Mercedes Clase C

Hemos tenido la oportunidad de conducir la nueva generación del Mercedes Clase C y, la verdad, no nos ha defraudado en absoluto. Mejora en muchos aspectos a su antecesor, aunque prácticamente no cambia en tamaño. Nuevos motores y un innovador equipamiento son algunos de sus atractivos.
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Mercedes Clase C
Mercedes Clase C

Después de varios meses de espera y tres presentaciones estáticas, por fin hemos podido conducir el nuevo Mercedes Clase C. Concretamente las versiones más potentes en gasolina y Diesel, es decir, el C350 y el C320 CDI y, siendo objetivos, no nos han defraudado en absoluto. Sin entrar en cuestiones técnicas -ver AUTOPISTA nº 2.480-, el modernísimo V6 de cuatro válvulas por cilindro y 272 CV del C350 logra prestaciones excelentes. Sólo se puede combinar con el cambio automático de siete relaciones 7G-Tronic, con las levas en el volante opcionales. Cualquier adelantamiento o simple aceleración son fulgurantes. Observamos cómo sube la aguja del velocímetro sin que por ello se vea afectado el confort de marcha, con una sonoridad interior muy baja y sin percibirse la más mínima vibración.

Curiosamente, mientras que en el CLS el motor 350 sólo se monta con inyección directa de gasolina, en el Clase C mantienen la inyección electrónica indirecta tradicional. Aunque, probablemente, nunca nos lleguemos a enterar de los motivos reales de esta decisión, sí podemos asegurar que, tratándose de un modelo más popular en ventas que el CLS, el empleo de gasolinas con alto contenido en azufre disminuye notablemente su eficiencia.

El bastidor del C350 Elegance, sin la opción del paquete "Advance Agility" -suspensión adaptativa regulable-, sobresale por un logrado equilibrio entre confort de marcha y comportamiento dinámico. Resulta más cómodo que la anterior generación, con una agilidad notable. Circulando a elevada velocidad por autopista, pisa con un aplomo digno de modelos del segmento superior. En zonas viradas es igualmente efectivo, aunque a la salida de las curvas más lentas, si la adherencia no es del todo óptima, no hay que extrañarse si el testigo del control de tracción y estabilidad comienza a parpadear.

Uno de los pocos aspectos que no nos han terminado de convencer del Clase C es el salpicadero. Y no porque no sea de calidad, todo lo contrario, sino porque la primera impresión es de una excesiva cantidad de plástico, con demasiado protagonismo de este material. Otro detalle con poco sentido es la regulación manual del apoyo lumbar, cuando en un modelo de esta categoría debería ser eléctrico, en lugar de una palanca de plástico. Olvidándonos de estos detalles, el acabado "Elegance" cumple con todas las expectativas que se puedan tener. Los asientos son muy cómodos, con varios reglajes eléctricos de serie y, al igual que en el acabado básico "Classic", con elementos como el Bluetooth y la radio CD con MP3 o, incluso, airbags de rodillas para conductor también de serie.

En la lista de opciones se incluyen diferentes elementos interesantes, como los faros de bixenon activos o el sistema Pre-Safe de protección en caso de accidente inminente. Sin embargo, se echa en falta el control de crucero activo por radar "Distronic Plus", disponible en otros modelos de este segmento.

El 320 CDI fue la otra versión que pudimos conducir, puesto que, inexplicablemente, ésta era el único Diesel disponible en la presentación internacional. El 320 CDI monta de serie un cambio manual de seis relaciones-que tampoco tenían para probar-, pero por otros modelos con este propulsor, suele resultar más recomendable el automático de siete. Las prestaciones son comparables al C350, si bien, como resulta obvio, algo inferiores. El ahorro de combustible del C320 CDI es, proporcionalmente, más interesante que la diferencia en prestaciones respecto al gasolina. La suavidad y el refinamiento no alcanzan a las del V6 del C350, puesto que a medio y alto régimen la suave rumorosidad que llega al habitáculo sí es suficiente para recordarnos que conducimos un modelo Diesel. Con el 320 CDI probamos la opción del paquete dinámico avanzado, que permite cambiar la dureza de la amortiguación a modo Sport, resultando muy eficaz sin apenas pérdida de confort.

