Mazda MX5 2.0i 16v Roadster Coupé

El mítico Mazda MX5 da un paso hacia la civilización. La llegada de una versión con capota dura plegable automáticamente supone dejar atrás el techo de lona y, por tanto, renunciar a un rasgo distintivo fundamental. A cambio, el coche es mucho más utilizable y práctico. Eso sí: su indómito carácter de deportivo radical permanece inmutable, lo mismo que su larga lista de incomodidades.
Autopista -
Mazda MX5 2.0i 16v Roadster Coupé
Mazda MX5 2.0i 16v Roadster Coupé

Desde siempre, el valor fundamental de un MX5 ha sido la cantidad de diversión que aporta al que lo conduce. Con su propulsión trasera, sus 160 CV y su excelente diversión, este coche transmite unas sensaciones únicas, plenas de deportividad y de emoción. Y, lo mejor: para divertirse con este Mazda no es necesario correr como un poseso. Incluso a baja velocidad se puede disfrutar de una conducción pura, sin filtros, a flor de piel.

El secreto de todo esto reside, como casi siempre, en un buen chasis. Con sus 2,33 metros de batalla (4 metros de longitud) y unas vías de 1,49 y 1,50 metros, el coche, a pesar de su reducido tamaño, disfruta de una buena superficie de rodadura. Ya con eso hablaríamos de un vehículo estable y aplomado, pero, además, en Mazda han ido un poco más allá. Han sido capaces de dividir el peso de forma que ambos ejes soporten la misma cantidad, lo que hace que el MX5 sea todavía más centrado y sereno en su comportamiento. Además, han conseguido que la capota dura y su mecanismo sólo aporten 37 kg más de peso con respecto a las versiones normales, con lo que no debería resentirse el rendimiento.

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p>Después, han montado unas suspensiones muy duras, casi de coche de carreras, en las que destacan unos amortiguadores pétreos que apenas absorben, pero que sujetan la carrocería de forma definitiva: no se tolera ni el más mínimo balanceo.

Unas importantes ruedas subrayan el conjunto, con neumáticos de medida 205/45 R17, sobre llantas de aleación ligera en 17 pulgadas. Son neumáticos de gran agarre, pero su bajo perfil contribuye a quitar capas aislantes entre el conductor y el suelo, con lo que hacen que el MX5 sea todavía más duro.

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p> Así las cosas, al volante uno se da cuenta en seguida de que está en un coche diferente. Firme y muy estable, el MX5 no hace concesiones a la comodidad: nuestra espalda nota cada irregularidad del asfalto y la dirección nos comunica con precisión todo lo que las ruedas se van encontrando.

Quien no tenga problemas por estos inconvenientes sabrá sacarle partido a ese comportamiento tan rudo. Sabrá disfrutar de una dirección vivísima, muy rápida y directa, que coloca al coche en la trazada casi antes de que se aprecie movimiento en el aro del volante. También sabrá el buen degustador de estos coches deleitarse con la espectacular capacidad que tiene el Mazda para tomar curvas. Ya en la autopista se nota que ese es su terreno y, después, cuando la orografía complica las cosas, al coche le sale todo lo que lleva dentro. Entra en los giros pidiendo guerra, invitando a pasar más rápido, dejando siempre claro que el límite está muy alto y que sobran aplomo y eficacia en los trenes.

Ahora, el MX5 es mucho más potente que antes, y eso se nota en que las cosas suceden con algo más de violencia y, sobre todo, a ritmos mucho más elevados. Así, quien no quiera concederle al coche demasiadas alegrías, deberá saber que un vigilante control de estabilidad neutraliza cualquier vicio con severidad. Quien prefiera desmelenarse un poco, puede desconectarlo y jugar un poco con las inercias y la excitante propulsión trasera. Aparecerá inmediatamente un efecto que recuerda al sobreviraje y que, en realidad, no es más que la tendencia natural de las ruedas traseras a redondear las curvas, pero sin deslizamientos. Para que aparezcan estos últimos hay que ir mucho más allá, forzando la máquina sobre firmes de poco agarre y abusando del gas y del freno.

Pero, como decíamos antes, ni siquiera hace falta correr mucho para divertirse manejando el MX5. Su viveza, su facilidad para moverse en un palmo de terreno y sus enérgicas reacciones hacen que hasta aparcar pueda ser una experiencia deportiva. Y, claro, qué decir del paseo por las vías tranquilas y retorcidas de montaña, notando la aceleración al salir de las curvas, la energía de los frenos, la solvencia del chasis sujetando el conjunto... Todo muy puro, muy directo.

