/h de media.

Cámaras y sensores que vigilan el perímetro del coche pueden detectar un obstáculo en el ángulo muerto, avisando de su presencia en el espejo retrovisor. Pero también una posible salida del carril delimitado, aunque a diferencia de otros sistemas equivalentes —el de Honda Accord, por ejemplo—, el sistema no corrige la trayectoria por sí sólo, sino que avisa de la situación de riesgo mediante tres ciclos de vibraciones en el volante.

Las luces activas son un paso delante respecto a las ILS bixenón —con cinco funciones de alumbrado—. Proporcionan una iluminación a la carta con un alcance entre 65 y 300 metros, pudiendo modificar el haz de luz en función de la distancia del vehículo que tenemos delante o viene de frente en el carril contrario. Adicionalmente, conmutan de cortas a largas de forma automática, pero según pudimos comprobar en un recorrido nocturno por una carretera de doble sentido con abundantes curvas, interpreta su propio reflejo en las señales de tráfico como las luces de un vehículo contrario. Por último, la cámara de visión nocturna por infrarrojos es capaz de distinguir peatones en la calzada, informando al conductor mediante un pequeño icono en la pantalla.

Parece claro que la seguridad es uno de los aspectos sobre los que más ha trabajado Mercedes en el Clase E. Y el objetivo parece cumplido con creces, porque por activa y por pasiva no hay un automóvil con semejante despliegue de medios en su categoría. Muchos de ellos no son novedad absoluta —algunos derivan del Clase S; otros son sistemas mejorados de la Clase S saliente—. Pero Mercedes los democratiza para toda la gama, aunque la mayoría son opcionales.

Entre las principales novedades, cabe destacar el Attention Assist —de serie—, un detector de cansancio que “se informa” analizado el modo de actuar sobre la dirección —se basa en el tipo de correcciones de la trayectoria—, recomendado un descanso cuando el sistema analiza posibles síntomas de fatiga. El PreSafe llega ahora potenciado con nuevas funciones capaces actuar de forma autónoma sobre los frenos. Mediante el radar del control de crucero activo —ahora, con 200 metros de alcance, 50 más que antes— podría detectar que, por la distancia y velocidad del vehículo precedente existe riesgo de impacto, avisando de forma visual y sonora para que el conductor tome medidas o activando parcial o totalmente los frenos. Según los estudios realizados por Mercedes disminuye la velocidad del impacto en 16 km/h de media.

Cámaras y sensores que vigilan el perímetro del coche pueden detectar un obstáculo en el ángulo muerto, avisando de su presencia en el espejo retrovisor. Pero también una posible salida del carril delimitado, aunque a diferencia de otros sistemas equivalentes —el de Honda Accord, por ejemplo—, el sistema no corrige la trayectoria por sí sólo, sino que avisa de la situación de riesgo mediante tres ciclos de vibraciones en el volante.

Las luces activas son un paso delante respecto a las ILS bixenón —con cinco funciones de alumbrado—. Proporcionan una iluminación a la carta con un alcance entre 65 y 300 metros, pudiendo modificar el haz de luz en función de la distancia del vehículo que tenemos delante o viene de frente en el carril contrario. Adicionalmente, conmutan de cortas a largas de forma automática, pero según pudimos comprobar en un recorrido nocturno por una carretera de doble sentido con abundantes curvas, interpreta su propio reflejo en las señales de tráfico como las luces de un vehículo contrario. Por último, la cámara de visión nocturna por infrarrojos es capaz de distinguir peatones en la calzada, informando al conductor mediante un pequeño icono en la pantalla.

Parece claro que la seguridad es uno de los aspectos sobre los que más ha trabajado Mercedes en el Clase E. Y el objetivo parece cumplido con creces, porque por activa y por pasiva no hay un automóvil con semejante despliegue de medios en su categoría. Muchos de ellos no son novedad absoluta —algunos derivan del Clase S; otros son sistemas mejorados de la Clase S saliente—. Pero Mercedes los democratiza para toda la gama, aunque la mayoría son opcionales.

Entre las principales novedades, cabe destacar el Attention Assist —de serie—, un detector de cansancio que “se informa” analizado el modo de actuar sobre la dirección —se basa en el tipo de correcciones de la trayectoria—, recomendado un descanso cuando el sistema analiza posibles síntomas de fatiga. El PreSafe llega ahora potenciado con nuevas funciones capaces actuar de forma autónoma sobre los frenos. Mediante el radar del control de crucero activo —ahora, con 200 metros de alcance, 50 más que antes— podría detectar que, por la distancia y velocidad del vehículo precedente existe riesgo de impacto, avisando de forma visual y sonora para que el conductor tome medidas o activando parcial o totalmente los frenos. Según los estudios realizados por Mercedes disminuye la velocidad del impacto en 16 km/h de media.

Cámaras y sensores que vigilan el perímetro del coche pueden detectar un obstáculo en el ángulo muerto, avisando de su presencia en el espejo retrovisor. Pero también una posible salida del carril delimitado, aunque a diferencia de otros sistemas equivalentes —el de Honda Accord, por ejemplo—, el sistema no corrige la trayectoria por sí sólo, sino que avisa de la situación de riesgo mediante tres ciclos de vibraciones en el volante.

Las luces activas son un paso delante respecto a las ILS bixenón —con cinco funciones de alumbrado—. Proporcionan una iluminación a la carta con un alcance entre 65 y 300 metros, pudiendo modificar el haz de luz en función de la distancia del vehículo que tenemos delante o viene de frente en el carril contrario. Adicionalmente, conmutan de cortas a largas de forma automática, pero según pudimos comprobar en un recorrido nocturno por una carretera de doble sentido con abundantes curvas, interpreta su propio reflejo en las señales de tráfico como las luces de un vehículo contrario. Por último, la cámara de visión nocturna por infrarrojos es capaz de distinguir peatones en la calzada, informando al conductor mediante un pequeño icono en la pantalla.

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