Después de varios meses de espera y tres presentaciones estáticas, por fin hemos podido conducir el nuevo Mercedes Clase C. Concretamente las versiones más potentes en gasolina y Diesel, es decir, el C350 y el C320 CDI y, siendo objetivos, no nos han defraudado en absoluto. Sin entrar en cuestiones técnicas -ver AUTOPISTA nº 2.480-, el modernísimo V6 de cuatro válvulas por cilindro y 272 CV del C350 logra prestaciones excelentes. Sólo se puede combinar con el cambio automático de siete relaciones 7G-Tronic, con las levas en el volante opcionales. Cualquier adelantamiento o simple aceleración son fulgurantes. Observamos cómo sube la aguja del velocímetro sin que por ello se vea afectado el confort de marcha, con una sonoridad interior muy baja y sin percibirse la más mínima vibración.

Curiosamente, mientras que en el CLS el motor 350 sólo se monta con inyección directa de gasolina, en el Clase C mantienen la inyección electrónica indirecta tradicional. Aunque, probablemente, nunca nos lleguemos a enterar de los motivos reales de esta decisión, sí podemos asegurar que, tratándose de un modelo más popular en ventas que el CLS, el empleo de gasolinas con alto contenido en azufre disminuye notablemente su eficiencia.

El bastidor del C350 Elegance, sin la opción del paquete "Advance Agility" -suspensión adaptativa regulable-, sobresale por un logrado equilibrio entre confort de marcha y comportamiento dinámico. Resulta más cómodo que la anterior generación, con una agilidad notable. Circulando a elevada velocidad por autopista, pisa con un aplomo digno de modelos del segmento superior. En zonas viradas es igualmente efectivo, aunque a la salida de las curvas más lentas, si la adherencia no es del todo óptima, no hay que extrañarse si el testigo del control de tracción y estabilidad comienza a parpadear.

Uno de los pocos aspectos que no nos han terminado de convencer del Clase C es el salpicadero. Y no porque no sea de calidad, todo lo contrario, sino porque la primera impresión es de una excesiva cantidad de plástico, con demasiado protagonismo de este material. Otro detalle con poco sentido es la regulación manual del apoyo lumbar, cuando en un modelo de esta categoría debería ser eléctrico, en lugar de una palanca de plástico. Olvidándonos de estos detalles, el acabado "Elegance" cumple con todas las expectativas que se puedan tener. Los asientos son muy cómodos, con varios reglajes eléctricos de serie y, al igual que en el acabado básico "Classic", con elementos como el Bluetooth y la radio CD con MP3 o, incluso, airbags de rodillas para conductor también de serie.

En la lista de opciones se incluyen diferentes elementos interesantes, como los faros de bixenon activos o el sistema Pre-Safe de protección en caso de accidente inminente. Sin embargo, se echa en falta el control de crucero activo por radar "Distronic Plus", disponible en otros modelos de este segmento.

El 320 CDI fue la otra versión que pudimos conducir, puesto que, inexplicablemente, ésta era el único Diesel disponible en la presentación internacional. El 320 CDI monta de serie un cambio manual de seis relaciones-que tampoco tenían para probar-, pero por otros modelos con este propulsor, suele resultar más recomendable el automático de siete. Las prestaciones son comparables al C350, si bien, como resulta obvio, algo inferiores. El ahorro de combustible del C320 CDI es, proporcionalmente, más interesante que la diferencia en prestaciones respecto al gasolina. La suavidad y el refinamiento no alcanzan a las del V6 del C350, puesto que a medio y alto régimen la suave rumorosidad que llega al habitáculo sí es suficiente para recordarnos que conducimos un modelo Diesel. Con el 320 CDI probamos la opción del paquete dinámico avanzado, que permite cambiar la dureza de la amortiguación a modo Sport, resultando muy eficaz sin apenas pérdida de confort.