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p> Fuera de ese hábitat natural de la carretera secundaria, el MX5 parece un coche demasiado rocoso para viajar con cierto confort. Los viajes largos pasan factura a la espalda y se echan en falta muchas comodidades. Por suerte, la nueva capota dura mejora un poco las condiciones, pero, claro, no lo convierte en una berlina de placer.

Claro que la diversión que ofrece el MX5 no sería tanta si el motor no fuera tan bueno como es. Con su cilindrada de dos litros y sus 160 CV (158,3, según nuestro Centro Técnico) esta mecánica sigue los cánones de los motores de gasolina puros.

Esto quiere decir que es un motor picudo, que entrega la potencia muy arriba, a 6.730 rpm, y que, para llegar hasta ahí, el propulsor se muestra explosivo, fornido, pero no violento. Es progresivo y ágil, llegando sin problemas al límite de las 7.000 vueltas.
En la entrega de par es parecido, pero todavía más sostenido. Tiene ya bastante presencia por debajo de las 2.000 revoluciones, y, después, apenas superadas, empieza a empujar con ganas y se disfruta de un amplio margen de utilización, con notable presencia de par entre las 2.500 y las 6.000 vueltas.

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p> Todo esto se traduce en un auténtico espectáculo en el cuentavueltas. La aguja sube y sube como loca y, apenas, cambiamos de marcha, vuelve a subir enfebrecida, manteniendo el empuje.

El exquisito cambio contribuye a que este motor lo dé todo con tanta eficacia. De tacto muy deportivo y recorridos mínimos, esta caja de seis marchas exprime las posibilidades de la mecánica en las cuatro primeras velocidades. Ahí, sus cortos recorridos facilitan buenas aceleraciones y, si lo manejamos con soltura, nos llevará rápidamente a velocidades de crucero muy elevadas. La sexta, en cambio, es más bien larga, quizá para moderar un poco el consumo, que no es precisamente frugal: 9,1 litros a los 100 ha promediado nuestro Centro Técnico, una cantidad que se puede disparar a poco que abusemos del acelerador, una tentación difícil de resistir con este coche.

LO MEJOR
LO PEOR

* Techo duro eléctrico
* Comportamiento deportivo
* Estética clásica y muy "rácing"

* Precio elevado
* Mínimo maletero
* Habitablidad escasa y mucho ruido

Desde siempre, el valor fundamental de un MX5 ha sido la cantidad de diversión que aporta al que lo conduce. Con su propulsión trasera, sus 160 CV y su excelente diversión, este coche transmite unas sensaciones únicas, plenas de deportividad y de emoción. Y, lo mejor: para divertirse con este Mazda no es necesario correr como un poseso. Incluso a baja velocidad se puede disfrutar de una conducción pura, sin filtros, a flor de piel.

El secreto de todo esto reside, como casi siempre, en un buen chasis. Con sus 2,33 metros de batalla (4 metros de longitud) y unas vías de 1,49 y 1,50 metros, el coche, a pesar de su reducido tamaño, disfruta de una buena superficie de rodadura. Ya con eso hablaríamos de un vehículo estable y aplomado, pero, además, en Mazda han ido un poco más allá. Han sido capaces de dividir el peso de forma que ambos ejes soporten la misma cantidad, lo que hace que el MX5 sea todavía más centrado y sereno en su comportamiento. Además, han conseguido que la capota dura y su mecanismo sólo aporten 37 kg más de peso con respecto a las versiones normales, con lo que no debería resentirse el rendimiento.

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p>Después, han montado unas suspensiones muy duras, casi de coche de carreras, en las que destacan unos amortiguadores pétreos que apenas absorben, pero que sujetan la carrocería de forma definitiva: no se tolera ni el más mínimo balanceo.

Unas importantes ruedas subrayan el conjunto, con neumáticos de medida 205/45 R17, sobre llantas de aleación ligera en 17 pulgadas. Son neumáticos de gran agarre, pero su bajo perfil contribuye a quitar capas aislantes entre el conductor y el suelo, con lo que hacen que el MX5 sea todavía más duro.

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p> Así las cosas, al volante uno se da cuenta en seguida de que está en un coche diferente. Firme y muy estable, el MX5 no hace concesiones a la comodidad: nuestra espalda nota cada irregularidad del asfalto y la dirección nos comunica con precisión todo lo que las ruedas se van encontrando.