Después de varios meses de espera y tres presentaciones estáticas, por fin hemos podido conducir el nuevo Mercedes Clase C. Concretamente las versiones más potentes en gasolina y Diesel, es decir, el C350 y el C320 CDI y, siendo objetivos, no nos han defraudado en absoluto. Sin entrar en cuestiones técnicas -ver AUTOPISTA nº 2.480-, el modernísimo V6 de cuatro válvulas por cilindro y 272 CV del C350 logra prestaciones excelentes. Sólo se puede combinar con el cambio automático de siete relaciones 7G-Tronic, con las levas en el volante opcionales. Cualquier adelantamiento o simple aceleración son fulgurantes. Observamos cómo sube la aguja del velocímetro sin que por ello se vea afectado el confort de marcha, con una sonoridad interior muy baja y sin percibirse la más mínima vibración.

Curiosamente, mientras que en el CLS el motor 350 sólo se monta con inyección directa de gasolina, en el Clase C mantienen la inyección electrónica indirecta tradicional. Aunque, probablemente, nunca nos lleguemos a enterar de los motivos reales de esta decisión, sí podemos asegurar que, tratándose de un modelo más popular en ventas que el CLS, el empleo de gasolinas con alto contenido en azufre disminuye notablemente su eficiencia.

El bastidor del C350 Elegance, sin la opción del paquete "Advance Agility" -suspensión adaptativa regulable-, sobresale por un logrado equilibrio entre confort de marcha y comportamiento dinámico. Resulta más cómodo que la anterior generación, con una agilidad notable. Circulando a elevada velocidad por autopista, pisa con un aplomo digno de modelos del segmento superior. En zonas viradas es igualmente efectivo, aunque a la salida de las curvas más lentas, si la adherencia no es del todo óptima, no hay que extrañarse si el testigo del control de tracción y estabilidad comienza a parpadear.

Uno de los pocos aspectos que no nos han terminado de convencer del Clase C es el salpicadero. Y no porque no sea de calidad, todo lo contrario, sino porque la primera impresión es de una excesiva cantidad de plástico, con demasiado protagonismo de este material. Otro detalle con poco sentido es la regulación manual del apoyo lumbar, cuando en un modelo de esta categoría debería ser eléctrico, en lugar de una palanca de plástico. Olvidándonos de estos detalles, el acabado "Elegance" cumple con todas las expectativas que se puedan tener. Los asientos son muy cómodos, con varios reglajes eléctricos de serie y, al igual que en el acabado básico "Classic", con elementos como el Bluetooth y la radio CD con MP3 o, incluso, airbags de rodillas para conductor también de serie.

En la lista de opciones se incluyen diferentes elementos interesantes, como los faros de bixenon activos o el sistema Pre-Safe de protección en caso de accidente inminente. Sin embargo, se echa en falta el control de crucero activo por radar "Distronic Plus", disponible en otros modelos de este segmento.

El 320 CDI fue la otra versión que pudimos conducir, puesto que, inexplicablemente, ésta era el único Diesel disponible en la presentación internacional. El 320 CDI monta de serie un cambio manual de seis relaciones-que tampoco tenían para probar-, pero por otros modelos con este propulsor, suele resultar más recomendable el automático de siete. Las prestaciones son comparables al C350, si bien, como resulta obvio, algo inferiores. El ahorro de combustible del C320 CDI es, proporcionalmente, más interesante que la diferencia en prestaciones respecto al gasolina. La suavidad y el refinamiento no alcanzan a las del V6 del C350, puesto que a medio y alto régimen la suave rumorosidad que llega al habitáculo sí es suficiente para recordarnos que conducimos un modelo Diesel. Con el 320 CDI probamos la opción del paquete dinámico avanzado, que permite cambiar la dureza de la amortiguación a modo Sport, resultando muy eficaz sin apenas pérdida de confort.

Después de varios meses de espera y tres presentaciones estáticas, por fin hemos podido conducir el nuevo Mercedes Clase C. Concretamente las versiones más potentes en gasolina y Diesel, es decir, el C350 y el C320 CDI y, siendo objetivos, no nos han defraudado en absoluto. Sin entrar en cuestiones técnicas -ver AUTOPISTA nº 2.480-, el modernísimo V6 de cuatro válvulas por cilindro y 272 CV del C350 logra prestaciones excelentes. Sólo se puede combinar con el cambio automático de siete relaciones 7G-Tronic, con las levas en el volante opcionales. Cualquier adelantamiento o simple aceleración son fulgurantes. Observamos cómo sube la aguja del velocímetro sin que por ello se vea afectado el confort de marcha, con una sonoridad interior muy baja y sin percibirse la más mínima vibración.

Curiosamente, mientras que en el CLS el motor 350 sólo se monta con inyección directa de gasolina, en el Clase C mantienen la inyección electrónica indirecta tradicional. Aunque, probablemente, nunca nos lleguemos a enterar de los motivos reales de esta decisión, sí podemos asegurar que, tratándose de un modelo más popular en ventas que el CLS, el empleo de gasolinas con alto contenido en azufre disminuye notablemente su eficiencia.

El bastidor del C350 Elegance, sin la opción del paquete "Advance Agility" -suspensión adaptativa regulable-, sobresale por un logrado equilibrio entre confort de marcha y comportamiento dinámico. Resulta más cómodo que la anterior generación, con una agilidad notable. Circulando a elevada velocidad por autopista, pisa con un aplomo digno de modelos del segmento superior. En zonas viradas es igualmente efectivo, aunque a la salida de las curvas más lentas, si la adherencia no es del todo óptima, no hay que extrañarse si el testigo del control de tracción y estabilidad comienza a parpadear.

Uno de los pocos aspectos que no nos han terminado de convencer del Clase C es el salpicadero. Y no porque no sea de calidad, todo lo contrario, sino porque la primera impresión es de una excesiva cantidad de plástico, con demasiado protagonismo de este material. Otro detalle con poco sentido es la regulación manual del apoyo lumbar, cuando en un modelo de esta categoría debería ser eléctrico, en lugar de una palanca de plástico. Olvidándonos de estos detalles, el acabado "Elegance" cumple con todas las expectativas que se puedan tener. Los asientos son muy cómodos, con varios reglajes eléctricos de serie y, al igual que en el acabado básico "Classic", con elementos como el Bluetooth y la radio CD con MP3 o, incluso, airbags de rodillas para conductor también de serie.

En la lista de opciones se incluyen diferentes elementos interesantes, como los faros de bixenon activos o el sistema Pre-Safe de protección en caso de accidente inminente. Sin embargo, se echa en falta el control de crucero activo por radar "Distronic Plus", disponible en otros modelos de este segmento.

El 320 CDI fue la otra versión que pudimos conducir, puesto que, inexplicablemente, ésta era el único Diesel disponible en la presentación internacional. El 320 CDI monta de serie un cambio manual de seis relaciones-que tampoco tenían para probar-, pero por otros modelos con este propulsor, suele resultar más recomendable el automático de siete. Las prestaciones son comparables al C350, si bien, como resulta obvio, algo inferiores. El ahorro de combustible del C320 CDI es, proporcionalmente, más interesante que la diferencia en prestaciones respecto al gasolina. La suavidad y el refinamiento no alcanzan a las del V6 del C350, puesto que a medio y alto régimen la suave rumorosidad que llega al habitáculo sí es suficiente para recordarnos que conducimos un modelo Diesel. Con el 320 CDI probamos la opción del paquete dinámico avanzado, que permite cambiar la dureza de la amortiguación a modo Sport, resultando muy eficaz sin apenas pérdida de confort.

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