Quien no tenga problemas por estos inconvenientes sabrá sacarle partido a ese comportamiento tan rudo. Sabrá disfrutar de una dirección vivísima, muy rápida y directa, que coloca al coche en la trazada casi antes de que se aprecie movimiento en el aro del volante. También sabrá el buen degustador de estos coches deleitarse con la espectacular capacidad que tiene el Mazda para tomar curvas. Ya en la autopista se nota que ese es su terreno y, después, cuando la orografía complica las cosas, al coche le sale todo lo que lleva dentro. Entra en los giros pidiendo guerra, invitando a pasar más rápido, dejando siempre claro que el límite está muy alto y que sobran aplomo y eficacia en los trenes.

Ahora, el MX5 es mucho más potente que antes, y eso se nota en que las cosas suceden con algo más de violencia y, sobre todo, a ritmos mucho más elevados. Así, quien no quiera concederle al coche demasiadas alegrías, deberá saber que un vigilante control de estabilidad neutraliza cualquier vicio con severidad. Quien prefiera desmelenarse un poco, puede desconectarlo y jugar un poco con las inercias y la excitante propulsión trasera. Aparecerá inmediatamente un efecto que recuerda al sobreviraje y que, en realidad, no es más que la tendencia natural de las ruedas traseras a redondear las curvas, pero sin deslizamientos. Para que aparezcan estos últimos hay que ir mucho más allá, forzando la máquina sobre firmes de poco agarre y abusando del gas y del freno.

Pero, como decíamos antes, ni siquiera hace falta correr mucho para divertirse manejando el MX5. Su viveza, su facilidad para moverse en un palmo de terreno y sus enérgicas reacciones hacen que hasta aparcar pueda ser una experiencia deportiva. Y, claro, qué decir del paseo por las vías tranquilas y retorcidas de montaña, notando la aceleración al salir de las curvas, la energía de los frenos, la solvencia del chasis sujetando el conjunto... Todo muy puro, muy directo.

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p> Fuera de ese hábitat natural de la carretera secundaria, el MX5 parece un coche demasiado rocoso para viajar con cierto confort. Los viajes largos pasan factura a la espalda y se echan en falta muchas comodidades. Por suerte, la nueva capota dura mejora un poco las condiciones, pero, claro, no lo convierte en una berlina de placer.

Claro que la diversión que ofrece el MX5 no sería tanta si el motor no fuera tan bueno como es. Con su cilindrada de dos litros y sus 160 CV (158,3, según nuestro Centro Técnico) esta mecánica sigue los cánones de los motores de gasolina puros.

Esto quiere decir que es un motor picudo, que entrega la potencia muy arriba, a 6.730 rpm, y que, para llegar hasta ahí, el propulsor se muestra explosivo, fornido, pero no violento. Es progresivo y ágil, llegando sin problemas al límite de las 7.000 vueltas.
En la entrega de par es parecido, pero todavía más sostenido. Tiene ya bastante presencia por debajo de las 2.000 revoluciones, y, después, apenas superadas, empieza a empujar con ganas y se disfruta de un amplio margen de utilización, con notable presencia de par entre las 2.500 y las 6.000 vueltas.

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p> Todo esto se traduce en un auténtico espectáculo en el cuentavueltas. La aguja sube y sube como loca y, apenas, cambiamos de marcha, vuelve a subir enfebrecida, manteniendo el empuje.

El exquisito cambio contribuye a que este motor lo dé todo con tanta eficacia. De tacto muy deportivo y recorridos mínimos, esta caja de seis marchas exprime las posibilidades de la mecánica en las cuatro primeras velocidades. Ahí, sus cortos recorridos facilitan buenas aceleraciones y, si lo manejamos con soltura, nos llevará rápidamente a velocidades de crucero muy elevadas. La sexta, en cambio, es más bien larga, quizá para moderar un poco el consumo, que no es precisamente frugal: 9,1 litros a los 100 ha promediado nuestro Centro Técnico, una cantidad que se puede disparar a poco que abusemos del acelerador, una tentación difícil de resistir con este coche.

LO MEJOR
LO PEOR

* Techo duro eléctrico
* Comportamiento deportivo
* Estética clásica y muy "rácing"

* Precio elevado
* Mínimo maletero
* Habitablidad escasa y mucho ruido

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